Capitulo 1
—¡Mng!
Gemidos agudos y el rechinar de la cama se escuchaban en la silenciosa habitación.
Era acogedor y embriagador, las sensaciones que compartían mientras hacían el amor.
¿Amor o deseo?
El significado en ese momento no importa, porque los amantes solo disfrutan de la fricción de sus cuerpos y se olvidan de la realidad.
—¡Ahhh! — gritó al sentir como la penetración se hizo más fuerte. — Es…espera… si sigues así voy a…
— ¿Qué? ¿Te vas a venir otra vez? — se mofó entre jadeos— Hazlo, hazlo preciosura… Me encanta sentir tu coño apretado cuando te corres…
— No-¡Ahnmm! ¡No es eso! Es… es… es diferente…
Y no escuchó, simplemente se aferró a sus caderas y comenzó a moverse más fuerte.
—¡Aaah!!!— gimió — ¡Voy a… me voy a…!!
Y para joder aún más la situación, sus gruesos dedos fueron a parar en el clítoris en dónde la estimulación fue tan placentera que el cuerpo debajo de él comenzó a tener espasmos.
— ¡Kacchan! — gritó mientras su cuerpo se sacudía debido al orgasmo que estaba experimentando.
Debía saberlo, que el tener semejante miembro dentro lo haría orinarse ya que cada penetración golpeaba su vejiga. Y aun así, no sé arrepintió de ensuciar su cama, ya que luego de orinar su cuerpo experimentó el mejor de los orgasmos.
Su voz se cortó al igual que su mente se atrofió. Solo hasta que su orgasmo cesó es cuando recuperó la cordura para sentir la continua penetración. Sabía que su pareja estaba por terminar y es por eso que se dió la vuelta para cambiar de posición. Ambos se aferraron al otro en un abrazo pasional, y solo así continuaron con el salvaje ritmo de las embestidas.
Sin dejar de mirarse, ambos contemplaban el deseo en los ojos ajenos. Al final llegaron a una conclusión: no podrían volver a la normalidad. Así que ignorando las leyes y toda la moral, como antes había sucedido, se besaron.
El alfa eyaculó dentro del Omega y se sintió tan bien hacerlo que querría hacerlo por siempre. Solo siempre dentro de él. Únicamente dentro de él.
El Omega experimentó otro orgasmo por solo sentir el chorro de semen golpear su útero. Y fue aún más hermoso de lo que se pensó.
Ambos se relajaron sin apartarse, así que los únicos ruidos que se percibían eran sus jadeos y, mínimamente, sus erráticos latidos de su corazón; lo cual lentamente volvería a su ritmo normal.
— Eres mío… — gruñó el alfa mientras se refugiaba en el cuello del Omega y una de sus traviesas manos estrujaba uno de los pechos ajenos.
— Kacchan…
«…Tan solo tienes 17 años…»
El Omega pensó y se resignó al mismo tiempo.
No comprende por qué la vida se encargó de poner a su destinado en un menor de edad.
Y aunque las leyes favorecen a los destinados, no significa que se viera bien. Aún quedan rastros de discriminación y machismo al respecto. Además, se debe mencionar que la edad es un inconveniente. ¿Que te asegura que el alfa menor fuera a querer por siempre a un Omega mayor? Ya que con el pasar del tiempo, el desarrollo de los Omegas se ha modificado, permitiéndoles ser más bello que antes.
Izuku Midoriya es un Omega mayor, que nació en una época diferente y que aún se considera el menos bello de su edad.
Sin embargo, es solo su inseguridad lo que le muestra una falsa visión de sí mismo. Porque Izuku es uno de los Omegas adultos que son los más lindos actualmente. Y Katsuki puede verlo. Y porque puede verlo es que puede desearlo. Y porque puede desearlo es que ama follarlo.
Izuku solo abrazó a Katsuki y se aferró al pequeño alfa que lo deseaba más que nadie. Y ese deseo es que lo ata a él y ahora no quiere soltarlo.
Se dedicó a mimar a su pequeño alfa.
«Mi alfa. Solo mío.»
Entre sueños recordó cómo fue que llegaron a esta situación hace un año.
(*****)
Cada historia tiene sus altibajos, unos tienen un final feliz y otros no. Sin embargo, aunque la felicidad al lado de su pareja fue efímera, al final no todo fue tan malo para el joven Omega. De su fallida relación nació un precioso bebé que le dió la motivación para seguir con su vida.
Y ahora, a sus 38 años, Izuku Midoriya siente que su vida es plena debido a que cumplió la mayor parte de sus sueños. Tiene una casa, un trabajo y un precioso hijo que terminó siendo un beta.
Todo estaba bien, era feliz y no se quejaba de las cosas que consiguió debido a su esfuerzo. Sin embargo, había un sueño que no podía hacer realidad. Solo le faltaba tener un alfa para sentirse completamente feliz.
Ese alfa no podía ser cualquiera. Si bien es cierto que no hay un alfa perfecto, al menos debía ser bueno en la cama. Ya que Izuku tiene un libido alto, parte de eso es culpa por ser un Omega, por lo cual siempre queda insatisfecho cuando tiene encuentros sexuales con un alfa. Lastimosamente, ninguno de sus pretendientes con los que salía, luego de su separación, no conseguían satisfacerlo. Después de algunos intentos, prefirió no insistir en salir con un alfa. Así que prefirió quedarse soltero, en compañía de su amado hijo y con un trabajo propio.
La crianza de Denki, su primogénito, fue algo normal. Claro, no fue fácil criarlo solo, pero no fue tan complicado. Su situación no se agravó porque el padre no creó un lazo con su cachorro, así que cuidarlo fue más fácil.
Lo vió crecer y anotó cada detalle en su álbum, en dónde los recuerdos de su pequeño quedarían para siempre. Y aunque sabía que en algún momento debía dejar volar a su pequeño, no creyó que ese día fuera a llegar tan rápido. Apenas y se fijó que pasaron dieciséis años, y cuando se percató de la realidad, su pequeño bebé ya estaba teniendo su primera relación sentimental.
Cuando Denki le contó que le gustaba una niña, Izuku recibió un golpe de realidad: su bebé estaba creciendo. Así que comenzó a educar a su hijo en ese aspecto, para que él no fuera dependiente de nadie y que las relaciones debían ser transparentes y respetuosas.
