CAPÍTULO 1
NARRA T/N
Trataba de mantener la calma mientras nuevamente el guarda de seguridad insistía en cachearme, todo bajo el pretexto de asegurarse que no iba armada y tampoco llevaba nada ilegal encima. Por favor, ¿en serio pensaba que me iba a tragar esa mierda? No eran más que cerdos disfrazando sus intenciones para poder ponerme la mano encima, yo era consciente de ello, y por eso me aprovechaba para joderlos aún más.
-T/N: ¿Tanto os atraigo que tenéis que buscar toquetearme a diario? - los desafié con una sonrisa en el rostro.
-Guarda 1: ¡Cállate, Reed! - golpeó con la porra la pared.
-T/N: Debéis de estar jodidos, ahora que por fin me largo de este puto antro no tendréis con quien fantasear - rodé los ojos - Ah no, espera... Que esto es una maldita cárcel de mujeres y aquí os cebáis de lo lindo todos. Casi se me olvida - dije sarcástica.
-Guarda 2: Escúchame - empezó a hablar a sólo centímetros de mi rostro - Esto es provisional, ¿te enteras? Sabemos cómo eres y tus intenciones, y el hecho de que los de arriba consideren darte una última oportunidad no significa que nosotros te la vayamos a dar.
-Guarda 1: Eso, al fin y al cabo siempre serás lo que eres, delincuente que merece pudrirse en este “puto antro”.
-T/N: ¿Eso es todo lo que se os ha ocurrido para amenazarme? - reí y empecé a caminar hacia adelante después de que me quitasen las esposas - ¿Sabéis una cosa? Os van a dar mucho por el culo, cabrones - levanté el dedo corazón mientras caminaba de espaldas y me alejaba de ellos.
Estaba acostumbrada a que tratasen intimidarme, siempre había sido desde que llegué. Piensan que por llevar el uniforme e ir armados ya son más fuertes y autoritarios que nosotros, pero a las que se les ha ido la olla y las que son verdaderamente peligrosas, somos nosotras. ¿Por qué debería estar asustada si son ellos los que tratan de retenerme a mí? Con esa mentalidad conseguí convertir la cárcel en un patio de juegos pocos meses después de que me encerrasen la primera vez.
Caminé por el pasillo escoltada por una mujer con papeles en la mano hasta llegar a un vestidor. Allí me hicieron desprenderme del odioso mono amarillo con el que debía vestirme hasta ahora, y me proporcionaron la ropa con la que llegué el día en el que lograron atraparme. Si tan sólo supieran que fue porque quise y había planeado que así fuera... Si supieran que este estúpido programa de integración no era más que otra fase de mis planes... Ay si tan sólo supieran con quién estaba tratando de verdad, no apartarían la vista ni un segundo de mí.
-Mujer: Señorita Reed, debe cambiarse y ponerse la ropa de calle tan pronto sea posible. Después mi compañero pasará para proporcionarle la pulsera tobillera con la que monitorizaremos sus movimientos.
-T/N: ¿Me vais a poner un localizador? ¿Qué soy? ¿Un puto animal de esos documentales que ni mi abuelo soportaba ver? - pregunté sarcástica.
-Mujer: Es sólo para asegurarnos de que cumples con las obligaciones que exige el programa, aunque desde ya le informo de que confiamos plenamente en usted y su buena fe - sonrió - Sabemos que en el fondo siempre hay un lado bueno y nuestro deber, es aprovecharlo y sacar el máximo partido de él.
-T/N: Qué idealista...
Lo sentía por ella, era de las pocas personas con las que había tratado en el sitio y no había pensado en cargarme. Que no es que yo hubiese matado jamás a alguien, en ese sentido siempre he sido más discreta y he preferido no mancharme las manos nunca. Pero sí era capaz de conseguir que otra persona lo hiciese por mí, lo cual me otorgaba un poder que mantendría oculto por el momento.
Decidí seguir trabajando en mi cometido fingiendo ser obediente, así que me cambié rápidamente dejando de lado el mono amarillo, para ponerme unos vaqueros rotos y desgastados, una camiseta negra ceñida y encima una chupa negra de cuero que le robé a una de mis compañeras en el centro de menores. Me miré en el espejo unos segundos y me repasé el maquillaje exagerando aún más la raya negra del ojo, pues aunque sólo fuera psicológicamente, me hacía sentir más intimidante. Además me solté la coleta y dejé que mi cabellera castaña adornada por unas cuantas mechas azules cayese sobre mi espalda. Estaba lista para irme, estaba lista para reírme de todos esos pringados.
Después apareció un hombre con lo que a partir de ahora sería un adorno más en mi cuerpo, una pulsera penitenciaria. Lástima que sólo fuera a durar lo justo y necesario puesta, una vez llegase donde sea que me habían destinado, me la quitaría más rápido de lo que me la habían puesto. Y ahí sí ya podían despedirse de mí, no volverían a saber nada sobre mi persona hasta que ya fuese demasiado tarde.
