Introducción
Deseo ver la luna en tus manos, pues sé que cuidarás de ella aunque nadie te pagara ningún céntimo.
Sientes que no eres nada sin ellos, pero comen, duermen y respiran sin saber de tu existencia y sin ver las manos que cuidaron de ellos al nacer. ¿Por qué te obsesionas de esa manera? ¿Valen si quiera la pena?
No dije nada cuando por primera vez me dijiste la loca idea que tenías en mente, no te detuve cuando fuiste a los cielos y proclamaste que traerías paz al mundo eliminando a los que hacían el mal. No me opuse a tí, pero tampoco te apoyé, sin embargo siempre estuve a tu lado.
Deja de verlos a ellos y mírame a mí solo una vez.
Los años han pasado y aún no dejas de lado tu loca idea pacifista que ya se ha convertido en un desastre sin inicio ni final.
Te permitiré abrir los ojos para que te des cuenta que el abismo frente a tí nunca podrá cerrarse, pues los humanos seguirán haciendose daño unos a otros por los siglos de los siglos y hasta toda la eternidad.
–Destruyes lo que creaste, eso te está matando, Vida. ¿Qué planeas?
Solo recibió como respuesta los quejidos y las arcadas de Vida vomitando dentro del balde. Lo que demostraba que había bebido demasiado esa noche.
Muerte lo ayudó desde un lado y cuando Vida volvió a caer dormido sobre el sofá se acercó sigilosamente por detrás y lo abrazó con cuidado.
–Vuelve conmigo, ¿sí?– susurró contra su espalda. Aquellas palabras jamás se las diría a un Vida sobrio, pero por hoy se permitió liberarlas de su boca–. Aunque también está bien si nos quedamos juntos así, de esta manera.








