¡Santas calamidades, Robin!

Summary

Una noche para ser un civil común y corriente era el único deseo de Jonathan Kent; una noche para ser tan solo dos adolescentes enamorados iniciando su gran historia de amor. Pero al parecer… No serían ellos si algo extraño no les pasaba.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

—¡Yo abro! ¡Yo abro!

Lois separó su interés en el artículo que escribía para prestar completa atención al mundo real y notar si alguien estaba detrás de la puerta, si la misma era golpeada para llamar la atención, si el timbre era utilizado como marcaba el protocolo o en su defecto, algún sonido de alguien entrando por los terrenos con el crujir de las pisadas.

Sin embargo, nada de eso parecía estar sucediendo.

Lo único que sintió y logró escuchar fue la ráfaga residual de viento helado detrás de su hijo, ese viento que procedía a seguirlo cuando bajaba corriendo las escaleras, recorriendo a gran velocidad toda la casa hasta la entrada. Logrando sacar una sonrisa entre orgullosa y divertida a su madre; la primera por ver a su retoño aun respetando la norma de no volar dentro de la casa y la segunda por notar el nerviosismo de Jonathan con respecto a la visita de su “mejor amigo”.

Por qué ella sabía más cosas de las que le eran confesadas.

Ella no necesitaba ningún tipo de superpoder extraordinario como escuchar a cientos de miles de kilómetros o una visión poderosa para espiar detrás de las paredes; no, en realidad solo necesitaba prestar atención en todas las acciones de su hijo...

Mas cuando estás tenían demasiado esfuerzo detrás por parecer naturales y muy simples.

No le era difícil analizar todos los pequeños detalles mal actuados de su hijo, como su hablar cambiando a algo formal y muy educado cuando intentó convencerlos de permitirle quedarse a dormir junto a Damian Wayne por una noche en su habitación (cuando ese tipo de actividades solían hacerlas desde que ambos eran niños) o el brillo en sus ojos, el cual no pudo evitar, mientras explicaba las razones por las cuales debía tener permiso para salir al carnaval del condado junto a él.

Y la emoción de un cachorrito recién adoptado al momento de escuchar como Clark, un poco más confundido por no entender la razón de ese pedido demasiado formal sobre cosas que ya hacían desde tiempo atrás, aceptaba las condiciones.

Lois sabía que Jonathan no sabía que ella sabía que Damian había dejado de ser solo un mejor amigo para ser su pareja y, de alguna forma, le hacía sentir feliz pues, ese chico de los Wayne había regresado un poco del brillo infantil perdido en los lindos ojos de Samuel.

Además, prefería no revelar su amplio curriculum de analista sobre el comportamiento de sus super-chicos con respecto a los murciélagos de Gotham. Pues ya había visto a Conner actuar como un tonto, presumido y cool cuando Timothy pasaba cerca de él o al mismo Clark actuando como una colegiala enamorada cuando su mejor amigo salía a colación.

Sólo sonrió satisfecha luego de ver el comportamiento de su hijo y regresó a sus propias actividades.

No necesitaba avergonzarlo en ese momento, ya tendría más tiempo después.

Por su parte Jon parecía actuar como los perros ansiosos por la llegada de su amo, aun si este aun estaba bastante lejos para ser notado.

A diferencia de ellos, Jon si sabía donde exactamente estaba Damian, su vehículo aun no cruzaba el puente sobre el rio para unir la ciudad con los sembradíos, tendría tal vez unos diez minutos antes de su llegada y él, por supuesto ya estaba listo.

O eso creía.

De repente una oleada de no estar seguro le golpeó, rápidamente se asomó al pequeño espejo distorsionado del portallaves en forma de sol colocado en la pared de alado, pasando sus dedos entre su cabello para acomodarlo, desacomodarlo y volver a acomodarlo dos veces más. Alisó su ropa, dobló correctamente el cuello de su camisa de cuadros, aun si está estaba sobre una playera y era completamente informal.

Repasó un dedo sobre sus blancos dientes como si eso ayudara en algo, pues estaban bien cepillados y sopló sobre su mano para rectificar el aliento.

