Prólogo
DESCONOCIDO:
La acosaba desde las sombras, ella me conocía, pero no sabía sobre mis intenciones debajo de la máscara.
Era perfecta. Ella era una rosa que debía ser cuidada y protegida para que nadie la estropeara.
Mientras que yo era un maldito hijo de perra, pero eso no me impediría tomarla y quedármela. Muy pronto caería en mis garras y jamás podría volver a soltarse.
Sería mía y nadie me discutiría lo contrario.