I
Hubo un tiempo en el que todos sus veranos los pasaba felizmente en aquella casa que normalmente era un lugar vacacional para él. Con el tiempo y luego del accidente, dejó de visitarla y se vio abandonada por toda su familia, incluyéndose, por supuesto.
Hubo una vez, dos años luego del accidente y en tiempos de lluvia en el que volvió con su familia y no pudo ser el momento más miserable de su vida porque esa vez fue totalmente distinto. Fue demasiado infeliz.
La lluvia caía en grandes cantidades y el frío era insoportable para él.
Sin embargo, él nunca podrá olvidarse de esa ocasión.
Mucho tiempo después estaba de vuelta. Ya había cumplido más de la mayoría de edad desde hace un tiempo, había crecido mucho. La gente al verlo por las calles le decía que tenía rasgos mucho más varoniles y maduros, que era un tipo atractivo pero era una lástima que… continuará de la misma manera que la última vez que fue a visitar su casa ahora abandonada años atrás.
Esta vez también era distinta porque no venía con su familia ya que sólo él y su enfermera se quedarían ahí, probablemente hasta que muriesen o bueno, al menos hasta que él lo hiciera, ya que lo que Sehun buscaba era aislarse de todos.
Estaba harto de escuchar esperanzas y a la gente sonreír con compasión mientras lo miraban con pena y con lástima realmente. A veces las personas sólo hablaban por hablar en un vago intento de hacerlo sentir mejor, pero a esas alturas ya estaba cansado y se había vuelto tan pesimista que se resignó a su desafortunado destino. Así que no tuvo mucho que pensarlo y mudarse a esa casa lejos de todo sonaba como la mejor y única opción.
— ¡Pero miren quien está de vuelta por aquí! —dijo la mujer bastante animada y dejando de lado la formalidad entre ellos. Él le mostró su sonrisa más sincera por eso. — ¡El pequeño de los Oh! —La mujer ahuecó sus mejillas en sus gastadas y rasposas manos y besó su frente en un acto cariñoso — ¡Es un gusto volver a tenerte por aquí, Sehun-ah! ¿Se debe a algo en específico tu visita?
—Vine para quedarme —dijo con pesar a pesar de alegrarse de ver a la ajumma —Viviré de ahora en adelante aquí.—La mujer lo miró una vez más y ella a diferencia de todos hasta ahora, no lo miró con pena, al contrario, su sonrisa se ensanchó.
—Me asegurare de tenerte cómodo entonces, Sehun-ah.
—No hace falta ajumma, para eso está Jiyeon —con una mirada señaló a la mujer vestida de enfermera a su lado. La mujer de mayor edad con un gesto de mano dejó de lado su comentario.
—Aun así, me tendrás por aquí. Apuesto a que no hay nadie quien prepare el Jajangmyeon mejor que yo y si no mal recuerdo, es tu comida favorita. —Sehun volvió a sonreír tenuemente en dirección a ella.
—Me encantaría volver a probarlo —soltó cansado por el viaje.
—Bien, entonces ponte cómodo y en un rato iré a ayudarte a acomodarte en la casa.
—No es necesari-…
—Ni te atrevas a rechazar mi ayuda. La casa es grande y parece que la chica es sólo tu enfermera —el resopló y miró a su enfermera.
—De acuerdo. —la mujer mayor sonrió con satisfacción y Sehun continuó con su camino para terminar de adentrarse a la casa.
Movió la palanca de su mando para mover la silla de ruedas teniendo de escolta a Jiyeon detrás de él y ambos se adentrado a la casa. El hombre que se había mantenido cuidando de la casa durante el abandono de la familia intentó ayudar a la joven enfermera a trasladar al ahora habitante hasta la habitación principal, no obstante, Sehun se rehusó y dijo que quería utilizar su antigua habitación, por lo que se hizo su voluntad y terminó siendo escoltado a su habitación de la infancia.
Hace años su familia había remodelado la casa con el propósito de que Sehun pudiese sentirse más cómodo y moverse con mayor facilidad, a pesar de estar postrado a una silla de ruedas. Sin embargo, Sehun no tenía ganas de moverse por el lugar en ese estado, por lo que prefería estar siempre en su habitación a todas horas y mirar desde la ventana como el mundo se movía y él simplemente se quedaba estancado.
