La Noche Estrellada.
La luz del sol se filtraba a través de las ventanas del aula, iluminando el polvo que danzaba en el aire. Sonder estaba profundamente dormida, su cabeza reposando sobre la mesa, rodeada de pinceles y tubos de pintura. La voz de la maestra, la Sra. Ortega, resonó en el aula, cortando el silencio.
—¡Sonder! —exclamó con un tono severo—. ¡Despierta! Esto no es un lugar para dormir.
Sonder parpadeó, confundida, mientras su mejor amigo, Liam, se inclinaba hacia ella, tratando de contener la risa.
—Vamos, Sonder, despierta. No quiero que te echen de clase por tu siesta artística —dijo, bromeando.
La Sra. Ortega se acercó, cruzando los brazos.
—Si no puedes mantenerte despierta durante mis lecciones, quizás deberías reconsiderar si este es el lugar adecuado para ti. No toleraré distracciones.
Sonder se incorporó de golpe, su rostro sonrojado mientras intentaba organizar sus pensamientos.
—Lo siento, Sra. Ortega. Solo... estaba soñando con mi próxima obra —murmuró, sintiendo cómo todos los ojos del aula se volvían hacia ella.
La maestra suspiró, pero su expresión se suavizó un poco.
—Solo te pido que te concentres. El arte requiere dedicación.
El timbre sonó como un salvavidas, y Sonder recogió sus cosas con rapidez. Mientras salía del aula, Liam la alcanzó en el pasillo.
—Oye, ¿quieres venir a mi casa mañana? —preguntó, ajustándose la mochila—. No entendí nada de la clase de matemáticas y podría usar tu ayuda.
Sonder sonrió, sintiendo una calidez en su pecho.
—Claro, pero solo si prometes no ponerme a hacer problemas de ecuaciones hasta que me duerma —bromeó.
Liam rió.
—Trato hecho. Te prometo que habrá más pintura y menos números.
Al día siguiente, Sonder se dirigió a la mansión de Liam, un lugar que siempre había parecido sacado de un cuento de hadas. Las paredes estaban adornadas con hiedra y las ventanas eran grandes y luminosas. Al llegar a la entrada, se sintió un poco intimidada por la grandeza del lugar.
—¿Estás lista para entrar? —preguntó Liam desde detrás de ella, notando su vacilación.
—Sí... solo que no esperaba que vivieras en un palacio —respondió Sonder, mirando hacia arriba con asombro.
Él sonrió con orgullo y abrió la puerta principal.
—Es solo una casa grande. Ven, te mostraré mi estudio —dijo mientras la guiaba por un amplio vestíbulo decorado con obras de arte y fotografías familiares.
Sonder sintió una mezcla de admiración y envidia mientras observaba las pinturas que adornaban las paredes.
—Tus padres deben tener buen gusto —comentó.
—O simplemente tienen mucho dinero —replicó Liam con un guiño.
Entraron al estudio, donde una gran mesa estaba llena de lienzos en blanco y tubos de pintura. Sonder sintió que su corazón latía más rápido al ver el espacio creativo.
—Aquí es donde paso la mayor parte del tiempo —dijo Liam, señalando el lugar—. Ahora, ¿quieres ayudarme con las matemáticas o prefieres ponerte a pintar?
Sonder sonrió, sabiendo que había tomado la decisión correcta al venir.
—Creo que puedo hacer ambas cosas... pero primero, ¡déjame probar esos colores!
La noche había caído, y las luces de la ciudad comenzaban a brillar como estrellas en el horizonte. Sonder, aceptó la invitación de Liam para cenar con él y su abuelo.
Al entrar a la cocina, se encontraron con una elegante mesa de comedor iluminada por un lámpara de luz cálida. El aroma de la comida de alta cocina llenaba el ambiente, y Sonder sintió que se le hacía agua la boca. El abuelo de Liam, el señor Giannoli, estaba en la mesa, colocando los platos.
—¡Ah, Liam! —exclamó el abuelo, levantando la vista—. ¿Quién es esta hermosa joven que traes contigo?
Sonder se sonrojó mientras Liam sonreía con orgullo.
—Es Sonder, abuelo. Una amiga muy especial —respondió Liam.
El señor Giannoli se acercó a ella con una sonrisa amable que disipó cualquier nerviosismo que pudiera sentir.
—Un placer conocerte, Sonder. Estoy muy feliz de que Liam tenga una amiga tan simpática —dijo, su voz profunda y cálida. Luego, su mirada se tornó nostálgica—. Lamentablemente, mi otro nieto, Lucius, no puede estar aquí esta noche. Siempre tan ocupado con el trabajo... —se detuvo un momento, como si recordara tiempos más felices—. Me disculpo por él.
Sonder sintió una punzada de empatía al ver la tristeza en los ojos del abuelo. Ella también comprendía lo que era perder momentos valiosos con seres queridos.
—No se preocupe, señor Giannoli. Entiendo que a veces la vida puede ser agitada —respondió con una sonrisa reconfortante.
La cena transcurrió entre risas y anécdotas. Liam y su abuelo compartieron historias sobre su infancia y las travesuras que hacían juntos. Sonder se sintió cada vez más integrada en esa pequeña familia, disfrutando de la calidez del hogar y del cariño que se respiraba en el ambiente.
Después de la cena, mientras ayudaban a limpiar la mesa, Sonder notó cómo el abuelo de Liam miraba a su nieto con orgullo. Era evidente que había un vínculo profundo entre ellos, incluso si Lucius no estaba presente.
—Me alegra que hayas venido a cenar, Sonder. Espero que vuelvas pronto —dijo el abuelo mientras secaba un plato.
—Claro, me encantaría —respondió ella sinceramente.
Más tarde, cuando finalmente se despidieron del abuelo Giannoli y salieron a la calle, la luna brillaba intensamente sobre ellos.
—Tu abuelo es genial —dijo Sonder mientras caminaban hacia su apartamento—. Se nota cuánto te quiere.
Liam sonrió, mirando al suelo.
—Sí, lo sé. A veces me pesa que Lucius no esté aquí con nosotros. Pero mi abuelo siempre ha sido un gran apoyo.
Sonder sintió una conexión más fuerte con Liam en ese momento. Ambos llevaban cargas emocionales que compartían sin necesidad de palabras. Mientras caminaban por las calles iluminadas, Sonder se dio cuenta de que esos momentos simples eran los que realmente importaban.
Al llegar al apartamento de Sonder, se detuvieron frente a la puerta. Ella se volvió hacia Liam con una sonrisa.
—Gracias por esta noche. Realmente significó mucho para mí.
Liam sonrió de vuelta, sus ojos brillando con sinceridad.
—A mí también me gustó mucho pasar tiempo contigo. Eres una amiga increíble —dijo antes de despedirse.
Mientras Sonder cerraba la puerta detrás de él, sintió que esa noche estrellada había sido solo el comienzo de algo especial. Había encontrado un refugio en la amistad de Liam y en la calidez de la mansión de los Giannoli. Con el corazón ligero y esperanzado, se preparó para enfrentar los desafíos que vendrían, sabiendo que no estaba sola en este viaje.