Denki aprendió bien. A sus 14 años experimentó lo que es un primer beso y las primeras sensaciones de tener una pareja a su lado. La linda Jirou era una chica agradable y tranquila, lo cual a Izuku le agradaba demasiado. Pensó que ella sería la pareja perfecta para su lindo hijo, sin embargo, la relación de los dos menores no duró mucho. Luego de un año de relación, Denki le contó a su mamá Izuku la razón por la que ambos terminaron: se dieron cuenta que son más amigos que pareja. Incluso si ambos experimentaron, a una tierna edad, la relaciones sexuales.
Esa confesión le llevó a Denki a recibir un pequeño castigo, ya que a los 15 años es una edad muy prematura para intimar. El pequeño beta lo reconoció y se disculpó. Esa respuesta lo llevó a superar muy rápido el largo discurso que Izuku le dió acerca de las enfermedades sexuales y embarazos no deseados. Al final, Denki cerró una etapa y comenzó a entrar a otra.
Izuku comenzó a conocer a los diversos amigos de Denki, y los estudiaba para ver qué ninguno de ellos fuera una mala influencia. Y aunque a veces su bebé era algo torpe e ingenuo, sabía que también era un chico con un fuerte instinto. Así que la mayoría de sus amistades no eran tan malas como suponía. Sin embargo, lo que no se esperaba, era conocer a un amigo particular.
Cierto día, en plena primavera, Izuku se encontraba ordenando su hogar y estaba tan centrado en querer sacar una mancha debajo de la mesita que sostiene el televisor que no se percató de su presencia.
Un silbido se escuchó.
— Así que le gusta usar tangas, y vaya coincidencia de que sea naranja, ya que es uno de mis colores favoritos… — una voz gruesa y ronca interrumpió el silencio.— Nada mal, tu enorme trasero se come la tela. ¿No quieres que la rompa por ti?
Izuku no lo soportó más, ¿Quien se creía ese imbécil? Pero lo que es más importante, ¿Quién lo dejó entrar?
— ¡¿Pero quién te has creí-¡Auch!! — y se olvidó que tenía la cabeza debajo del mueble así que se golpeó. La ruidosa risa le hizo enfadar aún más, así que se apuró en moverse. Y cuando lo hizo se sorprendió de ver a un joven muchacho.
De hecho, ambos se sorprendieron.
Para el joven muchacho, lo que vio fue algo maravilloso. Además del glorioso trasero de melocotón que lo recibió al entrar en esa casa, también fue sorprendente ser recibido por un bello rostro.
Encontrar a una persona con un enorme trasero y un bello rostro era casi imposible. Y si lo encontrabas, debías ser el ser humano más afortunado.
Sin embargo, además de la instantánea atracción que sintieron. Hubo un momento en que sus lobos aullaron al encontrarse. Eso fue sumamente extraño. Los ojos rojos y verdes se iluminaron y sus instintos salieron.
«Destinados»
Fue lo que pensaron.
Y se asustaron.
Si Izuku se quedaba por mucho tiempo en el mismo cuarto que ese muchacho, podría entrar en celo debido a que su cuerpo se estaría preparando para recibir a su destinado. Lo mismo sucedería con el alfa.
Antes de que ambos pudieran emitir alguna palabra, el intrépido Denki ingresó a su casa rompiendo el incómodo silencio con sus alaridos gritos.
— ¡Ya llegó por quién lloraban! — gritó efusivo.
Izuku rápidamente espabilo.
— ¡Tú y yo luego hablaremos jovencito! — gritó Izuku y salió corriendo hacia las escaleras, se escuchó el ruido de la puerta siendo abierta y cerrada segundos después.
— ¿Y ahora qué hice? — preguntó mientras abría una bolsa de snacks y se lo comía. Luego se percató del rostro de su amigo, se veía extrañamente enojado. — ¿Y a ti qué te pasa?
— Nada, solo que alguien tuvo la grandiosa idea de molestar… — por suerte Denki era lo suficientemente ingenuo para no entender. Katsuki tuvo que usar su autocontrol para calmar sus emociones, sobre todo, la instintiva. Y tenía que salir de duda. — ¿Quién es esa persona? ¿Tu primo?
— Oh, no no… — dijo Denki acercándose al sofá para sentarse en el sofá mientras que Katsuki hacía lo mismo. — Es mi mamá…
— Mierda…
Katsuki sabía que había límites en la vida. Pero este límite era algo que no quería respetar.
Desde ese día, Izuku comprendió dos cosas: Denki necesitaba un tutor, y que idea mas ingeniosa que tener a ese muchacho para que le enseñe todos los días. Y, que ese joven se llamaba Bakugou Katsuki, un joven de 16 años de edad, que parecía más un malandro que un joven aplicado.
A pesar de saber que son destinados, Izuku hizo lo que una persona coherente haría: meterse en el rol de madre de familia y actuar como un adulto firme. Dejaría de lado sus instintos porque está claro que no está en sus planes ser un Omega que le gustan los menores.
Entonces comenzó a organizar su vida, ya que la llegada de Katsuki lo descontroló un poco, por lo que usar supresores se volvió habitual.
Cuando lo volvió a ver, solo pudo irritarse un poco debido a la mirada y comentarios descarados que hacía. Y agradecía que Denki no se diera cuenta, porque estaba seguro de que no podría soportar los comentarios negativos que tendría que escuchar de su hijo. A pesar de su esfuerzo, Katsuki lograba romper la barrera que estaba puesto entre ellos.
Palabras sencillas salían de sus avispados labios.
«Que lindas piernas señora Izuku»
«¿De que color son sus bragas las que usa hoy?
«Aunque ya no da a lactar, ¿cómo conserva el tamaño de sus bubis?»
« Creo que a Dios se le cayó un ángel, ¿O fue quizá el diablo quien lo dejó salir?»
A Izuku se le coloreaba las mejillas cuando escuchaba algunos de esos piropos, y aunque trataba de ignorarlo, no podia evitar sentirse halagado. Es decir, ¿Se veía todavía hermoso a pesar de tener 38 años? Y la respuesta se veía tambalear debido a su inseguridad. Sin embargo, que un joven adolescente le diga que es sexy, realmente le hace creer que de verdad lo es.
Esa era una cara de la moneda que Izuku conocía del joven Katsuki. Una cara que Denki no escuchaba, porque su hijo era tan distraído que no contemplaba algunos hechos en su entorno.
Y por otra parte, Katsuki mostraba una actitud arisca y seria en diferentes momentos. Se mostraba arisco en situaciones de estrés, cuando Denki lo sacaba de sus casillas en sus estudios; y era extrañamente serio cuando explicaba, incluso la paciencia que tenía en ocasiones era de sorprenderse.
