Capitulo 1
Emily
Mis tacones resuenan con cada paso que doy mientras me dirijo al elevador. Cuando las puertas del elevador abren, el murmullo del pasillo se va apaciguando poco a poco, todos bajan la mirada en señal de respeto, nadie se atreve a mirarme a los ojos porque eso está prohibido.
Cierro las puertas de mi oficina y dejo mi pequeño bolso en el escritorio, me dirijo al espejo de cuerpo completo para confirmar que tengo todo perfecto. Observo mi vestido rojo de espalda descubierta, este me llega un poco más arriba de mis rodillas, mi cabello negro azabache con unas ondas perfectas mientras que mis labios están pintados en un tono rojo pasión.
Observo mis ojos de diferentes colores, mi ojo derecho es un gris casi blanco con destellos negros alrededor de la pupila mientras que mi ojo izquierdo es un verde oscuro con pequeñas manchas color café, casi invisibles. Doy un pequeño repaso a mi cuerpo, viendo mis tacones negros que me hacen lucir mas alta de lo que soy, observo mis caderas anchas, cintura pequeña y senos medianos.
- Perfecta - Digo en voz alta.
Camino hacia mí escritorio y organizo algunos papeles que tenía pendientes para la tarde. El tiempo pasa rápido y en un abrir y cerrar de ojos ya he terminado. Presiono el pequeño botón que me comunica con mi asistente Delia.
- Señorita Morgan se le ofrece algo - Delia contesta al instante.
- Delia, me podrías decir si tengo alguna reunión para esta tarde? - Delia me dice que espere un momento y mientras espero reviso mi bandeja de correos para checar alguno que no haya contestado.
- Señorita Morgan, para su suerte no tiene ninguna reunión para esta tarde - Suelto una risita, irme temprano a casa me pone de buen humor.
- Bien puedes irte a tu casa Delia, Adiós. - Agarro mis cosas y cierro las puertas de mi oficina, como es de costumbre todos callan y bajan las miradas mientras me dirijo al elevador. Miro la hora y pienso que aún es temprano son las 3 pm así que decido ir a comer a mi restaurante favorito.
Llegó al estacionamiento y me subo a mi coche, conduzco unos 15 minutos y llegó al restaurante. Aparco el coche y agarro mi cartera.
Al llegar me atiende un moreno de ojos miel, un deleite para la vista.
- B-buenas tardes señorita, tiene reservación? - Está nervioso, lo puedo notar por el ligero temblor en sus manos y su tartamudeo, así me gusta.
- Sí, soy Emily Morgan - Relamo mis labios mientras lo observo de arriba abajo, ese traje de sirviente le queda sexy y me pregunto que tanto esconderá debajo de ese traje. Eso es algo que voy descubrir está noche, salgo de mis pensamientos y el sigue embelesado en mis labios, a lo que suelto una pequeña risa - Estoy esperando por ti.. - Observo el nombre que tiene el traje - Ian.
- S-s-si lo siento, puede pasar señorita Morgan - Hace una pequeña reverencia torpe y me cede el paso.
Saco una pequeña tarjeta de mi cartera y se la entrego.
- Te espero en esta dirección a las 9, no faltes o de lo contrario vendré yo misma por ti - Le guiño un ojo y paso por su lado adentrándome al restaurante.
El olor a canela me recibe mientras camino a una de las mesas que están en el centro. Un camarero llega rápidamente a tomarme el pedido, a lo que pido un pollo horneado con una botella de vino, lo sé, es algo que puedo preparar en casa pero sinceramente no tengo ganas.
En menos de 10 minutos tengo lo que pedí frente a mí, el camarero me sirve una copa de vino mientras yo como el pollo horneado, es inevitable soltar un pequeño gemido de satisfacción.
El camarero se me queda viendo como si tuviera algo en la cara
- Tengo algo en la cara o que? - Sonrió al ver que se ha puesto como un tomate.
-N-no señorita, disculpe si la incomode - El camarero evita mi mirada en todo momento.
