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Jungkook estaba realmente nervioso. Y lo cierto es que ese nerviosismo rozaba con bastante precisión el nivel de «al borde de un ataque de histeria».
Estaba preparado. Llevaba semanas con la idea en la cabeza así que, ¿por qué ahora le aterraba tanto hacerlo cuando estaba prácticamente frente a sus ojos? Era hora de enfrentarse a aquello que hacía tanto tiempo que había querido hacer ─porque huir sólo le demostraría que no era mucho más maduro que los diez años escasos que tenía su cuerpo.
¿Qué podía salir mal a esas alturas? Jungkook lo había calculado todo al milímetro, incluso había pedido prestado el diccionario más grueso de la biblioteca del colegio ─y todo hay que decirlo, casi se hace una contractura en su pequeña espalda del peso de esa cosa infernal. Pasó noches y noches frente al papel escribiendo: había buscado sinónimos, expresiones que lo hiciesen sonar más maduro, había redactado las frases con la puntuación adecuada, procurado no cometer faltas de ortografía... Y una vez terminaba y observaba el resultado, arrugaba con frustración el papel, convencido de que volvería a caer fuera de la papelera cuando lo lanzase en su dirección, de que no era nada que mereciese la pena.
¿Tan difícil era escribir una carta de amor?
Y la respuesta que Jungkook encontró fue: sí.
En sus largos y duros diez años de vida no se había topado con nada más difícil ─ni siquiera aquel examen de matemáticas de tercer curso que casi suspende por los pelos.
Se vio obligado a pasar las noches en vela escondido dentro de su cama, tapando su cabeza con las sábanas y buscando en internet cómo podía escribir una declaración de amor sin sonar ridículo o infantil.
Porque, aunque Jungkook tenía diez años ya era todo un hombre. Estaba convencido de eso
Más de una vez su madre lo había pillado trasnochando y lo cierto es que, cuando eso sucedía, Jungkook no tenía más opción que irse a dormir y dejar que las palabras que quería escribir siguiesen vagando por su cerebro. Odiaba ese sentimiento. El sentimiento de sentirse inspirado para escribir, pero no poder hacerlo. Muchas veces esa mágica inspiración lo había abordado en clase, en el baño mientras se duchaba, en la iglesia... Básicamente en los momentos en los que no podía dar rienda suelta a su imaginación y plasmar el resultado en el papel.
Pero después de mucho esfuerzo y horas dedicadas, Jungkook llegó a un resultado que no le disgustó del todo. No era lo mejor del mundo, tampoco lo mejor que había escrito, pero el moreno pensó que si le dedicaba más tiempo quizás terminarían saliéndole canas.
Por eso se conformó.
No era nada demasiado extravagante y a pesar de haber hecho una gran labor de búsqueda de vocabulario y expresiones, terminó decantándose por una versión más sincera, de esas que te tocan más fácilmente el corazón con su sencillez. Al fin y al cabo, ese era su estilo.
Jungkook volvió a la realidad y observó que la profesora de matemáticas todavía continuaba explicando las divisiones. Frotó sus manos sudorosas contra los pantalones de su uniforme y miró de reojo el reloj sobre la pizarra. La aguja se movía tortuosamente despacio, como si permaneciese varios segundos en la nueva posición que señalaba. Sus compañeros prestaban atención completa, el silencio reinaba por toda la sala y lo único que se escuchaba era el eco de la tiza resonando contra la superficie verdosa de la pizarra. Sin embargo, en la cabeza de Jungkook el sonido de las agujas resonaba aún más alto, incluso con eco.
Diez segundos. Diez malditos segundos y por fin podría escapar de ese infierno para adentrarse en otro peor; pero que seguro que tendría muy buena recompensa.
Nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno... Y Jungkook salió escopetado de la clase. Cinco minutos antes de que terminase la lección ya tenía guardado todo el material ─porque desde su sitio la profesora no podía ver su mesa, por lo que podía permitirse recoger todo y que ésta no se diese cuenta.
Jungkook corrió por los pasillos, y rezó a lo que fuese que había allí arriba para que pudiese encontrarlo entre todos los chicos del patio, porque a la hora del recreo era casi imposible encontrar a nadie. Siempre estaba abarrotado y lleno de niños y niñas corriendo para acá y para allá y como consecuencia, era realmente complicado dar con quien sea que buscases. Dejó entonces que sus ojos vagasen por las personas que había ─para su fortuna como había salido rápido de clase todavía no había mucho jaleo, sólo aquellos afortunados a los que los profesores habían sacado un poco antes del aula.
