Matrimonio

Summary

Un matrimonio no deseado y muchos problemas en medio.

Status
Ongoing
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1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Compromiso

Ellos eran unos niños de apenas ocho y catorce años, presos de sus deberes. Hinata Hyuga, la heredera del clan Hyuga mientras que Itachi Uchiha heredero, hijo del cabeza del clan. Era extraño ver a estos dos clanes convivir sin disputas por terreno o poder sobre la aldea de Konoha, ¿a que vendría esta reunión tan desprevenida?


  —Fugaku Uchiha —la voz del Hyuga mayor sonaba severa y para nada amigable, no buscaba entablar una relación amistosa con el Uchiha, eso estaba claro.


  —Hiashi Hyuga, ¿a que se debe este honor? Normalmente suelen avisar algunos de tus sirvientes de una reunión, pero, parece ser que este no es el caso —el Hyuga sonrió con sarcasmo, parecía pensar en algo que no dudaría en decir.


  —Estoy consciente de tu golpe de estado, es una total locura —decía sacando una pequeña carcajada mientras bajaba la cabeza buscando recomponer la compostura—, pero, debo de admitir que alguno de mis consejeros más viejos me habían propuesto antiguamente la idea de hacer un golpe de estado, sin embargo me negué numerosas veces, es un peligro que no quiero correr. No podemos olvidar que el Hokage tiene poder, ambus y jonnin a su disposición, me pueden arruinar con una simple orden.


  —¿Porqué sacas está conversación? —Fugaku no pudo evitar sospechar, no tenía sentido lo que decía, ¿qué le importaba a él lo que haría? Justamente eso odiaba del Hyuga, se creía el ser más sabio de toda Konoha y no solo eso, creía ser el clan más poderoso, eso lo ponía de los nervios—. Me parece que, es una conversación que las personas involucradas solo deben sacar a flote.


Era verdad, no podía negar tales palabras, él no era un Uchiha y daba gracias a eso, siempre se sintió inferior por tener el byakugan. Su padre no podía evitar alabar ese codiciado sharingan, pero, aprendió a darle su importancia a su ojo. Nada se le podía escapar con esos ojos perla, todo se transparentaba ante él. Estaba orgulloso, tampoco tenía porqué temer del ojo del clan enemigo, si no mal recordaba, solo habían dos prodigios vivos en el clan Uchiha. Fugaku trataba de hacer que su hijo menor fuese una copia exacta de su hijo mayor, pero, nunca tenía éxito.


  —Planeo, un compromiso —dijo el viejo con una sonrisa algo maliciosa. La reacción de Fugaku fue una total sorpresa.


  —¿Compromiso? Supongo que uno matrimonial. No me digas que, estás tratando de deshacerte de tu heredera. —Le dio en el clavo, Hiashi solo se quedó callado, quería evitar dar una imagen de un mal padre— Corre el rumor de que el cabeza del gran clan Hyuga está descontento con el sexo de su heredera y trata a toda costa alejarla de su familia, ¿es eso cierto?


  —Veo que no se puede confiar en los aldeanos, son muy chismosos.


  —Veo que estoy en lo cierto. Puede ser que yo sea un hombre pesado con mi hijo menor, pero ella es la heredera —Hiashi negó con la cabeza mientras soltaba un suspiro—. ¿No? ¿A qué te refieres?


  —Se sabe bien que los herederos de los clanes más importantes suelen entrenar para ser dignos de sus puestos. Hinata suele entrenar en el dojo con su primo Neji Hyuga, el prodigio del clan. Puedo admitir sin vergüenza que siento envidia de mi hermano, que en paz descanse. Si Neji fuese mi hijo no tendría ni la mínima preocupación de hacerlo a esta corta edad, en la cabeza del clan. —Negó con la cabeza para volver a hablar— No nos desviemos del tema. Hinata no es capaz de darle ni un simple roce, es más, en sus peleas con su hermana menor de 3 años no quiere ni entrenar, pues dice "temer hacerle daño". Es una blanda y una inútil, si la única manera de sacarla de mi vida es ofreciendo su mano en matrimonio, estaré más que contento.


  —¿Y porqué acudes a mí?


