Mirada Cruel

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Summary

En la ciudad de Nueva York nada es lo que parece. Y Nataly lo supo muy bien... a las malas. *** Nataly no sabía a lo que se enfrentaría cuando el magnate, Alfonso Cacciatore entro a su vida. Tampoco sabia lo que le depararía cuando se mudó junto con él a la intrigante, violenta y traicionera ciudad de Nueva York. Y mucho menos sabia lo que tendría que pasar, cuando entro a la elitista escuela Saint Lincoln. Lo único que supo al instante, era que algo no andaba bien cuando conoció a Skandar el desalmado Cacciatore. Cuando puso sus ojos en esos tenebrosos irises azules, que solo anunciaban problemas. El idiota más poderoso, no solo de la escuela, sino de la ciudad. Y que para su mala suerte, ha puesto sus ojos sobre ella. Lo lógico hubiera sido alejarse. Lo que todos hacían era alejarse. Sin embargo, el destino siempre tenía los peores planes para Nataly. ¿Quieres descubrirlos? HISTORIA SUBIDA EL 18/03/2022 © Todos los derechos reservados. Todos los derechos reservados

Status
Ongoing
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El clima de hoy en definitiva no reflejaba mi estado de ánimo, las nubes brillaban por su ausencia y el despejado cielo anunciaba un día caluroso, mientras que yo sentía una tempestad por dentro.

Hoy es mi primer día de clases en la escuela privada Saint Lincoln, sé que suena ridículo sentirme mal por eso, pero soy nueva, bueno a decir verdad también lo soy en la ciudad.

Regresé a Nueva York junto con mi hermano pequeño Joseph hace dos meses, después de haberme ausentado por once años. Viví en Los Ángeles con mis abuelos, después del accidente de auto que terminó con la vida de mis padres cuando tenía cuatro años y Joseph solo tres meses de vida.

Mi abuelo falleció hace cuatro meses y mi abuela dos semanas después, no tenemos más familia y Alfonso Cacciatore, un viejo amigo de mi padre nos acogió. Como ambos somos menores de edad se convirtió en nuestro tutor, viviendo en su muy modesta casa y pagando nuestros estudios. Todo el cambio ha sido un torbellino para ambos, pero a pesar de esto no me he permitido decaer.

Tengo un hermano de doce años al que tengo que cuidar.

— Johnson, asegúrate que las bodegas estén bien cerradas, no quiero volver a tener problemas con ladronzuelos — viene diciendo el señor Cacciatore por teléfono —, sí, lo sé, le hablo más tarde, estaré ahí en una hora.

El camino hacia mi nueva escuela no ha sido del todo cómodo, en realidad nada lo ha sido. Pasé de usar el transporte público a tener un chófer personal, de compartir baño con mi hermano a tener uno propio, de almorzar una hamburguesa de McDonalds, a almorzar pastas, lasañas y toda clase de comida extravagante en tan solo meses. Cosa de la estoy muy agradecida pero que a pesar de eso, mi complejo sigue latente. Hay algo que me dice que no lo merezco, espero que ese sentimiento disminuya con el tiempo.

Y no, aún no he probado el caviar.

— Bueno Nataly, ¿cómo te sientes? — me pregunta el señor Cacciatore, que está sentado a mi lado, en el asiento trasero del auto —. ¿Ya estás lista para esta nueva aventura?

—Si señor Cacciatore, estoy muy emocionada — quiero vomitar y el creciente temblor en mis piernas no ayuda.

— Escucha sé que has pasado por momentos difíciles, pero notaras que todo mejorará, no hay nada que el tiempo no cure querida — desde que nos acogió, se ha comportado como todo un caballero, así que de alguna forma sus palabras me reconfortan.

—Sí señor, muchas gracias por toda su ayuda — le regalé una sonrisa.

— No hay de qué y llámame Alfonso, me haces sentir de ochenta años — dijo haciendo una mueca graciosa —, siéntete libre de pedirme lo que sea, estoy para ayudarte.

Desde que lo conocimos había sido muy hospitalario, aunque su aspecto no lo evidenciara. Alfonso daba un aura de respeto, con su metro noventa, ojos negros y muy tenebrosos. Es decir, había visto cómo lo trataban sus empleados, con respeto e intimidación. Este último intentaban ocultarlo, pero no se esforzaban lo suficiente.

— Está bien Alfonso — le hago caso, no quiero que piense que soy una adolescente rebelde —, ¿sabe si mi hermano ya llegó a su escuela? — la escuela primaria Saint Lincoln no estaba tan lejos de la secundaria, pero me seguía preocupando la distancia.

—Si, de hecho Johnson me llamó para avisarme que ya entro a clase — me dice viendo su reloj —, estamos a punto de llegar, en cuanto entres, ve a la oficina de la directora Lewis. Ella te dará tu horario, dile que vienes de parte de Alfonso Cacciatore, ella sabe quién soy.

