Amigo (ChanMin) [Chanyeol x Minseok]

Summary

“Ser tu amigo era todo lo que siempre he querido… Ser tu novio era todo lo que siempre he soñado.”

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

1


Un ruidoso chirrido llenó el dormitorio silencioso, seguido de otro y otro, como el sonido de uñas en una pizarra, pero con el tintineo hueco del cristal. 

Minseok se retorció irguiéndose en la cama y luego se sentó allí durante un momento, frotando sus somnolientos ojos. Se sentía mareado y desorientado. 

Otro chirrido agudo arañó su camino a través de la ventana del dormitorio. Una sombra oscura que parecía una mano se movió desde detrás de las cortinas. Otra persona habría estado asustada, pero no Minseok. 

Ataviado solo con sus boxers, se precipitó hacia la ventana, abriendo las cortinas. Sus ojos azules centelleantes miraban al idiota que estaba fuera. 

El idiota le sonrió con inocencia. 

Minseok puso los ojos en blanco, levantó la ventana y permitió que entrase su mejor amigo. 

—¿Por qué la dejaste cerrada? —preguntó Chanyeol, entrando en la habitación de Minseok—. Nunca la dejas cerrada. —El tono de su voz era casi petulante, como si estuviera enojado con Minseok por atreverse a cerrar su ventana, a pesar del hecho de que Chanyeol estaba siempre incordiando a Minseok para que cerrase y le echase el pestillo a su ventana por la noche. 

—Hacía frío —respondió Minseok, cerrando la ventana, y mirándolo—. ¿Qué pasa? 

—No podía dormir —dijo el otro chico, dejándose caer acuclillado en el suelo y sacando las mantas y la almohada de reserva que Minseok guardaba bajo la cama para noches como esta. 

Ambos sabían que 'no poder dormir’ era un código para 'sus padres estaban discutiendo demasiado alto para que pudiera dormir’.  

En contraste, la casa de Minseok estaba siempre silenciosa. Su madre era enfermera y trabajaba en el turno de noche. Se ganaba más dinero, pero significaba que apenas la veía. 

Minseok no podía admitirlo, pero odiaba dormir solo en la silenciosa casa.  

—¿Tienes hambre? —preguntó Minseok tranquilamente. Miró concienzudamente a su mejor amigo. Las noches en las que sus padres peleaban, a menudo no había cena en la casa de Chanyeol. 

El adolescente de cabello negro azabache se encogió de hombros con descuido, como si no estuviera muerto de hambre, cuando Minseok sabía que lo estaba. 

—Podría comer algo, ¿tienes una camiseta que puedas prestarme? 

Min arrugó la nariz. 

—La vas a estirar toda —gimoteó, incluso mientras le pasaba una de sus camisetas interiores blancas y estrechas. 

Cuando eran niños, Minseok había sido el más alto y Chanyeol había sido pequeño y gordito. 

Minseok era todavía tan esbelto como si nunca hubiera aumentado de altura desde el primer año de novato, pero Chanyeol había crecido finalmente hasta su tamaño. Ahora en el último curso de instituto media sobre un metro noventa y tres centímetros de sólidos músculos y anchos hombros. La minúscula camiseta de Minseok solo pronunciaba cuán diferentes eran de tamaño. 

El tejido ceñido acentuaba cada ondulación en el cuerpo enorme de Chanyeol, estaba incluso tirante sobre sus abdominales. Minseok se encontró de repente paralizado por la vista de Chanyeol llevando puesta una camiseta aferrada a su piel. Estaba tan ceñida que parecía que podía romperse, al estilo de Hulk, si apenas flexionaba sus carnosos bíceps. 

Minseok inconscientemente se humedeció los labios y luego bajó la vista al suelo. Este había sido su mejor amigo durante quince años, y para más, era un hombre. ¡No debería tener un interés sexual en él! (Minseok se había dicho eso así mismo durante años, pero el inevitable bulto en sus pantalones siempre le decía otra cosa). 

Chanyeol miró a Minseok y Minseok salió de la habitación volando para que así su amigo no pudiera ver cuan excitado estaba… o la manera en que sus boxers lo estaban traicionando. 

Gritó a su espalda con incomodidad: 

—Burritos, ¿Sí? 