Al final, Izuku concluyó que Katsuki Bakugou era una caja de sorpresas. Y aunque no negaba que era atractivo, también pensaba que era demasiado joven para su gusto. Ya que Izuku soñaba con un hombre grande, tan grande en todos los sentidos que con solo imaginarlo lo hacía babear. En cambio ese chiquillo, parecía un ser delgado y flacucho a su lado. Ya que Izuku era un poco más grande que él, así que si él quisiera podría aplastar a ese mini alfa con sus pechos o trasero.
Tan solo pensar eso, lo hacía avergonzarse. Así que, cada vez que se encontraban, Izuku hacia un gran esfuerzo por ignorarlo y tratarlo como a un niño. Y se percató que a Katsuki no le gustaba que lo traten así, por lo que encontró una forma de avergonzarlo cada vez que quería.
Y aunque a ambos les disgustaba algunos comentarios, en el fondo se divertían. Sin embargo, el único que quería mantener esa linea entre ambos era Izuku, así que no esperaba que Katsuki fuera a ser más intrépido de lo que era. No se esperaba un movimiento sucio que lo dejaría vulnerable.
Katsuki solo dejo pasar dos meses antes de su siguiente movimiento.
Sucedió un sábado por la tarde, el omega estaba solo ya que su hijo se fue de paseo con unos amigos, y como sucede en algunas ocasiones, Izuku no se preocupaba mucho de su vestimenta. Es decir, usaba ropas cortas, debido a la temporada de calor, así que una falda y un top corto era su vestimenta favorita. Lo único que no hacía, era usar ropa interior.
Izuku estaba tan concentrado en poner la ropa en la lavadora que no se percató del sonido que provenía de la puerta principal.
Cuando Izuku salió del cuarto de lavado, se llevó una fuerte sorpresa al encontrar a Katsuki sentado en el sofá.
— Creo que es hora de que hablemos. No puedes evadir la realidad por siempre, Izuku…
Evadir era algo que quería hacer, pero debió imaginar que los alfas en su mayoría son los más tercos.
No tuvo otra opción más que aceptar, así que preparó un poco de té y luego se sentó en el sillón individual para escuchar al joven que tenía enfrente.
Era de esperar que Katsuki tuviera sus motivos por los cuales debían iniciar una relación, ya que no es posible ignorar lo instintivo y sobre todo si se trata de tu pareja de por vida. Hay una frase que dice: los destinados que se rechazan tienen la cruel posibilidad de que no serán felices por el resto de su vida. Así que, si la vida los juntó entonces ellos debían acatar a su encuentro destinado.
Y así como Katsuki presentó las bases de su argumento, muy sólidas por cierto, Izuku también lo hizo.
— ¿Qué dirán tus padres cuando se enteren de que sales con un Omega mayor y con un hijo? ¿Qué dirán tus amigos sobre eso? ¿Qué ocurrirá cuando encuentres a un Omega más joven y lindo que yo?
Las inseguridades del Omega estaban dentro de sus preguntas y Katsuki es lo suficientemente inteligente para darse cuenta.
La confianza y la arrogancia en su joven edad estaba plasmada en su expresión.
— Mis viejos tendrán que aceptarlo, porque eres mi destinado. Lo que digan mis amigos me importa una mierda. Los Omegas actuales podrán ser bellos, pero son tan superficiales e insípidos que me da náuseas. ¿Alguna otra pregunta?
Izuku analizaba la expresión y cada palabra que el alfa decía. Todo lo hacía ver que no había dudas en sus palabras. Sin embargo, sabía que debía haber algo de temor en sus palabras. Porque a la tierna edad de dieciséis años, sus palabras pueden perder credibilidad por la inseguridad. Y no es de extrañar que los adolescentes cambien de opinión una y otra vez. Es por eso que Izuku no le creía, porque él pasó por la adolescencia y sabe cuántas veces tuvo que pasar por las inseguridades de sus acciones.
No se equivocaba.
Detrás del: “mis viejos tendrán que aceptarlo” había un “estoy asustado por sus reacciones, aunque esto es lo que ahora quiero”. Y “Lo que digan mis amigos me importa una mierda” había un “sí me importa y tengo miedo, pero mi orgullo está primero”. Por último, “Los Omegas actuales son superficiales…” había un “lo insípido de la extrema belleza es que suele traer mentiras y engaños, ¿Quién podría vivir al lado de un ser superficial?”.
Así que, mientras uno ya lo tenía decidido, el otro no.
Izuku no quería confirmar nada. Sabe las consecuencias de una relación con un menor: el alfa no podría darle la seguridad que él necesita.
Katsuki estaba sintiendo un miedo terrible con el silencio. Así que se levantó y se acercó hasta el omega.
— Dejemos que el instinto lo confirme…
Y sin saber el siguiente movimiento que haría, el alfa sujetó de las mejillas al Omega y lo besó.
Un tacto cálido se sintió en sus labios. Su sentido de alerta se activó debido al movimiento inesperado, y aunque no quería ser aprisionado de esa manera, al final su instinto le decía que no había peligro.
Katsuki no representaba peligro. No de la manera en la que un violador haría sentir a un Omega. Esto era diferente. Era una sensación que le daba confianza con el alfa que se atrevió a besarlo.
Entonces solo sucumbió al beso.
Probó unos gruesos y cálidos labios, que se esmeraban torpemente en un simple beso.
Eso fue lo primero que percibió, luego sintió como las manos del alfa temblaban. Se encontraba nervioso.
Percatarse de ese detalle lo hizo sentir conmovido. Así que sostuvo sus manos y las alejó de su rostro, poniendo fin a un beso casto.
— ¿Es la primera vez que besas?
La pregunta irritó al menor, así que solo respondió con un chasquido y evadió la mirada.
— No, ya había besado antes. Así que no te creas la gran cosa…
Izuku lo tomó como una broma y se burló suavemente. Luego se levantó y tomó de las mejillas al alfa. La diferencia de altura se veía un poco. El Omega era un poco más alto que el alfa, tal vez solo le pasaba cinco centímetros más alto.
— Eres un alfa muy curioso… — dijo acercándose cada vez más hasta sentir rozar sus alientos.— Pero si quieres que te enseñe a como besar, solo tienes que decírmelo y te enseñaré todo…
Y sin esperar respuesta, Izuku volvió a besar a Katsuki. La fuerza en sus labios le quitó el aliento al alfa, quien se sorprendió por el acto. Katsuki no tardó en corresponderle.
