Insomnia

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Summary

No te duermas, bajo ningún concepto..... jamás debes dormirte mientras juegas con él. Era la única regla de aquel bizarro juego en el que apostaban sus vidas cada noche. Como una ruleta rusa del horror. De quién había sido la idea de jugar con algo tan peligroso? Ah, cierto, la idea fue suya. No creyó que fuera real sin embargo, cuando la luz se apagó sobre su cabeza él lo entendió. Cuan estúpido era susurrarle a un ser que se refugiaba entre las sombras de su habitación, cuál era su mayor miedo, su peor pesadilla. Porque su dominio es la noche oscura, donde tu miedo más antiguo es el peor de todos, y la más terrible pesadilla probablemente será la última. Bienvenidos a Insomnia.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

El bosque de Garden estaba hermoso aquella mañana.





Con los rayos del sol impactando sobre las hojas verdes de los altos árboles, el pasto brillando de un intenso y hermoso verde mientras la brisa fresca se escurría entre las copas de los árboles hasta acariciar su piel.






Era increíble lo hermoso del paisaje casi primaveral, cuando estaban casi a las puertas del invierno.





—Señor, hemos acordonado la zona— la voz seria y casi rígida que llegó a sus oídos desde atrás lo sacó de la apreciación al paisaje.





—Bien, asegúrense de mantener a la prensa a raya, no quiero ojos curiosos rondando— dijo en un suspiro antes de meter su mano al bolsillo de su chaqueta para sacar una cajetilla de cigarrillos y un encendedor dorado, de apariencia clásica.






—Entendido capitán Anderson— el joven oficial se dio la media vuelta y se alejó con dirección al cordón de seguridad que rodeaba la escena del crimen después de una corta y respetuosa reverencia.








Apretó con frustración el puente de su nariz entre sus dedos índice y pulgar, antes de colocar un cigarrillo en sus labios, y encenderlo con una elegancia que haría a más de una mujer suspirar.





Estaba seguro de que había más de una cara bonita entre las curiosas periodistas, pero él ya ni siquiera tenía tiempo para observar con atención algo que no fuera, la horrenda escena del crimen que frente a sus ojos descansaba, congelada en el tiempo, casi poético si le preguntaban a él.







Solo que no había belleza alguna en la dolorosa muerte que, seguramente la adolescente de apenas 16 años que yacía de espaldas sobre el pasto verde, con un brazo faltante y su uniforme aún puesto, tuvo.






Era horrible, y para empeorar las cosas, era el primer caso que él tomaba desde que fue trasladado a aquel pueblo olvidado por dios y el propio diablo.







Sacando su teléfono celular del bolsillo de su pantalón, él se dispuso a buscar en sus contactos, sonrió cuando finalmente halló lo que buscaba.





Solo cuatro tonos más tarde, su llamada estaba siendo atendida por un malhumorado Víctor Fanswarth.






—Vlad? Qué sucede? Estoy en la clínica justo ahora. Habla rápido, estoy ocupado aquí— la voz de su mejor amigo y antiguo compañero de escuela desde el otro lado de la línea, devolvió la sonrisa a la cara de Vladimir Anderson.





—Hola a tí también amigo— Vlad se burló viéndose incapaz de contener su sonrisa cuando el otro hombre bufó —Haz estado bien Vic?— el nombrado suspiró antes de chasquear la lengua, Vlad sonrió.






—Ya la encontraron. Cierto?— Vlad asintió, permaneciendo en silencio unos cortos segundos en los que el espacio en la línea fue llenado por el pesado suspiro de Víctor Fanswarth —Estás bien?— preguntó, su voz ahogada en una entrañable preocupación que hizo saber a Vlad Anderson que, su mejor amigo jamás dejó de preocuparse por él.







—Lo estoy— admitió dándole una calada larga a su cigarrillo —No es la primera vez que veo un cadáver Vic, no estoy afectado por ello— apagando el cigarro él se movió en pasos cuidadosos hasta su auto, fuera de la cinta de la policía —No te llamé porque esté traumado por un cadáver y ahora necesite asesoramiento psiquiátrico para poder conciliar el sueño por las noches— el otro bufó desde el otro lado de la línea.






