Si supieras - [KTH&JJK]

Summary

Las historias de amor son complejas, no siempre sabemos cuándo, dónde y con quién empezará una; esto fue algo que Jeon Jungkook, un estudiante de preparatoria de la ciudad de Snohomish aprendió con el sólo hecho de aceptar escribir una carta, porque no solo encontró a un amigo, sino a quien parece ser la otra mitad de su alma.

Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
18+

El comienzo

Los griegos antiguos creían que los humanos tuvieron cuatro brazos, cuatro piernas y una cabeza con dos rostros, éramos felices, completos.

Tan completos que los dioses temían que eso eliminara nuestra necesidad de alabarlos y nos partieron en dos, dejando a nuestras mitades vagando por la tierra en su miseria, en un anhelo perpetuo, añorando, anhelando a la otra mitad de nuestra alma.

Se dice que cuando una de las mitades encuentra su complemento, hay un entendimiento tácito, una unidad y que cada uno sabe que no existe mayor dicha que esa.

"Claro, pero los antiguos griegos no fueron a la preparatoria y no se dieron cuenta de que no los necesitamos para arruinarnos la vida", pensó Jeon Jungkook mientras escribía en su computadora el ensayo que le habían encargado.

-¡Mierda!-dijo mientras corría fuera de la cabina para guiar al tren.

El sonido de la campana indicaba que el tren se acercaba y debía estar ahí antes de su llegada, se colocó la capucha de su abrigo y tomo las linternas.

Al terminar su turno regresó a casa, tomó un baño rápido, se vistió y se dirigió a la cocina; pincho con un tenedor la tarta que había dejado lista la noche anterior y la metió al horno.

Se estiró un poco para destensar sus músculos y seguía pensando.

“Las personas pasan demasiado tiempo buscando a alguien que los complete, ¿Cuántas personas encuentran un amor perfecto? Y si lo hacen, ¿Cuánto duran?, más evidencia de la teoría de Camus de que la vida es irracional y sin sentido” estos pensamientos y preguntas que rondaban en su mente le ayudaban para escribir los ensayos que vendía y obtenían un diez en filosofía o un nueve punto cinco, si la señora Gez está de mal humor.

Terminó de preparar el desayuno y se dirigió a la sala para ver a su padre, quién dormía plácidamente en el sofá, tomó una manta y lo abrigó.

Al regresar a su habitación, tomó un marcador de su escritorio y marcó las actividades que había realizado.

“Guardar ropa (listo) hornear tarta (listo) lavandería (listo) estar lejos de las vías de tren (listo) tener un buen día (listo)”

Suspiró y volvió a dejar el marcador en el escritorio, tomó su mochila y se dirigió a la cochera para buscar su bicicleta e ir a clases.

El viento frio golpeándole el rostro causó que su nariz y mejillas enrojecieran y tomarán un suave tono carmín, pero amaba ese contacto, le hacía sentir vivo, le hacía sentir.

Amaba ver el contraste de colores pastel del cielo por la mañana y el prado verde, odiaba lo cansado que era ir en bicicleta, pero el pensamiento de que sus piernas se ejercitaban en el proceso le agradaba.

-Ahí va el cabeza de coco, vamos chico chino, rápido o llegaras tarde- le gritaban dos de sus compañeros al pasar en auto a su lado.

Llevaba toda su vida escuchando todo tipo de comentarios malintencionados e insultos, pero prefería ignorarlos, no iba a darle poder a las palabras de personas de mente vacía.


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Durante la clase de música, buscó en su mochila la carpeta con ensayos que debía entregarle a sus compañeros, los integrantes del coro estaban vocalizando y al terminar, su profesor aplaudió.

-¡Magnifico! Los ángeles los adoran y lloran de alegría- habló su profesor, Jung Hoseok acomodando sus gafas -A continuación, el concurso de talentos de invierno, es obligatorio para los de último curso- explicaba su profesor con entusiasmo y suma concentración.

Jungkook aprovechó que su profesor tenía toda su atención puesta en los integrantes del coro, entonces inicio a meter los ensayos uno por uno dentro de los libros de partituras para comenzar a pasarlos a sus compañeros, quienes ya sabían lo que debían hacer.

Era bien sabido que Jeon Jungkook sacaba las mejores notas en sus clases, era elogiado por su excelente redacción, fue por eso que cuando su compañera Irene le ofreció pagarle lo que él le pidiera por hacerle su ensayo de filosofía, no se negó y así fue como inicio su pequeño negocio.

Sus compañeros empezaban a murmurar y a reír llamando la atención de su profesor.

-¿Hay algún problema?- habló el profesor Jung Hoseok escuchándose serio.

