Primer encuentro
La historia que les voy a contar pasó en verdad, aunque trato de olvidarla. ¡Aunque me parezca difícil, ya que esa cosa no se olvida tan fácilmente!
Todo comenzó en una sucia calle de París en donde se encontraba todo tipo de escoria, allí trabajaba Clover (si es que ese era su verdadero nombre). Una de las más grandes Maxiscines(1) de toda la cuidad y eso no lo discutía nadie, aquella hembra era la fantasía de todos los machos de laRoe(2) (...) y no era para menos; su apariencia angelical y su elegancia a la hora de vestir la hacía destacar y ni que hablar cuando llegaba la hora de hacerlo; definitivamente ella era una diosa, mejor sigo. Yo por mi parte había terminado con mi antigua pareja y andaba en búsqueda de algo de diversión, pero quizás estaba en la peor parte de París para hacerlo, pero poco me importó.
Clover fumaba un cigarrillo recostada en la pared de una casa antiquísima a la cual los años le había pasado algo de factura, pero aún seguía en pie y quizás era lo único que acompañaba a esa canina en la Roe (...) y también era lo que la arropaba del frío inclemente de esta ciudad. Algunos machos vagabundo trataban de seducirla, pero ella era inmune a toda palabra bonita, ella solo se concentraba en buscar clientes y no sé cómo los encontraba. Pero aquella noche estaba muy tranquila y eso no le gustaba para nada a ella, no fue hasta que me vio entrar a ese callejón.
Yo venía algo pasado del alcohol y andaba cantando algo de Vicente Fernández y pensaba en todas las cosas que me había dicho mi ex, pero el alcohol evitaba que sacara alguna conclusión; es más, había una parte de mi cerebro que decía:«Concéntrate en divertirte y olvídate de ella». Y al pasar por el frente de la casa anteriormente mencionada, una voz femenina me dijo: “¡Oye guapo! ¿Busca algo?” la cuál me hizo detenermeipso factoy cuando la volteé a ver, vi una magnifica zorra vestida como una dama (¿será por ello que la llamaran la dama de la noche?) y yo quedé estático sin decir nada.
–¿Qué pasa? Yo no muerdo, ¡al menos que tú me lo pidas! –expresó ella.
Luego de estar paralizado como un verdadero idiota, finalmente reaccione contestándole: “¡Disculpemadame!, yo no esperaba que una hembra como usted apareciera de repente”.
–Oh, espero no haberte asustado –dijo ella con una voz tan dulce como la de un ángel.
–¿Cómo podría asustarme de una hembra como usted? –respondí en forma halagadora.
Ella sonrió coquetamente mientras me veía con una mirada que desnudaba e inspiraba hacer todo lo indecente con ella, aunque lo haya atribuido por su especie; pero si algo me había enseñado la vida es que yo no debía prejuzgar; fue entonces que me pregunto: “¿Qué cantabas?“.
–(...) deVicente Fernández– respondí.
–Hmm... eso explicaría tu español.
–¿Hablas mi lengua? –cuestioné algo acongojado.
–Un poco. Te puedo preguntar, ¿por qué la cantabas?
–Solo digamos que mi ex me dejó.
–¡Ay pobrecito! –expresó ella algo indignada–. ¿Quién sería tan cruel para dejar a un macho tan guapo como tú? –añadió.
–Una hembra que media mis defectos,que me comparabas con otros y que me dijo nunca sabría cómo amar a una fémina como ella.
–Entonces, si quieres divierte conmigo, puedes hacerlo.
–Pero, ¿cuánto cobra? – pregunte.
–Vamos a dejártelo en 20 euros –respondió.
Me hubiese parecido algo caro para ese momento, pero andaba tomado y decepcionado, así es que no lo pensé mucho y saque de mi bolsillo lo que tenía y le dije: “La vida es para gozarla”.
Ella lo tomó y ni siquiera lo conto, solo lo introdujo dentro de sus pechos y con amabilidad me miro y me preguntó: “¿Cuál es tu nombre?“.