Los labios del Omega eran semi gruesos, cálidos y sobre todo, dulces. Le gustó saborear una deliciosa boca que tenía muchos secretos que quería descubrir.
Luego de saborear sus labios, el alfa hizo algo que quería hacer hace mucho. Morder el labio inferior para poder dejar entrar su lengua. Lo cual se escuchó un suave quejido del Omega, quien no se resistió y lo dejó entrar.
La calidez era tan embriagadora, así que su lengua exploró todo hasta que ambas lenguas se pusieron a mover en un ritmo intenso. Y solo se detuvieron cuando el alfa comenzó a chupar esa lengua pequeña con toda la pasión que se iba desbordando. Luego fue el turno del Omega para chupar la lengua del alfa. Ambos comenzaron a sentir un extraño fuego desbordar de su interior. Así que al separarse se miraron y comprendieron la situación: ambos estaban entrando en celo.
— ¿Sabías que con una respuesta corporal se podía activar el celo de una pareja destinada? — preguntó el alfa con una sonrisa.
— Eres un pequeño idi-¡Ah! — el Omega gimió al recibir una nalgada en su trasero.
— Dime qué no sientes lo mismo y me detengo… — preguntó.
Katsuki podría ser un idiota en ocasiones, pero cuando quería podía ser un caballero. No por nada tiene una madre que le enseña disciplina y un padre que le enseña los valores.
Y su pregunta pareció aliviar al Omega, quien se sintió ofendido en un inicio. Toda duda se borró de su mente y en su lugar se llenó de excitación.
Amaba dos cosas en un alfa: que tengan en cuenta su opinión y que sea rudo en la cama.
— Que considerado eres… ¿No te estarás arrepintiendo o si? — y como un gato en celo, deslizó su mano sobre la entrepierna del alfa para acariciar la erección que tenía. El alfa se estremeció. — Porque no me gustan los alfas que se retractan de sus palabras…
Aquel comentario fue tan irritante que lo respondió con un gruñido.
— Idiota, te quitaré esos pensamientos con mi polla…
Y con una firme convicción atrajo el rostro de Izuku para besarlo. Ese fue el inicio del pacto hacia el pecado.
Entre tropiezos ambos se dirigieron al sofá, en dónde Izuku se acostó mientras Katsuki lo desnudaba entre besos y palabras sucias. En ese momento no importaba nada más que su deseo desenfrenado.
En cuanto tuvo a Izuku desnudo, el alfa conoció lo que es verdaderamente el cuerpo de un Omega maduro. Y lo vio bello. Lo vió tan sexy y deseable que esa imagen se impregnó en su mente como el Omega ideal. Nadie podría reemplazar esa imagen.
El color de la piel de Izuku era blanco, como un tono lechoso con pecas, un sin fin de pecas. Su cuerpo era esbelto aunque con un poco de sobrepeso, pero eso lo hacía ver erótico. Katsuki descubrió su gusto por los Omegas gorditos. Y vio sus deliciosos pechos, eran grandes y suaves, que a la vista parecía un par de melones. No hay duda que quiere estrujar y chupar sus perfectos pezones rosados. Lo cual comenzó a hacer, confirmando la suavidad de los senos. Miró un poco más abajo y se encontró con la cueva del pecado. Esos labios se veían apetitosos: rosados y húmedos, que ocultan un dulce secreto.
Dejó de estrujar los pechos y decidió ocuparse de la parte de abajo. Así que con cierta brusquedad le abrió aún más las piernas y acercó su boca en la zona íntima.
— ¡Aah! — gimió Izuku al sentir el roce de una lengua en su coño.
El dulce sabor de manzanilla embriagó los sentidos de Katsuki, así que no se contuvo en sus deseos.
Lamió y chupo toda la zona íntima del Omega hasta hacerlo llegar al orgasmo. Incluso metió dos dedos en su coño para preparar la penetración que se llevaría a cabo luego. Así que luego de sentir como el cuerpo del Omega se retorcía bajo su dominio, decidió parar y pasar al siguiente movimiento.
El alfa se desvistió totalmente y dejó a la vista la proporción del tamaño de su falo.
Era grande, de color un poco más oscuro que su piel, y con algunas venas a su alrededor.
A Izuku le sorprendió ver un pene de 13 centímetros en un joven adolescente. Era un falo que estaba en pleno desarrollo, y aún así era muy grande para alguien de su edad.
«¿Cómo será cuando se termine de desarrollar?»
Y se imaginó el tamaño que tendría, lo cual seguramente sería como el tamaño de un caballo.
Tan solo imaginar algo así, hizo que su líbido se elevará, y con ello sus feromonas se volvieron más fuertes.
Katsuki ya no soportó esperar más.
— Carajo… ya no lo puedo soportar. Déjame meterlo ya… — gruñó.
Entonces Izuku finalmente recobró una parte de su cordura para analizar la situación.
Katsuki se encontraba desesperado, su pene estaba erecto y palpitante con pre semen en el glande. Encima sus feromonas eran fuertes y parecían descontroladas debido a la ansiedad. Entonces llegó a una conclusión: Katsuki era virgen, o… Katsuki era virgen.
Una extraña felicidad surgió en su interior. Izuku podría ser quien tuviera la dicha de ser la primera vez de un alfa joven y atractivo.
Entonces hizo algo que llenó de júbilo al alfa.
Abrió las piernas lo más que pudo, y con sus dedos abrió los pliegues de su coño. Se estaba presentando y fue eso la última gota que derramó el vaso.
Katsuki se abalanzó sobre Izuku y lo besó con toda la pasión que guardaba dentro. Y mientras se besaban, Katsuki agarro su pene y comenzó a introducirlo en el coño ajeno.
— ¡Aaaah! — gimieron ambos cuando la cabeza se introducía.
La sensación que Izuku sentía era como si viviera la primera vez. Lo estaban abriendo y estaba ansioso por tener todo adentro.
En cambio, Katsuki sintió como su glande era rodeado por un agujero estrecho y cálido. En su desesperación por querer sentir más, de un impulso metió todo su falo en el coño.
— ¡Aaah! — ambos gimieron al sentir la penetración. Katsuki no pudo ocultar a tiempo su voz gruesa, lo cual lo avergonzó, pero su vergüenza aumentó debido a la estrechez, lo cual sin poder evitarlo eyaculó adentro.
