CERO.
[Ella]
¿Alguna vez leí una novela de romance?.
No recuerdo con claridad cuando fue, lo único que puedo recordar es el lamentable contenido de un amor obsesivo, enfermizo y cruel existía entre un duque y su sirviente.
Un monstruo que podría doblegar y destruir con tanta facilidad a cualquiera que deseara quitarle a su amado, sin importar de quien se tratara o si fuera la misma prometida del duque. La condesa de Ophen, Miriam Aria Astell quien estaba ciegamente enamorada del duque y para su infortunio terminar decapitada por la persona que más amaba.
Cegada por el amor que sentía hacia el duque Jonas Dimitri Scarlet de Zacksaris, la condesa no era consciente de lo que pasaba a su alrededor y del engaño entre su prometido y aquel sirviente, aquellas infidelidades que se mantenían en secreto, hasta que un día encontró a ambos en la intimidad.
Una cruda realidad que dolió tanto como una daga clavada en el pecho ante aquella traición. La persona que más amaba con facilidad la había reemplazado por un simple sirviente.
Llena de impotencia y rabia no dudo en castigar con crueldad a aquel sirviente que se atrevió a acostarse con su prometido."¡Tu maldita escoria traicionera!, ¡¿como te atreviste a codiciar mi prometido?!" gritaba furiosa mientras lo golpeaba hasta el punto de dejarlo moribundo.
No era más que una ilusa que se solo podía pensar que aquel sirviente habia tentado a Dimitri, que lo habia seducido todo ese tiempo con aquella apariencia engañosa para tomar su lugar como su prometido.
"¡Quiero que te deshagas de esa maldita escoria!" la condesa exigía a Dimitri luego de ser regañada por agredir "injustificadamente" a su sirviente hasta el punto de casi matarlo. Pero lo único que logró por esa exigencia fue la frialdad del duque quien no cedía a su petición.
Aquel trato cariñoso que siempre recibía de su parte repentinamente habia desaparecido después de exigirle que se deshiciera del sirviente. Dimitri solo le demostraba frialdad e indiferente a la condesa quien se esforzaba por agradarle.
No importaba cuánto esfuerzo pusiera la condesa para agradar a su prometido, no conseguía nada más que un indiferente rechazo de su parte, siendo para ella como espinas que clavaban su corazon. Recibiendo más humillación cuando su prometido decidió plantarla en la fiesta del emperador para llevar como acompañante a aquel sirviente.
"¿Por qué?", la condesa se cuestionaba completamente humillada mientras las críticas y burlas la ahogaban en el salón al ser completamente ignorada por su prometido quien se mostraba muy cariñoso con su sirviente.
"Una ninfa del bosque, con apariencia encantadora se habia robado al prometido de la condesa que no era más que una burla", eran los rumores que circulaban en la sociedad, provocando que la rabia y odio que la condesa sentía hacia aquel sirviente crecieran aún más.
"No podía ser otra cosa que no fuera un embrujo, una artimaña, un engaño por parte de esa escoria" era la única explicación que se daba ante aquella irreversible situación, por lo que la condesa no dudo más en mandar a investigar todo sobre aquel sirviente y hundirlo ante la miseria para que se alejara de su prometido. Pero lo que descubrió sobre él fue algo que la dejó completamente helada.
No podía evitar sentirse perturbada al descubrir todas las atrocidades y muertes que se habían cometido alrededor de aquel sirviente. Un sentimiento de repulsión y asco comenzaban a surgir dentro de ella ante la idea de que ese sirviente no era otra cosa más que una serpiente venenosa oculta bajo la piel de un "ángel".
Teniendo todo la evidencia necesaria para destruir a esa "cosa", la condesa esperaba el momento adecuado para poder entregarle la evidencia al duque y advertirle del peligro que corría estando cerca de él. Pero para su desgracia todas esas evidencias desaparecieron de la noche a la mañana sin dejar rastro alguno junto a quienes habían investigado al sirviente, no había forma de inculpar al sirviente.