–Algunos me dicen José, otros me dicen Alberto, pero todos me llaman Janyo. ¿Y el tuyo cuál es...?
–Mi nombre es Clover, y te invito a pasar a mi humilde morada –contestó mostrándome el camino.
La casa como ya dije, era antiquísima, quizás databa de la época después de la segunda guerra mundial y era obvio que su fachada no estaba en buenas condiciones, pero no le di mucha importancia debido a que mi país había estado en peores lugares que ese, así que sin decir ni una sola palabra, subí la escalinata que daba a la puerta de la casa de Clover. Por su parte, la zorra se había desasido de su cigarrillo y se dispuso a seguirme hacia adentro de su hogar para comenzar con su servicio.
Al entrar pude comprobar que no hay que prejuzgar, porque ya adentro pude ver que todo estaba en perfectas condiciones, incluso me llegué a sorprender con lo pulcro que estaba todo, y aun sabiendo a que se dedicaba esta señorita con ello en mi mente, yo solo dije: “¡Vaya, sí es hermoso!“.
–Gracias – dijo Clover en un tono poco amable.
Me dispuse a mirarla ya que no me había gustado la manera en la que me había hablado y esta vez me puse a detallar su hermosa belleza para luego decirle: “Aunque no más hermosa como tú“.
–Gracias –contestó ella con un tono altisonante, aunque ella se había sonrojado.
Quizás ya se estaba hartando de mi inacción o de mi adulación extrema pero tenía que hacerlo, porque sí se veía hermosa con aquel traje de señora. Fue en ese instante que me digne a besarla y pude descubrir en sus labios el dulce más delicioso que haya probado, jamás había experimentado algo así y menos en una fémina como ella. Mientras yo hacía aquello, mis manos recorría su fina espalda tapada con su vestido, el cual era de azul marino con lentejuelas; yo le acariciaba apasionadamente e incluso llegue a tocar su fina y firme retaguardia, la cual con el perdón de todas las damas, no estaba tan mal.
Clover por su parte me había quitado mi chaqueta y apoyaba sus delicadas manos en mi trasero, mientras contestaba a mi beso, aunque a ella tampoco le llamaba la atención, quizás en su mente pensaba: “¿Cuándo será que este tipejo me quitara el vestido y me hará lo indecente?“.
Y yo intuyendo ese pensamiento, abrí el cierre de su vestido y se lo quité suavemente, mientras besaba su cuello, el cual olía a canela y tal vez a ciruela. Luego, con un poco de atrevimiento, metí mi mano derecha entre su finas(3) de diseñador, encontrando el fruto que todo macho desea, el cuál toqué por un momento haciendo que Clover suspirara muy tenuemente. Aumenté mi pasión para lograr satisfacer a esta dama de la calle, aunque sería difícil, yo daría lo mejor de mí y así poder quitarme de la cabeza aquellas palabras de mi ex: “Que yo no sé cómo amar a una hembra”.
Primero saqué mi mano de entre su entrepierna y la dirigí hacia el sitio de deseo de todo macho; pero antes debía de quitar el fino sujetador(4) que cubrían sus pechos, y así lo hice. Finalmente podría saborear aquel manjar femenino, pero con cierta delicadeza: primero posé mi boca en su busto izquierdo y comencé a chuparlo y lamerlo como solían hacerlo en la pornografía, pero algo era la ficción y otra cosa la realidad; yo lo hacía como me saliera, aunque con la ayuda de mi mano derecha, mientras que con mi mano izquierda acariciaba su otro seno.
Por su lado, Clover trataba de esconder de mí sus gemidos placenteros, pero no podía, ya que algunos de ellos se escaparon por su boca, la cual ella tapaba con ambas manos; aunque su cuerpo era realmente el que me demostraba que ella me necesitaba y yo a ella.
