Capítulo 1
Katsuki y Shōto tenían siete años cuando comenzaron a entrenar para ser asesinos profesionales bajo la enseñanza del padre del segundo y la madre del primero, ambos adultos ya retirados, pero aún perfectamente capaces de deshacerse de cualquiera que se le pusiese al frente con malas intenciones. Ambos chicos sabían perfectamente que aquellos entrenamientos no serían nada sencillos, pero aun así aceptaron seguir sin importarles las condiciones que se les eran entregadas por los dos adultos.
La primera prueba que tuvieron fue hacia el hijo de un joyero y el cual se trataba de un simple beta que no se vio venir a esos dos pequeños alfas de diez años; ninguno de los dos menores recibió felicitación alguna puesto que habían sido desordenados a la hora de asesinar a aquel chico, una misión sencilla, a palabras de ambos adultos. Aquello los molestó a ambos, pero sólo Katsuki fue el que exteriorizó su sentir, provocando que se ganara un castigo y aun así, el cenizo siguió molesto el resto de los días.
Para la segunda, tercera y cuarta prueba, sólo fueron rescates de grupos de omegas que iban a ser transportados y vendidos a quien sabe qué tipo de personas, ninguno de los dos quiso cuestionar nada, simplemente acataron órdenes con tan sólo quince años para las dos primeras y dieciséis para la cuarta prueba, y aun así seguían sin recibir felicitación alguna de sus dos tutores, pero al menos ya no recibían tampoco malos comentarios o quejas sobre sus misiones, habían mejorado y ellos mismos lo sabían.
Al cumplir los dieciocho años dejaron de esperar una felicitación de parte de sus tutores e incluso les dejó de importar los comentarios que éstos les hacían. A la edad de veinte ya tenían por lo menos unas cien y poco más de muertes sobre sus hombros, pero iban a por más, querían lograr entre los dos tener el doble de muertos acumulados que sus padres y tutores tenían por separado, por ello era que no se tomaban vacaciones algunas y trabajaban para cualquiera que pagara más por el servicio de ambos, incluso habían ocasiones en los que la víctima pagaba hasta el triple de lo que se les había sido ofrecido para que se deshicieran de aquel que los había contratado primero y era entretenido porque terminaban haciéndose cargo de ambos luego de recibir el dinero.
Ahora, a la edad de veinticinco años, luego de quince años, ambos alfas habían decidido tomar por primera vez sus primeras vacaciones. Aunque primero tenían que cumplir un último trabajo, por ello era que se encontraban de pie en aquel oscuro callejón esperando a que su contacto, la persona que los contrató, les diera la señal de que podían proceder, puesto que se encontraban detrás del hotel donde, al parecer, la mujer se había reunido con la víctima. No era el primer trabajo que hacían para ella, anteriormente le habían hecho un par de trabajos más, pero ese sería el último por un tiempo hasta que se aburrieran de estar de vacaciones.
Sus celulares emitieron un pitido que reconocían perfectamente, así que se acomodaron sus guantes negros y se adentraron al hotel por la parte de atrás, por la puerta de servicio que había sido abierta desde adentro, así que no tardaron en dirigirse hacia el piso siete, un pésimo número para la víctima. Para ningún japonés era secreto que el número siete era el de la mala suerte y definitivamente el hombre por el que iban no tenía la mejor suerte en esos momentos.
—Es la última puerta del pasillo, Kats —Indicó Shouto detrás del cenizo que iba acomodándole el silenciador a su arma.
—Mierda, más sietes, este tipo en verdad que no tiene la mejor suerte esta noche —Señaló Katsuki resoplando en silencio al ver tres siete en la puerta y formó una mueca antes de colocarse frente a la misma. —¿Listo?
—Lo único que me preocupa somos nosotros —Comentó Shōto con suavidad antes de asentir levemente aunque el otro no pudiera verlo. —Vamos, cortaré la electricidad.
