Cap. 1
Los ruidos al otro lado de la pared no lo dejaban dormir, como los odiaba, como odiaba a sus vecinos. No había podido pegar el ojo en toda la noche, se la pasó dando vueltas en la cama y aquellos sonidos no paraban.
Observó el reloj. 7:30 de la mañana. Wow, genial...
Pasaba tan seguido que incluso memorizó el orden de los eventos que pasaban tras la pared.
Primero se escuchaban golpes y gritos ahogados, nunca había podido descifrar que decían o a quien se dirigían. Probablemente problemas de pareja. Una vez había escuchado un "¡Yo la amaba!" Asi que había llegado a esa conclusión. La verdad no le importaba en lo más mínimo, lo que si le molestaba era que siempre fueran de noche, cuando se tenía que dormir.
Luego de los golpes y gritos, la mayoría de veces se escuchaba un portazo, ese lo escuchaba más fuerte que todo lo anterior, por lo que intuía que era de la habitación continúa a la suya.
Tras el portazo se escuchaba como movían cajones, después el sonido de metales, como cubiertos moviéndose, y finalmente se escuchaba como movían bolsas para tirar algo. Extraño.
Si no fuera porque no había habido noticias de muertos o de desaparecidos en las noticias ya hubiera dicho a sus padres que denunciarán a la policía la actitud sospechosa.
Le encantaba la idea de la lucha contra el crimen.
— Ahhhh ¡Que se callen ya! — Suplicó el pelirrojo a su almohada. El niño de 7 años llevaba ya seis noches seguidas sin poder dormir bien. En esta ocasión la pelea de amantes se había alargado mucho.
Un último golpe y... Silencio.
Por fin, los golpes "normales" se acabaron, y como pensó se escuchó el golpe más fuerte de la puerta, y todo lo que le seguía. Por fin había terminado, y el podía descansar.
A la mañana siguiente no despertó hasta eso de las 3pm, sus padres tampoco tuvieron intenciones de levantarlo.
Una vez ya en sus 5 sentidos el pequeño fue corriendo a la cocina donde su comida lo esperaba. Sus padres lo miraron con amor y luego le dieron un beso en la frente cada uno.
—¿Por qué tan tarde cariño?— Preguntó su madre con una voz dulce y divertida.
El pequeño decidió que era ahora o nunca.— ¿Me pueden cambiar de habitación?
Sus padres guardaron silencio por un momento pensando en la pregunta.—¿Y eso?¿Que tiene tu habitación de malo, campeón?— Está vez fue su padre el que hablo.
—No puedo dormir ahí, hay mucho ruido.—Comentó. —¿Es normal que las parejas tengan peleas? ¡Nunca los he visto o escuchado pelear a ustedes!
Ambos padres se miraron confundidos.— Bueno, es normal que peleen, de hecho lo raro es que no lo hagan. Siempre habrán diferencias, cariño.— Explicó la madre con tranquilidad. — Ahora, dime ¿De dónde sacaste lo de las peleas, Chuuya?
El pelirrojo la miró boquiabierto.—¿¡Ustedes no lo oyen!?— Ambos se miraron en busca de la confirmación del otro, negaron con la cabeza al mismo tiempo.—¿¡COMO NO LO OYEN!?— Preguntó sorprendido el niño.
—¿Que tendríamos que oir hijo?— Su padre comenzaba a preocuparse ¿Que era lo que su pequeño escuchaba todas las noches?
—¡Los gritos!¡Los golpes!¡Siempre se escuchan! Bueno, casi siempre, es raro cuando no.— Respondió el pelirrojo.— Se escuchan gritos enojados y muuuchos golpes. Anoche no pude dormir nada de nada.— Explicó con inocencia.
Observó la mirada preocupada de sus padres y sintió como si hubiera dicho algo que no debía decir.