Le digo que no se preocupe y se retira. Termino de comer mi pollo, pago y me voy del restaurante, subo a mi coche y me pongo en marcha, observo por el espejo retrovisor a las dos camionetas que me persiguen y las reconozco de inmediato, son mis guardaespaldas.
Al llegar a la mansión rodeo la fuente y aparco el coche.
Al entrar me recibe la ama de llaves.
- Señorita Emily, cómo estuvo su día? - Me sonríe mientras me quita las llaves del coche y mi pequeño bolso - Quiere que le prepare algo de comer?
- No Ana, ya comí solo vengo por las llaves del penthouse y regreso mañana - Ana asiente y se retira mientras yo subo las escaleras y entro a mi habitación.
Busco en el cajón, encuentro las llaves y mi pistola, reviso si está cargada y efectivamente lo está. Salgo de la mansión y busco otro coche, un lindo Lamborghini a la vista es el elegido. Guardo la pistola en la guantera y me pongo en marcha. Al llegar al penthouse hay hombres uniformados y formados en filas con armas, al notar mi presencia inclinan sus cabezas, paso de largo hasta llegar a mi puerta.
- Señorita Morgan.
- Dante - Saludo a uno de mis hombres - Alguna novedad?
- Ninguna por ahora señorita, todo está bajo control.
- Bien - Cuando estoy apunto de cerrar la puerta, recuerdo a Ian - Dante.
- Si señorita Morgan? - Dante se gira hacia mí.
- Hoy viene un invitado, se llama Ian , moreno, ojos miel - Dante asiente y sonríe - Hazlo pasar al último cuarto del pasillo.
- Cómo usted ordene - Se gira y adapta una posición con sus manos entrelazadas detrás de su espalda.
Veo la hora en el reloj que cuelga en la pared, 8:00 pm.
Rápidamente subo a mi habitación, la primera del pasillo, me quito los tacones, el vestido y recojo mi cabello en una coleta. Me doy una larga ducha con agua caliente, y no puedo evitar pensar en lo excitante que se verá Ian a mi merced, todo un corderito sin que nadie lo pueda defender.
Mientras me dejó llevar por mi imaginación, mis manos tocan las puntas de mis senos y un pequeño gemido sale de mis labios mientras guío mi otra mano a mi intimidad que está empapada de mis fluidos, cierro la ducha y me voy a la cama.
Me recuesto en ella mientras agarro el consolador que reposa en la mesita de noche, juego con mi clítoris e introduzco dos dedos de golpe, los muevo lo más rápido que puedo y el sonido encharcado que se hace me moja más, saco los dedos e introduzco el consolador, con mis manos libres acaricio mis senos y los aprieto fuerte mientras siento como el orgasmo se va formando en mi vientre. Pellizco mis senos y vuelvo a acariciar mi clítoris para explotar en un rico orgasmo.
Luego de limpiar todo y ducharme nuevamente, me coloco una lencería negra, mi intimidad queda al descubierto al igual que mi trasero, mientras las puntas de mis senos sobresalen de la tela, luego de estar lista me coloco un poco de labial, rocío perfume y suelto mi cabello. Observo la hora y son las nueve en punto.
Me dirijo a la última habitación del pasillo, mi invitado debe estar allí.
Bingo. Está sentado en la cama observando todo a su alrededor, parece no notar mi presencia así que carraspeó un poco .
- Eres tan puntual siempre Ian? - Su mirada instintivamente recorre mi cuerpo únicamente cubierto por la lencería.
- S-si señorita - Bajo la mirada a sus pantalones y como era de esperar tiene una gran erección que parece apunto de explotar.
Una pequeña sonrisa reposa en mis labios mientras me voy acercando hacia el lentamente.
- Eso es bueno, me gusta la puntualidad, ahora tu y yo conversaremos - Paso la punta de mis dedos delineando sus carnosos labios - Te gusta que te dominen Ian?
- No lo sé señorita - Responde embelesado en mis ojos - Pero si usted será la que me domine puede hacerlo cuando quiera.
