Prólogo
Siempre le había gustado escribir, incluso podía decir que era su más grande pasión. Y es que la escritura era su forma de dibujar; un arte muchas veces olvidado y rechazado, pero tan cautivador como la obra en sí misma. Y, aun así, vivía inconscientemente enganchado a la pantalla de su computador cuando una idea le venía a la mente.
Si eso sucedía, podía pasar días enteros sin probar bocado y solo concentrándose en desarrollar aquella historia que su mente no paraba de recrear. Era complicado, pero a la vez hermoso.
Pero…
Hay ocasiones en las que, lo que más te apasiona se convierte lo más difícil de hacer. Cansado de todo el día estar sin lograr un resultado, salió a aquel bar cerca de su edificio. Bajo las escaleras del Heartbreak con una sensación en su pecho difícil de borrar. Camino entre los cuerpos apilados y llegó hasta la barra pidiendo a su vez una copa de soju. La música era extremadamente alta, pero aun así no era capaz de calmar sus pensamientos descabellados, ni esa sensación en su pecho de que algo pasaría pronto. Bebió el blanco liquido mientras una bossa nova llenaba el ambiente y calmaba su corazón. La amable barman sirvió otro poco más del líquido y el agradeció con un simple gesto mientras tarareaba a la par de la joven en el reproductor. Y por un momento simple las ideas que corrían desesperadas rogando por una organización se detuvieron en el momento que sintió una mirada fija en su espalda que lo erizo. Wonwoo volteó a ver, encontrándose con un hombre atractivo con aires de misterio.
Era alto, nariz perfilada y ojos rasgados de un negro hermoso, profundo y brillante. El hombre lo miraba fijamente detallándole, calculando cuál sería su próxima jugada como si estuviera en un campo minado y comenzó a acercarse. La chaqueta de cuero y la cadena en el pantalón debieron darle indicios de que aquel desconocido, tenía la palabra peligro escrita con letras neón en su frente. Pero sabía que era demasiado tarde para él. su corazón latió rápidamente cuando sus ojos se encontraron más cerca, a solo un parpadeo de verse más cerca. Wonwoo tragó saliva mientras se ponía de pie, quedando casi a la altura del hombre. El desconocido extendió su palma hacia arriba, pidiendo una invitación sutil a que el pelinegro frente a él la tomara y mover su cuerpo al ritmo de la música y quizás poder calentar su cama con el tonificado cuerpo, al menos por esa noche.
Y Wonwoo accedió. Coloco su palma caliente encima de la contraria y luego de eso, no se acuerda de nada más. Su mundo que antes había sido monótono y sin color, se pintó de colores neón cuando sus labios se tocaron, cuando las manos callosas recorrieron su cuerpo y cuando las respiraciones entre cortantes se convirtieron en gemidos desgarrados pidiendo por más.
Wonwoo recuerda sentir los gruñidos del desconocido cerca de su oído. A veces, su mente lo traiciona y siente los besos y las mordidas en su cuello y espalda; pero siempre se vuelve más difícil ignorar cuando cierra los ojos, el gemido ronco y la expresión del hombre cuando se derramo sobre el por tercera vez aquella noche.
Y aunque cuando despertó la soledad bañaba la difusa habitación superior en el club, estaba seguro que aquella noche cambió su vida por completo.
Su vida jamás volvió a ser la misma.