Concepción

Summary

Lisa anhelaba un hijo, pero llevarlo en su cuerpo la mataría, asi que...él se ofrecio a cambiar roles. -OMEGA Dracula. -Mpreg. -Lisa Alfa x Omega Dracula

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Concepción.

El calor aumenta y la temperatura de su cuerpo se eleva de una forma que le es familiar pero que, a la vez, no lo es y no debería ser. Este calor es asfixiante, dominante y provoca que su cerebro esté al borde de la inconciencia.

Han pasado siglos desde la última vez que sintió algo así.

No es el primer celo que pasa. Los ha tenido desde que cumplió quince años y la pubertad lo golpeó de lleno, por lo cual debería estar acostumbrado; sin embargo, han pasado un centenar de años desde la última vez que dejó que un calor lo llenara libremente, por lo que ahora está sintiendo como el aire se le escapa de sus pulmones, como todo su ser tiembla y hormiguea, descargas de placer corriendo por su columna mientras aúlla con cada lamida, toque y el deseo de su corazón de por fin obtener lo que está esperando, tanto física como emocional.

Es el primer celo que pasa con una alfa.

No ha sido un hábil mujeriego como tantos otros de su especie, pero eso no quiere decir que no tenga ninguna experiencia en el área. En su tiempo como humano eligió acompañantes, todas fueron mujeres hermosas, llenas de vida, recatadas y tranquilas, todas perfectas para él. A pesar de permitirse eso, cuando llegaba su celo, nunca eligió una alfa, prefiriendo una beta en su lugar.

No tienen los mismos beneficios, pero a él no le interesaba el nudo, le interesaba pasarla bien, ser saciado y no correr riesgos. Permitió, alguna que otra vez, que le den durante el momento más asfixiante de su celo, solo una vez para calmar la picazón y luego poder volver a la rutina, con él hundiéndose completamente en la doncella de turno.

Esta es la primera vez que, desde el inicio, se está entregando por completo, mostrando uno de sus lados más vulnerables, aquel que creía muerto desde hace mucho. No es que se avergüence de ser omega, no puede importarle menos – quizás hasta le gusta más. Tener todo ese control, esa fuerza y a las alfas comiendo de su mano – sin embargo, nunca se ha abierto de piernas de esta forma, presentándose ante alguien, mucho menos con nervios dentro suyo, como esperando que la mujer se arrepienta a último momento.

Es ridículo.

Lisa es lo suficientemente inteligente para decirle desde antes que no quiere estar con él en estos momentos. Se lo ha preguntado dos veces antes de perderse en la niebla del calor y la terca alfa sigue diciendo que sí.

Es obvio que no lo rechazará.

(Pero esa parte que le recuerda la diferencia de edad, de especies, no piensa lo mismo. Y aunque es demasiado pequeña es igual de molesta.)

Sus piernas desnudas – está completamente desnudo ya para estos momentos– son abiertas con fuerza y un par de ojos azules familiares lo observan, una sonrisa pícara en sus labios cereza, que una vez había pensado que eran solo colorete, solo para pasar sus dedos y ver que eran totalmente naturales.

Su rostro no enrojece – no podría considerando que es un vampiro, pero de poder…– y se niega a mirar a otro lado, disfrutando de retarla con la mirada. “¿Qué irás a hacer pequeña alfa?” parece decir.

Suaves besos son colocados en sus muslos, suaves y dulces y son toques casi helados para su piel que está en alta temperatura, no la suficiente para ser humana, pero sí demasiado para ser un ser de la noche. No sabe por qué Lisa empieza con algo tan…simple, pero no se queja y mucho menos cuando dichos besos pasan a pequeñas mordidas que, sabe, dejarán marcas.

El proceso se repite por un tiempo antes de que unas uñas sorprendentemente filosas lo tomen de las caderas y tiren hacia abajo, dejándole encima de un cojín que su esposa había insistido, debía estar allí. No supo para qué, pero le cumplió el capricho, ahora tenía una pequeña idea de para qué era.

Sus caderas y trasero están elevados y unas manos pequeñas abren sus nalgas sin una pizca de vergüenza, a pesar que él se está muriendo por ello porque nunca le han hecho algo parecido. Es generalmente él quien lo hace.

Un jadeo de sorpresa sale de su boca cuando una lengua caliente juega con la piel alrededor de su anillo, mordisqueando con mucho cuidado y jugando con los bordes. Su aroma sale mucho más dulce ante el trato, pero intenta controlarse, es simplemente un juego.

Un juego que cambia de intensidad cuando esa lengua se hunde en él, lamiendo y estirando sus paredes internas, sus manos manteniendo un buen agarre de los muslos para evitar que cierre las piernas. En respuesta sus caderas se mueven, auto follándose contra esa boca, su lubricante se produce en gran cantidad y el placer corre como fuego por todo de él.

No sabe cuándo empezó a gemir, pero al menos son casi inentendibles, por lo que no perderá la cara por vergüenza.

Las uñas filosas se clavan en la carne de sus caderas. Se produce el ardor sin embargo es la sensación de ese músculo bucal quien se roba toda su atención, haciendo una deliciosa mezcla de dolor y placer.

