Charla / ¿Con cuántas? — cantidad o calidad
Hace poco que ese señor tan conocido, llamado Julio Iglesias, ha cumplido 80 años. Quedará para la historia como uno de esos conquistadores que hacen alarde de haber estado con más de 3.000 mujeres. Un Don Juan que proporciona la parte masculina de la humanidad y que valoran más la cantidad de hembras seducidas, que la calidad amatoria de una sola de ellas. Pues me alegro por él y por tantos que, como él, tratan a las mujeres como mercancía que se consume por su cantidad.
No es mi caso, y no lo digo con envidia. Confieso que he sido poco promiscuo y he tenido pocas parejas sexuales. Y no, no esperéis que os diga el número de ellas. Para algunos serían demasiado pocas, con lo que se podríais reír de mí; mientras que para otros podrían ser demasiadas e igual podrían pensar que deseo alardear. Lo que sí os puedo decir es que, en mayor o menor medida, creo que las satisfice a todas...
¡Venga, ahora es el momento de decirme aquello de “Fantasma”!
¿Habéis terminado de cuchichear con vuestra pareja? Perfecto...
Veréis, queridos lectores, mis palabras no están dichas con intención de alardear. Mi atrevimiento viene porque con cada una de ellas —y vaya mi agradecimiento para todas esas mujeres—... Con cada una de ellas, decía, repetí bastantes veces como para crear un vínculo íntimo que me permitió conocer lo suficiente sus cuerpos para intentar darles el placer que merecían. Placer que ellas, a su vez, me regalaron ampliamente.
Porque, seamos honestos, ¿Cuántos de vosotros y vosotras sentisteis un placer indescriptible en un primer encuentro sexual con una nueva pareja? Y si sentisteis algo parecido, ¿no fue muchísimo mejor a medida que repetíais?
Y es que la cosa es así: llega uno con todas las ganas y se encuentra un cuerpo nuevo. Con muchísimas cosas atractivas, por lo novedoso, y con muchas otras que no lo son tanto, por la misma causa.
Seamos sinceros, amigos, esperabais unos pechos con un pezón idealizado, idéntico al que tenía la “Comosellame” y resulta que no os gustan sus aureolas, o la dirección que toma cada uno de ellos al sentirse libres o están más caídas de lo previsible... Y vosotras queridas lectoras, con sinceridad: se os desnuda ese amante sin estrenar y resulta que es más panzón de lo que pensabais, o tiene una pilosidad excesiva o, y ahí hay muchas diferencias, os encontráis un pene con una forma, color y tamaño que no esperabais.
Y eso en cuando al aspecto físico. Después viene lo importante: el contacto y la caricia.
¿No os ha sucedido que esperabais ese primer beso y os llega una boca histérica con una lengua que parece una piraña después de hacer régimen? O las que intentan haceros una gastroscopia gratuita. O esas que en lugar de labios y lengua tienen complementos faltos de vida. Y también existe el caso inverso, a mí me ha sucedido. Ir a dar ese primer beso de tanteo, como en los partidos de final de copa, y construir de repente el beso más sensual y cálido que podíais imaginar.
Luego, señoras, viene el momento de que vuestro amante por estrenar accede a vuestros pechos. Vosotras, expectantes, esperando un adjetivo que los dignifique o unas caricias que los hagan merecer, os encontráis al que os agarra los pezones como diales de radio antigua, retorciéndolos a un lado y al otro; o al que llega con alma de panadero y los amasa como si no hubiera un mañana.
Algo parecido nos sucede a los hombres con ellas. La que se entretiene dándonos mordisquitos molestos en la tetilla mientras no le hace ni caso a esa polla que anda buscando mimos; o al revés, la que nos la agarra y tira del prepucio hacia atrás como si aquello fuera a desenfundar una espada y nuestro frenillo fuera un tope a vencer para terminar en urgencias.
Y ni qué hablar del sexo oral, la de sorpresas que nos podemos encontrar. Desde atributos sexuales alejados de lo que idealizamos a higienes que tiran para atrás a los más experimentados. Pero al margen de la higiene, tal vez lo peor que nos podemos encontrar, existen infinidad de matices.
Mis amigas me han contado alguna anécdota:
·El que da lametones como si fuera un perrito.
·El que parece chuparlo como si estuviera lamiendo lo más asqueroso del mundo (pobre infeliz) y me lo dijo una mujer de la que me consta su buena higiene íntima.
·El que pasa la lengua por todos lados buscando un tesoro que tiene ante su nariz pero que jamás sabrá encontrar.
·Y en mi experiencia personal pues qué deciros:
·La que la empieza a succionar como si fuera una aspiradora con impulsos y terminas con el pene hecho polvo sin resultado alguno.
·La que te la chupa con si fuera un polo de espinacas. Con absoluta desgana.
·La que se cree una reencarnación de una novia de Drácula y te da un mordisco en el glande que te lleva a mirártela por si te falta un cacho.
Luego ya, caso de haber penetración, siquiera merece la pena hablar: ellos con más prisa de la necesaria intentando prospecciones petrolíferas con su colita. Ellas sobre nosotros cabalgándonos sin medir el peligro de partirnos la polla (y no se rían señoras, el pene puede partirse y joderle a uno la vida).
Ya veis estimados y estimadas lectoras la cantidad de problemas que conlleva un primer encuentro sexual con una o un amante nuevos.
¿Qué sucede entonces con esas personas promiscuas tan envidiadas, a ellas no les sucede nada de eso? Seguro que sí, solo que a ellos no les importa en absoluto lo que pueda sentir su pareja y ellas... imagino que otro tanto.
¿Qué debemos hacer entonces, lo que decía Woody Allen en “Manhattan”: emparejarnos con una sola persona de por vida, como los católicos? Pues diría que no. La solución creo que es más simple de lo que parece a primera vista y se resume en lo siguiente: Estar muy atentos a la respuesta del otro. Decir siempre qué os gusta y qué no os gusta de aquello que os hagan. Si la pareja es callada, preguntar si aquello que estáis haciendo le gusta o prefiere otra cosa o que lo hagáis de otro modo. Y por supuesto: repetir, repetir, repetir y aprender.
CONSEJO PARA AMBOS:
Nunca con prisas, ni como una competición, ni como alarde.
Siempre con risas, palabras y expresar lo que se desea.
Importante: Nunca jamás comparar a esa o ese amante con cualquier otro. Nadie acaricia igual ni besa igual; cada pene tiene su idiosincrasia y cada vulva también.
Nadie, por buen o buena amante que se crea, llega a un cuerpo nuevo como si lo conociera de toda la vida. De ahí que seáis pacientes. Lo que se consiga en ese primer encuentro habrá de ser mejorado en el segundo y en los siguientes.
CONSEJO ÚLTIMO:
Estimadas y estimados lectores. Lo de repetir y repetir... como podréis imaginar, tiene sus límites. Si vosotras comenzasteis con ese amante nuevo y al tercer encuentro sexual no ha tenido el detalle de adaptarse, ser más cariñoso o buscar vuestro placer... pues a la mierda con él. O es un egoísta que jamás sabrá satisfacer a mujer alguna o es que realmente no existe ninguna química entre vosotros.
Si a vosotros os sucedió algo parecido, si os encontrasteis a una mujer incapaz de jugar con vuestro pene, si le pone peros a todo y si tiene un exceso de pasividad, pues lo mismo: no estáis hechos el uno para la otra.