Katsuki solamente respondió con un sonidito desde su garganta y esperó con un conteo mental que terminó en el momento en el que las luces de todo el edificio se cortó y eso le permitió entrar a la habitación en completo silencio, deteniéndose en una esquina mientras Shōto se dirigía hacia otra esquina, ambos vieron al tipo salir del baño con una bata puesta en medio de la sombra, maldiciendo por la mala suerte que sabía que iba a tener desde el momento en el que tuvo esa habitación, el hombre parecía buscar su celular para usar la linterna, pero Shōto no lo dejó siquiera tomarlo cuando ya lo tenía en el suelo con una llave limpia mientras Katsuki colocaba la boca del arma en la sien del hombre que en vez de asustarse, terminó riéndose.
—¡Sabía que esa mujer mandaría a alguien por mi cabeza en el momento en el que la rechacé! —Exclamó el viejo entre carcajadas. —¡Aun así no tendrá acceso a mis bienes, díganselo!
—¿Nos viste cara de malditos mensajeros, bastardo? —Cuestionó Katsuki con el ceño fruncido.
—No creo que nos esté viendo la cara, Kats —Comentó Shōto con tranquilidad.
—Ya lo sé, bastardo mitad-mitad, fue un maldito decir —Gruñó Katsuki mientras rodaba los ojos con hastío. —Mejor deja me encargo de esta mierda y luego conversamos lo que quieras ¿sí?
—Sí, mejor dejen su pelea marital después de mi muerte, por favor —Pidió el hombre con absoluta calma.
—¡No estamos casados!
Exclamaron ambos al mismo tiempo antes de que Katsuki apretara el gatillo, viendo la vida írsele de los ojos al hombre, Shōto lo soltó antes de dejarlo acostado sobre la cama de hotel, decidiendo que era hora de marcharse ya que la electricidad había regresado, así que no tardaron en salir y cerrar la puerta como si nada, dirigiéndose hacia las escaleras mientras Katsuki ocultaba el arma y ambos se quitaban los guantes negros, Shōto no tardó en avisarle a Himiko que ya el trabajo estaba hecho y por qué no, también le dio el mensaje que les dio el hombre, todo bajo la mala mirada escarlata y misma a la que no le tomó importancia alguna.
Katsuki simplemente chasqueó la lengua por ello y salió del hotel como si nada, caminando con calma hacia la estación del metro, no lo iban a utilizar, pero allí habían dejado las mochilas con el cambio de ropa para sus vacaciones, aun no tenían idea para dónde dirigirse, pero querían un sitio donde nadie los haya visto nunca, quizás un pequeño pueblo con mucha vegetación donde pudiesen conectar con su animal interior, ciertamente no sonaba mal para ambos y aun así no conocían ningún sitio así.
—¿Ya investigaste algún sitio para pasar vacaciones? —Cuestionó Katsuki llevando las manos en los bolsillos y la expresión extrañamente relajada.
—No, la verdad es que no —Respondió Shōto yendo a la par que el cenizo, viendo hacia las calles y las personas con una curiosidad infantil que solía tener siempre, aunque a vista de otros, su expresión sea bastante seria. —Estaba pensando en que deberíamos dejárselo al chofer del bus, que sea él el que nos recomiende el lugar.
—Tsk si no queda de otra —Comentó Katsuki luego de chasquear la lengua con fastidio y suspiró antes de cruzar la calle junto al resto, faltaba una cuadra para llegar a la estación.
Shōto asintió levemente en silencio, sabía perfectamente cómo era su compañero, por ello a veces sabía qué decir para que no se molestara como solía suceder en ocasiones, aunque la mayoría de las veces era porque se malhumoraba por culpa de su madre o porque tenía hambre, lo entendía con lo último, él también se malhumoraba cuando tenía hambre y no tenía su soba fría a tiempo, porque a su padre no lo tomaba en cuenta desde que tenía quince años. Ambos llegaron a la estación se dirigieron hacia los locker, sacando las dos mochilas para luego cerrar las puertas e irse de allí para tomar un taxi hacia el terminal de autobuses, ahí Shōto hablaría con la persona que vendía boletos para ver hacia dónde dirigirse por fin.