Suelto una risa y me dirijo a una mesa donde reposan botellas de vino.
- Bien, primero, deja de llamarme señorita, llámame Emily. Segundo, quieres una copa de vino? - Volteo enseñándole la botella de vino, a lo que el asiente.
Me acerco y le entrego la copa, luego me siento frente a el para obtener una mejor vista.
- Quítate la ropa.
Ian me observa por unos segundos antes de obedecer, se quita la camisa y se que estaba en lo cierto, tiene unos abdominales definidos, parecen cuadros de chocolates a la espera de ser mordidos por alguien y ese alguien soy yo. Luego se quita los zapatos y por último el pantalón, queda simplemente en boxer y obtengo una mejor vista de su erección.
- Muy bien Ian, cada vez que me obedezcas tendrás un premio - Dejo mi copa de vino a un lado y me acerco a su rostro, Ian me mira a los ojos y luego baja la vista a mis labios así que no espero más, lo tomo de la mandíbula y lo beso con brusquedad, le toma unos segundos seguirme el ritmo pero luego rápidamente me sigue el beso.
Un beso delicioso he de admitir, bajo mi mano lentamente hasta llegar a su erección y le doy un pequeño apretón a lo que Ian suelta un gemido roncó. Me aparto y camino hacia una mesa, dónde se encuentran las esposas.
- Te voy a atar a la cama, de acuerdo? - Me acerco lentamente mientras sujeto una de sus manos para esposarlo .
- Sí.
- A partir de ahora me dirás 'Sí ama', entendido?
- Sí ama - Ian se muerde los labios cuando le doy otro pequeño apretón a su erección.
- Muy bien, ahora dirás una palabra clave que utilizarás cuando algo no te guste o sobrepase tus límites, de acuerdo? - Aunque si la usa o no, me da igual porque no me voy a detener - Puedes decir un color.
- ¿Verde?
- Bien, cuando uses la palabra verde me voy a detener y me dirás lo que no te gusto, entendido? - Observo a Ian esposado a la cama, reviso una vez más para confirmar que este esposado y no se pueda soltar.
- Sí ama.
Le quitó el boxer, y vaya que tiene una polla grande y venosa. Lo masajeo de arriba hacia abajo, lento pero duro. Ian suelta jadeos y se retuerce en la cama.
- Te gusta Ian?
- S-si ama - Suelta otro pequeño jadeo y empieza a elevar sus caderas en busca de más fricción.
Por su cara se que está apunto de llegar al orgasmo así que lo suelto y me alejo. Me acerco a la mesa y saco un látigo color vino, me acerco nuevamente hacia Ian y doy unos cuantos besos a sus abdominales.
- No te di permiso de que movieras tus caderas, ahora obtendrás un pequeño castigo - Suelto el primer latigazo en su abdomen y el suelta un gemido de dolor.
Escucharlo gemir de dolor me excita, llevo una de mis manos a mi entrepierna que ya está empapada y empiezo a acariciar mi clítoris
- Cuenta los latigazos, muñeco - Ian asiente.
Doy otro latigazo más fuerte y rápidamente tomo su polla mientras la acaricio
- Uno - Su voz tiembla ligeramente. Suelto otro latigazo, espero a que cuente, tarda un poco en hacerlo así que doy otro latigazo.
- Cuenta.
- Tres.
Otro.
- Cuatro - Suelta un gemido cuando aceleró los movimientos en su polla.
Otro
- Cinco.
Otro.
- Seis.
Pongo el látigo en una esquina. Me monto en la cama y me coloco sobre el cuerpo de Ian, empiezo a repartir pequeños besos por su abdomen, lamo, chupo, muerdo.
Ian sigue gimiendo mientras se retuerce.
- Te gusta? - Pregunto, le coloco un condón y luego posicionó la punta en mi entrada comenzando a jugar un poco.
- Sí ama - Su voz sale desesperada, no espero más y me dejó caer de golpe, los dos soltamos jadeos al mismo tiempo.
