Capítulo 1
Recuerdo la primera vez que lo vi. El sonido del viento en ese hermoso jardín, las ventanas gigantes presentes en el primer piso, la variedad de flores que rodeaban la parte en la que me encontraba y hasta las pinturas exclusivas; no llegaban ni a los tobillos comparados con la combinación perfecta que hacían esos ojos color azul grisáceos con esa cabellera negra como la noche y lisa de un largo poco usual para su sexo. A eso, le sumabas el color pálido de esa piel aparentemente delicada y perfecta para su edad; y tenías como resultado un ángel caído del cielo. Tenía piernas tonificadas, con unos brazos ni muy delgados ni muy musculosos para ser un deportista, dándole el balance perfecto a pesar de esa baja estatura que poseía. Teniendo como cereza para el pastel, ese color rosa de sus labios, principalmente sobre sus mejillas ante el extenuante entrenamiento en el que se encontraba para mejorar su técnica de defensa. Era un voleibolista, más específicamente, un líbero:
-Una posición olvidada... -, dije en voz alta descuidadamente, dejando que mis pensamientos salieran a relucir tras verle el uniforme distintivo de aquella institución de la que me había graduado hace dieciocho años.
- ¿¡Qué hace aquí!? -, preguntó preocupada la empleada al verme en el jardín - ¡Le dije que esperara! -, gritó, jalándome del suéter para llevarme a la entrada de esa mansión.
-Siento mucho las molestias, me distraje con las pinturas y una cosa llevo a la otra... Ahora me encuentro en este bello jardín -, me disculpé. Haciendo una pequeña reverencia para aliviar la aparente desesperación de esa empleada quien no dejaba de ver para todos lados como si buscara a alguien -. Si le preguntan, dígale que soy rebelde y desobedecí las órdenes.
- ¡Si les digo eso no trabajará aquí ni, aunque sea el último profesor! -, exclamó, tomándome con sus dos manos para jalarme, fracasando al no tener las fuerzas necesarias para siquiera menearme -. ¡Muévase!
Escuchándose unos pasos por ese pasillo lleno de pinturas maravillosas, mis ojos pudieron observar a una bella mujer. Su pantalón gris oscuro hacía juego con esa camisa blanca de mangas largas, dándole un toque especial los zapatos de cuero color negro con un tacón quizá número cinco.
-Lamento las molestias, mi señora -, dijo la mujer al bajar la voz para saludar a su jefa.
-Trae por favor un poco de... ¿Algo en especial? -, preguntó con una voz baja en un tono amable esa mujer con cabellera larga y negra, la cual había sido arreglada con un moño elegante -. Aún desconozco sus gustos, aunque su hoja de vida decía que era amante del té.
-Un té estaría bien -, respondí. Sintiendo cómo los dedos de aquella empleada soltaban mi brazo, hice una leve reverencia.
-No es necesario tal cosa -, dijo tras demostrar sorpresa por mi actuar.
-No es cuestión de todos los días que tengo el honor de ver un Ackerman – respondí nervioso.
-Hace mucho que dejamos de ser nobles. Sólo somos unos ciudadanos dedicados a trabajar como todos los demás -, respondió en ese tono que sólo los millonarios podían hablar. Caminando hacia donde me encontraba, la mirada de esa mujer se dirigió hacia ese deportista -. No parece estar contento de haber perdido. Es un pésimo perdedor, ¿está seguro de que desea tener un alumno con esa personalidad? -, me preguntó divertida, demostrando una leve sonrisa la cual fue tapada por sus dedos al no querer expresar lo entretenido que le parecía lo que había dicho -. Es un testarudo.
-No siempre es una mala cualidad -, confesé -. Simplemente debo redirigir esa actitud si tienta irse por el lado oscuro -, expliqué. Dando un par de pasos hacia adelante, mantuve mi mirada hacia esa bella mujer -. Señora, ¿podría hacerle una pregunta? -, le dije en aquel momento, escuchando segundos después los gritos del entrenador donde felicitaba al muchacho por su excelente defensa y cómo había evitado que el balón tocase el suelo.
-Claro, puede hablar -, respondió en un tono bajo, prestando atención más en lo que pasaba en aquella cancha en vez de mis palabras -. Hable.
Girando mi cuerpo en dirección hacia donde él se encontraba, finalmente me expresé:
-He escuchado al joven príncipe hablar y dudo mucho tenga la necesidad de mis lecciones.
-Siempre hay espacio para la mejora, ¿no lo cree? -, preguntó, avanzando un par de pasos hacia adelante -. Pero, supongo eso no le satisface, ¿verdad?
-No comprendo.