Una hora y media después.
Ambos alfas se encontraban esperando el bus que los llevaría hacia el penúltimo pueblo fuera de la capital, la chica de los boletos le había dicho que era un sitio rodeado de mucha vegetación y un precioso bosque que pocas personas iban a conocer puesto que no les agradaba demasiado conectar con su animal interior, a Katsuki no le interesaba su perorata, así que simplemente pagó dos boletos hacia allá y la dejó hablando sola después ya que se había arrastrado a Shōto consigo para no dejarlo con aquella mujer.
—Eso fue grosero, Kats —Inició Shōto la misma conversación que hace unos minutos atrás, pero seguía siendo ignorado. —Deberías disculparte.
—No quiero, cállate —Respondió Katsuki comenzando a fruncir el ceño por la molestia.
—Pero-
—¿Alguna vez has visto que me he disculpado con alguien? —Cuestionó Katsuki interrumpiéndolo.
—No, la verdad es que no —Respondió Shōto de manera pensativa.
—Entonces no pienses que comenzaré ahora, bastardo mitad-mitad —Terminó de decir Katsuki entre gruñidos y resopló fastidiado. —¿Cuánto tiempo más le va a tomar al maldito chofer aparecer?
—Algún día lo harás, estoy seguro —Comentó Shōto con tranquilidad absoluta mientras alzaba los hombros. —Creo que todos tienen la misma duda, Kats.
Y era cierto, la fila detrás de ellos y las tres personas frente a ellos tenían exactamente la misma duda que el cenizo puesto que habían sido informados que el chofer estaba comiendo, pero llevaban hora y media esperando por él y no entendían qué podría estar comiendo que le estaba tomando tanto tiempo, por eso estaban dispuestos a apoyar al chico si éste comenzaba a reclamar, pero por suerte el bus apareció con el chofer y mientras se quejaban del hombre fueron subiendo para tomar sus puestos, acomodando las mochilas en la parte de arriba de los asientos.
Shōto tomó el lado de la ventana como siempre solía hacer y Katsuki se acomodó a su lado, esparramándose en el asiento y acomodando este para poder cruzarse de brazos antes de cerrar los ojos, dormiría la siesta antes de llegar mientras Shōto respondía un par de mensajes, su parada era la penúltima, así que tenía tiempo para luego también dormir la siesta, así que no se apresuró demasiado para dormir, aunque no se sorprendió realmente cuando escuchó el suave ronquido de Katsuki a su lado, el cenizo tenía un sueño fácil, pero despertaba igual de fácil si sentía que estaba en peligro, aun no sabía cómo lo hacía, pero ya no se tomaba el tiempo para averiguarlo o para aprender a hacer lo mismo.
El bus se llenó en pocos minutos y en el momento en el que se puso en marcha, Shōto ya se había acomodado para dormir la siesta, sabiendo que se les sería avisado cuando llegaran a su parada, por ello no se preocupó y también sabía que Katsuki estaba pendiente de contar inconscientemente las tres horas y cuarenta y siete minutos que les tomaría para llegar, así que iba más tranquilo por esa parte.
El viaje se les hizo bastante corto por ir dormidos, para cuando llegaron al pueblo, Katsuki ya se encontraba despierto y tomando las dos mochilas, además de un casi dormido Shōto que caminaba automáticamente, sabiendo que su compañero no dejaría que le sucediera nada. Al bajar, ambos dejaron que el bus se fuera primero antes de ellos comenzar a caminar, notando que habían sido los únicos en bajar en esa parada, le restaron importancia antes de que Katsuki le entregara su mochila a Shōto, caminando con tranquilidad hacia la entrada del pueblo y luego hacia el interior del mismo.
—Parece ser un pueblo algo abandonado ¿No crees? —Cuestionó Shōto con una mueca en sus labios.
—Al menos ningún bastardo nos va a reconocer, así que no importa si está o no abandonado —Respondió Katsuki con simpleza mientras buscaba un hotel con la mirada. —Yo sí veo extras y negocios abiertos.