  —Quiero, que tu hijo mayor sea el prometido de mi hija. —Fugaku no se hizo esperar para pararse del susto—. Y antes de que te niegues tengo una increíble propuesta. Bien se sabe que al tener un hijo aquel niño obtiene los genes de su padre o madre, por lo que apartir de ellos podría salir un sharingan o byakugan, pero imagina, ¿y si ambos kekkei genkai se juntan y forman uno nuevo? Nadie podría tener alcance a ese poder excepto nosotros dos. Solo piénsalo, ese ojo podría hacer miles de cosas, y no solo eso por si le parece poco, el niño sabría tanto las técnicas mortales de mi clan y del tuyo —Fugaku montó en una gran emoción ante tales palabras. Era cierto, un nuevo kekkei genkai, nuevos poderes y técnicas. Pero, aún así estaba comprometido en hacer aquel golpe de estado en unos meses. Fugaku volteó a ver a su esposa en busca de aprobación y respaldo. Mikoto le observó con el ceño fruncido, era una madre, una que cuidaba a sus hijos y meter a su hijo mayor en un compromiso de matrimonio a tan temprana edad no le gustaba. Itachi era tan joven, solo tenía catorce años.


  —¿En serio es lo que quieres para tu hijo? ¿No planeabas hacerlo Hokage?


  —Aveces los planes cambian para mejor—. Fue lo ultimo que dijo para dejar en claro que su avaricia crecía cada vez más. Con un último suspiro Mikoto salió del salón, no podría, no quería ser testigo de como entregaban a su hijo mayor a una pequeña niña por la simple avaricia de dos hombres.


Ambos hombres se miraron con fulminantes ojos, no se agradaban pero si querían ese poder debian convivir sin peleas ni disputas. A regañadientes Fugaku aceptó aquel contrato que beneficiaba al patriarca de los Hyuga. No solo podría tener un nieto competente, también se liberaría de su inútil hija. Era un dos por uno en toda regla. Aún recordaba aquel día, el día de su nacimiento.

Un 27 de diciembre nació el tan esperado heredero del clan Hyuga, pero al parecer todo fue en su contra aquel día. Hiashi estaba tan emocionado que hasta se le olvidaba como respirar, pero, al ver a una niña quedó totalmente en shock. No esperaba tener una heredera femenina, no lo aceptaba, pero, ver a su esposa tan contenta con el resultado lo hizo pensar un poco. Aún que no fuese un hombre podría criarla con un carácter fuerte, uno digno de un heredero, sin dudarlo mucho asintió con la cabeza para alzar a la cria en sus brazos.


  —Hinata Hyuga —decía su esposa con la respiración algo cansada—, ese es su nombre, Hinata Hyuga.


  —Hinata Hyuga —repetía mirándole con un poco de decepción y amor. Su esposa estaba tan contenta de tener a una niña, era justamente lo que deseaba, una niña a la que criar como toda una señorita. La emocionaba saber que tendría una relación madre e hija como nunca la tuvo, en el caso que hubiera salido niño, tampoco lo habría despreciado, lo habría amado y cuidado. Le habría educado como todo un caballero, estaría orgullosa de sus logros.

Un poco más calmado, Hiashi soltó un suspiro. Ya habían pasado tres años desde que nació y ella todavía no conseguía formarse como una buena heredera. Sabía perfectamente que su mujer le educaba como una niña bien portada, bondadosa y cariñosa, pero, eso no le servía. Neji era preciso, directo, fuerte y decidió, ¿tanto le costaba a su mujer educar así a su hija? Pero un así, Neji, su sobrino, siempre estuvo encantado con la dulzura y belleza de su hija. Su pequeña heredera era sinceramente un encanto, mas no podía depender de su belleza. Era idéntica a su mujer y eso le gustaba, por algo estaba casado con ella. Sus cabellos de un color azabache y sus aperlados ojos -aunque todos en el clan los tuviesen-

esa combinación de colores era perfecta, su piel tan blanca como la nieve y su dulce y tierna voz. Si, la heredera no carecía de belleza y elegancia, pero, su personalidad no era la que él deseaba.


