Peter y Wen

All Rights Reserved ©

Summary

A veces los cuentos de hadas no son lo que parecen y el príncipe azul siempre ha estado a tu lado.

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Tren

"Que cálido se siente dormir a tu lado, ahora ya nada me importa, nada me persigue, nada me agobia. Hace mucho que estabas en mi vida, pero no eras el de hoy y yo tampoco soy igual"


Recuerdo ese día como si fuera ayer, caminaba apresurada a la estación del tren, tenía unos pocos minutos para abordar, se me había hecho tarde, una manifestación por los derechos de personas que no te cuerdo, fue muy molesto (claro que abogo por mí y los míos, pero dejo de lado a los demás).


Subí justo antes de salir, busqué mi asiento que era de segunda clase. Eso no era importante, solo quería llegar, alguien esperaba por mí, después de todo tenía mucho que no volvía.


Me había pasado un posgrado en la capital durante un año, no había visto a mi familia y mi novio durante ese tiempo,pero no había otro lugar donde hacerlo, ahora estaba de vacaciones y todos me esperaban.


Una vez sentada me puse mis muy conocidos audífonos (como siempre bien grandes y de alta definición) tenía mucho que dormir, mi reproductor tenía toda la música que necesitaba (4 a 5 horas) Encendí el aparato y antes de caer en los brazos de Morfeo, pude escuchar mi canción favorita The hurracane con la sensual voz de Jared, me perdí ya nada me despertaría ahora.


No sé cuánto dormí, pero cuando abrí los ojos el tren estaba parado, revisé mi celular y solo había pasado una hora, busqué con la mirada a alguien, pero el vagón parecía vacío, sólo estábamos la señora junto a mí y yo.


Esperé un momento, alguien debía avisar, pero nadie llegó. Me quité los audífonos y apagué el reproductor, me dolía un poco la cabeza, así que cerré los ojos un poco.


—¿Cuál es el deseo más imposible que hayas pensado? —dijo una voz femenina proveniente de mi lado.


—¿Disculpe? —era extraño que me hablara y de cosas sin sentido, pero no era agresiva, así que solo seguí escuchando.


—¿Alguna vez has pensado en querer algo realmente imposible?


—Claro —dije sin mucho entusiasmo. No es como si fuera muy de ese tipo de fantasías.

—Y bien, ¿cuál es? —tomé mi adolorida sien y dije sin pensar.


—Ser hombre, bueno así no sufriría con lo del periodo y muchas cosillas más—. reí por mi ocurrencia, sabía de sobra porque había dicho eso, soy ingeniero y muchos me habían discriminado por ser mujer, siempre decían que esa carrera no era para mí, así que ser hombre era algo que había pensado en algún momento de disgusto.


—Eso es fácil —dijo con una pequeña carcajada, haciéndome alzar una ceja. Era claro que no estaba bien de la cabeza.


—Bueno yo creo que es bastante imposible considerando que no deseo sufrir una cirugía o algún cambio quirúrgico—. analizó mi respuesta, o eso creí, porque no dijo nada de inmediato.


—Créeme, es más sencillo que eso —puse un poco de interés. Sabía que eso era imposible, pero no perdía nada con escucharla, después de todo mi dolor de cabeza había disminuido y el tren parecía no querer moverse.


—Sin cirugía o la fantasía de la hipnosis... —sonrió por mi ocurrencia, pero no en burla, parecía comprender mis dudas.


Me pidió que sacara un bolígrafo y que abriera mi mano. Lo hice y empezó a dibujar algo en ella, una especie de espiral, eso hacia muchas cosquillas, pero me dijo que aguantara lo más posible.


Una vez terminado me pidió la otra mano, me dijo que no importaba con que mano empezara, pero que el espiral se tenía que hacer en sentido inverso en la otra. Una vez terminado me dijo que en el momento que estuviera lista para el cambio que pusiera mis manos palma con palma a una distancia de equivalente al tamaño de mi cabeza.


Yo suspiré y di las gracias, eso estaba medio loco, pero bueno, sabía que era una sandez.


—¡¡¡Sentimos la demora, el tren se pondrá en marcha en unos momentos!!! —un hombre con uniforme del tren había entrado al vagón y casi al mismo tiempo se había retirado. Sonreí a mi compañera, esas eran buenas noticias.


Momentáneamente olvidé de lo que hablábamos, pero ella me lo recordó con una advertencia.

—Te volverás como el hombre que siempre has querido ser y la edad que quieras, pero ten en cuenta que no existe método a la inversa —agradecí y me coloqué los audífonos, prendí el reproductor, después de todo, eso era solo una conversación fantástica, suponía que la señora no estaba bien, pero no quería hacerla enojar, le había seguido el juego hasta ese momento.

Ella volvió a su lectura a la cual no le preste atención y yo volví a la ensoñación de mi música. En algún momento me quedé dormida. Cuando desperté la señora se había ido, así que me paré, tomé mi equipaje y salí del tren.

Next Chapter