Al cabo de un rato, yo cambié de pecho para así cubrir mi enferma necesidad por aquel busto femenino, el cual me parecía un desierto en el que me podía perder. Luego de cubrir mi necesidad insana, bajé mi lengua por todo su torso hacia su obligo mientras mis manos quitaban de mi camino sus finas bragas; tras hacerlo, pude seguir bajando hacia su centro de placer, el cual ya se encontraba bien mojado; por un momento me pregunte: “¿Será que esta hembra tan espectacular me desea con ganas?“. Pero traté de no darle vuelta y seguir con mi faena.
Cuando llegué a mi destino, mi boca se posiciono encima de su monte de venus y yo, como un perro sediento literalmente, comencé a lamer aquella parte femenina, mientras Clover trataba inútilmente de silencia sus gemidos y quejidos placentero, lo cual me motivo a mover mi lengua más rápido.
Finalmente, Clover se destapó la boca para gemir fuertemente y agarrar mi cabeza para evitar que esta se apartara de su órgano, mientras decía en francés (...) y (...), y aunque yo no hablase francés talvez mi mente intuyó que quiso decirque fuese más rápido y que no me detuviera. Y yo, utilizando toda mi capacidad, complací la petición de aquella francesa.
Ella gemía y suspiraba con cada pasar de mi lengua entre su labios vaginales, mientras aun me sostenía con toda la fuerza que su cuerpo pudiese sacar; por mi parte, mis manos recorrían su fina cintura con ternura y calma, quizás eso era lo que necesitaba o simplemente estaba haciendo un estupendo trabajo; la verdad eso serán dudas que jamás tendrán contestación porque logré hacer que ella se corriera y me bañarse con aquel líquido que algunas de ellas expulsan cuando llegan al orgasmo, el cual mi padre, mi hermano y alguno que otro primo decían que sabía a pescado, pero a mí no me sabía a nada, aunque si podía sentir como su órgano femenino y su cuerpo temblaba de placer. Y cuando me soltó la cabeza ella me dijo: “¡Ahora es mi turno!” Yo solo cabeceé afirmativamente y le seguir la corriente.
Primero me levantó del piso y de un movimiento me acorraló contra la pared, quitándome instantemente la camisa, y aunque yo no era de pectorales tan firme y dotados como otros machos, lo compensaba de otra manera; luego de quitarme la camisa, aquella vulpina se deshizo de los últimos vestigios de ropa para finalmente dejarme desnudo.
Antes de comenzar con su tarea, primero me miró con aquellos ojos azules que derretían mi alma y con su voz angelical me dijo: “Prepárate porque te haré sentir bien”. Tomo el tronco de mi falo palpitante y con su boca se puso a masturbarlo, primero lentamente para luego aumentar su intensidad, mientras yo disfrutaba con cada embestida de su boca, la cual me robaba la vida; sin dudas unas de las grandes cosas que recordare en mi vida.
Cuando me acercaba a mi propio clímax, a ese momento crucial de todo hombre no pude pensar, ni controlar mis movimientos que del tiro puse mis manos en su cabeza para que fuera hasta el fondo y así poder liberar toda mi tensión acumulada; y cuando lo hice, pude sentir como mi cuerpo se estremecía y temblaba de placer y pasión. Mas luego recordé que aún tenía agarrada la cabeza de Clover y que luego de esto ella me echaría de su casa y me dejaría con las ganas, pero en vez de eso y tras soltarla, ella se tragó todo mi líquido seminal para sacar mi órgano de su boca y así poderme besar como una loca, no le importó que estuviese bañado en su liquido femenino, ni a mí me importó que ella se hubiese tragado todo mi esperma; yo quería disfrutar del momento.
No fue hasta que nuestros cuerpos desearon estar juntos que el momento del beso tan tierno se terminó, aunque de todas maneras venía la parte más deseada por mi corazón, finalmente introduje mi pene dentro de su vagina y allí empezó nuestro acto sexual, primero fui lento y calmado en cada embestida para luego aumentar la velocidad y en cada una de aquellas estocadas podía oír como aquella fémina disfrutaba de nuestro acto carnal, lo cual me motivo a ir aún más rápido.