  —Bien, tenemos un trato, espero seas capaz de cumplirlo.


  —En caso de que no lo haga simplemente toma con tus manos mi miserable vida —miserable, si, eso dijo, aveces el victimizarse daba una buena imagen—. ¿Es todo o deseas hablar de algo más?


  —Si, verás tengo una propuesta para ti. Ya que Hinata e Itachi serán esposos en un no tan lejano futuro, creo que deberían conocerse. Es decir, que mi hija viva junto a su próximo marido —Fugaku lo pensó detenidamente, ¿una boca más que alimentar? Siendo sincero él era lo bastante rico como para importarle tener otra cría en su hogar, aparte, Mikoto tendría que cuidarla, no él. Encogiéndose de hombros asintió con la cabeza—. Perfecto —volteó hacia atrás para llamar a uno de sus sirvientes—. Traigan el contrato. —el sirviente rápidamente se puso de pie para salir del gran salón en busca del pergamino, en pocos minutos volvió con el pergamino en mano. Cuidadosamente se acercó a los patriarcas de tan prestigiosos clanes. Al poner el pergamino sobre la mesa les dió una pluma con tinta a cada uno para que pudieran escribir sobre él sus firmas.


Ambos herederos del clan Hyuga

y Uchiha serán esposos cuando

Hinata Hyuga cumpla los dieciocho años,

entonces Itachi Uchiha tendrá veinticuatro.

Este contrato es realizado por

pedido de Hiashi Hyuga con el

propósito de obtener un gran kekkei

genkai al combinar los anteriores

de ambos clanes.

Si uno rompe este contrato,

quedándose con el hijo egoístamente

se tomará la vida del patriarca y del

hijo o hija de este.


Ambos firmaron aquel contrato con ciertas dudas. No estaban seguros de que el contrario fuese a cumplir con la simple regla de no llevarse al niño con fines egoístas. Pero, Fugaku trató de no pensar mucho en eso, pues ya estaba más ocupado con el golpe de estado. Sentía que sería capaz de todo si tenía a su hijo mayor a su lado, quién, apesar de tener solo catorce años, ya estaba en Anbu. Si él le ayudaba, su victoria estaba más que asegurada. Con un último suspiro se puso de pie, no esperando más palabrería del Hyuga, quién al parecer tenía otros planes.


  —Fugaku, no te olvides de que mi hija vivirá contigo. Pienso que un sirviente podría entregartela mañana por la mañana, ¿estás de acuerdo?


  —Si —respondió secamente.


  —Eso está bien, no, más que bien —decía con algo de alegría. Fugaku se sintió, ¿asqueado? Él no era amante de pasar tiempo con su hijo menor, pero, no buscaba deshacerse de él con contratos tan estúpidos e inmorales como ese. Con la última palabra, el Uchiha salió del gran salón, ya eran altas horas de la noche y no queria seguir lidiando con estas cosas, sinceramente para él era una perdida de tiempo enorme.


Al llegar a su casa observó a Mikoto quien estaba en la cocina hablando con su hijo mayor, quien, afortunadamente no tenía que trabajar esa noche con sus compañeros anbu. Ella parecía mirarle preocupada, pero como siempre, Itachi sostenía la mano de la mujer buscando su tranquilidad. Fugaku esperaba con todo su ser que su esposa no hubiera contado a Itachi todo sobre que quería meterlo en el golpe de estado, sabía que su esposa no estaba de acuerdo con él y eso lo enfurecía, era su esposa por un demonio. Ambos Uchiha voltearon a ver a Fugaku al escuchar la puerta corrediza abrir y cerrarse. El semblante de Itachi era serio, normalmente era así cuando estaba Fugaku. La relación padre e hijo no era muy cálida que digamos, pero tampoco tan mala como la de la heredera Hyuga y el patriarca del clan. Al tener eso en la cabeza Fugaku apretó los puños, no debería estar así por aquella mocosa, pero, no podía evitar sentir pena, ¿como la estaría pasando aquella niña? Si no mal recordaba hace poco había muerto su madre. Fue una gran perdida para el clan, pues era la matriarca del clan, es más, escuchó ciertos rumores acerca de que la Hyuga nunca usó aquel tan odiado jutsu que hacía que los de la segunda rama sufrieran por marca en su frente. Era amable con los sirvientes y una estupenda madre y mujer, al menos, eso decían.


