Cicatrices del Corazón

Summary

Historia katsudeku, puede que solo sea de un capitulo Izuku version mujer Portada hecha por mí Créditos de la imagen a su respectivo creador/a Contenido delicado Inicio:26/9/24 Finalizado:26/9/24 Publicado:27/9/24

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo Unico

Izumi Midoriya siempre había sido una chica reservada, una joven con el corazón lleno de sueños, pero sin la confianza para compartirlos con el mundo. Aunque era brillante y amable, siempre se había sentido apartada. No era que no tuviera amigos, pero ninguna de sus relaciones llegaba a lo profundo de su ser, hasta que conoció a Katsuki Bakugo.


Todo comenzó como una coincidencia, un simple mensaje en un foro de héroes donde Izumi compartía algunas teorías sobre Quirks. Katsuki, intrigado por la precisión de sus análisis, le respondió, y así, poco a poco, comenzaron a hablar. Al principio, solo eran conversaciones sobre héroes, estrategias y Quirks, pero con el tiempo, las charlas se volvieron más personales. Katsuki, con su actitud ruda y directa, le contaba sobre su día a día, sus frustraciones en la escuela de héroes y lo difícil que era ser siempre el número uno. Izumi, por su parte, compartía sus propias inseguridades, las expectativas que su madre y sociedad tenían sobre ella, y cómo a veces se sentía aplastada por todo.


El tiempo voló, y sin darse cuenta, se hicieron inseparables, aunque todavía no se habían conocido en persona. La distancia física no importaba; sus corazones ya estaban conectados. Tras meses de hablar día y noche, Katsuki propuso un encuentro. Izumi, nerviosa pero emocionada, aceptó. Se encontraron en un café modesto en el centro de la ciudad.


Al verla entrar, Katsuki sintió un nudo en el estómago. Izumi no era la chica más imponente, pero había algo en ella que lo atrapaba. Su cabello verde esmeralda, sus ojos grandes y brillantes, su sonrisa tímida... todo en ella irradiaba una calidez que Katsuki, acostumbrado a la agresividad y a la competencia, no había experimentado antes.


Pasaron horas hablando, riendo, compartiendo miradas cómplices. Al final del día, Katsuki la tomó de la mano, mirándola a los ojos como si estuviera a punto de decir algo importante. 


— Quiero intentarlo —, dijo con su típica brusquedad. Izumi, ruborizada, asintió. A partir de ese día, eran novios.


Los meses siguientes fueron como un sueño. Aunque ambos estaban ocupados con sus responsabilidades como héroes en entrenamiento, siempre encontraban tiempo para hablar, verse y apoyarse mutuamente. Katsuki, a pesar de su naturaleza explosiva, era sorprendentemente atento y cariñoso con Izumi. Era su refugio, su roca en los días difíciles, y ella era la luz que lo guiaba cuando las cosas parecían complicarse.


Sin embargo, con el tiempo, las cosas comenzaron a cambiar. Después de un año juntos, Izumi descubrió que estaba embarazada. Fue un shock para ambos. Aunque Katsuki se esforzó por mantener la calma, estaba claro que la noticia lo había sacudido. No era algo que esperaran, y aunque amaba a Izumi, la idea de ser padre tan pronto lo asustaba.


Al principio, trataron de lidiar con la situación juntos. Izumi estaba emocionada, aunque nerviosa, por lo que estaba por venir. Katsuki, por otro lado, comenzó a distanciarse. Las responsabilidades como héroe, la presión de la sociedad y el miedo al futuro pesaban sobre él. Poco a poco, sus conversaciones se volvieron tensas. Ya no eran los mismos.


Las discusiones comenzaron a aumentar. Katsuki, con su temperamento volátil, a menudo gritaba y se alejaba, mientras que Izumi, tratando de ser fuerte, intentaba hablar con él, pero cada intento solo empeoraba las cosas. Empezó a sentir que ya no lo conocía, que ese chico con el que se había enamorado había cambiado.


Un día, tras una discusión especialmente fuerte, Katsuki explotó.— ¡No puedo más con esto, Izumi! ¡Esto no es lo que quería para mi vida! —gritó. Sus palabras, afiladas como cuchillos, perforaron el corazón de Izumi. Intentó calmarlo, pero él no la escuchaba.— ¡Ya no puedo más! ¡Necesito espacio! —


Izumi, con lágrimas en los ojos, lo dejó ir. Esa noche, no durmió. El dolor de la separación, el estrés del embarazo y la incertidumbre la aplastaban. Al día siguiente, recibió una noticia devastadora: Katsuki había comenzado a salir con alguien más. Era demasiado para ella. Su corazón, ya frágil, se rompió en mil pedazos.


No mucho después, mientras Izumi estaba en casa, comenzó a sentir un dolor punzante en su abdomen. El miedo la paralizó. Cuando llegó al hospital, ya era demasiado tarde: había sufrido un aborto espontáneo. La pérdida del bebé, combinada con la ruptura reciente, la hundió en una profunda depresión.


Días, semanas y meses pasaron, y el mundo de Izumi se volvió gris. Apenas comía, apenas hablaba. Su vida, que antes estaba llena de promesas, ahora estaba vacía. Las noches eran las peores; se quedaba despierta, pensando en lo que había perdido: a Katsuki, al bebé, a sí misma.


Katsuki, por su parte, aunque intentaba seguir adelante, no podía sacarse a Izumi de la cabeza. Cada vez que la veía, cada vez que escuchaba su nombre, sentía una punzada de culpa. Sabía que había actuado mal, que la había dejado en el peor momento, pero no sabía cómo enmendarlo.


Un día, decidió visitarla. Cuando llegó a su apartamento, la encontró sentada en el sofá, con los ojos vacíos. No era la Izumi que había conocido. Se arrodilló frente a ella, sintiendo el peso de sus errores.


—Lo siento, Izumi —murmuró, su voz rota. Izumi lo miró, sus ojos llenos de dolor.


—Ya no importa, Katsuki —respondió en voz baja. Aunque su tono era suave, sus palabras eran devastadoras.


La conexión que alguna vez habían compartido parecía irremediablemente rota. Aunque ambos seguían amándose, el daño estaba hecho, y las cicatrices que dejaron las palabras no podían borrarse.