Su madre lo miró nerviosa. — Ehhh ¡Si!— Dijo su madre temblorosa.— Eso es muy normal, si. Ahora ve a nuestro cuarto a comer, Chuuya. Prende la tele y ve algo.— Su pareja la miraba atónito, pero no era el momento, luego con más calma le explicaría a Chuuya que eso en realidad no era normal, pero primero quería hablar con su esposo a solas.
—Okey~ — El pelirrojo ignoró la actitud extraña de su madre. No desperdiciaría la oportunidad de ver la tele mientras comía. Rara vez le dejaban utilizar la tecnología, y eso era después de rogar, y en ese momento se lo ofrecían en bandeja de plata. Tomó su plato con su desayuno. Un par de rebanadas de pan tostado, uno tenía mermelada, el otro era salado, huevo, queso y aguacate. Su mamá era una gran cocinera, la comida siempre le quedaba deliciosa.
Bajó de la silla dando un salto con su plato y vaso de leche en mano. No sé derramó nada. Corrió al cuarto y prendió la televisión.
En la cocina reinaba el silencio. Ninguno de los dos quería hablar, tampoco era como si supieran que decir exactamente. Se miraron por un rato, de vez en cuando, alguno de los dos abría la boca para intentar decir algo, pero de inmediato la cerraban de vuelta.
Finalmente el hombre decidió que había sido suficiente.— No debiste decirle eso. Ni los golpes ni los gritos son cosas normales en las relaciones ¿Y la televisión? Sabes que es mejor que se ponga a estudiar.
—Lo sé, pero siendo sincera no quiero tener que explicar eso. Y esa es la única manera de mantenerlo ocupado mientras hablamos.— Argumentó la madre.
— No estoy muy de acuerdo pero bueno... ¿Y que hacemos?— Preguntó su esposo refiriéndose al tema de el posible abuso que recibía la pareja de al lado.
— No lo sé. Solo se que no podemos ignorar del todo lo que dijo Chuuya.
— También puede que sea su imaginación. Aunque si ese es el caso, no entiendo porque gritos y golpes.
La madre pareció pensar un momento. Luego tomo una decisión.— Voy a ir con los vecinos, preguntaré directamente.
Su esposo abrió los ojos con temor. — ¡¿Estas loca?!— Gritó. Ella se apresuró a calmarlo.
— El vecino siempre sale a la misma hora que yo y no lo escucho regresar hasta mucho después que yo. Ahora no debe estar en casa y yo no fui a trabajar. Todo está bien.— Respondió.
Su esposo dudó un segundo pero aceptó con la condición de que le permitiría acompañarla.— Bien.
Ambos padres se levantaron del comedor y caminaron a la puerta, el pelirrojo los siguió.
Había visto un programa de espías y detectives y se decidió a resolver su propio misterio. Se vistió con un sombrero. Tomó un cuaderno y un crayón. Con una caligrafía demasiado buena para su edad escribió el nombre de su 'caso':" El misterio de los golpes del vecino".
Sonrió complacido y siguió sigilosamente a sus padres. Se las arregló para salir del apartamento junto con ellos sin que se dieran cuenta. ¡El sería un gran espía!
Se escondió tras una planta cuando sus padres tocaron el timbre de su odioso vecino.
La familia tenía sus propias ideas de lo que aparecería detrás de la puerta. El pequeño pensó en una chica sana, sonriente y amable, como su madre. Mientras que ambos padres esperaban ver la imagen de una mujer asustada y maltratada.
Nada que ver con lo que en realidad salió a darles la 'bienvenida'.
— ¿Que se les ofrece?— Habló una voz cansada y harta. La voz de un pequeño de la edad de su hijo, tal vez un poco mayor, pues es lo que aparentaba. Todo en el era abrumador.
Su cabello era alborotado y rizado, llevaba una camisa de vestir blanca con una corbata negra, unos pantalones de vestir igualmente negros y zapatos formales. Además... Llevaba vendas, la tela cubría gran parte de sus brazos.