Le gusta el dolor y el placer.

Arañazos son dados en su bajo vientre, esa delicada mano toma su polla, empezando a subir y bajar con una facilidad única.

Los jadeos se vuelven intensos, sabe que el lubricante debe estar manchando todo con la cantidad que produce. Se está ahogando en su propia baba y emociones, sintiendo como esos dedos juegan con su glande y la ranura, presionando, soltando y volviendo a bajar hasta tocar sus testículos y volver, repitiendo el proceso hasta que la cabeza de su polla se encuentra roja, llorosa y lista para estallar.

De alguna forma esa lengua se hunde más, hasta que un ardor se produce en su bajo vientre y un orgasmo lo golpea, haciéndole jadear por la intensidad.

Cuando vuelve a ver a Lisa, a la única humana que ama, que le ha enseñado las bellezas de la vida, nota que esta se ve como un gato al que le han dado su crema. Sus irises azules brillan como zafiros, la travesura se instala en ella.

Si fuera un día normal, la llevaría boca abajo para mostrarle que él es quien está en control…

La cuestión es que ahora no es él quien tiene el control y eso es aterrador, porque se está abriendo por completo a una persona, para que lo tratara y lo vea como se le antoje en uno de sus momentos más vulnerables.

Debe amarla demasiado para permitirle eso.

Ese es otro tema aterrador.

No sabe por qué, pero cuando ve el miembro erecto de la alfa – y para su sorpresa, es grande. ¿Cómo es tan grande? Para tener un cuerpo tan pequeño y grácil, es totalmente sorpresivo ese descubrimiento. – empieza, para su vergüenza, a lloriquear. Sus feromonas envuelven la habitación, su olor dulce llama a la mujer en su cama para que venga a él, para que lo folle, lo anude y lo críe.

(Al fin de cuentas, por eso han cambiado roles después de todo el tiempo que llevan conociéndose ¿verdad? porque Lisa anhela un hijo que no puede cargar, no sin el riesgo de que muera en el proceso y él destruiría el mundo antes de dejar que algo le ocurriera a su dulce esposa. ¿Qué es este pequeño sacrificio? Él quiere hacerla feliz, él quiere que ella nunca se arrepienta de su decisión y si para eso tiene que mostrar un lado extremadamente muerto de él…bueno, todo sea por ver la sonrisa de Lisa. Esa sonrisa que se siente como los rayos del sol que bañan la piel en una cálida tarde de primavera.)

No sabe si funciona o no, pero finalmente siente algo duro contra su trasero, algo enorme apenas entrando en su entrada, una cabeza estirando sus paredes.

Sabe que Lisa se está conteniendo intentando ser paciente, pero él no lo es – además que no está hecho de cristal. Es Vlad Drácula Tepes, él puede manejar algo así – por lo que con lo poco de cordura que le queda, se auto penetra, cayendo sobre esa gorda polla y el llanto que escapa es totalmente involuntario.

¡Joder! Se siente tan estirado, tan lleno, tan caliente…es bueno, demasiado bueno, ¿por qué no lo han hecho hasta ahora? Se siente demasiado perfecto, sacia todo en él, joder…

Esta babeando y gimiendo incoherencias, está seguro, pero antes de hablar, brazos lo tiran hacia arriba y de repente está a la par con esa mirada azulada que ama.

Feromonas con aroma a lirios llegan a su nariz, siente que se embriaga.

—Respira y vuelve a mí, Vlad— ¿qué vuelva? No entiende esas palabras, solo sabe de esos ojos que lo observan como si fuera la mejor comida del mundo. — Eso, sigue así. —Suelta un gemido ronco cuando unas manos conocidas bajan a sus nalgas, abriéndolas. Lo siguiente que sabe es que un gran pene está golpeando su interior sin ningún tipo de suavidad, yendo profundo ante la nueva posición.

—Que buen omega eres esposo…tan húmedo, ruidoso y cálido…—La voz ronca –una voz de alfa – susurra contra su oído y él asiente. Es bueno que para ella sea un buen omega, realmente muy bueno. — ¿Te has oído llorar? Lloras como si estuvieras necesitado por una buena polla. ¿Es qué eso es lo qué siempre harás? ¿Lloraras todos los días por mi polla de esa forma tan linda? — Si, definitivamente si, especialmente si le trae tanto placer. —Supongo que ahora eres mío. ¿Te gustaría un collar qué dijera eso? —No está pudiendo pensar en una respuesta, el miembro interior se roba todos los pensamientos, especialmente cuando toca un punto que le hace curvear la espalda en un perfecto ángulo, un gemido desesperado escapa de sus labios. —Vlad Tepes, tendrás un bonito collar en tu hermoso cuello. Le agregaremos en oro la palabra propiedad… ¿quizás por detrás a quién perteneces? Vlad ¿a quién perteneces?

No puede ordenar las palabras, no cuando siente su cuerpo arder, su ser rebotar en el regazo ajeno, la piel chocando haciendo un ruido de chapoteo.

Suelta un grito ante una mordida profunda en su pectoral, dientes raspando su pezón.

