Capítulo 001.
Penélope mira el cielo y piensa, ¿Cuándo podré irme de aquí?. Había llegado cuando tenía once años, y desde que llegó, su vida fue un infierno, uno que no le deseaba a nadie.
Tenía once años, cuando un hombre llegó de la nada, al comienzo no lo reconocía, hasta que pronto lo recordó, ¡Había sido el amable hombre que le dio dinero! Ya no le había dado comida, lo que creyó que fue una buena suerte, pero comprendió tarde que haber recibido aquel brillante objeto, había sido su peor error. El hombre había llegado un día, dándole la mano y llevándolo con él, había sido muy confuso, ¡No podía creerlo! Pero de pronto, estaba siendo presentada como una Eckhart.
Nunca lo entendió, el hombre había mencionado a una niña llamada Ivonne, por lo tanto, ¿Por qué la buscaba a ella? Había sido complicado, pero no fue nada, lo que tuvo que pasar.
Llegar al ducado fue un problema, los hijos del duque la llamaron impostora, y aunque podía notar el odio y el asco en las sirvientas, ninguna de ellas podía hacer algo, no cuando el propio duque la señaló como su hija.
Todo había estado bien por un tiempo, tres de sus tutores fueron buenos con ella (a diferencia de los demás) y como ella ya sabía escribir y leer aunque fuera un poco, comenzó a llevar un diario, donde anotaba todo lo que aprendía y las cosas que le ocurrían.
Fue durante los fuegos artificiales del aniversario del imperio, cuando; con su total inocencia, Penélope suplico no perder su lugar en aquella nueva casa, suplico, que aunque Ivonne volviera, no la regresarán a ella a la calle, lastima que Reynold Eckhart entendió todo mal.
—¡Fue ella!— había gritado en algún momento, tomando por sorpresa a Penélope, quien se hallaba jugando con una muñeca que el duque le había regalado. — ¡Ella robó el collar de Ivonne! ¡Yo la vi!
—¿Qué?— había preguntado sorprendida ella, pero nadie la escuchó
Intentó decirle al duque que ella nunca había entrado a esa habitación, sabía que era importante para él que el recuerdo de su hija perdida no se desvaneciera, pero ella no había hecho nada malo, ¡Había estado todo el día en el jardín con la condesa Michelle! Pero nadie la escuchó y pronto, su vida (un poco tranquila) desapareció.
Los ataques a sus personas comenzaron, insultos velados por parte de las sirvientas, los gritos de furia del segundo hijo, las miradas frías (y extrañas) del primer hijo y finalmente, el trato frío del propio duque, su único consuelo fue que sus tutores, los condes Michelle y el barón Brigham la seguían tratando con cariño.
En esos momentos, mientras observa por la pequeña ventana que hay en su dormitorio, suspira y siente las ganas de llorar. Tiene que abstenerse de hacerse bolita y llorar en el frío suelo de la habitación.
Quiere irse, necesita irse, ¡Ya no puede estar ahí!
—Por favor, que alguien me ayude— pide en voz baja, a nadie en concreto —Seré buena, seré buena niña... Por favor
No sabe si hay alguien capaz de escuchar sus súplicas, algún dios que se apiade de ella, tal vez, incluso aquella diosa a la que sus padres rezaban cuando aún vivían.
—Sígueme— dijo de pronto una suave voz —Ven, hija de la magia, hija del murciélago
Curiosa, Penélope sigue el llamado. Sus pantorrillas, misma que tiene heridas infligidas por el ama de llaves, goteando un poco de sangre, pero no le importa. Sigue la voz, suave y hermosa, era como el canto de una sirena.
—Ven, hija de murciélago... He de cumplir tu deseo— dice nuevamente la voz
Pronto, entre los frondosos árboles del ducado, justamente donde está el agujero del tamaño de un animal pequeño, Penélope sale. No hay nadie por ahí, así que sigue aquel canto.