Con cada embestida de mi miembro viril, ella gemía fuertemente y con un mal español me pedía: “que le diera fuerte”, y yo atendía su petición con una pasión tan incontrolable que era imposible detenerme. Luego de tantas penetraciones Clover me pidió: “¡Cambiemos!“. Yo no sé cómo logré detenerme, pero lo hice y acepté su petición; primero, saqué mi pene para poder adoptar una nueva posición, pero en ese momento sentí como unas manos me empujaron suavemente para caer al piso y fue en ese instante que la vi a ella poniéndose encima de mí y diciéndome: “Ahora el control lo llevo yo”. Por mi parte no hubo ninguna objeción, ni tampoco protesta.
Ella introdujo mi miembro viril dentro de su vagina para empezar de nuevo, nuestro acto lascivo; sus caderas iban suavemente en su embestida hacia mi pelvis, pero aquella pausada y lenta penetración no fue suficientemente rápida, así que ella, como pudo, aumentó la velocidad; por mi parte yo solo podía agarrarla de la cintura e ir a su ritmo, pero llegó un momento en que no pude controlar mi instinto masculino que luego de unas estocadas tuve que bajar las manos de su cintura hacia su fina retaguardia y forzar penetraciones más rápidas y más salvajes. Aquello la sobresaltó y a la vez la impresiono, por lo cual no se podía negar.
Sus gemidos, quejidos y algunas palabras en francés e inglés se oían en toda la sala, mientras yo me concentraba en darle todo el placer que le pudiese ofrecer, nada más importaba en ese momento, no fue hasta que llego el segundo clímax tanto mío como el suyo, lo que hizo imposible detenernos.
Yo finalmente introduje mi miembro en su estrechez para así dejar salir toda mi carga mientras ella se venía; había leído de esto antes, pero pensé que era algo imposible, pero aparentemente lo imposible siempre me termina pasando a mí. Así que luego de liberar nuestras tenciones ambos quedamos rendidos y amarados, ella con una voz entre cortada me dijo: “Estuviste feno... ¡ah! Fenomenal”.
–Gracias –contesté muy agotado.
–Hubiese deseado que todo esto hubiese ocurrido en la cama en vez del recibidor –confesó Clover algo triste.
Yo la miré con profunda ternura y como pude, saque fuerza de mi cuerpo para cumplir su deseo. Primero la agarré del trasero para sostenerla y luego me dispuse a subir la escalera, mientras tanto ella había enrollado con sus piernas alrededor de mi cintura y se dispuso a tolerar el viaje, uno que terminó una vez que estuvimos enfrente de la primera cama que vi en aquella casa; en ese momento supuse que ahí las camas sobraban y que esa podría o no ser la suya; finalmente nos acostamos en ella con una paz muy sentida en nuestros cuerpos y no tardamos en quedarnos dormidos.
Al día siguiente, yo desperté algo aturdido y quizás algo confundido gracias a la resaca que había dado tan tarde y a la vez tan temprano, pero cuando vi a ese hermoso ángel a mi lado todo tipo de dolor desapareció; fue ahí que me di cuenta de que lo que había pasado el día anterior sucedido en realidad y que no había sido ninguna ilusión o sueño retorcido mi mente, fue así que me calmé y me dispuse a compartir un momento tan tierno con ella. Muchas cosas pasaron por mi cabeza, pero fui incapaz de procesarlas debido a mi humilde educación.
Finalmente el momento se terminó cuando sentí algo de hambre y me dispuse a salir de la cama para ver que encontraba en su cocina, pero al revisar casi no había nada, así que decidí ir a comprar algo para nosotros, cogí mi ropa aun tirada en el recibidor, me la puse y al fin salí de aquella casa. Debo insistir que aún me hacía difícil memorizarme el nombre de calle y más si estaba en francés, pero aun así hice un gran escuerzo para no perderme y poder encontrarla de regreso.