Shōto observó mejor el lugar y asintió levemente al comentario ajeno, era cierto que había negocios abiertos con gente adentro, así que no estaba totalmente abandonado, no es como que le agradara demasiado la idea de estar en un pueblo abandonado, quería al menos socializar aunque ni Katsuki ni él mismo supieran hacerlo demasiado bien. Shōto fue el primero en ver un hotel, así que se arrastró a Katsuki consigo quien estaba agradecido de no tener que dormir al aire libre, por supuesto que no contaron con que al llegar a la entrada del mismo, este se encontrara con un cartel de cerrado, así que buscaron un par más, pero al igual que el primero, los siguientes dos hoteles también tenían aquel cartel e incluso habían unos cuantos negocios que también tenían un cartel que no se tomaron el tiempo de leer, prefirieron acercarse a una de las tiendas que sí estaba abierta.
—Disculpe, ¿sabe de un hotel que esté abierto en el pueblo? —Cuestionó Shōto sabiendo que su compañero podría soltar la primera sartada de groserías y sinceramente no quería que el pobre hombre se espantara y los echara de su negocio.
—Oh, no van a encontrar ninguno abierto por las próximas tres horas o más, tal vez —Respondió el hombre al ver a los recién llegados. —La tormenta de ayer dañó muchos de los campos de las personas que viven aquí y casi todos se han ido a ayudar a las personas, sobre todo al pequeño Izuku que está solo y tiene que acomodar el techo de su cultivo antes de la próxima tormenta, es una pena que las lluvias dañen los cultivos de las personas —Contó con un suspiro. —Pueden encontrar al dueño de uno de los hoteles con él, estaba por cerrar e ir cuando llegaron, ese jovencito es muy acosador cuando se trata del pequeño Izuku, así que hay que mantenerlo vigilado, muchas veces es bastante desastroso y sólo causar problemas cuando quiere ayudar...
Y así fue como el hombre habló y habló sin detenerse, llevándose consigo a los dos jóvenes alfas en dirección a la casa de Izuku, ninguno de los dos sabía quién era, pero el parecía ser alguien bastante amable por lo que el hombre les contaba, incluso Katsuki quien en un principio quería retorcerle el cuello al hombre por ser un parlanchín y por andar contándoles algo que no preguntaron, aun así estaba al pendiente de la conversación y es que Shōto creía que lo hacía porque de todas formas ya no tenían escapatoria, además de que necesitaban quedarse en un hotel y cruzar los dedos para que no llegara otra tormenta al pobre pueblo. Shōto era quien más se compadecía, había personas trabajando en sus casas o en los de sus vecinos, era una obra bastante buena y supuso que al ser un pueblo pequeño, así debía ser todo en aquel lugar, principalmente porque todos sabían y entendían el problema que acarreaba el hecho de tener sus cultivos echados a perder.
Cuando llegaron a la casa a la cual se dirigían, vieron dos omegas peliverdes discutir con un torpe alfa de cabello dorado por lo que parecía ser, un daño hacia uno de los cultivos y el hombre que los había guiado hasta allá simplemente reía mientras negaba, era algo que al parecer ya esperaba encontrar al llegar al lugar y aun así los llevó con él hacia las tres personas para darse a notar.
—Volviste a meter la pata, Keigo —Habló el hombre viendo al rubio.
—Abuelo Toshinori, ¿Qué hace aquí? —Cuestionó el rubio de nombre Keigo, notando a los dos alfas más jóvenes detrás de su abuelo. —¿Quiénes son ellos?
—Son visitantes, se suponía que ibas a estar atendiendo el hotel y resulta que estás aquí, dañando en vez de arreglar —Regañó Toshinori al menor y volteó hacia los Midoriya. —Pido una disculpa por los daños causados que hizo mi nieto, por favor dejen que los ayudemos —Ofreció el hombre señalando a los dos jóvenes alfas. —Keigo devuélvete al hotel y deja de estar fastidiando aquí en la casa de los Midoriya, que ni arreglas ni ayudas, sólo estorbas.
