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Summary

El amor vuelve estúpida a la gente, ¿no crees, Jungkook?

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Useless Weapons

Una vez más le tocaba quedarse a hacer el papeleo —y eso que no había cosa que desease más en ese momento que poder irse a casa y descansar hasta que no recordase siquiera su nombre. Para su desgracia, tampoco podía quejarse ya que había sido él mismo quien había accedido a hacerse cargo de ello. Pensándolo con detenimiento, ahora se arrepentía considerablemente de haber aceptado tan fácil. Jimin se había acercado a él hacía un par de horas con un gesto en su rostro que decía a gritos ”Jungkookie, necesito un favor” .

Su sexto sentido pocas veces fallaba, y menos tratándose de Jimin.

Jungkook conocía demasiado bien todas las expresiones del mayor y lo que cada una de ellas significaba. Por consiguiente, era más que obvio a ojos del moreno cuándo Jimin quería algo de él, en este caso dedujo sin mayor dificultad que se trataba de un favor.

Efectivamente, el más mayor pretendía que Jungkook se quedase cubriendo su turno en la comisaría ese viernes noche ya que Jimin llevaba semanas planeando una cena y se negaba a faltar por un repentino cambio en su horario laboral. Jungkook consideró la opción de negarse rotundamente, al fin y al cabo, él también tenía derecho a hacer lo que quisiese con su viernes. Sin embargo, sabía perfectamente que no podía decir no a Jimin. Menos aún a su cara de cachorrito.

Porque sí, tenía un aprecio muy especial por Jimin. Era su mejor amigo y compañero.

Aunque no engañaba a nadie: era mucho más que eso.

Hacía ya varios años que Jungkook conocía a Jimin. Cuando entró a la academia de policía él fue uno de los pocos apoyos que tuvo. Después, cuando consiguió finalmente graduarse y entrar a ejercer, le tocó trabajar codo con codo a su lado, lo que ya lo hizo caer completamente por él. Era un trabajador nato, siempre esforzándose al máximo y dando todo de sí en cada caso que les asignaban. Tenía un innegable sentido de la justicia. Ambos formaban un gran equipo: Jimin trabajando desde la comisaría enfrascado en sus papeles y archivos y Jungkook realizando el trabajo de calle, con más acción, pero siempre con él cubriéndole las espaldas. Era un maestro de la informática y aunque el menor siempre había puesto la mano en el fuego diciendo que podría haber llegado a ser agente al igual que el propio Jungkook, él parecía sentirse conforme entre papeles y ordenadores. Con eso le bastaba.

Al principio, el futuro de Jungkook se encaminó hacia la investigación al igual que había hecho su padre a lo largo de toda su vida —él había sido director de una empresa farmacéutica. Pero esa idea cambió radicalmente después de lo que sucedió hacía ya diez años.

Su hermano Heojoon, siete años mayor.

Jungkook nunca se había quejado de su vida, siempre había sido feliz con aquello que tenía. Eran su padre, su madre y su hermano mayor. No podía pedir más. Pero aquel fatídico día llegó: el día en el que su hermano fue asesinado. O bueno, quizás no. Los investigadores y agentes encontraron gran cantidad de sangre en su habitación y después de analizarla concluyeron que coincidía casi en su totalidad con el ADN de Heojoon. Sin embargo, no pudieron realizar la autopsia del cuerpo ya que no se encontró ninguno. Simplemente se había esfumado.

Los años pasaron y nadie fue capaz de arrojar un poco de luz sobre el asunto así que se cerró y quedó en el montón de casos sin resolver. Por ello, Jungkook se metió a policía con su hermano en mente como aliciente, si nadie podía resolver el caso, lo haría él mismo. Odiaba que alguien tan importante para él se quedase como un simple interrogante. Como un libro con final abierto e incierto que no merecía siquiera ser terminado de escribir.

Si nadie escribía ese final, él mismo lo haría. Y así lo juró.

Por desgracia, y siguiendo con una cadena de eventos realmente desafortunados para Jungkook, después de aquel suceso su madre murió. Ella siempre había sido de salud delicada y no pudo soportar el duro golpe de perder a Heojoon. Se pasó semanas en cama, débil y decaída y poco tiempo pasó hasta que se puso fin a su sufrimiento. A pesar de todo, fue una gran madre que se sacrificó hasta su último día por criar a sus hijos y por verlos sonreír. Igual fue su padre, que falleció en un accidente de tráfico al volver una noche del laboratorio en el que trabajaba.

A eso se le llamaba tener una mala racha. Jungkook se preguntó noche tras noche qué había hecho mal en otra vida para merecer todo lo que le había ocurrido. Sin descanso, desgracia tras desgracia hasta quedar aislado en su soledad, buscando consuelo en las lágrimas que derramaba con dolorosa frecuencia.