Asintiendo cuando se sintió seguro de lo reflejado.

Limpió sus manos sobre el pantalón y comenzó a “ensayar” su saludo, el uso de sus manos… si debía solo sacudir su mano tímidamente o tal vez recargarse en el marco de la entrada, sonreír de medio lado soltando un “hola nene” en voz grave y sensual. Parando en seco al escuchar como un vehículo se estacionaba frente a la casa, como las puertas de este se abrían y las personas descendiendo de él tenían una charla trivial.

Tragó pesado, contó hasta diez para no entrar en pánico.

Para mejor entrar en desesperación.

Volvió a ver sus manos, estaban vacías.

¡¿Por qué estaban vacías?!

¿Quién en su sano juicio asistía a una cita con las manos vacías? Aun si esta era en su casa, eso no era igualdad de pares… Y con todos los pensamientos corriendo a mil por hora y la sensación de ser alcanzados por las personas quienes estaban por entrar, recorrió con la mirada toda la casa en búsqueda de un buen obsequio.

Uno digno de la primera cita de pareja formal de toda su vida; pues Damian era el primero y el único sin objeciones.

Sus ojos se encontraron con una figura de quinceañera, un payaso triste con sus globos de vidrio y un extraño amuleto maorí dentro de una vitrina, todo siendo propiedad de su abuela. Pensó por un segundo en el payaso triste, pues…

Los Wayne tenían una gran historia con los payasos ¿a qué sí? Sería…

Sería como un chiste interno y… Y cuando estuvo a punto de correr por la deprimente figura polvorienta de la vitrina un lindo arreglo de flores sobre la mesa del comedor pasó frente a sus sentidos, haciéndole cambiar de rumbo.

A diferencia del dúo subiendo la escalera del porche, quienes no habían dejado ni un segundo para descansar.

Kent menor tomó los girasoles y las rosas, acomodándolas rápidamente para quitarle el listón decorado con el nombre de su mamá y un tal “Pulitzer”. Soplando encima de estas para congelarlas y que pudieran soportar un día más antes de marchitarse.

Regresó corriendo a la entrada, tomó aire para tranquilizarse y antes de que el timbre pudiera sonar, abrió la puerta.

—¡Dami! —saludó emocionado, extendiendo el arreglo floral con un poco más de fuerza y torpeza de la necesaria. Logrando en el nombrado un paso hacia atrás por la sorpresa de verse siendo atacado por flores, escuchando la risa baja de Grayson a su lado, luego de verle intentar tomar las flores con sus manos aun ocupadas, una en el aire antes de llegar al timbre y la otra acarreando algo más.

—Esto… —levantó eso sobre su mano, después de volver a tomarlo con ambas manos —es para ti… —extendiendo la tarta de manzana, menos amenazante que las flores. —Bueno para ti y tus papás… Si ellos quieren, claro.

Richard agradecía cada segundo en el cual “discutió” con Bruce por ser quien acompañara a Damian a su primera pijamada de novios. Pues quería estar en primera fila para archivar en sus registros del Comportamiento del Murciélago de Gotham con respecto a Superman como su pequeño bebé murciélago funcionaba frente al superniño.

Pues sí, existía algo así.

No por nada existía una carta a Santa Claus escrita con su puño y letra pidiéndole que el señor Superman fuera su otro papá, pues había visto mucha de la interacción de Batman con ese señor y en verdad le gustaba ver a Bruce sonriendo o esa anécdota de como Timothy se había rotó en tres partes el brazo derecho y una pierna en espiral al caerse de los brazos de Conner Kent después de salirse sin permiso una noche de invierno.

Al menos Damian no había puesto en peligro su vida con esto…

Quizá la vida de un tal Clark Kent por haber tenido un hijo quien había seducido al niño dorado de Bruce Wayne, sí. Pues el rostro de Bruce había sido poesía pura cuando el niño comenzó a hablar en tono educado y muy sobrio (más sobrio de lo acostumbrado) sobre sus planes de viernes por la noche, de como iba a quedarse a dormir con Jon y no permitiría ninguna negativa.