Katsuki y Shōto no habían podido quitarle la mirada de encima al peliverde que ahora conocían como Izuku, el pequeño era un ángel, tan hermoso y tan distante para ellos en esos momentos, a pesar de estar a tan sólo cinco pasos de él, igual lo sentían distante; el chico tenía sus pecosas mejillas sonrojadas por el par de ojos tan penetrantes que sentía en esos momentos, no sentía incomodidad, era incluso sensaciones diferentes a las que sentía con Keigo.
—Toshinori no debe preocuparse, mi madre y yo podemos encargarnos —Habló Izuku a pesar de estar envuelto en una sábana acolchada. Recibiendo la mirada del rubio mayor.
—No creo que puedas encargarte estando enfermo, Izuku —Comentó Toshinori y sonrió amplio.—Deja que nos encarguemos, no creo que a nuestros jóvenes visitantes les moleste ayudar un poco aquí. ¿O sí?
—No, no nos molesta ayudar —Respondió Katsuki, ganándose la mirada sorprendida de Shōto. —¿Qué? No hay nada mejor que hacer y si ayudamos aquí, podremos ir al hotel a descansar.
—Debería comenzar a preocuparme que te sientas mal también —Comentó Shōto y suspiró dándole la razón con un asentamiento leve. —Podemos quedarnos a ayudar en lo que haga falta, así que por favor descansa —Agregó, dirigiéndose a Izuku.
El pequeño peliverde no sabía dónde meter la cabeza, eran dos alfas bastante guapos con ropa un poco formal, desaliñaban con el pueblo completamente y él, él estaba en pijamas con una manta cubriéndolo del frío que sentía a pesar de haber sol, sabía que era por la fiebre, pero él nunca descansaba cuando de sus cultivos se trataba e incluso podía apostar que su cabello debía parecer un nido de pájaros, se estaba muriendo de la vergüenza por sus fachas. Aun así asintió despacio y volteó hacia su madre cuando sintió su mano en la espalda.
—Ve adentro y métete a la cama hijo, yo me quedaré con ellos aquí y nos pondremos a acomodar ese techo antes de que venga la próxima tormenta —Le recomendó Inko, instándolo a que caminara.
—Pero-
—Sin peros, anda —Ordenó Inko con seriedad, sabiendo que su hijo podía ser bastante necio con aquello que le importaba.
Izuku asintió y caminó hacia la casa, pasando por el frente de los dos alfas que no conocía, encogiéndose un poco al sentir las feromonas de ambos golpear sus fosas nasales, aquello sólo hizo que caminara más rápido, adentrándose a su casa sin siquiera mirar hacia atrás. Katsuki y Shōto no se perdieron aquella reacción, incluso también habían sentido el suave y dulce aroma del pequeño omega, simplemente no habían reaccionado para que no los tacharan de pervertidos o abusadores, aun así les hubiera gustado seguirlo y perderse en su cuello, en el aroma que el peliverde desprendía, pero debían recordar tres cosas: uno, ellos eran desconocidos; dos, el pequeño estaba enfermo y tres, debían colocar un techo en alguna parte.
Inko guió a los tres alfas por el campo de cultivos, pidiéndoles que cuidaran al pisar, Toshinori les iba contando la razón de que la mujer les pidiera constantemente aquello y comprendieron que aquel enorme cultivo era la vida del pequeño omega que había dejado su carrera de arte en la ciudad para dedicarse enteramente a la naturaleza y lo que ésta podía entregarle. Shōto estaba todavía bastante sorprendido de que Katsuki no hubiera soltado alguna grosería o se hubiera quejado del trabajo que estaban haciendo y es que colocar aquel enorme techo que pudiera mantener la lluvia alejada de los cultivos no era nada sencillo e incluso era bastante estresante porque nunca habían colocado un techo, siempre eran los que lo destruían por alguna misión o porque necesitaban salir de algún sitio donde quedaran atrapados.