  —Itachi, llegas temprano —su voz no parecía muy emocionada, pero en el interior lo estaba. Quería a su hijo, demasiado y verlo en casa lo hacía feliz, pues tanto él como su hijo estaban sumergidos en sus trabajos.


  —Padre, ¿cómo se encuentra?


  —Bien, espero que también lo estés Itachi. ¿Estuviste entrenando con tu primo Shisui? —Itachi asintió con la cabeza sin expresar el mínimo sentimiento—. Itachi, tenemos que hablar, Mikoto por favor, sal.


...


  —¡P-padre! —la pequeña niña soltaba un chillido ante tales palabras, ¿era esto un tipo de broma? Si ese era el caso, no hacía ninguna gracia.


  —No me hables con ese tono de voz. Está decidido y así será. Si no puedes hacer bien tu rol como heredera, Hanabi se ocupará de eso —agachando la cabeza en un acto de sumisión dijo:


  —Si, padre —su voz que sonaba apagada, calló. No podía creerlo, simplemente no podía ser verdad, ¿comprometida, con ocho años? Esto era mucho para procesar, demasiado en su opinión. Necesitaba a su madre, alguien que la apoyara en aquél momento tan duro, habían ofrecido su mano sin el consentimiento de ella, a una edad que no quería estar comprometida. Esa tarde, las nubes parecieron llorar desconsoladamente, pues las gotas de agua caían sin cesar y con furia. La pequeña Hyuga, se preparaba para ir a el cementerio junto con Hanabi y Natsu, quienes querían visitar a la anterior matriarca del clan. Neji, también quería ir, pero, su padre lo retuvo, con la excusa de tener que entrenar, Hanabi, casi también es retenida pero por suerte le dió la libertad de ir al cementerio.


  —Señorita Hinata, señorita Hanabi, ¿están listas? —ambas niñas asintieron con la cabeza. Hanabi por instinto agarró la mano de Hinata, pues era su figura materna, al igual que Natsu—. Hace ya un mes murió la Señorita Hyuga, pero, el señor Hiashi no hizo más que presionar a ambas a entrenar, estoy segura que la señorita Hyuga le reprendería por ese comportamiento. -decía con un tono algo enojado y disgustado.


  —No diga eso Natsu, padre no lo hace por mal. Sé perfectamente que soy la heredera, debería ser dura y de carácter fuerte, como cualquier heredero, pero, recuerda que mi madre fue la que me educó, ella me crío como una niña buena y sensible, por eso ahora mi padre está poniendo mano dura conmigo. Solo quiere que yo sea una heredera ejemplar. —Natsu soltó un suspiro para negar con la cabeza, su señorita era muy amable hasta con el ser más malo.


  —Mi hermanita mayor es muy buena. —hablaba con cierta dificultad, pues seguía siendo una niña de tres años. Hinata solamente apretó un poco la mano de Hanabi, si, ella la amaba, con toda su alma. Su madre, Hanabi y Neji eran las únicas personas que de verdad amaba con todo su corazón, bueno, había cierto rubio, pero ahora que se encontraba en un compromiso no podía pensar en nadie más que su futuro esposo.

Al recordar aquella noticia bajó la cabeza entristecida. Ahora que lo pensaba bien, ni siquiera sabía quién era, pues si padre simplemente le había dicho que era un Uchiha, quizás sería el Uchiha que se encontraba en su clase, ¿cómo era su nombre? ¿Sosuke Uchiha? No lo recordaba bien. Algo que sí recordaba era que él odiaba a todas las niñas, absolutamente todas, pues le asfixiaban con todos esos regalos que le hacían, sin olvidar que la mayoría de ellas se dejaban crecer el cabello porque a él le gustaba. Algo perdida en sus pensamientos llevo su mano a su corto cabello. Ella lo tenía así por el simple hecho de que se le hacía más cómodo a la hora de entrenar. Su cabeza estaba inundada de dudas y pensamientos sobre aquel matrimonio no deseado, al estar tan sumergida en su cabeza no se dió cuenta de que ya habían llegado a su destino.