Tuve que caminar bastante para encontrar un mercado, pero eso poco me importó, tampoco me importó pagar una cifra significativa por un mercado como para dos semana, era algo que en ese momento no me interesaba, me interesaba más volver con ella lo más pronto posible y así lo hice una vez que tuve el mercado en mis manos; cuando volví todo está igual a como lo había dejado, por un momento pensé que ella se había ido y que tal vez no volvería, pero una vez que dejé todo lo que compré en la cocina, subí al piso de arriba y ahí la encontré, aquello me tranquilizo; volví a bajar la escalera para regresar a la cocina y empezar hacer algo para nosotros dos.
El tiempo ahí transcurrió tan lento que ni siquiera lo noté, y cuando tuve la comida no había pasado ni treinta minutos, debo suponer que todo eso lo aprendí de mi mama, gracias a Dios. Al instante de terminar servirme mi comida y la de Clover, una parte de mí quería ir a cuarto y llamarla y decirle amablemente: “¡Ven a comer!“. Pero mi cerebro me hizo darme cuenta que aún faltaba una cosa y era limpiar, así que una vez que termine de comer, tape la comida de Clover y me dispuse a fregar y a limpiar el área que habíamos usado como nidito de amor. Una vez que terminé, me dispuse a ir a su cuarto y despertarla, pero un penetrante hedor a pescado me lo impidió y con mi nariz busqué la fuente de ese olor, cuando me pose en unos de mis brazos enfrente de mis narices, me di cuenta que era yo el que olía a pescado, fue ahí que entendí a lo que se referían todos mis conocidos con lo de “que ellas te dejan oliendo a pescado”, así que tuve que usar su baño y quitarme ese olor de encima.
El baño fue estresante debido a que muchos de los champús que tenía Clover casi no quitaban el hedor así que tuve que usar su jabón y aún más champú que luego de una hora tuve liberado de ese hedor, ¡gracias a Dios! Pero después de ver todo lo que use tuve que salir nuevamente para reponer todos los productos gastados...nota para todos los caballeros de verdad: siempre carguen sus propios productos de aseo personal encima....limpié el baño, agarré todo lo no sirviera y lo metí en una bolsa para luego botarlo. Nuevamente me vestí y salí a la calle en búsqueda de aquellos productos, afortunadamente ya sabía dónde quedaba el mercado más cercano, así que los compré y volví a casa de Clover; esta vez me aseguré que todo estuviese en su lugar y cuando finalmente iba a subir a llevarle la comida, sonó mi teléfono. Definitivamente ese no era el día más afortunado para mí, porque una vez que saqué mi teléfono del bolsillo, vi que el que estaba llamado era mi jefe; contesté con cierto un cierto temor preguntando: “¿Qué desea, jefe?“.
–¡Oye Janyo! Surgió una reunión de último momento.
–¡En serio! —exclamé preocupado— dígame en donde es y ahí estaré – añadí.
–Es en la (...), ahí nos vemos, cuento contigo– respondió el jefe mío colgando de inmediato.
A veces detesto mi suerte, pero sin ese trabajo no podría surtir en este país, ya que algunas cosa aquí son carísima, así que dejé la comida de Clover encima de la mesa, acomodé los cubierto dentro de una tela y por ultimo agarre un pedazo de papel, en donde le explicaba mi motivo para irme y decirle un bon apetite; doblé la nota y la puse encima de plato que había usado de tapa para la comida, para luego irme de aquella casa, recordado el buen momento que pase con aquella prostituta de la roe (...), pensando que tal vez no la volvería a ver, pero a veces la vida da muchas vueltas.
Notas de pie:
1=Maxiscines: Nombre en francés para las jefas de prostitutas.
2=Roe: Calle en francés
3=Bragas: Pantaletas, Panty, Cacheteros entre otras.
4=Sujetador: Sostenes, Brasieres o como se llamen en sus países de origen