Desesperada ante la desaparición de su evidencia, la condesa se apresuró en ir con su prometido y advertirle ella misma, pero lo único que recibió solo la termino destrozando aún más "¿Romper nuestro compromiso"?, cuestionaba incrédula por lo que Dimitri le decía.
"¿Es por mi actitud inmadura o por...que no crees que sea verdad lo que digo?" trataba de entender la razón por la que Dimitri rompía su compromiso con ella, "¿es por ese sirviente que...", llena de vergüenza y rabia comenzó solo gritó con desespero "¡¡NO PUEDES ROMPER NUESTRO COMPROMISO!!" ¡¡NO PUEDES CAMBIARME POR ESE SER REPULSIVO Y HORRENDO!!. Indispuesta de aceptar tal cosa como la anulación de su compromiso hizo un escándalo hasta el punto de ser echada de la residencia del duque.
Su odio hacia aquel sirviente fue creciendo más que solo deseaba matar con sus propias manos a la persona que le habia arrebatado todo y la responsable de toda esa humillación. Lo despreciaba tanto que no era capaz de ver quien era el verdadero monstruo de toda esa historia.
La condesa no entendía como su prometido era capaz de reemplazarla por alguien tan repulsivo como aquel sirviente. No sabía el por qué el duque habia dejado de amarla, esa persona a la que tanto amaba simplemente habia desaparecido por culpa de aquel sirviente.
— ¿Amor?— escuchó una voz burlona que respondía a los lamentos de la condesa quien habia perdido la cordura. No habia dudado un segundo en secuestrar a aquel sirviente para luego amarrarlo en una silla y golpearlo hasta cansarse — ¿De verdad crees que ese monstruo llegaría a amarte?.
— ¡¡CALLA!! — gritó abofeteando al sirviente luego de escuchar aquellas palabras que eran como espinas que se clavaban en su piel — calla...calla — repetía agitada e indispuesta a escucharlo.
— él no es capaz de amar a nadie, ni siquiera a usted condesa — nuevamente hablo sin importar la condición mental de la condesa.
— ¡¡DIJE QUE TE CALLARAS!! — gritaba golpeándolo nuevamente ante la rabia y frustración que sentía. Consumida por el odio y la desesperación levantó una daga para sujetarlo del cabello y apuntar a uno de los ojos del sirviente mientras temblorosa lo amenazaba — ¡¡calla...calla o voy a arrancarte uno de esos ojos!!... — soltó con una risa retorcida sintiendo como un nudo en la garganta la ahogaba al ser consciente que el duque se fijaba en aquellos ojos — ¿que tal si te arranco ambos?... es lo que a mi prometido le gusta... o si te destrozo la cara — balbuceaba con desesperación, pasando el filo de la daga sobre el rostro del joven hasta apuntar el cuello — no... ¿que tal si mejor te mato en este mismo momento... así todo este sufrimiento desaparecerá — musitaba para luego elevar la daga con intención de clavarlo en la cara del sirviente.
Luego de sentir un filo pasar por su cuello y brazo no tardó en desplomarse al suelo, mientras su cabeza rodaba por la madera hasta lograr ver por unos segundos la silueta de su prometido quien sostenía una espada
."¿Por qué?" se cuestionaba al notar que la persona que mas amaba nuevamente la ignoraba solo para dirigirse hasta aquel sirviente. No habia duda alguna que su prometido era quien la habia decapitado solo para salvar a esa inmundicia de persona.
"Dimitri...¿por que?", en ese mismo momento fue cuando Miriam pudo entender que la persona que más amaba nunca habia llegado a amarla como ella a el. Una cruel realidad que siempre se habia negado a aceptar.
No era más que una ciega y tonta como para darse cuenta de que su prometido era un monstruo cruel que solo se preocupaba por su sirviente predilecto.
