Prólogo
Ambos subieron corriendo las escaleras mientras escuchaban el gentío en la habitación de abajo y se preguntaban qué estaría pasando abajo, que fuera tan divertido.
- ¡Arriba, arriba! - Chilló Sabrina señalando la puerta que se encontraba arriba de las escaleras y dando pequeños saltitos entusiastas.
Mark miró el rostro de su amiga y luego la gran fiesta que se encontraba abajo, bajo las altas escaleras de mármol en donde se encontraba parado. Tan pronto lo hizo, unos ojos amenazadores y mortíferos como los de una serpiente se encontraron con los suyos y le hicieron darse cuenta del gran error que estaba cometiendo.
- "No es hora de comportarse como un niño". - Estas palabras retumbaron en la cabeza de Mark mientras veía de manera casi lastimera a Sabrina.
- No puedo. —Respondió de manera dolida y bajó lentamente hacia su padre con los ojos cristalizados por las lágrimas.
—No es hora de comportarse como un niño, Mark - se repetía—. Ya no.