Lo primero que vislumbro de la escuela es su enorme portón, lleva el escudo, una rama de olivo sobre un libro café con una frase en italiano. El uniforme es de color verde musgo. Chaqueta formal, blusa blanca de punto y una falda a cuadros, la cual me tiene un poco incómoda, en mi anterior escuela no llevábamos uniforme.

En cuanto entramos me quedo con la boca abierta. ¿Es esto real? Parece que acabo de entrar a un palacio real, unas torres altísimas de piedra y grandes jardines se aproximan, de repente me siento diminuta.

Al salir del auto notó que todo parece una película de Hollywood. Autos de lujo hacen fila para dejar a los alumnos, que a simple vista se nota que nunca han pasado por tiendas de segunda mano.

—Nos vemos — logro sacar antes de abrir la puerta —, y muchas gracias señor — tartamudeo —, muchas gracias Alfonso.

—Es como la vigésima vez que me agradeces, no hace falta Nataly — me dice divertido con mi actitud —, ve y has muchos amigos muchacha, que te diviertas — es lo último que me dice antes de que salga por completo del auto.

Me despido de Alfonso y empiezo a subir el graderío, que me lleva a la entrada principal. Acelero el paso y agacho la cabeza. Sé que nadie me está viendo, todos están con sus grupos de amigos, pero la inseguridad me hace hacerme ideas tontas.

Espero a que el guardia abra ambas puertas y me enfrento a la secundaria. Me recibe un largo pasillo con distintas puertas a los lados. Empiezo a caminar buscando la administración, llegó al final del corredor en donde hay dos caminos. Solo tengo que alzar la vista del pasillo derecho para ver la señalización donde diceadministración. Me acerco a una puerta corrediza transparente donde veo a una secretaria. La deslizo y entro de manera silenciosa.

Una mujer pelirroja me recibe con una enorme sonrisa.

—Buenos días cariño — me saluda como si fuera el mejor día de su vida —. ¿Qué necesitas?

—Buenos días, busco a la señora Lewis vengo de parte del señor Alfonso Caccia... — no me deja terminar, antes de eso la chica se pone de pie de golpe.

—Oh sé quién eres — empieza a decir y camina hacía mi dirección —, yo soy Sunny Marin, la secretaria de la señorita Lewis, un gusto conocerte.

Sorprendida por su creciente humor tomó su mano —, el gusto es mío señorita, me gustaría poder hablar con ella, el señor Cacciato...

—Oh, perdona es que siempre me emociono cuando viene gente importante, supongo que si vienes de parte de un Cacciatore eres muuy pero que muuy importante — su tono se vuelve más agudo y las risitas entre palabras aumentan.

No entendía, pero ni una palabra de lo que esta mujer me estaba diciendo, y su alocado humor lo empeoraba.

—Yo, yo, no tengo idea de lo que...— el ruido de una puerta abriéndose me interrumpe y una mujer mayor sale de ella.

—¡Sunny hace quince minutos te pedí los informes semestrales del año pasado! — empieza a dirigirse a la chica. — Y qué pasa con los teléfonos que no dejan de sonar — hace una pausa —. ¡Porque me sigues mirando y no vas a tú lugar de trabajo, niña! — le grita haciendo que ambas nos sobresaltemos.

—Mis disculpas, señorita Lewis es que estaba a punto de mandarle a la chica a su oficina — dice posicionándose a un costado mío —. Es la chica Cacciatore.

La expresión de la mujer cambió de enojo a curiosidad, me barrió con la mirada de arriba hacia abajo —. Sunny ¿qué Cacciatore? — le preguntó casi en un susurro.

—Oh fue don Alfonso Cacciatore quien la trajo — le responde muy segura, mientras que yo las miro aún más confundida de lo que sea que estén hablando.

—Señorita, pase un momento a mi oficina por favor — me dice la mujer, que deja su lado irritado. Me abre la puerta de su oficina —. Sunny ¿Tienes el expediente de la chica?

—No, pero su asistente quedo en mandárselo por correo a más tardar el mediodía.

Al entrar a la oficina tomo asiento en una de las sillas al frente del escritorio. La directora, que no debe tener más de cuarenta años, se sienta al frente mío. Por alguna extraña razón puedo notar su incomodidad, como si quisiera estar en otro lugar menos aquí.

— ¿Cuál es su nombre señorita? ¿Y qué año le toca cursar? — me dice tímida.

—Me llamo Nataly Sanderson, un gusto — le digo tratando de sonar lo más amable posible —, me toca el penúltimo año señorita Lewis — le digo mientras teclea unas cosas en su computadora.

Al cabo de unos minutos veo que saca una hoja de la impresora y me la entrega seguido de una cajita, después llama a unas personas por teléfono.

—Este es su horario y en la caja está la llave del casillero. Acabo de llamar a los mellizos Robinson, que serán su guía al menos esta primera semana. Ellos le mostrarán la escuela por completo y serán sus consejeros por cualquier cosa que necesite.