-¡No, señor Jung!- respondieron todos en coro.

Todos siguieron pasándose los libros de partituras hasta que el último ensayo llegara a su destinatario.

Mientras todos se concentraban en no ser descubiertos, Jungkook había terminado de repartir los ensayos y ahora tenía sus ojos puestos en él, su atención centrándose en él y sólo él, Kim Taehyung.

Sentada junto a Taehyung, estaba Sana, su novia, quien acababa de recibir el libro de partituras con el ensayo que le había comprado a Jungkook, pero Taehyung estaba concentrado estudiando el libro de partituras y no se percató de esto.

-La mujer que soy ahora, no es la mujer que seré en el futuro- le decía Sana orgullosa a su amiga Nayeon, mientras enganchaba su brazo al de Taehyung.

Jungkook se sobresaltó cuando escucho a su profesor hablar.

-El coro- habló el profesor Jung chasqueando los dedos -El coro, póngase de pie y vamos a la página cuarenta y nueve- pidió.

Jungkook apartó su mirada nervioso, pero cuando escuchó su voz, su preciosa voz cantar Annie’s song de John Denver, no pudo evitar poner su atención de nuevo en él, era tan perfecto y su voz complementaba la mágica sensación que le erizaba la piel, pero era consciente de que no estaba en una novela de amor donde los finales siempre son felices y esta era una realidad en la que no todas las historias eran de amor o donde las personas obtenían lo que deseaban.

Mientras se dejaba llenar por la sensación que era ver y escuchar cantar a Kim Taehyung, deseo con todo su ser que esta vez no fuera así, quería engañarse creyendo que esta vez sería diferente, porque ante la sociedad, un chico enamorándose de otro chico estaba mal.

A unos cuantos metros de ahí, en la pista de atletismo para ser exactos, Park Jihyo se detuvo para poder escuchar cantar a Kim Taehyung, su voz resaltaba de entre las demás y era inevitable pasarla desapercibida.

-¡Vamos señoritas, las quiero ver trotando!- gritaba la entrenadora Michaels desde el otro lado de la pista.

Jihyo sonrió viendo hacia donde estaba la ventana del salón de la clase de música y se sobresaltó cuando escucho a la entrenadora gritarle para que siguiera corriendo.


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Durante el período de descanso, Jihyo estaba parada en medio del pasillo, viendo ir y venir a sus compañeros.

Al fondo, Jeon Jungkook se encontraba frente al tablero de anuncios, mientras leía el listado de nombres para el concurso de talentos de invierno, no le fascinaba la idea de participar, pero sabía que la recomendación le ayudaría para su solicitud universitaria.

Dudo un poco, pero sacó un bolígrafo de su bolsillo y anotó su nombre. Jungkook era de último año y el profesor Jung se había encargado de advertirles que participar era obligatorio para completar la nota de su curso y obtener una carta de recomendación para sus solicitudes universitarias.

Jihyo lo miraba con atención desde el otro lado del pasillo, seguía pensando en una manera de llevar a cabo lo que tenía pensado hacer, pero de lo que estaba segura, era que Jungkook era parte fundamental para que su plan funcionara.


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-Noten la falta de fuego y azufre en ‘A puerta cerrada’, somos el origen de nuestro propio infierno- habló el profesor Kim Namjoon mientras se giraba hacia sus estudiantes, pero no recibió respuesta.


El timbre que anunciaba el final de la clase se escuchó.

-¡Quinientas palabras es lo que harán en su ensayo! y lo necesito para el próximo lunes- dijo para finalizar la clase y caminó hacia su escritorio para poder sentarse.

Todos los estudiantes salieron, menos Jungkook, quien se encaminó hacia donde estaba su profesor.

-Seis perspectivas diferentes sobre platón, impresionante- le dijo quitándose los anteojos.

-Solo una- respondió Jungkook entregándole los libros que le había prestado el viernes pasado.

-Es lo que siempre digo en el bar.

-¿Cómo es que nunca me delatas?- preguntó sonriéndole.

-¡Ja! ¿Para leer los verdaderos ensayos que escriben? No lo creo- respondió deslizando frente a él la solicitud para una universidad, Universidad Grinnell se leía en el encabezado.

-Sabes que iré a E.W.-

-Vaya, ¡Que lástima!- respondió dando un profundo suspiro.

-Está muy lejos, en E.W. puedo seguir viviendo en casa y permanecer en Snohomish-

-Infiernomish- habló acercando su taza para darle un sorbo de café.

