Arcos de la vida

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Summary

William sheirp es un estudiante de secundaria normal con notas normales y una gran imaginación y carisma, tiene una amiga muy tsudere que es muy inteligente, también tiene un gran grupo de amigos,un día mientras dormía en el sueño vio un señor entero de luz blanca, diciendo que es dios y queriendo mostrarle algo,el dios quiere ver una serie Haci que hará que el viva 11 arcos en su mundo,ahora William tiene que vivir 11 arcos típicos en su mundo mientras nadie más sabe.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

PRÓLOGO

William Sheirp estaba acostado en su cama, con los ojos cerrados y el cerebro sumido en un mar de pensamientos dispersos. La monotonía de la vida cotidiana se había convertido en una rutina que conocía bien: asistir a la escuela, hacer las tareas y pasar tiempo con sus amigos. Sin embargo, su mente siempre viajaba más allá de los límites de su realidad, creando mundos imaginarios y escenarios de aventuras épicas.


Esa noche, mientras el reloj marcaba las dos de la madrugada, William se sumergió en un sueño particularmente vívido. En su visión, se encontraba en un paisaje deslumbrante y surrealista. El cielo estaba lleno de luces brillantes que se entrelazaban en patrones inverosímiles, y el suelo parecía un mosaico de cristal reluciente que reflejaba los colores del firmamento.


De repente, una figura apareció frente a él, emergiendo de una brillante neblina blanca. Era un hombre anciano con una presencia imponente, vestido con una túnica resplandeciente. Su rostro, aunque etéreo, tenía una expresión de sabiduría y calma. William sintió un escalofrío de asombro y reverencia. <<¿Quién es este? ¿Qué está pasando?>> se preguntó, mientras observaba con atención la figura frente a él.


La figura se acercó lentamente, cada paso resonando en el vacío etéreo. William se preguntaba si debía hablar o esperar a que el ser se dirigiera a él. Finalmente, la figura se detuvo a una distancia prudente y habló.


—¿Quién eres? —preguntó William, su voz resonando en el vacío surrealista, aunque en su mente se sentía más como un susurro.


La figura sonrió con benevolencia y respondió con una voz profunda y resonante.


—Soy el Dios del Todo. He venido a ofrecerte una oportunidad que trasciende la comprensión ordinaria.


William frunció el ceño, tratando de asimilar las palabras. <<¿Qué tipo de oportunidad?>> pensó, sintiendo una mezcla de curiosidad y temor.


—Vivirás once arcos en tu vida —explicó el Dios del Todo—. Cada arco te enfrentará a desafíos que te revelarán el verdadero potencial que llevas dentro. Estas pruebas no solo transformarán tu vida, sino que también definirán tu destino.


El corazón de William empezó a latir con fuerza, una mezcla de emoción y ansiedad. <<¿Por qué yo? ¿Qué debo hacer?>> se preguntó mientras miraba al dios con atención.


El Dios del Todo lo miró con una intensidad penetrante.


—Debes demostrar tu valor y tu carácter. Cada arco tendrá su propio conjunto de pruebas, pero lo que aprenderás y cómo lo enfrentes es lo que verdaderamente importa. Confía en ti mismo y en tus habilidades.


William sintió un escalofrío recorrer su espalda. Las palabras del Dios del Todo eran tan pesadas como reveladoras. <<¿Qué tipo de pruebas serán estas? ¿Cómo afectarán mi vida?>> pensó, mientras su mente se llenaba de preguntas sin respuesta.


El Dios del Todo extendió una mano y, con un gesto solemne, un mapa etéreo apareció en el aire, flotando entre ellos. El mapa estaba lleno de símbolos y caminos brillantes, pero William no podía descifrar su significado. El dios lo observó con paciencia.


—Este es el mapa de los arcos. Cada uno te llevará a diferentes lugares y situaciones. La clave es enfrentar cada desafío con integridad y valor. No puedo decirte más, ya que la experiencia misma será tu mayor maestro.


Antes de que William pudiera responder o hacer más preguntas, la visión comenzó a desvanecerse, y la figura del Dios del Todo se desintegró en partículas de luz. William despertó en su cama, con el corazón latiendo con fuerza y el recuerdo del sueño fresco en su mente. Se incorporó, confundido y con una sensación inquietante de que algo monumental estaba por suceder. <<¿Fue todo un sueño o hay algo más? ¿Qué significa todo esto?>> se preguntaba, mientras trataba de calmarse.


El reloj en la pared marcaba las tres de la mañana, y William decidió que no podía volver a dormir. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana de su habitación, mirando el cielo estrellado. <<No puedo ignorar esto. Algo grande está por suceder>> pensó, mientras trataba de organizar sus pensamientos.


A la mañana siguiente, William se preparó para el día con una mezcla de entusiasmo y nerviosismo. Mientras se duchaba y desayunaba, el sueño seguía presente en su mente, como un eco persistente. Se preguntaba cómo podría contarle a alguien sobre su experiencia sin sonar loco.