—Bien. Puedo preguntar entonces. Por qué haz interrumpido mi precioso trabajo con tu llamada?— Víctor habló, y Vlad casi pudo oírlo rodar sus ojos.





—Te llamé por trabajo por supuesto. Sí necesito tu asesoramiento Vic, pero en la sala de interrogatorio— abriendo la puerta de su auto, Vlad se subió al asiento del conductor, sacando de la guantera una carpeta con las fichas de estudiantes de un grupo de adolescentes, hojea cada foto y nombre con detenimiento —Ahora que finalmente hemos hallado el cuerpo, esos críos deberían ser capaces de hablar. Tengo al hermano mayor de la chica desaparecida sentado en mi sala de interrogatorio, pero no ha abierto la boca desde que lo trajimos. No obstante, esta mañana habló. Sin embargo lo que dijo fueron puras tonterías. Necesito que lo veas tú, no sé si está mintiendo, o si verdaderamente está loco como una jodida cabra— concluyó en un suspiro pesado cuerpo vio llegar al equipo forense a la escena.







—Entendido, me pasaré en un rato. Y Vlad, sé cuánto te molesta esta situación, pero no hagas nada estúpido, no olvides el motivo por el cuál, fuiste trasladado aquí— y con esa advertencia Víctor Fanswarth cortó la llamada, dejándolo sin oportunidad de responder.






Que no olvidara por qué fue trasladado allí? Vlad bufó. Eso, era imposible de olvidar.





Dejó la carpeta con los datos de los estudiantes sobre el asiento del copiloto antes de bajar del auto.









Sintiendo crecer el nudo en su garganta hasta el punto de saberlo imposible de tragar, Vlad se quedó detrás de la cinta policial, observando a los forenses hacer su trabajo.





Hacer fotos, recoger pruebas, preservar la escena y el cadáver. Interrogar a testigos y quienes vislumbraron el hallazgo. Vlad había hecho su parte del protocolo, ahora solo debía esperar por el resultado del trabajo forense.






La víctima era Camila Carter, tenía 16 años y era estudiante de la academia privada de Garden, igual que su hermano mayor.





Sus padres habían reportado su desaparición, diez días atrás. Al momento se formaron equipos de búsqueda compuestos por policías, perros de rastreo y ciudadanos preocupados por el paradero de la niña perdida.






Ella podría ser, la hija de cualquiera de nosotros.




Fue la respuesta que dió uno de los habitantes del pueblo cuando una agradable reportera preguntó el motivo por el cual los ciudadanos se reunían en la pequeña plaza de la intersección.






Y Vlad quiso reír en su cara al oírlo, y es que, aquella respuesta no podía sonar más hipócrita a sus oídos, puesto que los habitantes de Garden, no habían sido tan preocupados y cálidos, quince años atrás.










Y quizá para él, la parte más dura de ser trasladado a Garden, era el tener que enfrentar su pasado. Ese oscuro y sórdido, pasado.






Ciertamente, Garden había cambiado mucho desde la última vez que él estuvo allí. Ahora la fuerza policial se tomaba muy en serio las desapariciones de personas en el pueblo. Y trabajaban todos juntos con el objetivo de obtener respuestas.






Los habitantes de Garden nunca pararon de buscar a Camila Carter, y quizá Vlad era el único pesimista que habitaba aquel lugar, pero él estaba seguro de que ellos no la encontrarían con vida cuando una semana entera pasó y no tuvieron noticias de la chica desaparecida.







Pero los esfuerzos de quienes no pararon de buscarla fueron recompensados cuando la hallaron en medio del bosque, en un claro hermoso rodeado de flores silvestres que aún permanecían invictas incluso con el clima que ya comenzaba a tornarse frío, muy frío.






Jamás imaginó que la encontrarían en esas condiciones sin embargo.





La adolescente poseía un largo cabello castaño claro, abundante y bien cuidado, pero ahora ese cabello estaba tieso y enredado, lleno de sangre y suciedad. Y sus ojos, sus ojos eran verdes, claros y hermosos, su rostro aniñado estaba cargado de aquella inocencia que era más que miel para los ojos.







Vladimir se había hartado de ver ese rostro en los últimos diez días. En las noticias, en carteles pegados por toda la ciudad, y en sus propios informes.