Izuku confirmó que Katsuki era virgen por la prematura eyaculación. Y aunque así fuera, se sintió bien sentir como se llenaba, aunque él quería más.
— ¿Eres virgen, cierto?— preguntó Izuku.
Katsuki se sintió avergonzado y por eso evadió la mirada mientras gruñía. Izuku lo entendió y lo atrajo para darle un beso. Katsuki pudo mirarlo finalmente.
— No lo digo con mala intención, solo quiero saber para poder enseñarte todo lo que sé…
Katsuki se ocultó sobre el cuello del Omega y asintió.
— Si…
— Bueno, ahora estás dentro de mí, así que ya no lo eres. Eres mío…
— Tsk… Omega descarado…
— Ahora no te detengas, necesito más… — el Omega hizo un movimiento y cambió las posiciones. Izuku estaba frente al pene de Katsuki. — Primero te enseñaré cómo un Omega te puede dar placer…
Y antes de que Katsuki dijera algo, Izuku metió el pene dentro de su boca. Katsuki gimió por el atrevido movimiento y no tuvo de otra más que mirar como su falo era tragado por una boca más experimentada.
Entre lamidas, besos y succiones, el pene de Katsuki sufría espasmos debido a las sensaciones que sentía por la mamada que estaba recibiendo. Y cuando ya se encontraba un poco más confiado, agarró del cabello al Omega y comenzó a mover sus caderas, de esa manera estaba follando la boca de Izuku.
Más movimientos, más succiones, quería más de la boca del Omega dentro de su polla. Tan exquisito agujero lo estaba volviendo loco. Ahí pudo aguantar un poco más, y cuando sentía que ya no podía evitar eyacular, empujó la cabeza del Omega y permitió que todo su falo se metiera hasta la garganta ajena. Solo así pudo eyacular mientras gemía con su voz ronca.
Izuku lo trago todo. A pesar de casi morir por tragar un falo, se sentía tan excitado que quería ser empotrado de una vez. Así que retiró de su boca el pene, y nuevamente lo comenzó a estimular para que tenga esa dureza que le encanta.
— Joder, déjame descansar un poco… — dijo el alfa agitado.
— Oh no, no te vas a detener. Me pusiste cachondo, así que asume tu responsabilidad…
— No sabía que podías ser tan pervertido, ¿No que eras más puritano?
— Y lo soy, pero solo con la sociedad. Cuando es en la cama, las cosas son diferentes. ¿Quieres conocerme mejor? — tras la pregunta se volvió a acomodar sobre Katsuki. Acomodó el pene sobre su coño, y sin perder más tiempo se sentó sobre el falo hasta hacerlo entrar todo. — ¡Aaaah!
— ¡Joder! — exclamó al sentir como el delicioso agujero se tragó su falo. La calidez y la estrechez era exquisita.
— ¿Se siente bien? — preguntó mientras estrujaba el falo en su coño a propósito. Katsuki se estremeció y pudo ver el verdadero rostro del pecado.
«Un rostro sonrojado, con los ojos brillantes y llenos de lágrimas, con la boca abierta y la respiración agitada. Sin duda era el rostro de la lujuria, un pecado carnal».
Al no tener una respuesta, Izuku se enfadó un poco y decidió levantarse, con eso logró sacar el falo. Katsuki se percató y gruñó debido al frío que sentía en esa zona.
— Si no quieres que me moleste y me retire, será mejor que me respondas…
— Joder… — gruñó entre avergonzado y enojado.
Katsuki es orgulloso, nunca le gustó obedecer, pero si quería tener al Omega, entonces debía cambiar.
— Joder sí, se siente de puta madre… así que ahora déjame follarte..
— Recuerda algo cariño… si me quieres tener, debes ser sincero conmigo en todo…
Entonces Katsuki decidió no tener un “pero” en la lengua. Nada de contenerse: ni en su rudeza en querer follarlo y tampoco en su vocabulario obsceno.
— Como digas, luego espero no te arrepientas de escuchar mi sinceridad… — tras decirlo, Katsuki sostuvo la cadera de Izuku y lo bajó con fuerza hacia su polla. La intromisión fue tan placentera que ambos gimieron al unísono.
— Ahora sabrás lo que es estar con un verdadero Omega… — Izuku levantó la cadera a una distancia prudente y bajó con fuerza. La fricción de la penetración fue exquisita. Y ese fue el primer sentón de muchos más.
Izuku saltaba como un experto, dejando que la penetración fuera gloriosa. Katsuki gemía y gruñía debido a la exquisita sensación del sexo.
El alfa sentía como su polla era tragado con tanta destreza que le comenzó a gustar la experiencia que el Omega le mostraba. Comenzó a disfrutar del sexo.
Su primera vez estaba siendo tan placentero que no quería llegar a un fin.
Fue así que él también comenzó a levantar la cadera para que ambos pudieran sentir sus propios deseos ser correspondidos.
Ante los ojos de Katsuki, ver cómo Izuku gemía y se retorcía debido a su polla, era satisfactorio. Incluso el rebote de esos enormes pechos lo excitaban tanto que no se resistió acercarse a ellos y comenzar a chuparlos. La estimulación en los pezones hicieron que Izuku se volviera loco, así que comenzó a saltar sobre la polla con más fuerza.
Ambos se estaban sintiendo bien, demasiado bien.
Y no tardó mucho para que Izuku fuera el primero en eyacular. Un exquisito líquido salió de su coño que los empapó a los dos. Luego, debido al orgasmo del Omega, el alfa lo siguió. Eyaculó dentro del Omega hasta soltar la última gota. En esta ocasión, la cantidad de semen fue un poco menor que la primera vez. De todas maneras, en el coño del Omega estaba registrado todos los líquidos que recibió del alfa: su saliva, su primer semen y ahora el semen más reciente. Todo eso estaba mezclado dentro, lo cual le generó a Izuku la felicidad.
— Quiero más… — dijo Izuku en medio de su agitada respiración — Dame más semen… dame tus hijos, alfa…
Y esa palabra fue la clave para despertar el instinto. Katsuki volvió a tener una erección y con una firme convicción hizo lo que debía hacer en ese momento. Cambio de posición al Omega, dejándolo boca abajo y con la cadera levantada.
Sin dejar algún descanso, la penetración fue al instante. Katsuki comenzó a penetrar a Izuku con una fuerza bruta.
Izuku se sentía en el cielo, pues todo su cerebro se comenzó a atrofiar. Solo sentía placer.