Aun así sabían seguir órdenes y Toshinori sabía colocar el techo, así que no tardaron en quitarse el saco del traje para guardarlo dentro de su mochila de viaje y subirse las mangas de la camisa para acompañar al mayor y ayudarlo en lo que les pidiera, aquello les iba a tomar mucho de su tiempo, pero por suerte habían tenido tiempo para descansar durante el viaje hacia el pueblo, además de que era imposible aburrirse del todo cuando el rubio era bastante parlanchín.
—¿Entonces lleva toda su vida aquí? —Cuestionó Shōto bastante sorprendido. —¿Nunca estudió en su vida?
—Nací en la capital, pero mi madre me trajo aquí dos semanas después de mi nacimiento, así que se podría decir que sí, toda mi vida —Contó Toshinori con una sonrisa amplia, sosteniendo una de las vigas mientras el cenizo colocaba el techo y terminó carcajeando por la segunda pregunta del bicolor. —Ay, estos niños de ahora. Sí estudié, aquí en el pueblo hay primaria, secundaria y una academia de tres años que ayuda a los chicos y chicas a formarse antes de decidirse si ir a la universidad en la capital o quedarse en el pueblo en el negocio familiar —Explicó con calma.
Shōto se disculpó con el hombre por su comentario, entendiendo que en aquel pueblo sí había gente estudiada, por lo menos, así que no tendrían que pasar trabajo para explicar algo que no entendiesen, quizás sí con algunas cosas modernas que no hubiera en el lugar, pero era un pequeñito detalle que no importaba.
—Sé que es algo tarde y ya llevamos varios minutos aquí, pero ¿me dicen sus nombres? —Cuestionó Toshinori con vergüenza por haberse despistado por esa parte. —El mío es Toshinori Yagi, pueden tutearme sin problemas.
—Sí es bastante tarde para eso, anciano —Se burló Katsuki bajándose por la escalera para detenerse frente al mayor para señalar al bicolor con la cabeza. —Todoroki Shōto y yo Bakugō Katsuki.
—¿No son de la misma familia? Creí que eran hermanos —Inquirió Toshinori con sorpresa antes de unir cables. —¿Son pareja?
—Se podría decir, depende del contexto en el que lo esté preguntado —Respondió Shōto con los hombros alzados.
—Pareja, como novios —Explicó Toshinori con calma mientras los observaba negar.
—No, no nos consideramos ese tipo de pareja —Respondió Katsuki con la misma calma que su compañero. —Pero hemos estado juntos desde la cuna, así que somos algo así como uña y mugre, por eso es que la mayoría de los extras piensan que estamos casados.
—Ya comprendo, al menos en parte —Respondió Toshinori con una sonrisa divertida sobre sus labios. —Bueno, es un gusto conocerlos a ambos.
Katsuki y Shōto asintieron al mismo tiempo sin explicarle nada más al hombre, su relación era complicada para terceros, para ellos era bastante sencilla. Eran mejores amigos con demasiada confianza entre ellos y que desde su primer celo se ayudan mutuamente, además de comprenderse el uno con el otro, así de simple, al menos ellos lo veían simple. Decidieron no darle más vuelta al asunto y seguir haciendo el techo resistente, al menos estaban aprendiendo a hacer uno en poco tiempo.
El aroma de Izuku les llegó a ambos una hora después y voltearon hacia el lugar donde provenía dicho aroma, encontrando al omega acomodándose en una hamaca que había en la entrada de la parte trasera de la casa, acurrucado entre las sábanas con su madre al lado, la mujer no parecía muy contenta por tenerlo allí, pero aun así no le dijo nada. Ellos tampoco se acercaron a decirle nada y siguieron con su trabajo que sólo tomó una hora más de su tiempo para terminar de colocar el techo y asegurarse que, aunque pasaran los tres por encima de este, aun así no se caería. Así que fácilmente podría aguantar otra tormenta sin problemas.
Aunque por el sol que estaba pegando en esos momentos, dudaban que hubiera otra tormenta, aun así los cultivos no se dañarían porque el sol les llegaba, Toshinori les había explicado cómo es que eso era posible, pero ninguno de los dos entendió nada y mucho menos decidieron cuestionar nada.