Pero ahora ese rostro estaba deformado en una mueca perpetua del más horroroso terror. Sus ojos totalmente abiertos parecían verlo fijamente, con su cuello inclinado y su cabeza echada hacia atrás.








Quizá lo más extraño del hallazgo en sí, era el brazo faltante. Por supuesto, ellos no estarían totalmente seguros hasta obtener el resultado de la autopista, pero a juzgar por la forma en que la manga de la chaqueta que la adolescencia usaba, estaba intacta, a juzgar por la sangre derramada sobre la tela y bajo el cuerpo de la víctima, a juzgar por la carne y huesos sobresalientes. El brazo derecho de Camila Carter, parecía haber sido arrancado de cuajo.






Pero ningún ser humano tenía la fuerza suficiente para arrancar un brazo de cuajo. Entonces, un animal salvaje?




La primera hipótesis que los oficiales se plantearon al llegar a la escena, fue la de un animal salvaje. Quizá Camila Carter había sido atacada por un animal salvaje. Pero aquella idea fue descartada inmediatamente, puesto que si aquello hubiese sido obra realmente de un animal, el cuerpo estaría destrozado, no solamente con una herida en la parte posterior de su cabeza, y un brazo faltante.






No tenía sentido para él.





Como tampoco lo tenía, haberla encontrado con su uniforme inmaculado a excepción de la sangre y suciedad del bosque. La chica fue vista por última vez usando el uniforme de la academia privada de Garden, y fue encontrada usándolo diez días después? Dónde estuvo esos diez días? Qué había sido de ella? Por qué incluso su cadáver tenía esa expresión de terror en el rostro? Cómo acabó así? Qué ocurrió? Qué o quién la asesinó?






Eran preguntas que él se hacía una y otra vez.





Hasta ahora sin obtener respuesta a ninguna de ellas.









Rodeando la cinta policial, Vlad inspeccionó en silencio los alrededores. Esa ni siquiera era la zona más profunda del amplio bosque de Garden, era peligroso explorar debido a la posibilidad de perderse, pero Vlad, conocía muy bien ese bosque.





Los rayos del sol lo golpeaban en la espalda con cada paso que daba, internándose en el bosque, cada vez más, alejándose de la escena.








Los oficiales habían peinado las zonas más cercanas al hallazgo en busca de la extremidad faltante, pero ellos no se alejaron lo suficiente para realmente, encontrar lo que buscaban.





Investigar era un trabajo para curiosos, verdaderos curiosos.





Él era uno.








Casi sonrió cuando lo vio. En medio de los cortos arbustos de flores espinosas, allí estaba, el brazo derecho de Camila Carter.






La extremidad faltante parecía cuidadosamente colocada entre las flores, sus dedos se veían rígidos y apretados en su palma, y al igual que su mano izquierda, misma que se aferraba al corto pasto, la mano derecha también se aferraba a algo.






Desde su posición aquello se veía, como un trozo de papel estrujado.






Una pulsera plateada brilló en la muñeca pálida, con la inicial de su nombre grabada, la sangre seca estaba esparcida por toda la piel descubierta.





—Bennett!— alzó su voz, sabría que el joven oficial al que llamaba lo escucharía al no haberse alejado demasiado de la escena del crimen —Lo encontré. Ven aquí!— no tardó demasiado en escuchar los pasos acercándose a prisas.






—Señor— falta de aliento el rígido joven llegó a él —Me llamó? Ugh— un gesto de asco se apoderó del serio rostro cuando reparó en el motivo tras el llamado de su superior.






—Acordona esta zona y quédate aquí hasta que el forense venga— Vlad sonrió palmeando el hombro de Alex Bennett antes de rodear un árbol y encontrarse frente a un claro que se veía casi como un camino. De repente él quiso, saber a dónde conducía.






—Qué hay de usted?— preguntó el uniformado, y la expresión de su rostro dejó a Vlad en claro, que no deseaba quedarse solo en aquel remoto lugar, cuidando el brazo arrancado de una posible víctima de asesinato.





—No te preocupes, estaré cerca. Sígueme cuando el forense esté aquí— dijo, y a paso lento comenzó a alejarse por el camino estrecho.











La zona del bosque en la que se encontraban, no era tan profunda, ni tan remota, de hecho si caminaba un poco más y cambiaba su dirección, llegaría a la carretera junto a la intersección. No era un lugar deshabitado ni mucho menos, y sin embargo una niña había sido asesinada allí, y no había ni un solo testigo hasta el momento.