El barrio donde vivía era uno muy caro, estaba casi a las afueras de Corea del Sur. El lugar tenía una pinta antigua y europea, luciendo una villa con casas muy al estilo de Londres. Su casa era una de las más grandes y su habitación era la última. Su techo formaba un triángulo y uno de los lados estaba hecho de todo un ventanal con barrotes formando cuadrados. La habitación eran dos plantas, marcando la diferencia por un escalón y rampa. En la parte alta se encontraba su cama y una silla acojinada, más aparte un mueble. La ventana de la habitación tenía un asiento, parecido a un mini sofá con almohadones. Las ventanas estaban cubierta de una cortina hecha de seda y casi transparente que dejaba colar la luz del día y de la noche. En la planta baja había un armario, un sofá grande y un televisor, todo organizado de manera correcta. Había un poco de polvo sobre los muebles y olor a viejo flotando por todos lados, pero nada que no pudiese arreglarse.
Sehun debía admitir que extrañó estar ahí, más no extrañaba estarlo en esa condición.
—Si necesitas algo, yo estaré aquí abajo. Con el botón de aquí —señaló en el mando instalado en su silla de ruedas automática —…yo vendré enseguida.
—Gracias —ella asintió y se inclinó hasta besar su mejilla para luego salir de la habitación.
Sehun no sabía que nombre darle a la relación que mantenía con la chica. Le gustaría decir que no sólo son paciente y enfermera, sino también pareja, pero a quién iba a engañar, a lo más cercano que llegaban era a tener una aventura, tal vez un pasajero romance y no estaba seguro realmente. Sehun estaba seguro que esa bella chica no iba a poder quedarse con alguien inválido como él por tanto tiempo. Y en realidad, realmente eso no le importaba mucho. Ya se había hecho a la idea de todos alejándose de él una vez se cansaban de estar a su lado en su estado. El tiempo se lo había mostrado sin piedad alguna y ya no se sorprendía ante algo como esto.
Si Sehun se había mudado aquella casa no fue por decisión propia, sino porque sus padres, al final, también se cansaron de estar a su lado y velar por su bien como para mandarlo lejos y no tener que seguir cargando con él. O bueno, él les facilitó la solución dándoles la opción y de todos modos ellos ni siquiera dudaron en aceptar. Sehun los entendía, no era vida la que llevaban y ya estaban viejos y cansados, así que por eso no los culpaba. De todos modos, esas personas ya le habían regalado sus mejores años de vida y Sehun a esas alturas debería hacer su vida lejos y no seguir hostigándolos o en todo caso, preocupándolos por su estado.
La ajumma Kim fue a ayudar como mencionó esa tarde y esa noche Sehun cenó su famoso Jajangmyeon en compañía de la siempre hermosa y sonriente Jiyeon. La chica platicó mucho con la mera intención de hacerlo sentir mejor y Sehun una vez más tuvo que fingir estar atento y tener un mejor ánimo.
A veces Sehun se preguntaba el porqué no murió en ese accidente. Hubiera sido mejor que estar de esa manera.
Cuando dieron las diez de la noche, con la ayuda de Jiyeon fue a la cama luego de sus ejercicios musculares diarios y masajes en las piernas. La chica dijo que estaría bien si dormía con él, pero la cama del menor era individual y no quería que la chica durmiera incómoda, por lo que la mandó a utilizar cualquier habitación de su preferencia en la casa sin preocuparse de que Jiyeon pudiese pasar una mala noche porque cualquier habitación era buena, y en realidad, él quería estar solo.
Sehun sin atosigarse con más pensamientos, rápidamente se quedó dormido después de tomar su pastilla necesaria (no para el sueño en realidad), pero fue a medianoche cuando despertó irremediablemente.
Sabía que esa noche caería una nevada, las cortinas de la ventana estaban abiertas de par en par y desde la cama del menor este alcanzaba a vislumbrar algo o más bien a alguien afuera más allá.
Su corazón con la imagen dio un salto en su pecho, pero no por miedo, sino que esa extraña sensación de nuevo lo invadía y la curiosidad de cerciorarse o más bien de descubrir la verdad que permanecía sin asomarse desde hace años, lo llevó a moverse. Con dificultad, se movió y llegó hasta su silla de ruedas al lado de la cama para acomodarse en ella y moverse con mayor facilidad, llegando más cerca de la ventana. Estiró su brazo y limpió un poco el vidrio con vaho para ver mejor através de la ventana y sus ojos se abrieron ante la perplejidad porque estaba seguro que eso no era una ilusión o mucho menos se trataba de un sueño, comprobando de esa forma que al igual que hace años, ahí, en la cima de la casa vecina había alguien.