Mientras caminaba hacia la escuela, el peso de la revelación del Dios del Todo seguía en sus pensamientos. El mundo parecía el mismo, pero William sentía que él mismo había cambiado de alguna manera.


En la escuela, su mejor amiga Hiori Wakavayashi, con su cabello blanco y corto, lo recibió con una sonrisa cálida. Ella era la primera persona con la que compartía sus pensamientos más profundos, y aunque solía ser reservada en sus emociones, William apreciaba su presencia constante y su apoyo incondicional.


—¿Qué te pasa, William? —le preguntó Hiori, notando la expresión pensativa en su rostro.


William la miró, tratando de encontrar las palabras adecuadas. <<¿Cómo le explico esto?>> pensó. Finalmente, optó por una respuesta general.


—Nada, solo estoy pensando en algunas cosas —dijo William, tratando de ocultar su inquietud.


Hiori lo miró con escepticismo pero decidió no presionar. Mientras caminaban hacia clase, William no podía evitar sentir que estaba a punto de embarcarse en una aventura que cambiaría su vida para siempre. El día pasó lentamente para William, cada clase y cada conversación parecían ser una distracción de la sensación de anticipación que no podía sacudirse. Mientras se preparaba para regresar a casa, no podía evitar preguntarse cómo enfrentarían sus amigos las pruebas que estaban por venir.

Después de la escuela, William se dirigió a casa con una sensación de ansiedad mezclada con anticipación. La visión del Dios del Todo seguía ocupando su mente, y el mapa etéreo que había visto en su sueño parecía especialmente real ahora. <<¿Cómo podría comenzar a prepararme para lo que está por venir? ¿Cómo sabré cuándo empiezan los arcos?>> se preguntaba.


Al llegar a su casa, se dirigió directamente a su habitación. Decidió revisar sus notas y hacer la tarea, intentando distraerse y enfocar su mente en cosas más mundanas. Pero cada vez que levantaba la vista, su pensamiento regresaba al sueño. <<Debo estar preparado para cualquier cosa. Puede que el primer arco llegue pronto>> pensó.


Mientras trabajaba, escuchó el sonido de su teléfono móvil. Era un mensaje de Hiori, que solía enviarle notas para revisar juntos o simplemente para charlar. Esta vez, el mensaje decía:


—Hola, William. ¿Te gustaría pasar por la tarde en la cafetería? Tengo algo de lo que hablar contigo.


William sintió un alivio al saber que podría distraerse un poco y, tal vez, obtener un consejo. Respondió afirmativamente y se preparó para salir de nuevo.


La cafetería estaba bastante concurrida, pero encontré a Hiori en una mesa cerca de la ventana. Ella ya había pedido algo para beber y tenía una expresión pensativa en su rostro. Al verlo, su rostro se iluminó con una sonrisa que rápidamente se tornó en una mirada más reservada.


—Gracias por venir —dijo Hiori, aunque su tono tenía un matiz de impaciencia disimulada—. ¿Todo bien? Pareces un poco distraído hoy.


William intentó sonar casual mientras se acomodaba en su asiento.


—Sí, es solo que he tenido algunas cosas en mente últimamente.


Hiori lo observó con atención, claramente interesada pero tratando de no mostrar demasiado. Después de un sorbo de su bebida, comentó con una mezcla de preocupación y algo de desdén amistoso:


—Bueno, si tienes algo en mente, podrías al menos intentar concentrarte en algo que no sea tan serio. No es como si tus problemas fueran el fin del mundo.


William levantó una ceja, notando el contraste entre la preocupación implícita en sus palabras y su tono casual.


—No es tan fácil, Hiori. A veces, lo que tienes en mente te puede afectar más de lo que crees.


Hiori frunció el ceño, pero no de manera enojada. Era más bien una expresión de incomodidad oculta tras una fachada de indiferencia.


—No me malinterpretes. Solo digo que si te lo tomas tan en serio todo el tiempo, acabarás estresándote más de lo necesario. A veces, es mejor relajarse un poco.


William sonrió, apreciando el esfuerzo de Hiori por ofrecer apoyo, aunque fuera de una manera indirecta.


—Gracias, Hiori. Aprecio que te preocupes, incluso si lo escondes un poco.


Hiori hizo un gesto despectivo pero con una ligera sonrisa en los labios.


—No es como si estuviera haciendo una gran cosa. Solo trato de ser útil de alguna manera.


William decidió cambiar de tema para algo más ligero.


—Hablando de distracciones, ¿has visto la nueva película que salió esta semana? He oído que es bastante buena.


Hiori se animó visiblemente, y la conversación pronto se desvió hacia el cine y otros temas cotidianos. Mientras hablaban, William notó cómo Hiori, a pesar de su aparente desinterés, se involucraba plenamente en la conversación. Era claro que su amistad significaba mucho para ella, incluso si prefería no demostrarlo abiertamente.


Al regresar a casa, William no podía sacudirse la sensación de que estaba al borde de algo significativo. <<¿Qué me deparará el primer arco? ¿Estoy realmente listo para esto?>> se preguntó, mientras se preparaba para una noche que prometía estar llena de más preguntas que respuestas.