«¿Como puede ser tan ciega no notar la forma en la que ese monstruo miraba a ese sirviente, ¡condesa tonta!» me la pasaba recriminando a la condesa todo el tiempo sin saber que en algún momento la tendría delante de mío. Esa cara que me miraba con desconcierto a través del cristal de un vidrio.
«¿Por qué se ve como una niña?», por más que aparentaba ser una niña, sin duda alguna esta persona era la condesa, muy en el fondo tenía la certeza de que esta niña era Miriam Aria Astell de Ophen. Pero, «¿por qué ella repite mis movimientos?».
Al tocar el vidrio pude darme cuenta de que se trataba de mi reflejo en aquel espejo — no, no, no — me aleje mientras con sorpresa tapaba mi boca al escuchar aquella voz infantil salir de mi — esto solo es un sueño — balbuceé con los nervios a punta tocando mi rostro con incredulidad notando aquellos cabellos rojizos que caían sobre mi hombro — esto no puede ser posible.
«Si, esto no podría ser más que un sueño», me acerqué nuevamente hacia el espejo y tocar el vidrio mientras comenzaba a ponerme más ansiosa al notar lo real que era el dolor al momento de jalar de mi pelo y comprobar mis sospechas — que horror, esto no puede ser...
— Aria, pequeña. ¿Estás despierta?
— Hick!! — sobresaltada ante el repentino llamado, me apresure a esconderme bajo la cama, ante el inexplicable miedo de encontrarme con la dueña de aquella voz.
— Voy a entrar — sus pasos resonaban en la habitación mientras se acercaba más hacia la cama, obligandome a guardar la respiración para que no me encontrara — ¿no está? ¿dónde se habrá metido? — murmuraba para si misma mientras parecia inspeccionar la cama.
«No revises bajo la cama y solo vete»
— Esa niña va a matarme de un disgusto, ¿dónde se habrá escondido? — la escuché murmurar mientras se alejaba, hasta escuchar como la puerta de la habitación se cerraba.
— Se ha marchado — solté con alivio para luego salir de mi escondite, observando con detalle toda la habitación, notando que era espaciosa y bonita, aunque también sencilla.
Me apresure hasta la ventana solo para contemplar un bonito jardín que llevaba hacia un gran bosque frondoso quedando completamente incrédula «¿Esta es la finca de la condesa de Ophen?» — Es la finca de la condesa — solté maravillada de ver tan hermoso lugar — es la finca de la condesa... — tan pronto como me emocione por eso la emoción se desvaneció al caer en cuenta de cuál era el destino de la condesa — no, no estoy tan loca como para quedarme en este lugar y aceptar ese cruel destino.
La idea de morir decapitada por aquel loco me aterraba demasiado que no creía justo quedarse en este extraño sueño — lo siento condesa de Ophen pero no quiero terminar como tú — musité decidida a despertar de este sueño lanzandome del balcón con la esperanza de despertar.
Pero al abrir los ojos solo luego de la caída, pude encontrarme con quien parecia ser un sirviente — ¿señorita Aria? — me veía con incredulidad y palidez mientras aun me sostenía en sus brazos — ¿Como terminó cayendo?, no, ¿se ha lastimado en alguna parte — balbuceaba con preocupación mientras me bajaba.
— Estoy bien, no me he hecho daño — «Creo que fui demasiado brusca al saltar del balcón».
Si queria despertar, debia ser mas cuidadosa de como lo hacía si no deseaba que los demás sirvientes se preocuparan demasiado ni se hiciera algun escandalo. Lo unico que podia hacer era cerrar los ojos y esperar pacientemente para despertar, el cuerpo no podía estar dormido por bastante tiempo.
Pero por más de que tratara de despertar cerrando los ojos, no ocurría, aun me encontraba en esta finca, «¿Por qué demonios sigo en el cuerpo de Miriam Aria Astell?».
Si no lograba despertar de una forma más pacífica, tenía que intentar otros modos, no importaba si resultaba ser brusco — bueno aquí vamos — murmuré para mi misma emocionada ante la idea de que hundirme en el lago me sacaría de este sueño.
