Capítulo 1
PASADO
I
JUNGKOOK
20 AÑOS
La canela flota pesadamente en el aire, y el delicioso aroma me atrae a la cocina en donde encuentro a mamá y a Rose admirando el pastel de miel que acaban de hornear.
Es mi olor favorito en el mundo: mamá horneando en la cocina. Es mi hogar.
En el momento en que mamá me ve, me lanza un ceño severo.
―No te atrevas a intentar robar una tajada. Es para después de cenar.
Hoy es el cumpleaños de SeokJin, mi hermano es tres años mayor que yo. No lo hemos visto mucho en los últimos años, ya que ha estado entrenando para ocupar su lugar en la Bratva.
Con mi papá como jefe, es natural que sigamos sus pasos.
Tomo asiento en la mesa, viendo el pastel como si fuera mi última comida.
― ¿Quieres café? ―me pregunta Rose.
―Por favor. ―Le sonrío a la chica que es como una hermana menor para mí.
Mis papás adoptaron a Tae y Rose Kim y, aunque las cosas fueron difíciles al principio, Tae ahora es mi mejor amigo.
Observo cómo Rose prepara el café como a mí me gusta, cremoso y dulce, y le sonrío de nuevo cuando lo coloca frente a mí.
―Gracias, Ro. ―Después de saborear mi primer sorbo de cafeína del día, pregunto―: ¿Horneaste solo un pastel?
Es normal que mamá se levante al amanecer cuando es uno de nuestros cumpleaños, y ella siempre hornea lo suficiente para un pequeño pueblo.
Mamá niega con la cabeza mientras trata de ocultar la sonrisa que tira de su boca y corta una gran porción del pastel recién horneado.
―Vivirás de pasteles y postres si te doy la oportunidad. ―Aún así, coloca la rebanada en el plato y la empuja cerca de mí―. Solo una rebanada.
Me inclino más cerca y tomo una respiración profunda, mi boca se hace agua por el aroma.
―No puedo prometer nada ―me río entre dientes―. Es por eso que horneas extra. ―Le doy a mamá una sonrisa agradecida―. Me amas demasiado como para dejarme sufrir hasta la hora de cenar.
―Mmm. ―Sus ojos están fijos en mí mientras tomo el primer bocado.
Cuando el sabor de la crema y la canela explota sobre mi lengua, dejo escapar un gemido de satisfacción y mis ojos se cierran mientras saboreo la bondad de la repostería de mi mamá.
―Perfecto.
Emocionada, Rose aplaude.
― ¿De verdad? ¿Te gusta?
Mis cejas vuelan hacia arriba y trago saliva antes de preguntar:
― ¿Tú hiciste esto tú sola?
Ella asiente, con el orgullo bailando en sus ojos azul cielo.
―Bueno, hermanita ―asiento con aprobación―, es exactamente como me gusta.
Rose deja escapar un pequeño chillido antes de caer en la silla a mi lado.
―Dime cómo sabe. ¿Tiene suficiente crema? ¿Hice bien el dulce de leche? ¿No tiene demasiada canela?
Levanto una mano y palmeo suavemente su espalda.
―Todo está perfecto.
― ¿Qué está perfecto? ―pregunta Tae mientras entra en la cocina.
―El pastel de miel que hice ―le responde Rose, con el orgullo iluminando su rostro―. Siéntate, tienes que probarlo.
―Es demasiado temprano ―protesta Tae. Toma asiento y luego me mira. Negando con la cabeza, murmura―: ¿Cómo puedes comer pastel a primera hora de la mañana?
Me meto un gran bocado en la boca y gimo de nuevo.
―Es tan bueno ―murmuro alrededor del pastel.
Rose coloca una taza de café frente a Tae, junto con un trozo de pastel mucho más pequeño.
―Solo pruébalo ―le suplica.
Rose podría habernos aceptado a SeokJin y a mí como sus hermanos, pero no hay nadie a quien ame más que a Tae. Antes de que mis papás los adoptaran, estaban atrapados en un orfanato y solo se tenían el uno al otro, por lo que es comprensible que sean inseparables.
Mamá comienza a preparar el desayuno y pronto el aroma de los huevos fritos, el queso derretido y las salchichas rebanadas llenan el aire.