Un chico, un chico de complexión menuda y más o menos alto, cabello negro azabache y piel tremendamente blanquecina. Se encontraba usando unos pantalones de chándal con únicamente una sudadera además de ir descalzo. Los copos de nieve caían a su alrededor y parecía tener algún campo invisible a su alrededor porque ningún copo de nieve daba contra él. El delgado chico jugueteaba en lo alto sin ningún atisbo de miedo aunque sí teniendo cuidado de no caer.
El techo vecino igualmente era en forma de triángulo y el chico caminaba con cuidado en la unión de las dos tejadas de ladrillos intentando mantener el equilibrio, pisando con cuidado y con los brazos extendidos a los lados para ayudar a distribuir de manera correcta su peso.
Sehun tembló en su lugar y ahora si por miedo, uno inexplicable pero que le estaba causando hasta escalofríos. Lo único que abordaba en su mente era que el contrario era un maldito descuidado, loco e imbécil por jugar de aquella manera tan peligrosa y todo pareció un deja vú porque la última vez que Sehun había ido a esa casa con sus padres en su niñez, durante la noche cuando la lluvia casi azotaba con fuerza, vio a un chico jugando de la misma manera y en el mismo lugar. Incluso Sehun podía asegurar que se trataba de la misma persona, aunque sonara imposible porque eso pasó hace años y el aspecto del contrario era el mismo pese a eso.
En ese tiempo, durante su inocencia, el menor pensó que se trataba de alguna ilusión y hasta pensó que tal vez el otro se trataba de un fantasma, pero ahora estaba seguro que ningún fantasma luciría de aquella manera, aunque si le estaba robando el aliento.
De pronto uno de los pies del chico resbaló y por poco cae y Sehun ilusamente tuvo la intención de sostenerlo, saltando casi fuera de su silla a pesar de la imposibilidad. Afortunadamente, al final el contrario logró mantener el equilibrio y se paró recto, con los brazos a los lados de su cuerpo y la mirada alzada al cielo, observando la luna apenas visible y Sehun sentía que se estaba volviendo loco al ver al chico en ese estado y en aquella altura.
Apenas tuvo tiempo de formular un nuevo pensamiento antes de que todo sucediera en un pestañeo, de manera literal. Sehun pestañeó y cuando abrió los ojos en un lapso de menos de un segundo, el chico ya no estaba ahí.
Había desaparecido, como un fantasma.
Sehun se inclinó más contra el vidrio casi cayendo de su silla nuevamente en medio de la búsqueda del desconocido, pero entonces un ruido a sus espaldas lo hizo girar el rostro rápidamente tras un respingo. Miró una sombra moverse con rapidez y luego todo se mantuvo quieto; la habitación a oscuras jugando con su mente y sin nadie más que él. Pero entonces cuando Sehun se giró de nuevo para mirar por la ventana, el chico de hace unos segundos atrás ahora estaba de cuclillas en el asiento de la ventana mirándolo curioso y provocándole casi un paro cardíaco.
El menor estuvo a punto de gritar por el susto mientras su piel se erizaba y su cuerpo temblaba, pero el delgado y helado dedo del chico posándose con delicadeza sobre sus labios lo calló mientras lo miraba fijamente a los ojos.
“No voy a hacerte nada malo” escuchó una voz en su cabeza que nunca antes había escuchado y la cual no se parecía en lo absoluto a la de su yo interno “No me temas, no pienso hacerte daño”.
Y luego de ello presenció la sonrisa más hermosa y brillante nunca antes vista. Sehun hubiese podido pensar eso si no estuviera casi orinandose del miedo.
Sehun se quedó totalmente inmóvil, sintiendo su corazón acelerarse y un frío sudor cubriendo su cuerpo como una manta. Pero debe admitir que pese al miedo, lograba distinguir un sentimiento más abordandolo y no sabía de qué se trataba eso.
¿Quién era el chico? o más bien… ¿qué era el chico?