Empiezo a mover mi caderas de arriba a abajo, mientras arañó su abdomen con mis uñas, me acerco a sus labios y los mordisqueo a mi antojo. Le digo a Ian que puede mover sus caderas, empieza a moverlas duro y rápido, rico.
Estoy apunto de llegar a un orgasmo, pero antes quiero que me toque, así que le quitó las esposas.
- Tócame - Ian obedece de inmediato, me quita la prenda de arriba y empieza a tocar mis senos, lame, chupa y mordisquea.
Acaricia mi clítoris mientras me sigue penetrando. Somos un desastre de fluidos en la cama y a ambos nos gusta.
Ubico mi mano en su cuello y empiezo a hacer un poco de fuerza, Ian gime y me da una palmada en el trasero, besa mi cuello y sujeta mi cabello.
- Correte - Ordeno.
Ian gruñe y acelera más sus embestidas, rápidamente llegó al orgasmo al igual que el.
Pero esto no ha terminado, ahora viene lo mejor.
- Acuéstate - Vuelvo a esposarlo, luego me dirijo otra vez a la mesita, saco un pequeño cuchillo y una navaja que me regaló Dante.
Le coloco una cuerda a la boca de Ian para que no pueda hablar, así será mucho más fácil.
- Confías en mí? - Pregunto mientras delineó sus abdominales con mis uñas.
Ian asiente de inmediato, lo que me hace reír. No debería, me conoció hace un par de horas, pero cada quien.
- Comenzaremos con algo sutil, puede ser algo doloroso, pero puedes imaginar que es placentero, todo es mental Ian - Clavo la punta del cuchillo en su abdomen.
Ian suelta un gemido de dolor, se retuerce pero no puede liberarse por las esposas.
- Shh, todo es mental muñeco - Empiezo a ejercer más presión y sale un poco de sangre, mi boca se seca al instante y no espero más.
Me acerco y lamo la sangre, mis papilas gustativas lo disfrutan y me es inevitable soltar un gemido de satisfacción, guío mi mano hacia la polla de Ian y empiezo a masajear rápidamente.
Gemimos al mismo tiempo. Le doy permiso para que mueva sus caderas y no tarda en obedecer, rápidamente llega al orgasmo. Ian me mira fijamente a los ojos y me sonríe.
- Te gusto?
- Sí ama.
- Que bueno, porque es el último orgasmo de tu vida - Ian me mira sin comprender a que me refiero, así que trato de ser más obvia - No comprendes?
- No
- Ya te explico - Agarro el cuchillo y lo paso rápidamente por su cuello.
Ian se retuerce intentando parar el sangrado, pero es inútil, está solo a segundos de morir. Ver sus ojos perdiendo el brillo, ver qué está muriendo y no puede hacer nada, me excita y me satisface.
- Dulces sueños Ian y recuerda que nunca debes confiar en nadie - Doy un pequeño y último beso en sus labios, al verlo ya está completamente muerto.
Empiezo a hacer grandes cortes por todo su cuerpo mientras lamo la sangre exquisita, me masturbo por la gran excitación acumulada. Luego de que todo su cuerpo esté desmembrado, salgo de la habitación y me dirijo a la mía.
Me doy una ducha y me pongo una pijama. Bajo las escaleras y abro la puerta.
- Dante - Dante inmediatamente se voltea escaneando mi cuerpo en busca de algún daño, algo que obviamente no sucedió.
- Señorita Morgan.
- Ve a la habitación y encárgate de los restos del cuerpo, dile a alguno de mis hombres que se encargue del desastre - Dante asiente.
- Señorita Morgan, me han notificado que mañana habrá una reunión importante en el almacén - Suelto un quejido, odio ir a las reuniones.
- Bien, quienes irán? - Dante busca en su celular
- Alaska Petrova, Dimitri Barone y Hades Morozova - Hades Morozova, interesante.
- Bien. Mañana vienes conmigo
- Cómo usted ordene.
Cierro la puerta y me dirijo a mi habitación, apenas veo la cama me lanzó sobre ella y no tarda nada en llegar el sueño.
Mañana será un día muy largo...