—Ven cariño— vuelve a escuchar
Ahí, entre dos enormes árboles, una pequeña esfera de luz la espera, tan brillante como la luna, como un destello de esperanza para ella.
—Te llevare a un nuevo hogar
Y Penélope de trece años, no duda y toma la esfera en sus manos. Siendo envuelta por el mismo, dejando atrás a lo que por poco tiempo llamó hogar o infierno.
Selina Kyle tenía un extenso historial de robos en su vida, y ciertamente, se enorgullece de ellos. Desde los años que comenzaron, hasta ahora, podría decir que su ojo crítico se volvió más que perfecto y pronto, podía reconocer cuando una joya era preciosa, perfecta y exquisita, hasta ser una posible falsificación.
En esos momentos, mientras salía del almacén de unos pobres diablos que habían sido robados por ella, algo llama su atención, era un destello blanco, como un destello y se acerca al callejón.
Puede ser un movimiento tonto y arriesgado para alguien que vive en Gotita, la ciudad donde el crimen nunca duerme y hay un maldito payaso loco suelto por ahí. Sus zapatos, puntiagudos y útiles para poder herir a las personas que no sean de su agrado, hacen un suave eco. El callejón a donde va a ingresar es solo una invitación a las peores acciones, violación, secuestro u homicidio, pero ahí hay algo, o alguien.
Prepara sus garras, está lista para saltar sobre quien fuera que estuviera ahí, pero el brillo que se había apagado, se vuelve a presentar, tan fuerte que la aturde bastante y pronto, ahí, en el suelo hay un cuerpo pequeño y el mundo de Selina se detiene.
Es una niña, una hermosa niña a decir verdad. Tenía el cabello oscuro (no podía verlo muy bien en la oscuridad) la pequeña, muy pequeña, vestía una enorme y exagerada cantidad de tela, y no llevaba un zapato, por lo que podía ver su pequeña calceta, aunque no sabía si era blanca o de qué color era. Selina sabe que no puede dejarla ahí, será una presa fácil para todos los pervertidos y depravados de Gótica, por lo que con cuidado la tomó en sus brazos y se preocupa.
Es muy liviana, no pesa, era como si la niña nunca hubiera tenido una comida adecuada, teme que haya sido víctima de negligencia, por lo que se apresura a volver a su hogar, necesitaba ponerla a salvo.
Cada tejado de brincaba, cada callejón que atravesaba, era solo un respiro, pronto volvería a su casa, podría a la niña a salvo, solo tenía que evitar a cierto murciélago y su pajarito brillante.
Cuando llega a casa, Selina puede respirar con calma, el corazón, que parecía latir a un ritmo preocupante, se vuelve tranquilo, está en casa, nada malo va a pasar y cuando enciende la luz, siente la satisfacción correr por sus venas, cuando nota que...
1.- No falló en su predicción de que era una niña muy pequeña
2.- Era la niña más hermosa que había visto, de hecho, sentía que ciertas facciones de su rostro ya las había visto.
3.- Aquel vestido era demasiado grande y elaborado para un cuerpo tan pequeño.
4.- La niña poseía marcas de golpes y tortura, esto último, le causo ciertas nauseas
Con calma, y nerviosa, le pone ropa cómoda, siendo simplemente una camisa grande que ocupaba en casa para estar cómoda y soltaba su cabello de aquel elaborado peinado que poseía.
Curó las heridas de sus pantorrillas, y las vendo, tal vez, con algo de suerte, mañana podría obtener un poco más de información, mientras tanto, mantendría a la niña con ella.
—Bienvenida a Gotham, gatita— susurró, observando desde su ventana el cielo oscuro y nublado, notando desde la distancia cierta figura brincando los techos.


![The Moon's Weapon : the cursed mate [ MOVING TO GALATEA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_123f31099804e79c6de11657975bcaae.jpg)




![Werewolf Hollow [GALATEA DATE TBA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_76bbf380fa2e8dc2f70694197487ab81.jpg)