Sus ojos, casi como un imán, se posaron sobre él e inevitablemente apretó la carta contra su pecho, abrazándola. Se encontraba jugando con un stick de hockey sobre la pista, rodeado de otros chicos mientras corría de un lado al otro del campo. Allí estaba, su piel relucía debido al sudor y Jungkook casi pensó que brillaba con luz propia, se veía increíblemente concentrado en el juego. Su pecho subía y bajaba de las carreras y con la agilidad con la que se movía dejaba atónito al pequeño Jungkook.
Kim Taehyung no podía ser real. Era demasiado perfecto para serlo.
Jungkook dudó durante un par de segundos, replanteándose si de verdad era una buena idea declararse a uno de los alumnos más populares del colegio ─sin mencionar que era dos años mayor que él y que en pocos meses lo abandonaría para irse al instituto. Se acobardó, y su cuerpo se quedó paralizado a un lado de la pista donde Taehyung y sus amigos jugaban al hockey. Los miraba fijamente, tragando saliva y humedeciendo sus labios que estaban completamente secos de los nervios que tenía. Apretó todavía más la carta contra su pecho y en ese momento se dio cuenta de que tenía que abortar la misión. Le vio la orejas al lobo y se dio cuenta de que, efectivamente, no estaba preparado.
Corre , ordenaron los pequeños pies de Jungkook.
Huye mientras puedas.
Y el moreno decidió que sí, definitivamente esa era la mejor idea. Se dispuso a correr como nunca antes había hecho en su vida, pero entonces una voz lo llamó justo cuando iba a echar el primer pie a tierra.
─ Parece que tenemos visita ─un chico de los que había estado jugando con Taehyung habló, mirando en dirección a Jungkook─ ¿Quieres algo, pequeño?
El moreno casi se murió de horror cuando vio a Taehyung acercarse corriendo hacia él, con la intención de enterarse de lo que estaba ocurriendo.
─ ¿Hay algún problema, Jimin? ─preguntó en un tono elevado mientras se acercaba corriendo no demasiado deprisa. Jungkook sintió su pecho oprimirse cuando observó al mayor tan de cerca, cada vez más y más.
Era aún más imponente.
Su pelo color castaño claro caía ligeramente sobre su frente perlada a pesar de llevar una bandana azul puesta ─que en teoría debía apartar el cabello de su rostro. Su pecho se movía errático del juego y la ropa deportiva lo hacía parecer aún más mayor, la camiseta colgando de sus anchos hombros. Humedeció sus labios cuando llegó frente a Jungkook, el menor supuso que porque también tenía la boca seca.
─ No sé qué le pasa, Tae ─respondió el chico para después dirigirse de nuevo al menor─ ¿Necesitas algo?
Jungkook no sabía qué decir. Miraba hacia arriba a los chicos más altos, sin saber tampoco qué hacer. Sus brazos estaban agarrotados contra el pecho, inmóviles, y sus pies clavados en el suelo.
Jungkook, no puedes quedarte ahí como un pasmarote. Muévete.
El pequeño se armó de todo el valor que tenía en aquel momento y dio unos cuantos pasos en dirección a Taehyung. Sentía que en cualquier instante sus piernas temblorosas cederían y se caería al suelo, desplomándose sin poder evitarlo. Pero aguantó como pudo e hizo su camino hasta el castaño, que lo miraba con curiosidad.
Jungkook no articuló palabra alguna, simplemente se plantó frente a Taehyung, no queriendo hacer contacto visual con sus profundos ojos. Cuando estuvo a un par de pasos tragó saliva, y acto seguido extendió sus brazos frente a Taehyung, entregándole la carta mientras hacía una tímida reverencia.
─ Es pa-para ti ─murmuró sintiéndose casi incapaz de hablar.
Jimin y Taehyung se miraron alternativamente, eso sin mencionar al resto de jugadores de cursos superiores que observaban la escena intrigados.
─ Oh vaya, Tae... ─soltó Jimin tapándose la boca y girándose, intentando reprimir una risa.
Parecía que tuviese una ligera idea de lo que Jungkook iba a hacer.
