Capítulo 1
Capitol City
Zack descendió en la losa de aterrizaje del Domo de Capitol City con delicadeza. Noah siempre lo elogiaba por tener excelente habilidad como piloto, sobre todo en los despegues y aterrizajes. Sólo Seth se quejó cuando las náuseas por el embarazo de su esposa no le dejaban retener nada en el estómago.
Noah, quien iba a su lado en el asiento de copiloto recorrió el lugar con la mirada para ver, al que supuso era el encargado del domo, un hombre serio de cabello castaño rojizo de alrededor de unos 35 años con un esper de unos 40 a su lado. y dos guías que debían pertenecer a la unidad de seguridad del domo, los enlaces de la unidad de Allen en la cúpula.
- El G2 O’Maley - informó Noah a Rin quien iba sentada en el asiento de pasajeros vestida con su uniforme de guía con las botas altas que indicaban que estaban en visita oficial.
La mujer cerró la pantalla holográfica desplegada y se levantó para arreglarse la chaqueta y revisar su moño amarrado cerca de la nuca con un elegante trenzado.
- Te ves hermosa, preciosa. - le dijo Noah besándola después de acercarse a ella.
- Opino lo mismo, cariño. - dijo Zack cuando los motores de apagaron y colgó el auricular para abrazarla y besarla cuando se aproximó.
- Es nuestra primera misión solos. Quiero hacerlo bien... - les dijo arreglando las chaquetas de sus esposos para controlar la ansiedad y ellos se dejaron hacer.
- Ya estuviste de misión con Seth... - aclaró Noah - Lo hiciste muy bien...
- Fue distinto...El maestro estaba a cargo.
- Seth dijo que lo hiciste excelente. Que estaba orgulloso de tu gestión. - dijo Zack con seguridad.
- Bien, gracias por darme ánimos. Los amo mucho, háganme sentir orgullosa. - les dijo abrazándolos al mismo tiempo - Vamos. Pongan sus caras de chicos malos... Necesitamos mantener a la gente del domo lejos de la misión del esper.
Los gemelos se rieron al escucharla, pero obedecieron rápidamente antes de abrir las puertas del jet de la cúpula. Rin bajó con formalidad y elegancia seguida de sus compañeros que llevaban una actitud seria e indiferente al tiempo que las puertas se cerraban y aseguraban bajo las instrucciones de Zack
- Estas imitando la cara de fastidio de Seth. - se burló Zack de su hermano en su mente a través de la comunicación telepática.
- A mí no me sale tan natural como a ti. - se quejó Noah - Tú llevas más años de práctica. Esos guías parecen políticos. Tan estirados...
- Chicos...- advirtió Rin de la misma forma.
- Buenas tardes, G2 Petrovich. - dijo con formalidad el G2 O’Maley con una sonrisa tranquila - Los esperábamos. - indicó al esper - Mi compañero, el esper Jackson y los encargados de seguridad del domo: G1 Duran y G1 Turin.
- Gracias por el recibimiento, G2 O’Maley, me acompañan mis espers. El esper Zackary Grant y el esper Noah Grant.
- Encantados. - dijo el guía cuando los espers inclinaron la cabeza en forma de saludo - He escuchado de su unión, admiro la capacidad de su guía al gestionar el vínculo con dos compañeros.
El comentario fue sincero al igual que las expresiones de los otros guías a diferencia de lo que esperaban los hermanos por lo que se relajaron un poco.
- Nuestra compañera es excepcional. - dijo Zack con educación - Estamos muy orgullosos de ella.
- Eso me alegra...- dijo el G2 mirando a su esper con cariño. Al parecer no eran tan “estirados” como Noah creyó - Por favor, acompáñennos a la sala de guerra. El esper de la Guía Deveraux ha llegado unas horas antes que ustedes.
- Ya veo... - dijo Rin mirando a sus compañeros en tanto seguía a los anfitriones.
- La Directora ha mencionado que ustedes acompañarán al esper para ver a su compañera. Está tan silencioso que, por un momento nos preocupamos, pero la G2 dice que ustedes lo conocen y que su presencia le ayudará a enfrentar la situación de su compañera.
- Si. - comentó Rin cuando tomaron el ascensor que los llevaba a la plata baja y avanzaron hacia la zona circular de entretenimiento donde varios esper y guías de variadas edades los observaron dirigirse al umbral que llevaba a la zona administrativa del domo - Ha sido difícil para él. - mintió.