Logrando que toda la familia dejara de comer, procesando algo tan simple como eso, algo que no era extraño pues ese tipo de reuniones el niño las hacía desde mucho antes, sin embargo… Si agregaba un sonrojo intenso a su ecuación y otros pequeños movimientos de nerviosismo solo comprobaba lo que todos ahí ya intuían.

Pues no se necesitaba ser el mejor detective del mundo para saberlo.

Aun si Damian parecía no saber que todos en su familia ya sabían la verdad y solo se ceñían a su coartada de seguir llamando a Jonathan por su nombre o el adjetivo compuesto de “mejor amigo”.

Tampoco le ayudaba demasiado haber estado tan nervioso minutos antes de partir, gruñendo y maldiciendo mientras se daba cuenta que no podía llegar a su “reunión” con las manos vacías, para pasar a robar el delicioso postre de Alfred, el cual no había sido planeado para regalar.

En fin, los niños enamorados parecían no conectar neuronas.

En lo absoluto.

Y por eso el intercambio de regalos había parecido más a una escena de dos botargas enormes que intentaban abrazarse entre ellas, con ninguno sin saber como funcionar en ese instante. Estaba claro que no podían besarse, pues ninguno había “salido del closet de las relaciones” con su familia, pero… ¿Debían solo tomarlo y decir un simple gracias? ¿Debían abrazarse? Y al permanecer “congelados” por más tiempo del necesario, tanto Lois como Richard entraron para hacer el intercambio entre ellos y agradecer por ambos obsequios.

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Existió un momento de intercambio de palabras más en el rellano, también un pequeño discurso de las reglas de la casa cuando Los Kent y el mas joven Wayne entraron por fin; cosas típicas como la hora de llegada si se disponían a salir, sobre la puerta de la habitación abierta y demás situaciones así, siendo despachados rápidamente por la castaña para, por fin, comenzar su pequeña cita.

—Disculpa a mamá. —Jon no tardó en hablar apenas entraron a la habitación, entrecerrando la puerta con mucho cuidado para no dejar rastro de haber medio incumplido una regla. —tal vez nos ve como niños pequeños aún.

Damian asintió, mientras se sentaba en la cama y miraba a todos lados, como si nunca hubiera estado ahí.

—No importa. A decir verdad, mi padre habría activado un montón de protocolos para mantenernos vigilados en la mansión. —explicó, aun rectificando todo a su alrededor. —o habría encomendado a Drake como chaperón y ese es un destino peor que la muerte.

Jon soltó una risita, sentándose a su lado, tomando el control de la televisión con una mano y sujetar la del mas bajo con la otra, dándole un pequeño apretón en búsqueda de su atención, logrando que Damian dejara de estar vigilando todo a su alrededor, pues de alguna manera buscaba algún tipo de micrófono o cámara que pudiera comprometer la seguridad.

—Tranquilo, aquí no tenemos alta tecnología, Dami —Jon explicó, mientras se perdía en los enormes y brillantes ojos esmeralda de su novio y sonreía tontamente cada cuando la palabra “novio” recorría sus pensamientos —Bueno si, tenemos un refrigerador que hace solo la lista de compras, apenas me estaba acostumbrando al que hacia solo hielitos.

Soltó tontamente en un deseo de calmar la atmosfera, acercándose para dejar un beso sobre la mejilla derecha de su pareja. Recibiendo una sonrisa cómplice como respuesta.

—Podemos ver una película, la feria un no… —sus palabras fueron frenadas repentinamente, pues apenas el de ojos azules movía el control remoto para ilustrar su idea, sintió como los suaves labios del mas bajo se apropiaban de los ajenos y ese cuerpo se inclinaba sobre él, para acortar cualquier distancia entre los dos.

Samuel abrió los ojos, completamente sorprendido ante el cambio repentino de sucesos, sin embargo, no dudó en unirse, pasando su mano debajo del mentón del moreno, sujetándolo con cuidado y apretándolo suavemente para obligarle a abrir más la boca y profundizar el beso.