De pronto el chico quitó su dedo de los labios y con la misma sonrisa en su rostro, se acercó hasta él invadiendo cualquier espacio personal y sólo se detuvo cuando las puntas de sus narices se rozaron. Sehun aún sintiendo el miedo correr sus venas fuertemente y el nerviosismo apoderándose de cada músculo de su cuerpo (o al menos los que sentía) y entumiendolo, intentó hablar, pero sólo bloqueó porque ningún sonido salió de su boca, ni siquiera un jadeó.
“No es necesario decir palabras, sólo mírame a los ojos y yo te escucharé al igual que tú a mí” volvió a escuchar en su mente esa dulce voz y sus ojos se abrieron de par en par al percatarse a quien le pertenecía la voz.
…Y definitivamente él había entrado en la locura, no había otra explicación a lo que estaba pasando.
El chico se alejó volviendo a respetar su espacio personal y aún estando de cuclillas, dejó caer su trasero en el cómodo asiento de la ventana con las piernas encogidas y juntas para luego rodearlas en un abrazo y mirar al menor con curiosidad. La cabeza del contrario se inclinó a un lado y luego al otro mientras Sehun se mantenía todavía completamente inmóvil en su silla, observando la completa palidez de la piel del contrario.
Es precioso, pudo haber pensado eso sino estuviera sumido en el miedo. Su tez era tan blanca como el papel y sus ojos negros como la noche. Su cabello negro contrastaba con su palidez y no tenía ninguna imperfección por donde quiera que lo mirara.
¿Qué demonios era este chico?
Sehun forzó a sus cuerdas vocales a articular cualquier cosa, tratando de apartar el miedo del que era presa y lo logró, o algo así porque su voz salió amortiguada y casi estrangulada. Como si llevara años sin utilizarla.
—T-tú-…
“No es necesario que hables, de lo contrario nos escucharan Sehunnie~” le interrumpió en su mente.
“¿Me conoces?” se cuestionó en sus pensamientos y resultó más fácil que hablar en voz alta.
“Sí, lo hago”. Escuchó una respuesta en su cabeza y dio un respingo por ello. ‘Te conozco desde que andabas en dos piernas y no sólo en esa silla de ruedas’ miró con molestia a la silla y luego a Sehun “¿Por qué sigues así?”
De pronto la cuestión logró que los pensamientos oscuros de Sehun predominarán sobre el miedo y su mirada se volvió sombría, llena de rabia, dolor y tristeza, y el contrario comprendió que había hecho una mala pregunta.
“Bueno, no importa. Lo importante es que puedo volver a verte. He esperado mucho por esto.”
“No te conozco… ¿Quién eres?”
“Me llamo Luhan” el chico sonrió de manera amplía de nuevo al presentarse “Es un gusto verte de nuevo…” Puntualizó y puede que Sehun asintiera con la cabeza.
Poco a poco, al paso de los segundos volviéndose minutos, el estupor y miedo comenzó a disiparse del menor, sin embargo, la incredulidad de la situación se negaba a irse por completo.
“¿Eres real, Luhan?”
“Tan real como tú o cualquier otra persona que conozcas.”
“¿Puedes hablar…? ¿Vocalizar?” El chico asintió “¿Entonces por qué-…?”
“De esta manera esto sólo lo mantendremos entre tú y yo.”
“¿Por qué estás aquí? Lo siento, pero creo que finalmente me he vuelto loco después de todo” Luhan lo pensó un poco hasta que optó por soltar una risa de diversión y… algo más.
Después dijo lo que debía, llevándose una mano al pecho comenzó: “Porque mi corazón me lo ordena. El parece latir con vida a pesar de estar muerto cuando te veo, Sehunnie~” su tono en su mente sonó tan suave, sincero y cálido que lo dejó una vez más fuera de sí. “Estoy aquí para hacerte feliz Sehun, así que por favor, esta vez no te vayas y desaparezcas una vez más como en el pasado.” sonaba como un canto hipnótico que dejó a Sehun muy quieto. Demasiado a decir verdad.
El chico hizo una mueca llena de tristeza y se puso de rodillas hasta posar una mano en las piernas sin movilidad y sin sensibilidad de Sehun para acercar su rostro demasiado al de él, sus narices rozándose una vez más y chocando con suavidad cada vez que Luhan movía la cabeza de un lado a otro de forma perezosa, dando lo que se dominaba un beso esquimal. Un beso inocente que provocó una explosión cálida en el cuerpo de Sehun y a su corazón latir con potencia.