Taehyung tomó receloso el papel cuidadosamente doblado entre sus manos y Jungkook pudo escuchar cómo lo desdoblaba, alto y claro. Se incorporó un poco, mirando de soslayo cómo lo ojos de Taehyung comenzaban a vagar sobre el papel. Jungkook no quería mirar, quería que la tierra lo tragase y no lo dejase volver nunca más a la superficie.
La cosa empeoró cuando escuchó a Taehyung comenzar a reír.
¿Se estaba riendo de sus sentimientos? ¿Acaso le había parecido ridículo? ¿Infantil?
Taehyung soltó entonces una carcajada burbujeante, brotó de su pecho a pesar de que intentó reprimirla.
El pequeño Jungkook sintió que tomaban su mentón y levantaban lentamente su barbilla: Taehyung quería que se incorporase. En cuanto el tacto del mayor hizo contacto con su piel fría, Jungkook creyó que su pecho explotaría, que su corazón rompería las costillas y saldría de su caja torácica de lo fuerte y rápido que palpitaba.
Taehyung tomó la carta entre sus manos, todavía con algún resquicio de risa saliendo de su boca y entonces los ojos de Jungkook se humedecieron.
Taehyung comenzó a hacerla pequeños pedacitos justo frente a él.
Estaba destrozando parte de su corazón, de aquello que con tanto amor había hecho para él, a lo que tantas horas y esfuerzo había dedicado.
Taehyung cogió los pedacitos únicamente con su diestra y después, con delicadeza, tomó la pequeña mano de Jungkook y la abrió, depositándolos. Envolvió la mano del moreno con la suya entonces, cerrándola y agachándose hasta su altura.
─ Llámame cuando crezcas ─habló entre risas mientras entregaba de vuelta la carta a Jungkook.
La carta que tanto tiempo le había costado escribir, que tantas noches había estado preparando.
Jungkook sorbió su nariz con violencia y después de sentir que ya había hecho bastante el ridículo, echó a correr en dirección al baño de chicos.
Se escondería allí y no saldría nunca jamás.
Sus lágrimas no paraban de caer y de empapar sus mejillas rosadas. Era patético.
¿Quién se creía Taehyung para hacer añicos sus sentimientos? ¿Para humillarlo de esa forma?
Jungkook no supo responderse a esa pregunta, pero de ahí en adelante odió a Kim Taehyung con toda su alma. Odió al niño que destrozó su corazón y también odió al hombre en el que se convirtió el mayor. Aquel día Jungkook juró que nunca se enamoraría.
Mucho menos de alguien como Kim Taehyung.
Dos puntos. Solo dos puntos los separan de clasificarse para el campeonato de invierno.
Cuando el puck cruza frente a sus ojos patina veloz como nunca lo ha sido antes, sin perder de vista la pieza de color oscuro que se desliza entre los demás jugadores. Tiene que ser suya. Y nada va a impedirlo.
Patina impulsándose con toda la fuerza de sus muslos, controlando la velocidad y el perímetro a su alrededor para ver si algún jugador del equipo contrario lo persigue. Está despejado y el puck delante de él, listo y preparado para ser dominado por su stick y llevado hasta la portería.
Sonríe internamente cuando el puck cae en sus manos y comienza a dirigirlo con habilidad hasta su objetivo. Jungkook está avanzando con rapidez pegado al cristal que separa las gradas del público del hielo cuando de repente un cuerpo que sale de la nada lo placa con fuerza estampándolo contra el cristal y haciendo que pierda el puck.
Taehyung.
Hay una leve sonrisa en su boca mientras todavía mantiene su cálido cuerpo contra el de Jungkook. El menor ve el vaho salir de su boca constantemente, uniéndose con el suyo en frente de ambos ─porque lo cierto es que la distancia que los separa es mínima. Jungkook no sabe por qué, pero la repentina cercanía de Taehyung lo pone nervioso, muy nervioso.
Diez años y todavía no lo superas, eres imbécil Jungkook , se dice.
El mayor mece entonces su cuerpo lentamente hacia delante y cuando éste siente contra su propia entrepierna el miembro de Jungkook, endureciéndose y cada vez más prominente entre sus piernas, Taehyung no puede evitar elevar una ceja con diversión y dejar que su lengua acaricie su colmillo mientras sonríe.
Se está riendo de él.