La puerta se abre, una chica y un chico pasan de forma silenciosa. Ambos son muy parecidos de tez pálida y muy rubios, hijos del sol los hubiera llamado mi abuela. La chica lleva unos folletos y ambos me miran curiosos.

—Señorita, ellos son Ted y Anni Robinson — los señala, luego los ve a ellos —, chicos, ella es Nataly Sanderson, platiquen con ella y guíenla — ve su reloj incómoda —, ahora mismo tengo una reunión — dice mientras hace un ademán para que salgamos de su oficina, al segundo los tres estamos afuera de la administración.

Al pasar unos segundos que se sintieron como horas el chico me sonríe —. Hola mi nombre es Ted, pero puedes llamarme bombón, guapo, papi, adonis o cualquier otro sinónimo y bienvenida al infierno.

Su presentación me deja sin palabras, por suerte su hermana se apresura a interrumpirlo.

—¡Ted no le puedes decir eso a la nueva! — dijo la chica dándole una palmada en el brazo —. Nos estás avergonzando.

—¿Por qué? Solo estoy diciendo la verdad — le responde divertido —, aunque puedes ser más creativa con los sobrenombres, yo no me enojo...

—Ya cállate tonto — le dice dándole un empujoncito, luego me voltea a ver sonrojada —, te queríamos dar una bienvenida formal, si gustas podemos empezar por las dudas frecuentes...

—Deja de ser tan aburrida — la interrumpe el chico —, perdónala Nat... oh espera ¿podemos llamarte Nat?, se nos hace más fácil llamarte así que Nataly.

—Oye la acabas de conocer, no le puedes poner apodos o acortar su nombre, eso es grosero. ¿Qué si el Nat le desagrada? — le recrimina su melliza, iniciando una discusión.

—Oigan no importa — les intento decir mientras ambos discuten.

—No seas paranoica Anni, es ridículo que...

—No pasa nada si me llaman Nat, en realidad me gusta más que Nataly — interrumpo subiendo la voz —, y muchas gracias por molestarse en guiarme.

—Oh, lo siento mucho por asustarte, ya te estás llevando una mala impresión de nosotros ¿verdad? — dijo la chica poniendo su mano contra su frente.

—Esto es tú culpa Anni — dijo el chico —. Lo lamento, a veces mi hermana es un poco descerebrada.

Antes de que ambos volvieran a embarcarse en otra discusión, decido entrometerme —. Saben esta bien, sé lo que es pelear con hermanos, tengo uno de doce años...

—Oh créeme no es lo mismo cuando tienes uno muy parecido a ti y que encima tiene la misma edad — Anni me extiende su mano —, pero será mejor que nos entregues tu horario para que te podamos dirigir a tus clases.

Empieza a comparar su horario con el mío en cuanto se lo entrego.

—Enhorabuena mi querida Nat, estamos en la mayoría de clases juntos, solo nos separaron en historia — me dijo Ted, viendo la hoja.

— Y justo te toca esta clase, pero no te preocupes que aquí están tus nuevos amigos que te guiarán — me dijo Anni tomándome por el codo y conduciendo afuera de la administración. Caminamos por el otro pasillo, el de la izquierda, donde salimos a un enorme jardín, alrededor están todos los impotentes edificios de piedra que vi desde el auto.

La modesta escuela estaba conformada por seis edificios, todos unidos por puentes, además de tener unos coloridos jardines a su alrededor. Más lejos se miraban los otros edificios, que según el mapa que me dio Alfonso eran donde estaba la cafetería, piscinas, gimnasio y campos de deporte. Sentía que estaba en un country club donde nada más gente millonaria tenía acceso.

—Y Nataly ¿de dónde vienes? — me pregunta Anni después de un rato un poco incómodo.

—De Los Angeles — contesto mientras le echo un vistazo a los pasillos, había notado que a pesar de que los uniformes son verdes, la mayoría de la decoración era color azul y rojo. Que nacionalistas —, un poco lejos...

—¿De verdad? Debes odiar este clima — comenta Ted sacando unas manías de su chaqueta las lanza al aire y las atrapa con su boca.

—En realidad me gusta el invierno — le digo apretando mi chaqueta.

—Eso no lo dirás en noviembre Nataly — empieza a decir Anni, pero antes de que termine de hablar, escuchamos el ruido de voces ruidosas viniendo del piso de arriba.

La maldición repentina de Ted nos distrae, los mellizos intercambian una mirada y de improviso me jalan hacia un costado. Nos metemos a una bodega de limpieza que está detrás del graderío en forma de caracol. Los chicos al ver que estoy por hablar me silencian con su mirada. Las voces intensifican su volumen, haciendo que me dé cuenta que venían bajando las gradas.

Estoy por hablar, pero los gritos de insultos y golpes de unos chicos me mandan a callar de nuevo.

¿Qué está pasando?