“Sehunnie, te extrañé tanto”. Finalizó y el menor ni siquiera pudo pensar en alguna palabra porque no tenía nada qué decir ante ese susurró lastimero en su cabeza.
*ੈ✩‧₊˚
Cuando Sehun despertó al siguiente día, estaba perfectamente acostado en su cama y no recordaba cómo llegó ahí. Los rayos solares se estaban asomando y estaba solo en la habitación.
Por un momento, cuando las imágenes de la madrugada llegaron a su cabeza, creyó que todo se había tratado de la obra de un sueño. Pero entonces, cuando se percató de los almohadones del asiento de la ventana desacomodados, y recordó dedos fríos, mirada oscura y voz suave, comprendió que había sido real. Tan real que él estaba un poco aturdido de nuevo.
Él no pudo volver a dormir y Jiyeon llegó horas más tarde, vistiendo ropa casual en vez de su uniforme; unos pantalones ajustados y un suéter grueso de lana. Ella lo miró con una sonrisa dibujada en sus labios y Sehun de pronto recordó la sonrisa del chico extraño y en cierto punto paranormal, e inexplicablemente su corazón se aceleró. Probablemente atemorizado.
— ¿Cómo dormiste anoche, Sehun-ah?
—…Creo que bien… ¿y tú?
—Hacía mucho frío en la noche. Realmente me gustaría dormir contigo en vez de yo sola —hizo un puchero infantil y se sentó en la orilla de la cama, recargando ambos brazos a los lados de las piernas del menor quien estaba sentado en la cama recargando la espalda en la cabecera acojinada de esta.
Sehun estiró su mano hasta acomodar un mechón de cabello de la chica detrás de su oreja y sonreírle a penas.
—No será cómodo ni para ti ni para mí. Es mejor así. —Ella suspiró con pesar y entonces se formó una sombra en la parte techada de la habitación detrás de la chica que sólo él pudo percibir.
Era la sombra de aquel chico, lo sabía.
Sehun con rapidez giró su rostro hacía la ventana pero no había nadie. Sus ojos vagaron por toda la habitación pero solo él y JiYeon se encontraban ahí. La chica lo miró extrañada y paseó su vista por toda la habitación al igual que el contrario, intentando comprender qué pasaba.
— ¿Sucede algo? —Sehun volvió a mirar la sombra aún ahí, sintiendo escalofríos pero negó con la cabeza, mirando una vez más a Jiyeon.
—…Nada —ella no lucía convencida con su respuesta, pero se estiró para besar a penas los labios de Sehun.
—Preparare el desayuno —él asintió —¿Lo subo o ba-…?
—Está bien, te espero aquí.
Jiyeon se levantó de la cama y caminó hasta salir de la habitación. Sehun se mantuvo viendo la sombra en el techo hasta que esta desapareció sin ninguna explicación, igualmente frente a sus ojos y el menor pensó en que realmente se estaba volviendo loco mientras tocaba su frente hasta que minutos más tarde, un grito aterrador se escuchó por toda la casa y cuando Sehun se percató de que provenía de Jiyeon, con rapidez se movió en la cama hasta alcanzar su silla de ruedas a un lado y se arrastró por la cama para subirse a ella.
Bajó la rampa de la segunda planta en la habitación y esquivó algunas cosas en la habitación como los muebles y el sofá para llegar a la puerta, y cuando estuvo a punto de abrirla, esta se abrió repentinamente y del otro lado apareció JiYeon con el rostro totalmente pálido y luciendo aterrorizada.
— ¿Qué sucedió?
—Allá… a-abajo… —se giró para ver hacia las escaleras totalmente desiertas —Sehun… —murmuró y sus ojos se llenaron de lágrimas para después tirarse en el cuerpo del contrario, abrazándose a su cuello y aferrándose a él en medio de temblores que convulsionaban su cuerpo —N-no sé… y-yo…
—Tranquila. —Él la abrazó y besó su espalda para tratar de tranquilizarla mientras la acomodaba de lado en sus piernas.
Jiyeon intentó hablar, pero su voz no salía hasta que minutos después, ella paró de llorar aunque su cuerpo seguía temblando. Sehun la mantuvo en sus piernas y la estuvo acariciando su cabello para tratar de reconfortarla. Ella lo miró un tanto avergonzada y esta vez, cuando intentó hablar, su voz salió demasiado aguda.