"¿Por qué trae eso? Está en su casa, tiene que estar cómodo." Pensó el pelirrojo detrás de la planta. Observó su vestimenta. Una piyama de dos piezas roja con dibujos de perritos y pantuflas de foca.
Frunció el ceño al ver que aquel chico era el más cercano a parecer un espía de los dos. Si no fuera por su sombrero y libreta entonces no estaría ni cerca de ganarle ¿Lo peor? ¡El ni siquiera había intentado parecer uno!¡Simplemente salió así y ya!
— Pequeño...— El la miró. Sus ojos fríos y sin emociones se posaron en ella, cafés y con un ligero tono rojizo. La miraron de arriba a abajo, la examinaron, la analizaron. Ojos calculadores y amenazadores.
La mujer sintió como si estuviera siendo analizada por el mismo diablo. Cómo si estuviera decidiendo que tan buena idea era matarla. Ella se estremeció.
Su esposo notó la incomodidad de su esposa y habló por ella.
— ¿Tu mama está en casa?— Está vez, su mirada se dirigió al hombre. Este sintió un escalofrío recorrer todo su ser.
— ¿Mi madre?— Preguntó el aterrador pequeño desviando un poco la mirada, más como una pregunta para si mismo que para ellos. Aún así el respondió.
— Si. Tu madre, queríamos hablar con ella ¿Está en-...— Aquellos ojos se posaron en ambos, una mirada amenazante que cortó cualquier palabra que quisiera decir.
— No se de que habla señor.— Respondió, su voz firme y fría.— Mi madre está muerta. Lo está desde hace años.— Un tono gélido, tanto que, al juntarlo con la oración que acababa de pronunciar, era escalofríante.
— O-oh... Disculpa... — Las palabras no querían salir de su boca ¿Su madre estaba muerta? Ahora la pareja, aparte de terror, sentía pena por haber preguntado. El chico observó sus expresiones y frunció el ceño. No quería su pena, no la necesitaba.
— Dime niño.— Las palabras del esposo eran temblorosas, Pero no tanto como las de su esposa.— Mi hijo a estado escuchando gritos desde su apartamento durante la noche.— Tragó saliva.— ¿Sabes porque?
El chico sonrió, una sonrisa más que divertida, de advertencia. — Si, se algo.
La pareja esperaba que dijera algo más, cosa que después de unos segundos comprendieron que no haría por voluntad.—¿Entonces?— Preguntó el de vuelta.
—¿Entonces que?— Ahora la sonrisa del chico era de divertida y siniestra. Ese niño era un demonio andante.
— ¿Que es lo que sabes?
— ¡Ohh! Eso...— Empezó a jugar con un extremo de sus vendajes.—¡No tiene de que preocuparse!¡Solo somos yo y mi papá viendo televisión!— Su actitud, ahora infantil, era desconcertante.
Chuuya miraba detrás de la planta completamente confundido ¿Que pasaba con ese niño?¿Se cayó de chiquito?
— Bueno... Si eso es todo entonces está bien.— La madre, satisfecha con la respuesta y aterrorizada por el pequeño decidió que había tenido suficiente del niño y prácticamente arrastró a su esposo dentro del apartamento.
El pelirrojo se quedó viendo al castaño, estaba arrodillado detrás de una maceta en mitad del pasillo, las hojas tapaban gran parte de lo poco que se veia de su cara. Era casi imposible verlo.
Observó como el castaño cerraba la puerta de su apartamento con llaves ¡El no tenía llaves!¡No era justo!¡El padre del niño confíaba más en el que los del pelirrojo en el!
El castaño podía sentir la mirada de Chuuya clavada en su espalda. Que molesto, se sentia vigilado por un perro guardian ¿Un pastor alemán talvez?¿O sería un pitbull la persona que lo vigilaba?