—¡Sí, eso está bien! ¿Necesitas ayuda? 

—¡No, lo tengo! ¡Solo quédate ahí! —gritó en respuesta Minseok con un tanto de desesperación. Necesitaba tiempo, para desprenderse del rubor en su rostro y el calor de sus entrañas. 

Sabía que los sentimientos que tenía por Chanyeol eran demasiado inapropiados y odiaba pensar que Chanyeol descubriese su atracción innatural. 

¡Era prácticamente incesto! 

Desde que eran bebés, Chanyeol y Minseok habían sido los mejores amigos. Sus padres se habían mudado al mismo vecindario a la vez e hicieron buenas migas inmediatamente. Al instante, ambos niños estaban compartiendo las cunas y los parques el uno con el otro mientras sus padres pasaban el tiempo juntos. 

Chanyeol era el mayor, pero por unos seis meses como a Minseok le gustaba señalar. Tenía el cabello negro grueso sin tan siquiera una ligera ondulación y unos ojos dorados en forma de almendra. Había sido un niño gordito  y corpulento, con un relleno extra que un día daría lugar a unos músculos enormes y a una altura descomunal, pero por aquel entonces, servía para acurrucarse de una forma genial.    

A Minseok le encantaba acurrucarse con su mejor amigo y Chanyeol siempre había sido extraordinariamente paciente con las incesantes demandas de afecto del chico más joven. 

Incluso como niño, Chanyeol había sido a menudo una diminuta cosa sería, un 'Alma vieja’, le gustaba decir a su madre. Era estudioso y educado, tranquilo, pero testarudo. Era muy claro sobre las cosas que gustaban y las que no, y una vez que tenía la mente en hacer algo, era tanto como hacerlo. 

Minseok era lo opuesto en casi todas las maneras. Era pequeño y menudo con una estructura ósea delicada y frágil. Tenía el pelo castaño y unos ojos felinos y hermosos, y su fina piel era tan pálida que se podía quemar con sólo diez minutos expuesta al sol. Estaba empezando y terminando cosas continuamente, llenado de un lado a otro y olvidando sus planes a favor de otros nuevos, unos planes mejores. 

Su relación era tan rara como si un búho viejo y sabio, y un caprichoso colibrí se hicieran amigos, pero a pesar de sus diferencias y todas las riñas demasiado frecuentes, nunca había habido dos niños pequeños que se hubieran amado más el uno al otro. Eran los mejores amigos y compañeros constantes, Minseok era siempre el que sacaba a Chanyeol de sus libros para jugar y Chanyeol en cambio era el único que podía hacer que Minseok se sentara quieto el tiempo suficiente para sus lecciones. 

El más pequeño había tenido el punto de mira puesto en Chanyeol durante años. Incluso antes de que perdiera su gordura de la infancia, Minseok siempre se había sentido excitado por el cuerpo enorme de Chanyeol y su fuerza superior. 

Lo hacía sentirse seguro. Pero ahora era incluso peor, porque ahora su amigo se había convertido en lo que las chicas llaman un ‘diez perfecto’. Con un metro noventa y tres, el pelo negro azabache, los penetrantes ojos de color ámbar, y sus cinceladas facciones. Estaba dotado con unos brazos fuertes, unos hombros anchos y unas manos increíbles que eran siempre sorpresivamente suaves para un hombre tan grande.  

 

Minseok se abanicó con un mantel individual mientras calentaba en el microondas los burritos e intentaba no notar cuán asquerosos parecían cuando la salsa marrón borboteó por las esquinas. Chanyeol amaba esas cosas repugnantes. Se podía comer seis de una vez, guarnecidos con salsa Sriracha caliente. La madre de Minseok pensaba que compraba los burritos para su hijo, pero de hecho Minseok no los soportaba. El interior era un mezcla de líquido, ternera, alubias y arroz que juraría que parecía justo como la carne de perro enlatada. Como el diligente mejor amigo que pensaba que era, los tenía hirviendo y les echó salsa Sriracha copiosamente todo por encima, justo como le gustaba a Chanyeol. Para sí mismo, Minseok, hizo un popurrí de frutas bañadas en salsa de yogur griego. 