—Una sombra… apareció… —ella miró con desconcierto su propio regazo —Había una jodida sombra en la cocina Sehun —volvía a sonar alterada —…la vi perfectamente y cuando me giré pensando que se trataba del ahjussi que cuida la casa, no había nadie… entonces volví a girar y… ¡La jodida sombra seguía ahí! —Sehun la miró, de alguna forma comprendido su reacción y sintiendo escalofríos igualmente.
—T-tal vez…
—Luego de ello, la cacerola en el fuego se cayó al piso y el fuego de la estufa se extinguió… Sehun… y-yo…
—No te estás volviendo loca, Jiyeon. Trata de tranquilizarte —ella negó y se volvió a abrazar a su cuello, hundiendo el rostro en la curva —Tranquila, todo está bien.
Pero realmente no lo estaba.
Trató fuertemente de tranquilizarla a ella y a su propio corazón, manteniéndose así con ella sobre su regazo hasta que la palidez en su rostro bajó y lució menos aterrada.
—Sehun… ¿crees en los fantasmas? —soltó repentinamente y el menor tragó en seco ante la pregunta, mirando un punto fijo en la pared.
En el pasado él pudo haber respondido con seguridad que no, pero después de esa noche…
—La verdad… no lo sé. —Ella volvió a temblar en su lugar. —Pero… tienes que tranquilizarte, debe haber una explicación lógica y para nada paranormal ante todo esto. —Ella soltó un gemido de preocupación y él sonrió un poco. —Tranquila, realmente si existen los fantasmas, no creo que haya aquí.
—Eso no me ayuda en nada, Sehun…
—Tienes razón. Sólo olvídalo, los fantasmas no existen realmente. —soltó en medio de una risita tratando de convencerse de lo mismo a sí mismo.
La persona de la noche anterior… tenía que tener una explicación y fuera de lo paranormal. Sí.
Horas más tarde, la ajumma Kim fue a la casa, cuando la enfermera ya se encontraba más tranquila, y se mantuvo haciéndole compañía en el primer piso para preparar la comida. Sehun se mantuvo en su habitación y luego de unas horas, durante el atardecer, la sombra volvió a aparecer. Sehun sintió un escalofrío y su cuerpo tembló un poco, no obstante, buscó al chico por todo el lugar con la mirada sin dar realmente con él, más que con su pura sombra y nuevamente se preguntó qué carajos era ese chico.
Luego de la comida ya bastante tarde, a Sehun no le quedó más apetito como para cenar a pesar de sólo haber probado una sola vez bocado en todo lo día, por lo que le dijo a Jiyeon que esa noche dormiría sin cenar.
A Sehun le costó tranquilizar a la chica y hacerle creer que lo sucedido en la mañana había sido causado por el cansancio y bullicio del viaje y la mudanza. La chica al final estaba más tranquila y aunque Sehun intentó que la chica durmiera en su habitación, ella se rehusó y terminó acomodándose en el sofá amplió de la habitación. Jiyeon apagó el televisor alrededor de las diez y media de la noche, y luego se acomodó en el sofá, tapada con unas mantas y algo incómoda, pero sin deseos de pasar la noche sola en la habitación que había elegido para ella.
Fue alrededor de la media noche, a la misma hora que la noche anterior probablemente, cuando Sehun despertó. Al abrir los ojos y teniendo el rostro girado hacia la ventana, lo primero en ver fue al chico de la noche anterior parado en el asiento de la ventana y mirándolo fijamente. Sehun apenas tuvo tiempo de sufrir un respingo y cuando intentó soltar un jadeo por el susto, el chico se movió con una velocidad increíble hasta estar sobre su cuerpo para cubrirle la boca con la mano mientras lo miraba a los ojos.
“No grites, no hagas ningún ruido” escuchó la voz de la noche anterior, pero con un tono distinto en su cabeza. No era suave, se escuchaba enfadado.
Sehun se removió y quitó las manos del chico de sí mismo y al hacer contacto físico con Luhan se estremeció por lo helado que estaba el chico. Parecía no tener calor corporal y ser tan frío como el hielo. Sehun con cuidado y dificultad se sentó en la cama, arrastrando ambos cuerpos hacia atrás con Luhan encima de él (casi sentado en su regazo con las piernas a ambos lados de las suyas) hasta que su espalda se recargó en la cabecera. Lo miró a los ojos con los labios formando una línea recta e ignorando los escalofríos.