— ¡Aria!.
Una idea que terminó fracasando ya que Martha me sacó del lago antes de que me hundiera completamente, no solo arruinó mi plan sino también termine regañada por ella.
— Si piensas molestar al las abejas terminarás lastimada — Martha advirtió ante mi intención de molestar a las abejas. Increíblemente me sorprendía que fuera capaz de saber lo que planeaba hacer sin siquiera mirarme, pero ella ahora estaba distraída con su bordado por lo que no creo que pueda detenerme. Sin dudarlo pique el panal con el palo — ¿¡serás insensata?! — la escuché gritar mientras me jalaba del brazo para huir de las abejas.
Desde ese dia, Martha prohibió rotundamente que saliera de la casa grande ante el temor de que hiciera alguna insensatez, manteniendome enclaustrada, sin la oportunidad de pisar el jardín o el patio — genial, estoy acabada — musité al sentirme vigilada por ella.
— Que te mantengas fuera del peligro no quiere decir que sea el fin del mundo — la escuchaba decir. ¿Como puede estar tranquilamente tejiendo cuando solo has arruinado mi todos mis planes de huida?.
— No lo entenderías — masculle con molestia — ¿cuando podre salir al jardín?.
— Cuando me asegures que no pondrás tu vida en peligro, pequeña insensata — fue una respuesta rápida de Martha dándome a entender que no me permitiría hacer nada.
— ¿Sí prometo que no haré nada insensato me dejaras salir? — cuestione con la mínima esperanza de que aceptara mis palabras.
— Aria, no me das la certeza de que cumplas tu promesa — respondió a mi pregunta de manera indiferente, apagando aquella esperanza de convencerla.
Era normal que ella no confiara en mí, luego de poner mi vida en peligro varias veces. Al tratarse de la único miembro de la familia del conde de Ophen que quedaba con vida, todos los sirvientes eran sobreprotectora con ella y más aún con el reciente descenso del conde y la condesa.
Pero no importaba que tan sobre protectores fueran ellos, al final terminaría siendo decapitada por culpa de aquella obsesión de su prometido por ese esclavo. «...espera...¿prometido?».
— Martha, Martha — solté insistente acercándome a ella.
— ¿Qué sucede, pequeña? — cuestionó dejando su tejido a un lado.
— ¿Se puede forzar un compromiso sin el consentimiento de una de las partes? — sentía nerviosismo por saber la respuesta.
— ¿Un compromiso sin el consentimiento de una de las parte? — la incredulidad se reflejaba en su rostro — Aria, eso quedó en el pasado — su respuesta provocó en mí un gran alivio al saber eso — ¿no me digas que quieres forzar a alguien a ser tu prometido? — «No estoy obligada a comprometerme con ese loco» — Aria eres muy joven para eso.
— Oh no, yo no quiero un compromiso, mucho menos casarme — solté con desagrado ante aquella idea — Martha, ya lo he decidido, nunca voy a casarme y viviré como una solterona por el resto de mi vida.
— Aria, el compromiso y el matrimonio es algo que no siempre podrás evitar, en algun momento tendras que hacerlo — la escuche decir, pero no importaba ya que nadie podía obligarme a casarme.
Me sentía tan contenta ante la idea de que podía evitar aquel horrible destino, solo era cuestión de mantenerme alejada de aquel monstruo y su esclavo para que pudiera vivir tranquilamente.
Pero el destino y la vida parecían no estar de mi lado por el simple hecho de tenerlo frente a mí, aquella persona que había arruinado la vida de la condesa y que la llevó a la desgracia.
¿Por qué esta el aqui?, unos ojos fucsia escarlata me miraban fijamente dejando un sentimiento de inquietud y desagrado. Podía sentir como se burlaba de mí, aquel sentimiento extraño que me hacía sentir tan miserable y llena de rabia.
Entre una sonrisa inocente este pronunció — Señorita Astell — «Esto debía ser una maldita broma del destino».