Sala de práctica (01)
Estaba en mi clase de baile la primera vez.
Recuerdo estar solo, el como la melodía salía de mis labios y el sonido de mis pies al retumbar en el suelo. Mí mirada estaba clavada en el espejo frente a mí, donde mí figura se movía con una coreografía aprendida ese mismo día.
Cuando practicaba por sexta vez, mí voz se cortó y me moleste tanto que decidí parar un rato. Cuando me acerque a mi mochila para tomar agua, fue que te ví, ahí parado mirándome tan fijamente que me dió un escalofrío, aunque estaba completamente sudado.
Mis pies se detuvieron y no me moleste en pensar bien mis palabras antes de abrir la boca.
– Qué demonios, hombre – te grite –, ¿Qué haces ahí viendo como un psicópata? – Está vez hable más bajo, pero no por eso mí expresión se relajo.
No cambiaste tú expresión por un rato, pero después entraste por completo a la habitación y tú expresión se trasformo en una sonrisa amable.
Eso por alguna razón me puso de los nervios.
– Lo siento, estabas tan concentrado que decidí no interrumpir, pero parece que alguien se frustro. – Tú sonrisa llegó a tus ojos, convirtiendolos en dos líneas.
– Tú qué sabes... – Bufé molesto y por fin tome mi botella de agua, tomé un trago y te mire de nuevo – ¿Necesitas algo, o solo te gusta espiar a la gente? – me cruce de brazos y entre cerré los ojos.
Te reiste, volteaste a otro lado solo por un segundo para después volver a mirarme mientras ladeabas la cabeza a tu derecha.
– Oh, bueno, seguro que te habría mirado por más tiempo, pero ya ves. – tú sonrisa se relajo y decidí que era suficiente de palabrerías.
Nesesito practicar y este idiota no se va.
– ¿Puedes responder la pregunta, o necesito hacerla de nuevo? – te mire molesto y agite mi pie en el suelo con impaciencia.
Miraste tu reloj y luego tú vista volvió a mí.
– Bueno, van a cerrar en un rato así que me mandaron a revisar – volviste a ver tu muñeca izquierda – , ya sabes, soy del consejo estudiantil y me toca ver qué nadie se quede encerrado. – Me miraste con esa sonrisa otra vez – aunque igual puedo dejarte encerrado aquí, veo que te urge practicar – hablaste con fingida inocencia, y esta vez sí empecé a irritarme.
– No, gracias – te dí la sonrisa más sarcástica que dí en todo el día y tome mi mochila – , volveré cuando no esté tú cara por aquí.
Volviste a reír y definitivamente iba a necesitar una ducha fría cuando llegara a casa.
– Bueno, fue un gusto amigo – me miraste por encima del hombro cuando pase por tu lado.
– No lo fue, y no soy tu amigo.
Escuché un sonido de indignación de tú parte y ví de reojo que volteaste completamente hacia mí dirección.
– Soy tú Hyung, ¿Se te permite hablarme así?
– Se me permite hablar como se me de la gana. – Fue lo último que dije y después cerré (azote) la puerta.
“Qué le pasa a ese tipo”