El pelirrojo se quedó mirando un rato más al otro a sabiendas de que sus padres no cerrarían la puerta, lo miró fijamente por el poco espacio que tenia y para su sorpresa ¡El le devolvió la mirada!
El castaño le sonrió divertido. — Hay un perro escondiendose tras la planta ¡Date prisa antes de que te cierren la puerta!— Se burló el queriendo saber de quién se trataba, o al menos el aspecto, conocía bastante bien el nombre del chico, Nakahara Chuuya.
Aquel nombre que las señoras del piso siempre alababan. Estaba harto de escuchar siempre: "¿Has visto a Chuuya?" "Es un niño muy dulce." "Siempre tan maduro y respetuoso" "¡Es tan caballeroso!"
Chuuya salió de inmediato de su escondite enojado.— ¿Cómo supiste que estaba ahí?¿¡Y porque me dijiste perro?!— Grito lo último enfurecido.
Nada de lo que se decía de el era cierto. Ni caballeroso, ni respetuoso ¡A la mierda todo eso! Lo que tenía enfrente tampoco era un pastor alemán, ni un pitbull. Era un Chihuahua, siempre alterado y enano.
El castaño se tapó los oídos en una reacción exagerada.— Deja de ladrar.— El pelirrojo apretó la mandíbula.— Supe que estabas ahí porque no parabas de gruñir.
Chuuya se enojó más. —¡Deja de llamarme perro!
— Era mentira.— Agrego de inmediato con naturalidad confundiendo al pelirrojo. — Escuché que eras un niño prodigio, siempre maduro, respetuoso, y toda esa mierda. No esperaba ver a alguien tan patético en su lugar. — Soltó con desdén.— Te imaginaba más alto.
—¿¡Ah!?¿¡Cómo que más alto!?¿¡A quien llamas patético?!— Gritó enfurecido el pelirrojo. Poco más y se podría divisar humo salir de sus oídos.— Para que lo sepas yo soy el más inteligente y maduro de mi clase, ademas-
— Porfavor, solo eres un Chihuahua enojado.— El castaño lo cortó en medio de su discurso con un tono despectivo y molesto.
— ¡Deja de llamarme perro!
— ¡Entonces deja de ladrar!—Una pelea a base de insultos infantiles comenzó.
— Dazai.— Habló un pelinegro desde las escaleras. Chuuya lo miró con curiosidad.—¿Que estás esperando? Fukusawa-san y Yosano están en el auto. Poe ya llegó ahí. Me mandaron a buscarte.
—Ah. ¡Mierda!¡Casi lo olvido por pelear con el Chihuahua!— Metió sus llaves en sus bolsillos y corrió hacia el pelinegro.— Lo siento Ranpo-san.
— Me debes una paleta.
Así, Chuuya se quedó en el pasillo viendo como ambos chicos corrían escaleras abajo.
— ¿Poe va a pagar?— Preguntó la voz del castaño.
— ¡Exacto! — Respondió el otro niño.
Unas cuantas risas se escucharon y el volvió a su apartamento. Sus padres no lo escucharon abrir la puerta. Caminó a su habitación y se dejó caer en la cama.
Se sentía derrotado. En la escuela, siempre le dijeron que era muy inteligente, y muy maduro para su edad, pero en ese momento se sintió superado.
Dazai, que al parecer así se llamaba, era un tonto, un tonto inmaduro, y aún así, su padre le tenía confianza como para dejarlo solo en casa, darle llaves, y todavía largarse con sus amigos a un parque ¿Que había hecho mal? Incluso le había ganado en su concurso de disfraces de espía. (Uno inexistente en el que solo el sabía que participaba)
Se sentía dolido por los comentarios del castaño. Se sentía impotente.
— Es un idiota. — Dijo para si mismo.
Este es el primer capítulo.
Espero de todo corazón que les haya gustado, está historia la estoy haciendo con mucho cariño. Sinceramente.
En fin.
GRACIAS POR LEER 💖✨