Hace mucho que no lo sentía de esa manera. Ya que los dildos nunca fueron suficientes.
Estaba tan concentrado en recibir placer que no escuchaba nada de lo que el alfa comenzó a decirle.
— Joder… que rico coño tienes… — Katsuki comenzó a ser más honesto de lo que sentía. — Dijiste que querías tener a mis hijos… entonces lo tendrás…
Siendo tan posesivo como era, agarró a Izuku del cabello y lo aprisionó en sus brazos, luego comenzó a moverse más rápido.
— ¡Aaaah! — gimió el Omega al ver cómo la verga de Katsuki entraba más en su interior. Esa polla sabía hacer un trabajo exquisito al tocar las zonas erógenas.
— Ahora eres mi puta Izuku, solo mío… ¿Entendiste? — susurraba en el oído del Omega, quien solo asentía. — Dilo más claro, quiero escucharte…
— Soy la puta de Kacchan… — Izuku ni siquiera sabía en qué momento le dió un apodo, pues solo su instinto estaba en control sobre él.
Ese apodo fue una palabra maravillosa que Katsuki escuchó del Omega. Aunque sabía que era infantil, a él le terminó gustando.
Katsuki se sintió satisfecho con eso. Y para evitar su eyaculación precoz decidió distraerse tocando el cuerpo del Omega. Primero comenzó a besar a Izuku en la boca. Luego se acomodo bien para agarrar uno de los pezones del Omega y comenzar a chupar.
— Más fuerte, más fuerte ¡Ammg!!! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ahí! ¡Ahí! — gimió Izuku al sentir como la verga de Katsuki removía sus entrañas mientras que su boca succionaba su pezón y una de sus manos estrujaba el otro pecho.
— Prepárate para recibir a mis cachorros, Omega…
Aumentó el ritmo de sus embestidas hasta que el orgasmo le permitió eyacular. Un fuerte gruñido se escuchó en la habitación junto al gemido del Omega que también tuvo un orgasmo.
La deliciosa sensación de ser llenado por el semen de un alfa, era algo que Izuku siempre amará. Y cuando se dió cuenta, luego de la cúpula del placer, sintió dolor en su coño. Katsuki lo había anudado.
Ambos tuvieron que acomodarse bonito para descansar. Se pusieron de costado en posición de cucharita.
— Eres mío… eres mi Omega… — Izuku lo escuchó decir antes de quedarse dormido.
«Mi alfa…»
Fue lo último que pensó el Omega.
Aquella acción fue el inicio de muchos encuentros sexuales.
Y cuando más experimentaban, más aumentaba el deseo. Y cuánto más aumentaba el deseo, más grande era la pasión que desbordaba. Y cuánto más pasión sentían, el lazo que los vinculaba se hacía más fuerte.
Ahí ya no había solo deseo sexual.
Sus corazones comenzaron a sentir amor.
El amor surge de muchas maneras, pero la manera más pura de formarse es cuando ven las dos caras de la moneda, de esa persona.
Katsuki podía ver la dulzura de Izuku y lo descuidado que era en ocasiones.
Izuku podía ver la inmadurez de Katsuki y lo atento que podía ser en ocasiones.
Ambos veían lo bueno y lo malo, pero lograban ver más lo positivo de sus personas.
Es por eso que Izuku no quería soltar al alfa, a pesar de haberse visto renuente algunas veces debido a su diferencia de edad.
Y Katsuki, aunque veía algunos defectos en Izuku, sabía que podía tolerarlo y amarlo como es. Era el más terco de los dos.
Ya ninguno quiso retroceder en esa relación de amantes.
Con el tiempo fueron más descarados, así que tenían sexo en todo el tiempo.
La mayor parte de sus encuentros sexuales se dieron en la casa del Omega. Así que cuando Katsuki iba a su casa, el Omega lo esperaba sin ropa interior y siempre con una falda. Era más fácil levantar esa prenda e iniciar con la penetración.
Izuku fue empotrado en la cocina, en el baño, en el lavadero y en su propio cuarto. Y solo sucedía cuando mandaban a Denki a comprar o cuando estaba tan distraído viendo su celular que no le prestaba atención a la existencia de esos dos en su casa.
Con la práctica del continuo sexo, Katsuki cada día se hacía más experto, así que ya no tenía eyaculaciones precoces. E incluso podía cargar a Izuku sin sufrir en el intento, ya que Izuku al ser gordito y un poco más alto pesaba más de lo que Katsuki podía soportar. Así que también, sin decirle a Izuku, comenzó a ir al gimnasio para entrenar.
Esas situaciones le parecían tan excitantes debido a que se encontraban en riesgo de ser descubiertos. Así que la mayor parte de su racionalidad desaparecida cuando ambos se miraban.
Había un profundo morbo y cariño en sus ojos, que querían seguir juntos.
¿Pero por cuánto tiempo iba a durar su extraña relación que aún no tenía nombre?
Luego de cuatro meses de estar follando como conejos en cualquier parte, poco a poco los problemas comenzaron a surgir en esa pareja.
Izuku y Katsuki querían algo serio, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso. Ahí es donde la falta de comunicación y sinceridad comenzó a llenarlos de inseguridades. Y con eso, a afectar su relación.
Todo estalló cuando llegó una mujer a sus reuniones.
Da la casualidad que Katsuki llegó a la vida de Denki para no irse nunca, pues gracias a ser su tutor comenzó a mejorar sus estudios. Así que era normal para Denki que Katsuki fuera a su casa cada vez que el alfa quería, por lo que ya no solo iban a estudiar sino a jugar videojuegos.
Cierto día, Izuku se preparaba para recibir a Katsuki en su casa, ya que era normal que fuera a visitarlo luego de sus clases. El Omega tenía pensado en declararse, así que se arregló bonito para recibirlo y tener una ronda de sexo rápido en uno de los rincones de su hogar.
Todo iba según lo planeado, hasta que una sorpresa inesperada lo hizo volver a la realidad de golpe.
¿Que hacía una hermosa mujer Omega al lado de Katsuki y Denki?
Al ser un adulto, él tuvo que fingir ser respetuoso para darle la bienvenida a un miembro más del grupo de su hijo. Y lo hizo bien hasta que se percató de algunos detalles.
Esa joven no se despegaba de Katsuki. Y lo que es peor, Katsuki no la apartaba de su lado.
Katsuki estaba permitiendo que una mujer pusiera sus pechos sobre sus brazos a la cual se aferraba como una cucaracha.
Y eso le dolió.