En el mejor de los casos, Sehun pensó que nunca más volvería a ver al chico. Pero claro, las cosas buenas no le pasaban a él.
“¿Qué haces aquí otra vez?” lo cuestionó. El ceño de Luhan se frunció muy marcado y su rostro mostró una expresión molesta.
“¡¿Quién es ella?!” incluso la voz en su cabeza le espetó enfadada. Sehun no lo entendió al principio hasta que Luhan se giró y miró con molestia a la chica profundamente dormida en el sofá. Luego volvió la vista a Sehun “¿Quién es y por qué permites que te bese?”
En primer lugar… Sehun no supo qué responder.
Miró sobre el hombro del chico, inclinándose un poco a su izquierda para ver a Jiyeon y luego volvió la mirada a los ojos de Luhan.
“No debe interesarte…”
“Lo hace cuando ella te abraza y besa” Luhan con molestia posó sus dedos sobre los labios contrarios, restregándolos y mandando escalofríos al contrario por lo helado que era.
“¿Estuviste aquí durante el día?” Luhan no contestó, bajó la mirada a los labios contrarios y Sehun se vio obligado a, con un dedo, levantar el mentón del mayor para verlo a los ojos. “Tú la asustaste ¿Cierto?” Luhan se encogió de hombros.
“Tal vez…” las manos del mayor descendieron por el pecho contrario y se posaron en un lugar en específico de este. “Tu corazón… está latiendo muy rápido” Sehun tomó las muñecas del chico y lo alejó de él.
El calor inexistente del otro era anormal, pero ya en ese punto, Sehun sabía que el chico no era normal.
“¿Qué eres?” Sehun negó “¿Eres un fantasma?” Luhan primero lo miró confundido y después le mostró una sonrisa divertida, tomó las manos de Sehun y las acercó a su cuerpo para que lo tocara.
“¿Me siento como un fantasma?” Sehun no pensó en nada, pero definitivamente Luhan no sé sentía como uno. O bueno, eso pensaba, él nunca habia tocado a un fantasma. Lo que sólo era verdad, el tipo era demasiado frío. “Soy mejor que un fantasma” sonrió y acercó su rostro más al de Sehun “Soy un vampiro.”
Sehun no sabía qué pensar, pero lo más sorprendente era que esa noche, cuando la luna estaba en su forma creciente, él no sentía ningún tipo de miedo por la situación o por Luhan. Sólo era… sentía demasiada incredulidad.
“No la vuelvas a tocar…” le advirtió el menor
“¡No la toque!” espetó.
“No la vuelvas a asustar.”
“Todo estará bien si ella no te besa.”
“¿Por qué?” Luhan bajó su mirada, acercando más su cuerpo al de Sehun y luego mirándolo de forma desanimada.
“Porque cuando la besas… mi corazón muerto duele…”
Sehun no lo entendió y no trató de entenderlo esa noche. Luhan se acercó de nuevo de manera parsimoniosa hasta que sus narices se rozaron y repitió lo de la noche anterior, movió su cabeza de un lado a otro de forma tranquila, provocando roces en sus narices, choques suaves e íntimos. Esta vez, Sehun intentó detenerlo y alejarlo cuando el chico cerró sus ojos, pero la mano helada de Luhan detuvo la suya.
—No… —su voz suave y susurrante, escuchándose igual que en su cabeza pero más melodiosa sonó en sus oídos está vez. —Desee mucho esto, por favor, no me detengas. —El pecho de Sehun comenzó a subir y bajar con intranquilidad, casi de manera errática —Sehunnie~ cuando la luna llena aparezca vendré a ti también y hasta entonces, te haré condenadamente feliz, tan feliz que entonces solo me verás a mí y a nadie más. —El chico sonrió de manera amplía y abrió los ojos para mirar los contrarios.
Sus palabras supieron a promesa, y luego de ello, sus propios labios supieron a calma.
Sehun lo miró con expectación y el corazón latiendole de manera errática por alguna razón, y por la sorpresa en el rostro del chico, sabía que este incluso podía escucharlo. El mayor suspiró y posó una de sus manos en el lugar donde su corazón se resguardaba para después inclinarse hacia su cuerpo y esta vez no sólo darle un beso esquimal, sino también rozar sus labios fríos pero suaves sobre los otros cálidos.