En un arrebato Jungkook empuja a Taehyung lejos, sintiéndose humillado por ponerse duro con un simple y sutil movimiento de caderas. Su cuerpo cae de espaldas al hielo con violencia, deslizándose y haciendo eco por toda la pista. Durante un breve momento Taehyung se ríe entre dientes todavía con su mirada fija en él y luego, de repente su expresión cambia a una de tremendo enfado.
─ ¿De qué vas, Jeon? ¿Cuál es tu maldito problema? ─Taehyung comienza a gritar en un tono exageradamente alto y Jungkook lo mira atónito, sin dar crédito a lo que ven sus ojos.
¿Acaso está actuando? ¿Haciéndose la víctima?
─ Ey, ¿qué ocurre aquí?
─ ¡Ha sido Jeon! ─vocifera─ ¡Me ha empujado! ¡Falta!
La mandíbula de Jungkook casi toca el hielo. No da crédito al descaro que tiene Taehyung de acusarlo─ ¡Pero si has sido tú el que me ha placado primero, imbécil!
Jungkook se quita los guantes y se lanza sobre Taehyung como un perro rabioso. Coge con furia la camiseta blanca del mayor entre sus puños y lo levanta del hielo sin delicadeza alguna.
Taehyung no responde, solo le sonríe mientras Jungkook contiene las ganas de estampar su puño contra su cara y borrarle esa sonrisa. Sabe que el árbitro no puede verlo todavía con claridad y enfadar a Jungkook es algo que ya tiene más que dominado.
─ ¡Jeon! ¡Suelta a Kim ahora mismo!
─ Sí, Jeon. Suéltame, no vaya a ser que te expulsen ─Taehyung murmura con retintín, regodeándose, ya ni se molesta en ocultarlo: se está riendo de él, de su expresión impotente─ ¿Está siquiera permitido ponerse duro con un jugador del equipo contrario?
Partirle la cara o no, esa es la cuestión.
Y la respuesta parece clara en su cabeza.
Jungkook todavía mantiene la camiseta de Taehyung entre sus puños y está tirando de ella hacia arriba. Quiere pegarle, darle un puñetazo. Oh, sí que quiere.
Y cuando Taehyung le guiña un ojo, Jungkook pierde los papeles. Su puño no tarda un segundo en golpear el rostro del mayor y estamparse con fuerza en su pómulo.
Ahí va un pómulo partido.
Una persona normal se habría retorcido de dolor, pero Taehyung era algo más y cuando cayó contra el hielo con contundencia solo escondió su rostro para ocultar su risa. Jungkook tomó su camiseta de nuevo, viéndolo reír frente a sus ojos.
─ ¡Jeon! ¡Para o te expulsaré! ─escucha la voz del árbitro más cerca que nunca. Pero la expresión de Taehyung, como si todo le resbalase, únicamente lo enerva más.
Su puño férreo asciende de nuevo y esta vez aterriza de lleno sobre el labio de Taehyung.
Y ahí va un labio partido.
─ ¡No soy yo! ¡Es él! ─se queja, gritando.
El castaño cae sobre la fría superficie boca arriba y entonces gira su rostro para escupir algo de sangre sobre el hielo y dejar sus dientes cubiertos de una capa rojiza.
─ ¡Basta ya, Jeon! ¡Estás expulsado! ─sentencia el árbitro cuando ve lo que ha hecho con Taehyung. Y Jungkook no da crédito.
Un par de jugadores del equipo de Taehyung se acercan a socorrerlo mientras el castaño limpia la sangre que empieza a brotar de su labio herido con la manga de su uniforme, el blanco y el azul celeste de la tela ahora cubierto de carmín.
Su sonrisa sigue sin borrarse y Jungkook casi está gritando por dentro porque alguien lo sujete. Quiere matarlo.
─ ¡Fuera del hielo! ─insiste el árbitro, y cuando Jungkook siente que Yoongi lo agarra del brazo e intenta calmarlo, sabe que meterse en una pelea ahora no es lo más inteligente. Si no hubiese sido por el mayor se habría abalanzado sobre Taehyung y le habría dado fuerte.
Está hirviendo por dentro, de rabia, de furia, de ira. Patina de mala gana hacia la salida y cuando sus patines tocan tierra firme se quita el casco molesto y lo lanza lejos con un fuerte estruendo.
Definitivamente se ha quedado sin más partidos esta temporada.