-He escuchado hablar de usted, profesor -, me confesó - ¿Cree que lo dejaría entrar a mi casa sin saber quién es usted? Y no hablo únicamente de su trabajo. Conozco a su padre, a su difunta madre y hasta a su exesposa María, quien ahora se encuentra casada con su mejor amigo... O quizá debería decir ex -, indicó en un tono más serio, mas nada grosero -. Su color favorito son los suaves, detesta la falta de disciplina, y es extremadamente meticuloso en todo lo que hace. Le encanta el té, así como las papas fritas de una marca muy popular del Reino de Paraíso. Fue soldado, así como siempre obtuvo los primeros lugares en las tablas de las notas desde que tiene memoria. Tuvo una novia durante su adolescencia, la cual se vino a vivir a este reino, y hace una semana pudieron reencontrarse; siendo tal encuentro tan pasional que, tuvieron besos durante el pasillo antes de llegar a su apartamento, donde tuvo sexo bastante intenso durante un par de horas ¿Quiere que siga?
Reí tímidamente en aquel instante.
-No esperaba menos de la familia dueña de la institución encargada de la seguridad del Reino de Marley. Gracias a ustedes, este lugar posee más cámaras que gatos y perros en sus calles.
-Es comprensible su repudio hacia lo que hacemos -, mencionó en un tono tranquilo, como si estuviese acostumbrada a recibir críticas por el trabajo de su familia -. No culpo a nadie que desee golpear a algún miembro de mi familia tras enterarse del nombre de nuestro apellido.
- ¿Sabe cuál es mi cuenta bancaria? -, pregunté divertido.
Ella no respondió.
Escuchándose las ruedas de la mesa en la que esa empleada traía los postres, la vajilla y el té, esa dama dirigió su atención hacia ese lugar.
-Vamos a degustar algo de té y de los deliciosos postres que hace la señorita. Así podremos hablar antes de que termine la práctica.
Caminando antes de esperar una respuesta hacia la mesa principal de aquel gigante jardín, esa mujer no dejó de mirar a ese joven, quien se movía de manera ágil y con una rapidez jamás vista por mis ojos azules.
"Hermoso“, pensé tras seguirle el paso a la señora Ackerman.
Tratando de no caerme, tras pasar por unas flores galanto, amantes del clima frío como el que hacía sobre esa montaña lejana de la ciudad donde esta familia vivía, no pude evitar sorprenderme por la belleza de tal elemento, y de cómo esas flores representaban muy bien la personalidad de los Ackerman.
"Se parecen a él“, volví a pensar, sintiendo un poco de escalofrío tras rumiar nuevamente acerca de ese joven.
Llegando a esa mesa elegante hecha de madera nacional, la cual estaba protegida por una sombrilla gigante que evitaba la presencia de la nieve sobre las sillas, me senté. La empleada ya había servido todo lo necesario, y sólo esperaba por alguna indicación.
-Asegúrate de que Ikki se encuentre hidratado, pronto terminará su entrenamiento -, indicó, buscándome con su mirada. Señalando con suavidad con su mano izquierda el lugar donde deseaba estuviese sentado, la mujer sonrió tímidamente -. Muchas gracias por seguir aquí, creí huiría después de nuestra conversación.
- ¿Por qué haría eso? -, pregunté en voz baja -. Los Ackerman son los dueños de las empresas de seguridad digital, gracias a ustedes; el Reino de Marley, ha evitado hackeos importantes. Pero ustedes no se quedaron ahí, son los dueños y accionistas de los bancos más importantes del Reino de Paraíso y del Reino de Marley, y fueron la seguridad especial de la monarquía cuando esta existía hace veinte años, siendo ahora los encargados de educar a nuestros policías, bomberos, guardias especiales y hasta a los militares, ¿qué sentido tendría irme de aquí? Ustedes conocen hasta lo que desayuné hoy.
-Debería de ponerle una estampilla a la cámara de su celular, señor Smith -, mencionó entre risas -. Sería lo mejor.
- Debió haber sido perturbador ver mi día a día -, le indiqué, tomando la taza más cercana -. No suelo hacer cosas tan locas con frecuencia.
-Pude notarlo... Aunque, no me aburrí al ver su biblioteca. Ikki ama leer -, indicó en voz baja, bebiendo un poco de su té.