Porque en efecto, Jungkook se encontraba solo.

Después de eso, tuvo que ingresar en un orfanato ya que era menor de edad, pero en cuanto pudo valerse por sí mismo aplicó en pequeños trabajos para poder alcanzar un día su sueño de ser agente.

Y aquí se encontraba, un viernes noche haciendo el papeleo rutinario de un pequeño atraco que había habido en el centro de la ciudad. No era nada del otro mundo y por fortuna no hubo víctimas que lamentar, pero aun así no era su trabajo sino el de Jimin.

Maldito enano con su chantaje emocional , pensó.

Podría haberlo hecho él.

—Juro que esta es la última vez que me bajo los pantalones por ti, Jimin —dijo en un suspiro mientras desabrochaba algunos botones del cuello de su uniforme. Estaba exhausto.

Se recostó levemente en la silla notando cómo las pequeñas ruedas se movían y pasó sus manos por su rostro intentado despejarse. Tenía el cuerpo entumecido de tanto papeleo estúpido. Era increíble la tensión que se acumulaba en sus hombros, sus trapecios parecían cemento en lugar de músculo.

— Jungkook —oyó una voz delante de su puesto, sorprendiéndose.

— ¿S-Sí? —se incorporó rápidamente y recuperó la compostura. Suspiró de alivio al ver que era Seokjin— Ah, eres tú.

— Mi trabajo aquí ha terminado —le sonrió, poniéndose su ropa de calle mientras colgaba la bata blanca— Me voy a casa, ¿a ti te queda mucho?

— En realidad casi he terminado —dijo con cansancio.

— Déjame adivinarlo —especuló fingiendo que pensaba, mas ya parecía tener su respuesta pensada de antemano— Dos palabras: Park Jimin.

Le sonrió cómplice. Lo había pillado.

— Ya me conoces, no tengo remedio —rascó su cabeza tímido— No sé decirle que no. Solamente no se lo digas a Namjoon, por favor —suplicó.

— Eres demasiado bueno, Jungkook —susurró casi para sí mismo— Tranquilo que de mi boca no saldrá una palabra —hizo el gesto de la cremallera sobre sus labios— Nos vemos mañana y no te quedes mucho tiempo más, ¿vale? Es muy tarde y ya deberías estar durmiendo, hace tiempo que terminó el horario infantil —revolvió el pelo de Jungkook una vez estuvo vestido y se despidió agitando su mano.

— ¡Ya soy mayorcito para que me digas esas cosas! —gritó levantándose de la silla y plantando las manos en el escritorio con indignación. El castaño salió por la puerta de la comisaría y Jungkook se tiró de nuevo hacia atrás cayendo torpemente al suelo.

Maldijo a la silla con sus estúpidas y giratorias ruedas.

Seokjin trabajaba como médico forense en la comisaría, cosa que a Jungkook le había sorprendido desde que lo conoció. Rara vez se le veía sin su bata blanca, siempre paseando de un lado a otro de la morgue como si estuviese disfrutando de un campo de flores en primavera. Cómo alguien tan alegre y tan amante de la vida podía pasarse el día entre cadáveres era algo que Jungkook no entendía. Puede que los muertos se sintiesen más cómodos con la compañía de alguien como él. Jungkook no tenía la más mínima idea, pero si algo estaba claro en su cabeza era que tenía un aprecio enorme por el mayor.

Se levantó torpemente a causa de la caída y volvió a sentarse dolorido asegurándose esta vez de que la silla estaba en su lugar. Miró los papeles esparcidos por la mesa con frustración y se dispuso a terminarlos de una vez. Archivar casos era lo más tedioso de su trabajo, ese era el campo de Jimin, alias el experto del orden. A veces incluso parecía un maniático archivando los casos. Como si le fuesen a cortar un dedo por poner la H después de la I.

Una media hora después, Jungkook había terminado por fin. Estiró sus brazos hacia atrás intentado relajar un poco los músculos de la espalda. Sintió el uniforme tensarse y se levantó triunfante dispuesto a archivar los papeles y no volver a verlos.

Jimin le debía una.

Él sabía mejor que nadie que Jungkook era un hombre de acción y aun así lo había coaccionado a encargarse de ello. El tedioso y aburrido papeleo no era para alguien como él. Cogió el trabajo que había estado realizando durante las últimas dos horas y miró el reloj antes de dirigirse al archivo.

La 1:00 AM.

