Violeta
Violeta
Todos miraban a la mujer de cabello azul, parecía sacada de una película de terror. Sus ojos hundidos y la piel pálida no ayudaban a mejorar el ambiente.
Violeta era una mujer madura, rondando los 40; en el tiempo en que había trabajado en El Páramo la gente se había acostumbrado a verla de reojo, para evitar la incomodidad que causaba su apariencia lúgubre. No es que todos los clientes de este peculiar bar fueran la epítome de la moda “rosa y esponjosa”.
Pero nadie quiere estar cerca de un Ghoul, a la gente viva y no tan viva no les gustaban los comedores de carne; en especial si la carne que se comía era la de los malos clientes. Las quejas no estaban permitidas.
El gerente tampoco era un modelo a seguir pero él había dejado en claro que Violeta era justo lo que el negocio necesitaba, se había cansado de recibir quejas basura de los nuevos, iniciados o curiosos. El Páramo ya era un lugar solitario y la presencia de Violeta solo había mejorado esa situación a un nivel ridículo. Tan ridículo que ahora los clientes llegaban solo por el morbo de conocer a la Ghoul llamada Violeta y verla preparar una bebida tras la enorme barra de madera oscura.
El olor que desprende un Ghoul es característico, a muerte y podredumbre.
Pero no Violeta, ella olía a sándalo y lluvia. Una combinación bastante incoherente para una persona que luce como salida de una película de terror.
Todo cortesía de la Bruja del Páramo, una joven mujer que se sentaba en la barra a beber margaritas mientras vestía un horrible vestido floreado y llevaba coronas de flores en el pelo. Hacía años que bebía la misma rutina; una margarita tradicional y dos de fresas con picante, se lo habían dicho los meseros. Violeta la identificaba como una clienta buena y agradable. No había razón para comérsela. Aunque le molestaba de sobremanera prepararle las ridículas margaritas de fresa con picante. Le alegraba el día y la noche ver a la Bruja. No solo por la ayuda con su olor, sino porque la trataba con respeto, no había miradas indiscretas ni tampoco murmullos sobre su condición no viva.
El Páramo la había salvado de muchas maneras, pero también le había dado una razón a La Orden para no terminarla. El Páramo era su refugio, quería decirle a todos que era inofensiva. Que el Gerente confiaba en ella por esa razón. Y este enorme bar le daba la oportunidad de seguir aprendiendo de su “enfermedad” como se refería a su situación
Y aunque estaba oscuro y frío, El Páramo era un lugar agradable; la luz era tenue, había sillones mullidos, música obscena, paisajes idílicos y gente de todas las condiciones. A veces los vivos entraban y así podían converger con los no tan vivos.
A Violeta le daban curiosidad los metamorfos, los veía entrar en grupos y buscar lugares privados o salas V.I.P. para pasar el rato. Pero los hombre lobo y licántropos eran criaturas de hábitos; evitar a los Ghouls era parte de sus hábitos primarios. Violeta los atendía con respeto y ellos la trataban de la misma manera. Solo uno usaba su nombre para referirse a ella; en un principio le parecía incómodo la familiaridad con la que el enorme hombre se refería a ella.
Pero El Páramo causaba ese efecto en todos, les recordaba a las criaturas que deben ser respetuosas porque estaban en un lugar frío y desamparado. La humanidad los había confinado a esa situación. Pero sobre todo que ese lugar inhóspito e inhabitable era territorio neutral; de los pocos que quedaban en el mundo. Los lugares como El Páramo, eran conocido como “Terrenos Altos”, o al menos eso había dicho el gerente.
Y ser una Ghoul la volvía una criatura fácil de reconocer. Ojos hundidos, piel pálida, olor a muerte y ese característico iris que parecía un profundo pozo de desesperación y tristeza. Violeta lo sabía, no era agradable a la vista pero haría lo necesario para no ser exterminada. Y estar en un “Terreno Alto” era su mejor oportunidad para no desaparecer por completo. Aquí en El Páramo su inmunidad estaba garantizada si seguía las reglas; 3 sencillas reglas.
- Respetar a los clientes
- No comerse a los buenos clientes
- No juzgar a ningún cliente.
El Gerente se lo había dicho solo una vez : - El Páramo es un santuario para los desvalidos, pero no por eso las reglas no se aplican. Todos pagan, todos respetan y nadie juzga. -
Desde el momento en que lo conoció, supo que El Gerente era una criatura peligrosa. Estaba dispuesto a todo para mantener a salvo su Bar y a la gente dentro de él. Tanto que decidió expandir su atención al horario diurno para las criaturas de luz. El infame Café El Páramo, tenía el mejor bagel y un barista que no se cansaba de experimentar. Funcionando todo el día y toda la noche; El Páramo le daba al Gerente visibilidad ante los señores. La Señora del Territorio de los Vampiros, el Alfa de la Manada Luna Roja, el Sacerdote del Aquelarre y la Matriarca del Círculo de Brujas. Los pequeños líderes preferían no meterse, ellos solo seguían órdenes. Pero su preocupación era La Orden; los vigías de las criaturas. Imparciales y crueles, no perdonaba las faltas.
Atravesar el Velo era un crimen y ella no sabía mucho de nada. Solo tenía 8 meses desde que la pusieron oficialmente en su estatus de “Comedora de Carne”; por lo que aprendía conforme convive con las demás criaturas o El Gerente le explica las cosas.
Y ser una mujer de casi 40 con cabello azul no ayudaba a su imagen de Ghoul, pero tampoco la empeoraba o al menos eso creía Violeta. Y cuando levanto la vista de vaso que estaba secando, vio entrar por el lobby a una mujer hermosa con un traje de spandex negro y botas altas, llevaba arneses en el pecho y una pequeña bolsa de mano en forma de corazon. Miro a ambos lados y luego se dirigió a la barra sentándose junto a la Bruja.
-Bienvenida a El Páramo….- dijo la Ghoul de pelo azul.









Me imagine a Selene de inframundo entrar por la puerta jajaja. Se nota una historia interesante con un desarrollo curioso, estoy ansioso de leer mas!