SeokJin y papá entran en la cocina y Rose se ocupa de prepararles el té.
―Feliz cumpleaños, zaika ―dice mamá antes de abrazar a SeokJin.
Todos nos tomamos un momento para desearle un feliz cumpleaños a SeokJin, y mientras mamá y Rose ponen todos los platos en la mesa, papá murmura:
―Los niños vienen conmigo. Nos iremos toda la noche.
― ¡Pero es el cumpleaños de SeokJin! ―exclama mamá―. Siempre cenamos juntos. Es la tradición.
Papá niega con la cabeza, viendo a mamá con impaciencia.
―El trabajo no puede esperar.
Mamá se ve visiblemente infeliz, pero no fuerza el tema.
―Será mejor que coman ―le dice, viendo alrededor de la mesa―. Vamos, vamos. Coman. ―Levantándose, mamá comienza a hacer más huevos fritos en una clara señal de que está enojada con mi papá. Cocinar siempre la calma.
―Rose, cuida de tu mamá mientras no estamos ―la instruye papá.
―Sí, papá ―me responde.
Rose fue la primera en llamarlo papá, mientras que Tae tardó un par de años. Todavía alterna entre señor Jeon y papá, pero fue más fácil para ambos cambiar de señora Jeon a mamá.
Solo para complacer a mamá, todos comemos el doble, y siento que voy a estallar cuando me levanto de la mesa. Presiono un beso en su mejilla antes de darle un fuerte abrazo, luego me giro hacia Rose para abrazarla rápidamente.
―Ten cuidado―le dice mamá a papá―. Y cuida de nuestros bebés.
―Bebés, mi trasero ―se queja papá―. Son hombres completamente desarrollados.
Mamá le lanza una mirada de advertencia.
―Siempre serán mis bebés.
Pasan otros diez minutos antes de que podamos salir de la casa, y solo una vez que todos nos hemos amontonado en el todoterreno blindado, papá dice:
―Esta noche secuestraremos al hijo de Lee.
¿Qué?
Mis ojos se abren como platos y el shock se filtra a través de mi cuerpo. Tae y yo acabamos de empezar con nuestro entrenamiento como Bratvas. Nos asignaron a un jefe subalterno y lo seguimos como cachorros perdidos. Hasta ahora solo he ido a por par de hijos de puta que le deben dinero a la Bratva, solo he matado una vez.
¿Pero secuestro? Eso es un nivel completamente diferente, en especial si el chico tiene medio jodido ejército protegiéndolo.
Mis ojos van a Tae, y nos miramos fijamente por un momento.
―Jungkook, agarrarás al chico mientras SeokJin te cubre las espaldas. Tae y yo junto con mis soldados cuidaremos de sus guardias.
Cristo.
Asiento porque no se me permite discutir, haces lo que te dicen en la Bratva. Tengo que secuestrar al niño, aunque preferiría ayudar a cuidar de los guardias.
Dejando escapar un suspiro lento, dirijo mi atención al paisaje cubierto de nieve que pasa a nuestro lado mientras aceleramos hacia el corazón de Moscú.
En contra de mi mejor juicio, pregunto:
― ¿Qué le sucederá al chico después de que lo secuestremos? Los ojos de papá permanecen en el camino mientras murmura:
―El será nuestro rehén hasta que Lee se retire de nuestro territorio o acepte una alianza.
Mierda. Eso puede llevar años.
Presionando mi suerte, hago otra pregunta:
― ¿Lo mantendrán en una de las casas seguras?
―No.
Está en la punta de mi lengua hacer otra pregunta más, pero sé que eso hará enojar a mi papá.
―Él se quedará con nosotros ―murmura.
¿Qué demonios? Mamá va a volverse loca.
Papá llegó una vez a casa con un niño pequeño que secuestraron, y mamá no le habló a papá durante dos meses completos.
―No será por mucho tiempo ―añade papá.
El niño solo se quedó dos días. Con suerte, las cosas funcionarán igual de bien esta vez.
O las cosas van a estar tensas en casa durante mucho tiempo.
―Háganme sentir orgulloso ―demanda papá―. Hagan lo que les dicen y terminen el trabajo.
―Sí, papá ―respondemos todos al unísono.