Cuando regresó a la habitación, Chanyeol ya se había hecho un nido en el suelo delante de la Playstation de Minseok. Se lamió los labios en anticipación y agarró un burrito desordenadamente antes incluso de que Minseok tuviera la oportunidad de acomodar el plato. 

—Mmmmh —gimió mientras enrollaba su primer burrito y lo metía en la boca. 

La salsa de la carne se deslizó por su mentón. Minseok fingió no estar asqueado por la manera obscena y varonil en la que comía Chanyeol e intentó no pensar sobre otras cosas, cosas obscenas que a Chanyeol le podía gustar comer. 

Apretó sus piernas una contra otra con delicadeza mientras se sentaba en lasilla y picoteaba su fruta. 

Chanyeol frunció el ceño por encima de su plato. 

—Sabes que no estás gordo, Min. Eres perfecto simplemente de la manera en la que eres. 

—Lo sé —dijo en cierto modo de forma esnob. 

                                                        

—Por lo tanto, ¿por qué te gusta comer como una chica? 

Minseok le frunció el ceño. 

—No como como una chica. ¡Como de forma saludable! 

El deportista se encogió de hombros. 

—Si tú lo dices. —Tomó otro gran bocado de su burrito y el relleno se escurrió hasta la palma de su mano. Chanyeol solo lamió sus grasientos dedos para limpiarlos. 

El chico puso los ojos en blanco. 

—¡Tú eres muy hombre! 

Chanyeol dejó su plato en el suelo y arremetió contra él. 

—¡Te mostraré quién es un hombre! 

La fruta de Minseok cayó toda sobre el escritorio. Chilló cuando fue tirado de su silla, cayendo en el suelo tendido y cubierto por los noventa kilos de peso de su mejor amigo. Forcejeó y se retorció, y rodaron por la alfombra, riendo y peleando el uno con el otro como tantas veces en su niñez. Aunque esta vez, era perfectamente obvio que Chanyeol estaba conteniendo su fuerza muy superior para evitar lastimar al chico más pequeño   

 

Minseok se aprovechó de la ventaja. Chanyeol finalmente rodó sobre su espalda y permitió que el pequeño rubio se sentara encima de él. 

—Amigo. —Chanyeol suspiró alegremente y relajado en el suelo derrotado. 

Minseok se carcajeó victorioso. Levantó sus manos en triunfo y entonces, con un rápido giro, Chanyeol intercambió sus posiciones. Min chilló abochornado cuando la habitación giró y terminó justo de vuelta a donde había empezado: de espaldas en el suelo y Chanyeol encima. 

El chico mayor sujetó las muñecas del más joven en el suelo con sus puños más grandes. 

—¡Te agarre! —refunfuñó, sus ojos ambarinos refulgían y su cara se estaba acercando. 

Por un momento, parecía como si lo fuese a besar. 

Los labios de Minseok se separaron con deseo. Tendido bajo él, indefenso para prevenir lo inevitable, la humillante reacción física de estar tan cerca de su amor prohibido. Su pene se inflamó inmediatamente hasta ponerse firme bajo el tejido fino de sus boxers y sus pezones se endurecieron convirtiéndose en pequeñas protuberancias. Por un momento allí tendido, sin aliento, y mirando fijamente la boca de Chanyeol. 

Así fue como las cosas se pusieron incómodas. 

Una extraña expresión cruzó por la cara de su enorme amigo. Minseok supo que Chanyeol había sentido la pequeña erección aguijoneando su muslo, pero no dijo nada. En todo caso se presionó con más fuerza contra ella. 

Minseok enmascaró su vergüenza con furia. 

—¡Sal de encima zoquete! ¡No puedo respirar! —gritó. 

Chanyeol se apartó rápidamente de Minseok y se sentó a su lado. Se rascó la cabeza durante un segundo y ambos evitaron mirarse el uno al otro, sin poder hacer contacto visual tampoco. Finalmente, Chanyeol giró la cabeza hacia la PlayStation. 

  

—¿Quieres jugar? 

Minseok exhaló aliviado y asintió con la cabeza. 

Momentos más tarde, todo estaba de vuelta a la normalidad y estaban enredados en una apasionante batalla de Halo, maldiciendo, sudando y gritando como los mejores amigos que eran, y siempre habían sido… y siempre serían.