Sintiendo la fría brisa de invierno, mi cabellera se movía de un lado a otro al igual que mi corbata y abrigo. Agradecido de haber elegido este modelo para la visita, pude notar como los hermosos cabellos negros de esa mujer bailaban al ritmo de ese viento, como si ella fuese parte de la naturaleza. Sintiendo esa mirada penetrante, no pude evitar sentirme incómodo y aterrado al mismo tiempo “¿Acaso esa es la mirada fría de los Ackerman de los que todos hablan?“, me pregunté al recordar los comentarios extraños hechos por aquellos quienes se dieron cuenta acerca de mi visita a esta mansión, y quienes decidieron buscar fotos de la madre de mi futuro alumno ”¿Estás seguro de ir? Dicen que comen humanos y aman la sangre, de ahí esa piel blanca como la nieve“, dijo la mujer que limpiaba mi casa al ver las imágenes mostradas en el buscador cuando quise conocer el físico de esa mujer quien permanecía tomando té con tranquilidad frente a mí.
Por unos minutos no hablé.
-Mi padre me heredó todos esos libros -, le confesé, tratando de retomar la conversación. Buscando con mis dedos la cuchara para el té al mismo tiempo que mis ojos permanecían puestos sobre esa mujer, continué hablando -. Él solía ser profesor en la Marley University.
-Hablas como si estuviese muerto.
-Está en coma hace años, es casi lo mismo -, respondí rápidamente, introduciendo la cuchara dentro de la taza -. Los doctores no dan muchas esperanzas.
-Lamento mucho que estés pasando por eso. Conocí al señor Smith. Es un gran hombre. Soy fanática de sus tesis, y más de sus novelas. Mi favorita, es aquella en la que narra la historia de un chico que desea la libertad en un mundo lleno de seres gigantes.
-Es su novela menos popular, señora. Gracias a ella, tuvo que huir junto conmigo del Reino de Paraíso para asentarse aquí. Mi madre murió de tristeza de verlo pedir dinero en las calles para sobrevivir, hasta que...
-Hasta que mi abuelo lo conoció -, intervino. Bajando la taza la cual permaneció durante varios minutos frente a sus labios carnosos, continuó hablando -. Tu padre es la consecuencia de la ignorancia y la violencia interna de la humanidad.
-Es sólo una novela -, indiqué, poniendo leche dentro de la taza.
Ella no respondió.
Bebiendo un poco más de té, no mencionó ninguna palabra hasta terminar su bebida. Durante veinte minutos, nada salió de su boca, como si lo dicho anteriormente la hubiese incomodado, mas sus modales y posición económica le impidiesen hablar.
"Malditos ricos“, pensé; sintiendo desprecio por lo que representaban en esta sociedad corrupta.
-Estabas curioso por la razón de tu invitación -, indicó tras limpiar sus labios con el trapo de un color similar al de las tazas -. Nuestro primogénito se casa e Ikki será el responsable del discurso. Como comprenderás, es necesario que sea algo de alto nivel. Además, vendrán visitas del extranjero, y es necesario que domine a la perfección tales idiomas y la manera en la que se expresará en ellos.
- Dudo que pueda mejorar lo que ya es perfecto -, respondí con calma, girando mi cuerpo en dirección hacia aquella cancha aún visible a lo lejos -. Dicen que es un prodigio.
- La fiesta será en la casa principal de los Azumabito en la parte norte de la nación Hizuru. Por favor, lleve traje y algo para cubrirse del frío, al ser las temperaturas de allá más extremas en comparación a las nuestras. Y por favor, ayúdeme, para ellos, ser perfectos no es suficiente, señor Smith -, confesó, sonriendo tímidamente -. Lamento mucho poner tal presión sobre sus hombros, pero es necesario que Ikki exponga a la perfección tal discurso. Aunque sea el menor, es un Azumabito con sangre Ackerman, no puede haber errores. No sólo es el discurso de matrimonio de su hermano mayor, el heredero de la casa Azumabito y hasta de la nuestra, es también el día de su cumpleaños y muchos no le conocen en persona. Será el día que lo presentemos en sociedad.
"La combinación letal de la nación“, así eran conocidos los hijos de la fusión de dos familias poderosas, quienes, en el pasado, estaban a la mano de la familia real Fritz. Unos dicen que su unión era una solicitud de la casa real, con el propósito de tener soldados especiales para su protección. Algunos indican que, aún los Azumabito y los Ackerman, son la guardia extra especial de los Fritz y hasta de los Tybur, la familia más rica de todas, mucho más que los miembros de la casa real.
-Claro... -, susurré, terminando mi té. Mirando las gotas dentro de mi taza, me pregunté acerca de las razones por las cuales aún continuamos manteniendo tradiciones a las que siempre consideré absurdas. Por un instante, sentí lástima por ese joven, por la presión innecesaria que hasta su propia madre le ponía por algo tan estúpido como lo era las normas sociales -. Usted, ¿qué piensa acerca de las imposiciones sociales actuales? -, pregunté casi de manera automática al querer saber sus pensamientos.
- ¿Es ahora usted quién hace las preguntas? -, dijo algo sonriente.