Anthea les había advertido que usaría a otro elemento para poder mantenerse cerca de la guía en tanto pudiesen gestionar su salida y la investigación. Un infiltrado que se haría pasar por su compañero. No les entregó más antecedentes diciendo que ella se encargaría de los registros en caso de que la gente del ejército solicitara información a la Cúpula de la Guía detenida.
El encargado del domo entró a la sala donde había una pequeña sala con paredes de vidrio pavonado con una mesa de reuniones. Alrededor había unas sillas de espera y en una de las paredes, pantallas y teclados. Era una copia de la sala de guerra de la Cúpula, pero a menor escala.
- Por aquí... - dijo abriendo la puerta para dejar pasar a Rin y a los espers quienes se quedaron quietos al ver al esper que se levantaba al verlos entrar.
La puerta se abrió.
Rin avanzó primero.
Y se detuvo.
- Riku...
El hombre levantó la cabeza.
Los tres sintieron un vuelco en el estómago.
No era porque estuviera infiltrado.
Era porque se veía horrible.
La barba clara comenzaba a cubrirle la mandíbula.
Las ojeras eran profundas.
Su uniforme estaba arrugado.
Y había varias tazas de café vacías dispersas sobre la mesa.
Parecía llevar días viviendo allí.
- Rin...
Su voz sonó ronca.
Como alguien que había dormido poco o nada.
El esper se puso de pie de inmediato.
- ¿Cómo está? - preguntó sin siquiera saludarlos apropiadamente - ¿Saben algo?
Los tres intercambiaron una mirada.
Estaba tan metido en el papel que por un segundo olvidaron que aquello era una misión.
O quizás no era un papel.
Quizás realmente estaba preocupado.
- Aún no lo sabemos. - respondió Rin con cautela.
Riku cerró los ojos.
Una expresión de frustración cruzó su rostro.
- Cinco días...
Su mano se cerró en un puño.
- Cinco malditos días y nadie me deja verla.
El G2 O’Maley suspiró.
- Las autoridades militares siguen negando el acceso.
- Es mi compañera.
- Lo sabemos.
- Está vinculada conmigo.
- Lo sabemos.
- Entonces explíquenme cómo demonios pueden impedirme verla.
El silencio que siguió fue incómodo.
Porque nadie tenía una respuesta satisfactoria.
Riku pasó una mano por el cabello.
- Perdón.
No sonó realmente arrepentido.
Sonó agotado.
- No he dormido mucho.
- Lo notamos. - murmuró Noah.
Riku soltó una risa seca.
- No me digas.
Los hermanos lo observaron con atención.
Anthea no los había preparado para esto.
Les había dicho que encontrarían a un infiltrado.
No que encontrarían a Riku.
Y mucho menos que Riku sería tan convincente.
- ¿Qué te dijeron exactamente? - preguntó Zack.
Riku se dejó caer nuevamente sobre la silla.
- Que Constance atacó a quince soldados.
- ¿Y tú te crees eso?
La respuesta fue inmediata.
- No.
Ni siquiera dudó.
- ¿Por qué?
Riku apoyó ambos brazos sobre la mesa.
- Porque conozco a mi compañera.
La firmeza de su voz hizo que incluso O’Maley lo observara.
- Constance es agresiva cuando combate.
Es competitiva.
Es testaruda.
Puede ser insoportable.
Pero jamás pierde el control.
Jamás.
- Entonces ¿Qué crees que pasó?
- No lo sé.
Y eso es lo que me está volviendo loco.
La respuesta fue honesta.
Dolorosamente honesta.
- Algo ocurrió allí.
Algo suficientemente grave para que ella reaccionara.
Y ahora todos intentan ocultarlo.
Rin sintió una pequeña punzada de admiración.
Ahora entendía por qué Anthea lo había escogido.
No era solamente porque necesitaba un compañero falso.
Necesitaba a alguien capaz de interpretar perfectamente cómo reaccionaría un esper vinculado.
Y Riku estaba haciendo mucho más que actuar.
Estaba protegiendo a una compañera que ni siquiera era la suya.
Como si realmente lo fuera.
- La encontraremos. - dijo Rin finalmente.
Riku la observó.
- No.
La corrigió con una mirada dura.
- La sacaremos de allí.
Y por primera vez desde que habían llegado a Capitol City, Zack sintió que empezaban a ver la verdadera forma del plan de Anthea.
Porque ningún militar iba a cuestionar a un esper que llevaba cinco días desesperado por recuperar a su compañera.
Y si alguien preguntaba...
Todo lo que estaban viendo era completamente real.
Solo que la compañera que Riku intentaba rescatar no era la mujer que ellos creían.