-Hombre: Bien, ya estás lista para ser llevada al destino donde se llevará a cabo el programa - sonrió mientras explicaba amablemente - Recuerda que allí recibirás instrucciones directas por la dueña del lugar sobre qué hacer y cómo ayudar a la causa. Además, mi compañera te visitará semanalmente para comprobar que todo marcha como esperamos. ¿Hay alguna duda?
-T/N: Sí - me giré y lo miré a los ojos - ¿Cuánto crees que vais a tardar en arrepentiros de darme esta oportunidad?
-Hombre: ¿C-Cómo dice? - me miró confuso.
-T/N: Nada, es algo que tendremos que averiguar con el tiempo - sonreí sarcásticamente y me adentré en el coche donde nuevamente me pusieron esposas.
Qué pesados con tanta seguridad y precauciones, nada de lo que estaban haciendo servía en absoluto porque tarde o temprano, siempre encontraría la manera de salirme con la mía. Siempre había sido así, y siempre seguiría siendo así. Que tardase más o menos era otra cuestión, pero no importaba. Tuve la gran suerte de ser otorgada con una increíble cantidad de paciencia, así que no me molestaba lo más mínimo en esforzarme demasiado para conseguir algo que eventualmente sería mío de todos modos.
-Mujer: Sé que mi compañero ya te habrá informado sobre cómo irán las cosas, pero por si acaso haremos otro breve repaso - sonrió - Mi nombre es Sarah Dikes, puedes llamarme simplemente Sarah, y seré quien lleve tu caso durante toda su duración. Cualquier problema que tengas, duda o cualquier cosa que necesites, puedes contar conmigo para echarte una mano.
-T/N: - asentí y desvié mi vista por la ventanilla - Recuérdame una cosa, ¿cuánto tiempo tengo que estar cumpliendo con este trabajo?
-Sarah: Es un programa a largo plazo, seis meses y después conseguirás tu libertad condicional - contestó alegremente - Pero pasarán muy deprisa, ya lo verás. De hecho, es posible que incluso encuentres un trabajo fijo con el cual empezar a construir una vida estable y normativa con la que puedas ser feliz y no sucumbir a trapicheos ilegales.
-T/N: ¿Con cuántas personas habéis probado este programa?
-Sarah: Uy, pues con unas cuantas... Todas aprovecharon su oportunidad y ahora ya son miembros decentes y respetables de la sociedad. ¿Por qué lo pregunta?
-T/N: Por nada - la miré sonriente - Nunca han probado esto conmigo, las estadísticas anteriores no sirven de nada. Sólo quería decirle eso.
-Sarah: Claro, obviamente cada persona es un caso distinto... - contestó algo inquieta - Pero estoy segura de que usted no será la excepción - trató de animar el ambiente.
-T/N: Qué visión más idealista - volví a repetir.
Me pasé gran parte del trayecto interrogando a Sarah para conseguir tanta información como fuese posible, al fin y al cabo, eso era esencial a la hora de planificar estrategias. En la guerra siempre era así, ganaba quien tuviese más información y fuese por delante, así de simple, así de fácil. Así que averiguar todo lo posible sobre las personas “a cargo” de mí, era algo necesario para ejecutar mis planes sin sufrir imprevistos.
Así pues, el viaje se me hizo bastante corto y cuando me quise dar cuenta, ya estábamos aparcados. Esperé a que me abriesen la puerta y me ayudasen a bajar, pues aún seguía esposada, y después caminamos hacia la entrada de lo que parecía ser un hotel. Esperaba que me destinasen a trabajar recogiendo basura, en una residencia o incluso leyendo cuentos infantiles a críos cuyos padres no podían soportar en casa. ¿Pero un hotel? La verdad es que eso sí me pilló por sorpresa, aunque a la vez... Abrió la puerta a varias posibilidades.
-Sarah: Este es el primer hotel de la cadena Sterling, seguro que conoces sobre ellos porque son de los más influyentes en el país - explicó mientras nos adentrábamos en el vestíbulo - El hotel se encuentra cerrada temporalmente por reformas, así que hemos aprovechado ahora para trasladarte y presentarte como su nueva incorporación.
-T/N: - miré asqueada el lugar - Para ser de una cadena tan importante, el sitio deja mucho que desear. He estado en baños de discoteca mucho más lujosos que estos - dije sarcástica mirando a mi alrededor y recayendo en una chica de mirada seria y postura firme - ¿Y tú qué miras? ¿Nunca has visto a una presa? - alcé las manos haciendo visibles las esposas.
-Sarah: No te conviene hablarle así, señorita Reed.
-T/N: ¿Por? - volví a mirarla de frente - No me intimida su abrigo de pelo de bisonte y sus tacones de aguja Jimmy Choo, no es más que una princesita más del montón - me encogí de hombros.
-Sarah: Es la dueña del hotel, Hailee Sterling - presentó.
-T/N: “Qué sorpresa” - fingí una sonrisa ladina.