-Disculpe, no...
Ella rió.
Dejando de lado su mano, mostrando esos bellos dientes alineados, y unas pocas arrugas alrededor de sus ojos y la boca, esa bella mujer sonrió. Como si por esos segundos las barreras sociales y hasta la diferencia económica hubiese desaparecido, ella se liberó. Tratando de parar, fracasando al reír un poco más cuando trataba de tapar esos bellos labios, ella me parecía más hermosa.
"Comienzo a excitarme“, pensé, tensándome al no desear una erección.
Siendo interrumpidos por unas pisadas lentas, una voz pudo escucharse:
-Debes de caerle bien para que ría de esa manera. Sólo mi padre ha logrado tal hazaña -, mencionó la voz detrás de donde me encontraba.
-Ikki, hijo... -, dijo con dificultad al continuar riendo. Bajando la intensidad al ver a ese joven, la mujer no dudó en ponerse en pie. Limpiando con ese trapo las lágrimas alrededor de sus ojos, sonrió -. Con que el entrenamiento ha finalizado. Es extraño en ti que no corras en dirección al baño, ¿tanta es la curiosidad por conocer a tu nuevo profesor?
-No. Simplemente vine, porque Lía no paraba de hablar acerca de ese intruso que no sigue las reglas.
- ¡Ikki! -, gruñó la mujer al escuchar tales palabras -. Disculpa, es un adolescente y ellos... Usted sabe.
No pude evitar reírme. Es cierto, era sólo un adolescente.
-Ikki Azumabito -, dijo en un tono serio y poco amigable, como si le fastidiara el tenerme al frente -. Mucho gusto.
Poniéndome en pie, me incliné un poco para saludarlo.
-No estamos en la casa Azumabito, sino en la Ackerman -, me corrigió -. Aquí saludamos con la mano.
-Ah, lo lamento, joven heredero -, dije, extendiendo mi mano izquierda.
-La izquierda quiere decir que me odias, ¿acaso te sientes incómodo? -, preguntó, girando sus ojos azules hacia donde se encontraba su madre -. No me agrada.
-Basta, no digas cosas que pueden ponerte en una mala posición, Ikki. Sabes que no puedes decir eso. Eres un Azumabito, aunque seas el tercero, la gente espera mucho de ti. Así que discúlpate y no quiero escuchar esta forma en la que hablas nunca más. Estamos en la casa de mis padres, y ellos tampoco toleran que un Ackerman sea grosero.
Fulminándome con la mirada tras el regaño de su madre, el joven cambió hasta la postura:
-Es un placer, señor Smith -, indicó tras estirar su brazo derecho para que nuestras manos se tocasen -. Aunque sea zurdo es necesario que me de la derecha.
Tocando esa mano con una palma rosada, pude sentir el frío de su cuerpo.
-El placer es mío, Ikki.
-Levi -, corrigió -. En esta casa, me gusta que me llamen Levi -, indicó. Soltando con rapidez mi mano, el chico sacó un trapo de su bolsillo para limpiarse como si algo se hubiese pegado a su palma.
-Por favor, discúlpelo él hace eso cada vez que toca cosas. Es una enfermedad y no hemos podido curarlo por completo, pero en la fiesta usará guantes, para evitar este comportamiento.
-No estoy loco -, indicó fastidiado, poniendo ese trapo dentro del bolsillo de su pantaloneta azul oscuro -. El doctor Jaeger dijo que era una reacción normal tras mi incidente, y que he avanzado en mi tratamiento.
No pude evitar sonreír. Sus mejillas estaban rojas del frío, y sus labios eran igual a los de su madre, simplemente en una versión masculina. Al hablar, sus dientes pequeños sobresalían y la punta delgada y respingada de su nariz embellecía aún más su rostro.
"Es extremadamente bello“, pensé, sintiendo tensión en mi cuerpo.
-Iré a bañarme -, indicó, mirando a su madre tras sus palabras, como si se estuviese despidiendo de ella al verla -. Regresaré en unos quince minutos sólo para despedirme, debo estudiar para el examen de mañana.
-Primero come algo, últimamente te rehúsas ha hacerlo -, confesó, acariciando la cabellera negra del chico -. Tu abuela viene mañana, este cabello debe irse.
Haciendo una especie de puchero, el joven se despidió de mi persona con un leve gesto, retirándose para ir a bañarse, comer y estudiar; como lo haría cualquier adolescente de su edad.
-No será fácil -, mencionó la mujer al ver desaparecer a su hijo -. Ikki es especial.
- Levi – le corregí.
- ¿Disculpa? -, preguntó confundida.
-Dijo que, en esta casa, le gustaba ser llamado Levi.
Continuará...