—¿A quién perteneces, Vlad? —Otra mordida en su pecho, dientes se clavan con fuerza y el dolor es tan bueno cuando se mezcla con el placer que está recibiendo.

La sensación lo deja aturdido, no sabe que es lo que prevalece,

De repente las embestidas se detienen y él tira del cabello –hilos dorados como oro– ajeno, como si fuera un niño caprichoso, para que vuelva a comenzar.

Siente un nudo en el pecho, quiere estar lleno, quiere que ella nunca salga ¿por qué se detiene? ¿Qué hizo mal?

—¿A quién le perteneces, rey vampiro? —La voz burlona y ronca le hace gemir. Se apoya en su hombro, jadeando contra su piel.

Sus colmillos pican, anhela morder, pero se contiene.

No estar siendo follado le da un pequeño momento de cordura, pero le duele, le duele demasiado.

No quiere que se detenga.

—A ti, a ti, a ti. Por favor, por favor, sigue, sigue. Seré un buen omega, seré bueno, por favor sigue, sigue… —ruega con la voz llorosa. Posiblemente sienta una gran vergüenza mañana, ahora no le importa. Quiere esos toques y esa calidez de nuevo.

—Buen chico. —Los empujes comienzan de nuevo, pero mucho más profundos y rápidos que los anteriores. Le sacan gemidos que se vuelven gritos.

La intensidad es tan buena, tan placentera que araña la espalda ajena solo para mantenerse en tierra. Sus garras se entierran, pero en vez de gritos de dolor, Lisa gime llena de placer.

Sus caderas siguen el ritmo lo mejor que pueden, pero siente que está cayendo hacia un abismo y cuando siente el nudo empezar a hincharse en su interior, es cuando el clímax llega a él, manchando su vientre y el ajeno de blanco.

Su ser se siente cansado, hace siglos que no siente tanta intensidad en un encuentro, por lo que su cuerpo actúa como un muñequito sin hilos. Se encuentra flácido sobre su reina y ella lo sigue follando.

No importa la sobreestimulación que está recibiendo, las caderas ajenas se mueven y el nudo empuja contra su próstata una y otra vez, lo que de verdad le hace llorar.

Es doloroso, su interior y su cuerpo están en carne viva, pero a la par es delicioso ser tratado de esta forma, como si solo fuera un agujero para follar, como si solo fuera eso y nada más.

No tiene fuerzas para moverse y deja que la alfa haga todo. Cuando finalmente se corre en su interior, cuando él puede sentir todo ese semen espeso y caliente llenarle, un tercer orgasmo le saca las últimas fuerzas que tiene.

Parpadea somnoliento, sintiendo suaves besos de mariposa en su mejilla, limpiando con suavidad sus lágrimas de sangre.

Gime cuando hay movimiento. Quiere que paren, intentando alejarse moviendo las caderas. Quiere descansar, mañana pueden seguir, ahora solo descanso.

Por suerte todo se detiene.

Antes de darse cuenta esta en su cálido nido que apesta a lirios y a libros viejos.

Brazos cálidos lo envuelven y es empujado hacia un pecho suave, cómodo. El nudo en su interior se siente grande, enorme y lo llena perfectamente. El aroma lo relaja y su omega – ni siquiera recordaba que podía hacer eso– ronronea de gusto, sintiéndose seguro, capaz de ser vulnerable, de pedir besos y mimos.

—Eres un buen esposo, Vlad, el mejor de todos.— la voz de Lisa es cálida, es atrayente y suave. Le gusta más que cualquier otra cosa de ella.— ¿Crees qué…?—Observa con fascinación la sonrisa tímida de su mujer. Nunca la ha visto tímida antes. — ¿Crees qué haya funcionado?

Es difícil saberlo.

Los Dhampir son extremadamente raros en el mundo sobrenatural, incluso más que un vampiro concibiendo. Puede que haya funcionado al primer intento, puede que no y deban seguir intentando o, lamentablemente, puede que nunca funcione.

No sabe como decirle a su esposa esto último.

—Lo descubriremos en unos meses.— Luego de todas las infusiones que ha tenido que consumir para la fertilidad y para volver a traer sus celos luego de tiempo sin ellos, finalmente puede decir que es regular.

Si en tres meses su calor no regresa, entonces sí, habrá funcionado.

Espera con todas sus fuerzas que funcione, no tanto por él, él puede vivir sin un heredero, sino por Lisa. Quiere darle el mundo a Lisa, todo lo que tiene y si un hijo es lo que desea, entonces él hará hasta lo imposible para concedérselo.

Una risa cantarina escapa de los labios de su esposa, un suave beso es colocado en su frente.

Ella se acurruca contra él, escondiendo su cálido y pequeño cuerpo contra el suyo enorme y frío. Inmediatamente cierra sus brazos, atrapándola en un abrazo.

No va a dormir, él no necesita eso, pero ella sí.

Sonríe suavemente mientras oye los latidos de su corazón calmarse lentamente hasta volverse un ritmo relajante para sus oídos.

Se abraza a ella con gusto, perdiéndose en su aroma.

Lisa lo ha cambiado, eso es seguro, pero no podía encontrarse descontento con tal cambio.