Escuchó los pasos a su espalda, y ni un segundo después él estaba siendo alcanzado por Alex Bennett.







—Qué buscamos?— indagó el hombre falta de aliento una vez llegó junto a él. Vlad sonrió.






Qué buscaba? Vlad lo pensó por un momento en el que se permitió subirse al tren de sus pensamientos.





No lo sabía, si supiera lo que buscaba, no lo estaría buscando para empezar. Cualquier cosa estaba bien, cualquier pista, encrucijada, misterio, cualquier cosa que le provocara dudas y pusiera a funcionar su instinto estaba bien.







Una rama crujió en un arbusto no tan lejano, y cuando Vlad alzó la vista pudo verla. La alta y clásica construcción que se alzaba casi prepotente rodeada por muros y cercas de los que era difícil escapar.





Supo que se había perdido en sus pensamientos el tiempo suficiente para encontrarse ahora en los límites con la entrada de la academia privada de Garden.






Bufó, ellos tenían tanta seguridad y sin embargo Camila Carter estaba muerta.





Vlad nunca comprendió el motivo tras todos esos muros y cercas. Pretendían mantener a los estudiantes dentro? O al mal, afuera?







Él nunca lo supo, y cuando los recuerdos forzaron su entrada en su cabeza, él no los dejó hacerlo. No había nada bueno que recordar allí después de todo.







—Volvamos— dijo finalmente, su extenso silencio sorprendiendo al uniformado, casi tanto como su voz lo hizo.





—Entendido— respondió Alex Bennett y lo siguió al instante en que se dió la vuelta para regresar al camino del que quizás, él no debió desviarse.










La escena del crimen estaba siendo cuidadosamente desmontada cuando ellos volvieron. Con un poco de suerte ellos obtendrían resultados esa misma tarde, a juzgar por la emoción tan viva en el rostro del patólogo forense encargado de la autopsia de Camila Carter.







No lo culpaba, no podía hacerlo sin importar cuán horrible fuera el sentirse agradecido de tener acción en el trabajo, sobre todo cuando eso implicaba la muerte violenta de una adolescente. Garden era, generalmente un pueblo aburrido y tranquilo, aunque quizá era solo en apariencia.










Regresar a la comisaría con su atención fija en la carretera fue fácil, pero ignorar la mirada curiosa del hombre que ocupaba el asiento del pasajero en su auto, no lo fue tanto.






—Ya escúpelo— gruñó, sus manos apretándose sobre el volante, sus ojos fijos en la carretera.





—Disculpe?— Alex Bennett se vio solo un poco confundido antes de que Vlad bufara con fastidio.





—Quieres preguntar algo. No es así? Hazlo ya, la insistencia en tu mirada comienza a fastidiarme— giró cuidadosamente el volante al momento de tomar una curva que los sacaría finalmente de la carretera rodeada de bosque.







—Oh, eso— Vlad lo vio sonreír apenado solo un momento antes de poner su atención nuevamente en la carretera —Es solo que, escuché que usted es nativo de aquí, de Garden. Yo también soy de aquí— Vladimir sopló una risa al oírlo —Me sorprendió mucho cuando fui asignado aquí— el parloteo de Alex Bennett sorprendió solo un poco a Vlad.






—Y fue grata? Fue, una sorpresa grata?— preguntó en cambio, y el uniformado calló abruptamente.





—Si, eso creo— dijo, más no había convicción en el tono de su voz —Qué hay de usted? Ser transferido a Garden, fue una sorpresa grata?— Vlad rió en voz baja mientras estacionaba el auto frente a la entrada de la comisaría.







—Pero por supuesto. Qué hombre no estaría feliz de volver a su ciudad natal después de estar ausente por quince largos años?— sonrió cuando lo miró, pero esa sonrisa, era difícilmente creíble.






Alex Bennett asintió antes de bajar del auto dejándolo a solas con sus pensamientos más recurrentes.






Quince años habían pasado desde la última vez que Vlad Anderson puso sus pies en Garden, y ni una sola vez él deseó volver.






Feliz de estar nuevamente en la cuna de cada monstruo de su infancia?





Qué persona en su sano juicio lo estaría?