Prólogo
Un virus llegó sin advertencia, silencioso pero letal. En un abrir y cerrar de ojos, las calles se vaciaron, los días se convirtieron en zona de cuarentena, y el mundo que conocíamos dejó de existir. En medio del caos, la vida de una chica cambió para siempre.
Ella respiró hondo, observando el horizonte con la mente llena de recuerdos. El rostro de sus padres permanecía grabado en su memoria, una imagen que el dolor nunca pudo borrar del todo. Desde que fueron reclutados por la Unidad de Vigilancia y Resguardo (UVR), el vacío en su corazón se había hecho profundo y el dolor, aunque presente, se había transformado en una sombra constante.
Junto a sus hermanas, trató de forjar una nueva vida, adaptándose a un mundo que se había vuelto hostil e incierto. Pero la influencia de la UVR era innegable; su presencia se sentía en cada rincón, como una sombra que nunca se disipaba. En medio de esta lucha por la supervivencia, se cruzó con un par de chicos que, al igual que ella, buscaban su camino en un entorno lleno de desolación.
Ambos compartían un anhelo por la libertad y llevaban consigo heridas profundas, cicatrices de un pasado que ya no podían cambiar. Fue en ese instante, rodeada de la incertidumbre, que comprendió que su lucha no se limitaba a sobrevivir. Era una lucha por vivir, por reconectar con la esencia de la humanidad que había sido apagada.
La batalla por la humanidad había comenzado, y ella ya estaba lista para pelear. El destino la había llevado a este momento, y aunque el futuro era incierto, la esperanza ardía en su corazón como una chispa que se negaba a extinguirse.