-No está tan mal- habló Jungkook recibiendo una mirada seria de su profesor -Yo se que no es tan buena, pero es lo que haré-

-Pase los mejores cuatro años de mi vida en la universidad de Grinnell-

-Pero mírate, regresaste a Infiernomish- hablo Jungkook alzando una ceja.

-Si, me mantengo al margen de las artes liberales-

Jungkook dejó un ensayo en el escritorio del profesor Kim y le sonrió de lado.

-Trata de que no te despidan este fin de semana.

-¿Estas bromeando? Todos le temen a Dios, pero ¿sabes a quién le teme Dios? Al sindicato de maestros- terminó de decir sonriéndole tanto que sus ojos se achicaron.


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Al terminar las clases, Jungkook caminó hacia donde había dejado su bicicleta.

Quitó el candado de seguridad, se colocó el casco y se subió a su bicicleta para dirigirse a su casa, era ajeno al hecho de que una apresurada Park Jihyo lo buscaba con desesperación por los pasillos de su escuela.


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Unos kilómetros más tarde, mientras estaba hundido en sus pensamientos, Park Jihyo corría detrás de él y gritaba a todo pulmón siendo ignorada por Jungkook.

-¡Oye, espera!- gritó Jihyo mientras luchaba por respirar, sus pulmones dolían, había corrido sin parar cinco kilómetros detrás de Jungkook.

Jungkook seguía pedaleando sin detenerse, el canto de las aves y el sonido del viento entre las hojas eran de sus melodías favoritas.

-¡Hey, te digo que pares!- gruño Jihyo entre dientes cuando por fin lo alcanzó y logró tomar su mochila tirando con fuerza hacia atrás, haciendo que Jungkook perdiera el equilibrio y cayera al suelo.

-¡wow!- soltó sorprendido tirado en el suelo.

-Y-yo lo…-

-¿Cuál es tu problema?- soltó molesto mientras se ponía de pie y empezaba a sacudir su ropa, levantó su bicicleta y se montó en ella, se giró para ver a la chica y vió que llevaba un sobre en sus manos.

Suspiró.

-De acuerdo, cinco dólares por dos hojas y veinte dólares de tres a diez, no hago más de diez hojas- soltó empezando a pedalear.

-¡Hey! no quiero un ensayo, no quiero hacer trampa.-

-Lo sé, nadie quiere hacer trampa, ¿De qué clase es?-

-Yo…- pero se pausó para extender su brazo y alcanzarle el sobre a Jungkook.

-¿Qué es eso?

-Es…una carta- habló mordiéndose el labio.

Jungkook tomó el sobre y sacó la hoja que estaba dentro, “Para: Kim Taehyung” se leía en la primera línea, tragó nervioso e intento doblar el papel para ponerlo dentro del sobre de nuevo lo más rápido que pudo.

-No puedo ayudarte- habló devolviéndole el sobre a Jihyo.

-No, yo solo necesito unas palabras buenas-

-No le pienso escribir a Kim Taehyung- tragó y se aclaró la garganta -A un chico, está mal. Además, una carta debe ser personal y auténtica-

-Eso sería increíble-

-No, no puedo ser autentico por ti-suspiró - Compra un diccionario y usa el corrector ortográfico, suerte casanova- habló girándose de nuevo para empezar a pedalear.

-No, no. Espera, puedo pagar mucho por esa autenticidad- gritó Jihyo viendo como Jungkook se alejaba.


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Jungkook terminó de servir la cena y llevó los platos con Jajangmyeon hacia la sala, entregándole uno a su padre quien veía una película, dejó el suyo en la mesita al lado del sofá donde se sentaría y tomó su computadora para empezar a escribir los trabajos que sus compañeros le habían pagado.

Las luces de la casa empezaron a parpadear y esto llamó su atención, volteo a ver a su padre quien no se inmutó y seguía viendo la película.

-¿Llamaste a la compañía eléctrica?- le preguntó Jungkook a su padre hablándole en coreano.

-No entienden mi acento- respondió su padre suspirando.

-¿Lo intentaste?- preguntó alzando la ceja, pues dudaba que su padre de verdad hubiera realizado esa llamada.

-¡Shh, esta es la mejor parte!- habló su padre restándole importancia a lo que Jungkook decía -Creo que este es el comienzo de una gran amistad- dijo su padre repitiendo el dialogo de la película.

Jungkook suspiró frustrado.

Mordió su mejilla, si bien amaba a su padre, le molestaba que le dejara más responsabilidades a su cargo.

Su padre se giró a verlo sonriéndole y pronto Jungkook volvió a suspirar ya resignado.


-Está bien, yo llamaré mañana- dijo tomando su plato de Jajangmyeon para empezar a comer mientras acompañaba a su padre a ver la película.