La Hyuga menor corrió hacia la tumba de su madre. A Hanabi no le dolía tanto, pues, ella no pudo conocer bien a su madre. Hanabi hace poco cumplió tres años y recién ahora empezaba a tener buena memoria, pocos recuerdos tenía de ella junto con su madre. También, debía recalcar que su padre la mantenía en el dojo, entrenando día y noche por lo que no tenía tiempo para la Hyuga mayor y, pocos días después de su cumpleaños su madre desfalleció debido a una enfermedad, no recordaba cuál era, pero su hermana mayor le dijo que su querida madre se encontraba muy enferma y debil y por eso, murió.


  —¡Mami, hola! —decía con evidente emoción, a pesar de que no estuviese con ella, sabía que la observaba y la escuchaba—. Mi hermana mayor te trajo unas hermosas flores, ¡ven Hinata! —le llamaba exaltada. —muéstrale las flores a mamá. —Hinata se acercó con un paso ligero y tranquilo a la tumba que tenía la foto de una mujer de cabellos largos y de un color azul marino, como él de Hinata. La sonrisa de aquella mujer era tan bonita y tierna, su cara parecía de un ángel, lastimosamente tuvo que irse.


  —Hola madre, ¿cómo estás? Espero que esté bien. Natsu nos acompañó a mí y a Hanabi esta vez. Hanabi parece realmente feliz de verte, solo piensa en darte estás flores —extendió sus brazos hacia delante con un ramo en sus manos. Era una combinación de margaritas, jazmín, dientes de león y unas lilas, ese ramo fue el favorito de Hanabi al ir a la tienda Yamanaka.


  —Hola señorita Hyuga, no sabe cuánto la extrañamos en la mansión, ¡si tan solo viese cómo llora el querido Ko! Ese hombre es sensible, pero, amable. —sus mejillas se pintaron de un color rojizo debido al frío y a las lágrimas. El invierno estaba en su cenit, sus ropajes al igual que el de las Hyuga menores, eran holgadas y de la mejor calidad, esas telas las protegían del infernal frío—. Esperamos que esté descansando bien, yo, personalmente me encargaré de cuidar a sus hijas, aún que Ko no me deja estar muy cerca de la señorita Hinata, es muy sobre protector ella. Parece más una figura paterna que su fiel sirviente, supongo que eso está bien, no puedo opinar pues yo me comporto como una madre con Hanabi.


  —¡Natsu, hace mucho frío, vámonos a casa! —Natsu no pudo negarse ante la petición de Hanabi.


  —Enseguida señorita Hanabi —volteó otra vez a ver la tumba para sonreír con calidez—. Hasta pronto señorita Hyuga. —Hinata las vio irse, Natsu al notar que le falta la heredera del clan llamó su atención, la jovencita le dijo que tenía que hablar unas cosas con su madre e iba lo antes posible.


  —Madre, tengo que contarte tantas cosas. Mi hermano Neji está enojado conmigo, eso creo, no me dirige la palabra y cuando lo hace de su boca no salen más que palabras crueles, oh Neji, hermano, se que pasas por la perdida del tío Hizashi, es doloroso para mí también, "tú tienes la culpa señorita Hinata". Recuerdo bien esas palabras y la razón no le hace falta, por mi culpa mi tío se sacrificó en nombre de mi padre, por mi secuestro y el asesinato al lider de una aldea. —suspiró con dolor, amaba tanto a su primo que prefería creer que todo se debía al estrés de los entrenamientos—. No solo eso, al parecer, padre me comprometió con un Uchiha, él dice que es por el bien del clan y por mi reputación. Lo sé, es una locura, todavía no estoy lista para casarme. Madre, prométeme que me acompañaras en este largo y duro viaje hacia el futuro, mi futuro como la esposa de Sasuke Uchiha —¡Bien! Se había acordado de su nombre a la perfección.


Si, Sasuke sería su esposo, no le cabía duda. Con esa idea en la cabeza Hinata dejó la tumba de su madre atrás, con el ramo sobre ella.