Fue la primera vez que sentía unos desgarradores celos.
Lo dejó pasar por una vez, ya que se intentaba convencer de que Katsuki era demasiado amable como para ser rudo con la chica. Sin embargo, la misma situación se repitió por dos semanas más. Y ya no lo soportó.
Tal vez es hora de poner fin a una relación sin nombre luego de cuatro, casi cinco, meses. Así que, decidido a olvidar a Katsuki, él mismo se buscó una cita a ciegas.
Entonces cuando su hijo llegó con los dos jóvenes más, Izuku ya estaba listo para salir. Se vistió tan sexy que cuando Katsuki lo vio, se dió cuenta de lo hermoso que era un omega mayor. Solo así despejó sus dudas. Volvió a la realidad cuando escuchó algo que lo aterró.
— Voy a salir a una cita con un alfa, no me esperes despierto cariño… — fue lo último que escuchó antes de verlo desaparecer tras el umbral de la puerta de entrada.
Y no supo si se lo decía a él o a Denki.
Lo siguiente que sintió fue el tacto de esa joven para ser arrastrado al sofá. Pero él ya no escuchaba nada de lo que decía, solo tenía una cosa en la mente: estaba perdiendo a Izuku.
Y como si esa frase tuviera alguna clase de fuerza, Katsuki se puso de pie, lo cual alertó a sus dos amigos.
— Recordé que tengo que ir a unas clases especiales. Así que me iré ahora… — estaba por irse pero la chica lo detuvo.
— ¡Espera! Déjame acompañarte… — entonces Katsuki se percató de su gran error.
Para que Izuku decidiera hacer lo que hizo fue debido a la presencia de Camie. Entonces comenzó a enojarse con ella y con él mismo.
Él también tenía dudas sobre la edad: ¿Y si Izuku merece a un alfa que le de un estilo de vida lujoso? ¿Un gran alfa que sea seguro de lo que quiere en la vida? ¿Y si se merece a un alfa de su edad y no a un mocoso inmaduro?
Todo eso lo alejó de Izuku por dos semanas: sin mirarlo, sin buscarlo y sin hablarle.
Era comprensible que Izuku ahora decidiera buscar a un alfa de verdad.
Katsuki reaccionó cuando la chica volvió a insistir.
— No me toques, perra… — le gruñó y la miró con un odio repulsivo.— Sé muy bien lo que pretendes. Y déjame decirte una cosa: eres fea y no estás a mi altura para salir conmigo. Así que vaya olvidando la idea de que saldré contigo.
Luego de sus palabras crueles, Katsuki le quitó la mano que lo sostenía de su brazo y salió de esa casa con sus cosas. No perdió tiempo y salió corriendo.
Denki fue testigo de una situación complicada: acaban de rechazar cruelmente a una de sus amigas y ahora debía ser él quien la consuele.
Es decir, cuando se trata de consuelo solo debía abrazarla y escuchar todo lo que tenía que decir. Y debió haber hecho solo eso.
Nunca debió caer en su provocación de tener sexo.
El consuelo se convirtió en sexo.
Y el sexo en remordimiento.
¿Por qué es difícil ser beta y enamorarse de un alfa?
Sobre todo si ese alfa le duplica la edad.
Incluso Denki sabía que había límites en la vida, pero él no quería respetarlos.
Y todo debido al pecado de amarlo.
Por otra parte, luego de correr por las calles para buscar a Izuku, no lo llegó a encontrar.
Su corazón le dolía y la rabia cegaba su mente.
¿Izuku habrá podido entregarse a un alfa de verdad?
¿Lo habrá olvidado fácil?
Lo negó. No podía suceder.
Izuku no le podía hacer eso.
Entonces recordó cuando ambos salieron por primera vez a una cita. Fueron a comer, al cine y luego fueron a un parque particular.
Ese lugar también se convirtió en su nido de amor casual, pues el sexo fue glorioso ese día.
Así que, armándose de valor se dirigió allí.
Y por fortuna lo encontró.
Izuku estaba sentado en una banqueta, se miraba tan triste que sus preciosos ojos seguían con incesantes lágrimas.
Katsuki se acercó con cautela y lo abrazó por detrás. La única división que había entre ellos era el respaldo de la banca.
— Lo siento Izuku. Lamento mucho haber sido un imbécil y no haberte hablado en estos días… — Katsuki colocó su cabeza en el cuello de Izuku mientras sus brazos se aferraban sobre sus hombros.
— ¿Tienes idea de cómo me sentí? — su voz quebrada rompía el corazón del alfa— ¿Sabías el daño que me hacía el ver que estabas con un Omega más bella y joven que yo?
— Lo sé, lo lamento… yo, no me di cuenta sino hasta hoy… — incluso Katsuki comenzó a llorar al pensar que esa conversación podría poner un final en su relación.— Perdóname por haber sido un imbécil. Perdóname Izuku…
— ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me ignoraste durante dos semanas?
— Porque tenía miedo. — confesó — Tenía el mismo miedo que tú. El que no podía ser suficiente para ti. Que tal vez podrías encontrar a un alfa autosuficiente para cuidarte y hacerte feliz. Ya que no necesitas a alguien inmaduro que te complique las cosas. Y pensar que no me necesitas me agobia. Yo quiero que me necesites, quiero que te apoyes en mí para ayudarte en todo. Quiero serte de utilidad, porque ahora siento que no puedo vivir sin ti. Porque yo estoy enamorado de ti. Te amo, Izuku. No sé si es posible enamorarse con tanta fuerza en tan poco tiempo, pero incluso si lo fuera, quiero que sepas que de verdad te amo. Te amo, mi Deku.
Izuku lloró con más fuerza.
Él tampoco sabía si era posible amarlo con tanta fuerza en tan poco tiempo.
Se olvidaron que son destinados, y que usualmente una pareja destinada son el alma gemela del uno al otro. Por eso es que su amor suele ser diferente al de una pareja normal. Porque ellos tienen esa fuerte dependencia y no se pueden separar.
Los destinados son los eternos monógamos.
— Yo también te amo Katsuki. Te amo con tanta fuerza que no puedo vivir sin ti. Eres todo para mí. Te amo mi Kacchan… — el Omega se aferró al abrazo de Katsuki, y luego volteó su rostro para acercarse al alfa. Ambos se miraron con tanto cariño que lo demostraron en un beso.
Era un beso cálido, más cálido de lo normal, en la que se demostraban el verdadero sentimiento del amor y no solo sexo. Y ese mismo sentimiento avivó el deseo sexual.