Guardó los papeles en la caja correspondiente listos para ser llevados con el resto. La cargó y comenzó a caminar. Llegó hasta dónde se encontraban las escaleras y el ascensor y optó por la primera opción. No era como si Jungkook fuese un vago o algo por el estilo, al fin y al cabo, solo tenía que bajar un piso. Nunca venía mal algo de ejercicio. Abrió la puerta metálica con el pie y dejó la caja sobre el pequeño escritorio que había a la entrada. Se dirigió a la pared y presionó el interruptor. Poco a poco las luces fluorescentes del techo comenzaron a parpadear para finalmente encenderse acompañadas de un leve sonido. Cogió de nuevo la caja y caminó entre los pasillos llenos de estanterías con miles de papeles, cada uno de ellos contando su historia. Dejó en el sitio correspondiente la que él había traído y volvió caminando hacia la salida, ansioso por irse ya a casa.

De repente escuchó un ruido, como si algo hubiese golpeado una de las estanterías metálicas. Se supone que a esas horas ya no debía haber nadie, a no ser que fuese otro estúpido como Jungkook cubriendo el puesto de su amigo.

— ¿Hay alguien ahí? —elevó la voz con desconfianza— ¿Capitán? ¿Capitán Namjoon?

No obtuvo respuesta alguna así que siguió con su camino, receloso.

— Debe haber sido mi imaginación —susurró hablando consigo mismo, intentando tranquilizarse.

Llegó hasta el escritorio de la entrada al archivo y se quedó quieto observándolo. Juraría que estaba oyendo pasos.

Pasos que se aproximaban hacia él por la espalda.

Su pecho comenzó a latir con fuerza y Jungkook temió que la persona que parecía encontrarse con él en la sala escuchase sus palpitaciones casi saltando fuera de su pecho. Se dijo a sí mismo que ponerse nervioso en una situación como esta era lo peor que podía hacer, así que respiró con calma, repitiendo las inspiraciones y espiraciones en su mente como un mantra.

Lentamente y con cuidado extendió su mano hacia la mesa y cogió unas tijeras que había encima. Tuvo que retener el impulso automático de alcanzar el arma reglamentaria que debería haber estado en su cinturón. ¿Qué iba a hacer? Jungkook no pensó que la pistola fuese a ser necesaria para hacer el monótono papeleo así que simplemente se equipó con aquello que tenía a mano.

Sin previo aviso se giró para neutralizar a quien fuese que se encontraba detrás de él. Y de un momento a otro, ocurrió.

— No te muevas —le dijo amenazador el desconocido.

Jungkook no sabía cómo había terminado en el suelo, pero podía sentir el frío atravesando la tela del uniforme. Sobre él, se encontraba sentado un hombre castaño de aproximadamente su edad y lo estaba amenazando con... ¿Un cutter? Tenía el pelo castaño revuelto y parecía nervioso.

Menuda situación más surrealista estaba viviendo. El hombre no hacía más que amenazarle con esa arma digna de la sección de papelería de cualquier supermercado y Jungkook hacía lo mismo. Él lo apuntaba con su cutter y Jungkook con las tijeras, como si ambos fuesen algún tipo de artefacto mortal. El moreno reconoció mentalmente que podría hacerse un buen corte con cualquiera de ellos pero aun así no le parecía una situación corriente.

— ¿Qué se te ha perdido aquí, bonito? —le preguntó totalmente serio a pesar de encontrarse en desventaja por estar debajo de él. ¿De dónde había venido ese descaro? No tenía la más mínima idea.

Pareció ponerse aún más nervioso ante su pregunta ya que su cara pasó a tener un ligero color rojo, sus ojos a abrirse ínfimamente, aunque se desvaneció bastante rápido. Recuperó la compostura en un segundo.

— Eso a ti no te importa —gruñó cuando vio a Jungkook sonreír ante su sonrojo.

— ¿Tú crees que no me importa estando en esta situación? ¿Acaso quieres que te eche una mano también o qué? —sarcasmo tiñendo su voz— Hazme el favor, he tenido una noche muy larga. No me hagas el trabajo más difícil.

— ¿Quién te dice que mi noche ha sido coser y cantar? —preguntó ligeramente indignado— Colarse en una comisaría requiere tiempo y planificación, ¿sabes? —continuó apuntándole con su arma al igual que Jungkook.

— Lo que tú digas. Venga, te llevaré al calabozo y así dejamos los juegos, ¿te parece? Por desobediencia a la autoridad —sugirió, buscando hacer su trabajo más fácil y terminar con la absurda situación.

—Lo siento mucho, pero creo que eso no va a ser posible agente... —miró hacia la placa que descansaba en su pecho y leyó. Entonces en sus labios apareció una sonrisa que preocupó al moreno— Agente Jungkook.