Luego de separarse y abrir los ojos, ambos se decían lo que querían. Realmente necesitaban fundir sus cuerpos.
— Quiero hacerte el amor Deku…
Izuku se mofó, pero no negó nada.
— Déjame llamar a Denki primero… — dijo y se separó de Katsuki, quien solo dió un chasquido con la lengua y se movió para sentarse al lado de su omega.— Oh espera, me dejó un mensaje.
— Mmm… ¿Qué dice? — Katsuki se aferró a la cintura de Izuku mientras metía su cabeza en sus senos.
— Me dijo que fue a la casa de un amigo y que probablemente llegará tarde a la casa…
— ¿Sabes lo que eso significa? — Katsuki lo miró con coquetería. Izuku comprendió el mensaje así que se sonrojó y lo ignoró. — Vamos Deku, no lo niegues… es una oportunidad…
— Ya Kacchan…— Izuku comenzó a reír al sentir el aliento de Katsuki en su cuello, lo cual le hacía cosquillas.
Luego de dejarle un mensaje a su hijo Denki, ambos emprendieron camino hacia la casa del Omega.
La noche fue larga para dos amantes que se entregaron al amor.
Pero no fue la única noche de ellos dos, porque otra pareja también tuvo su encuentro íntimo.
Denki, no llegó esa noche a su casa.
(*********)
Pronto el despertador sonó y eso lo despertó totalmente. Se dió cuenta que tuvo un profundo sueño, lo cual vio el pasado como si fuera una película.
Al voltear para ver a su amado, no se encontraba a su lado. Entonces supo que estaba en la cocina pues el olor a comida llegó a su olfato.
Estaba feliz con su pareja, pero tenía inquietudes que seguían pendientes. Así que, para comenzar el día se levantó y fue a ducharse. El omega debía encontrar una solución a los problemas que seguramente tendrían.
Luego de un año, la preocupación comenzó a surgir en Izuku. Sobre todo porque si el Omega y el alfa formalizan su relación entonces Denki pasaría a ser el hijastro de Katsuki. Lo cual no sabe cómo sería su reacción ante eso. Es por eso que está preocupado, y ahora solo está preparándose para decirle la verdad.
Y a pesar de su plan, nota algo raro en su hijo. Denki está actuando extraño.
Comenzó a estar más ausente en su casa, a usar camisas con cuello, incluso a veces solía caminar medio chueco. Todo eso lo llevaba a pensar muchas cosas negativas. Sin embargo, había un pensamiento que destacaba: tenía pareja.
De ser así, ¿Por qué lo ocultaba? Ya que siempre Denki era muy transparente con su madre.
Por lo que, debido a esa situación no tenía otra opción más que averiguar lo que sucedía.
Tuvo que pedir ayuda a Katsuki.
Así que luego de hacer el amor salvaje en un motel, Katsuki terminó aceptando la petición de su Omega.
Desde entonces, Katsuki comenzó a ser la sombra de su amigo y futuro hijastro. Ya que hay un dicho que dice: si conquistar a la madre soltera quieres, ganarte el amor del hijo debes.
Su investigación se aplazó por una semana, y cuando finalmente encontró el motivo, supo que estaba verdaderamente jodido.
La pareja de Denki no era nadie más que su tío, un pariente lejano de parte de su madre.
Nunca olvidaría ese cabello rojizo, cabello de puercoespín y unas horribles dentaduras.
Kirishima Eijirou. Un alfa de 39 años.
Así que al confirmar el ingreso de Denki en la casa de su tío, supo que todo estaba mal. Y lo confirmó cuando esperó una hora y el beta no salió.
Si Katsuki iba a ser el hombre de la casa luego de casarse con Izuku, entonces tenía que hacerse responsable de esta situación.
Y lo primero que hizo fue enfrentar a Denki.
Cuando el encuentro se dió, el pobre Denki se puso a llorar y a pedirle de favor que no se lo digan a nadie, mucho menos a su madre. Sabe que la relación de un menor con un mayor de edad es un pecado que la sociedad no acepta, y es mucho peor si se trata de un beta con un alfa, ya que las leyes con ese tipo de pareja son altamente discriminados.
Katsuki simplemente lo escuchó todo.
Incluso se sorprendió al saber que Camie usó a Denki para consolarse sexualmente luego de aquel momento cuando Katsuki fue cruel con ella. Y también supo lo imbécil que fue Denki al aceptar eso ya que únicamente lo hacía por despecho. Además, ese mismo día fue con Kirishima y tuvieron un feroz encuentro sexual en dónde arreglaron su lío amoroso.
Entonces Katsuki llegó a la conclusión de que estaban jodidos.
¿Cuál sería la reacción de Izuku al enterarse de la situación de su hijo?
¿Cuál sería la reacción de Denki al enterarse de la relación de su amigo y su madre?
Sabía que habían cometido un pecado, pero sus pecados eran diferentes y tenían otras consecuencias.
Al final, Katsuki le dió el plazo de una semana para confesar a su madre lo que hizo o sino él mismo lo diría.
A veces es mejor ser más rápido a esperar que otra situación lo complique.
Y vaya que se estaban complicando las cosas.
Con el pasar de los días, algunos cambios se presentaron en los cuerpos. Cambios que llenaría de sorpresa a sus parejas y quizás a la sociedad.
Es decir, Denki comenzó a sentirse mal, ya que en ocasiones tenía fiebre y le dolía su vientre. Además de que un tenue aroma comenzó a rodear su cuerpo. La fragancia de limón se sentía en su piel y en su sudor. Además de que su cuerpo comenzó a crear lubricante en la zona rectal. Algo pasaba ahí, y aún no tenían nada confirmado.
Por otra parte, Izuku también estaba comenzando a sentirse un poco enfermo. Las náuseas y los mareos comenzaron a afectar su rutina. Incluso los antojos y los cambios de humor fueron una constante molestia que Katsuki tuvo que contemplar en el omega. Además, de que un tenue aroma a leche se estaba mezclando con sus feromonas, incluso sus senos habían aumentado de tamaño. Algo pasaba ahí, y temía confirmar sus sospechas.
La vida de los cuatro los llevó por un camino lleno de pecado, pero al mismo tiempo juntaron a unas parejas que querían vivir el amor.
El futuro que les espera lo debían determinar ellos mismos con sus decisiones. Porque el pecado dió frutos, y las consecuencias debían ser asumidas.
FIN
(*****)