Wayne no dudó ni un segundo en subirse sobre las piernas ajenas, abrazándolo sobre los hombros para poder pegarse más a él y, a la vez, jugar con los pequeños risos olvidados en la nuca del más alto, sin desprenderse ni un momento del beso.

Las manos de Jon soltaron cualquier cosa ajena al cuerpo de Damian, descansando sobre la cintura de este, apretando ligeramente para sostenerse de él, mientras el beso se volvía mas y más intenso, deseoso y necesitado.

Ante tanto deseo entre los chicos, las manos de ambos comenzaron a hacer estragos en la ropa contraria, deslizándose debajo de las playeras, abriendo cierres y botones, Jonathan acomodando mejor a su novio sobre su regazo para hacer que los pequeños movimientos de cadera regalados por Wayne fueran a los lugares indicados.

Sin medir el riesgo de todo lo que sus instintos parecían mostrar.

Pues solo eran adolescentes, con las hormonas hasta los cielos, con un minuto de privacidad.

Minuto el cual fue cortado, cuando los oídos del chico dueño de la casa percibieron los pasos lentos de su madre subiendo por las escaleras, separando a Damian quien rápidamente brincó en la cama hasta llegar a la pared y sentarse recargado sobre esta, dejando una gran distancia entre ambos.

Y Jon intentaba aparentar que llevaba todo ese tiempo pasando entre películas dentro de la televisión.

Aunque por el rostro de culpabilidad, los sonrojos y la ropa mal acomodada, sus coartadas no hicieron ningún favor, solo sintiéndose juzgados por la mirada perspicaz de Lane, quien únicamente subía a preguntar sobre el tipo de pizza para Damian.

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—Nos vamos, má.

—Ujum. —la castaña asintió, con la pluma entre los dientes revisaba su escrito por cuarta ocasión esa tarde, sin importarle si había visto a los chicos bajar agarrados de la mano y soltarse antes de los últimos tres escalones, solo hizo un ademán con la cabeza para señalar donde estaba el dinero, antes de volver a prestar completa atención a sus propios asuntos.

Jonathan asintió con la cabeza y fue hasta el frasco secreto de la cocina, abriéndolo y sacando un par de dólares, se acercó a besar la mejilla de su mamá y volvió su recorrido para tomar de nuevo la mano de Damian, iniciando su actual y muy divertida misión.

Llegar a la feria antes de que todos los premios asombrosos se acabaran y la comida comenzara a ser pésima.

O las ratas comenzaran a pelearse con los mapaches por las sobras de hot dogs y pizza de mala calidad.

Pasaron algunos minutos caminando entre las cosechas de algunos granjeros, metros y metros de absolutamente nada y solo el cantar de los bichos nocturnos. Algunos mosquitos revoloteando en los pequeños pozos de agua rudimentarios o esos canalitos de riego de las mismas parcelas, cuando Damian Wayne se paró en seco, usando todo su peso para no moverse y que, de alguna manera cuando Jon dejara de poder moverlo con facilidad, se diera cuenta de lo sucedido.

—¿Dami? —había solo dado un paso más cuando sintió su brazo estirarse de más y su chachara animada sobre la vez cuando tres de sus vacas dieron a luz el mismo día que dos borregas también y 8 pollitos nacían siendo solo él y su papá los encargados se detuvo, volteando a verlo.

—¿Cuánta más oscuridad y nada necesitas para cambiarte a Superman y llevarnos volando? —cuestionó, mientras le miraba de forma insistente, esperando un cambio a la velocidad de la luz y así poder llegar más rápido.

Jon por su parte solo parpadeó varias veces, notando como existía algo de esperanza en su adorable pareja, mostrándole una sonrisa amplia y bastante confiada.

—Nop, en realidad no necesito más de nada —contestó tranquilamente, retrocediendo el par de pasos andados antes de sentir como no iba a seguirle —pero no vamos a ir volando.

El rostro de Damian se descompuso en una mueca de disgusto, incredulidad y posiblemente algún tipo de pequeño berrinche de chico rico al cual no le cumplían alguno de sus caprichos. Y Jon solo sentía simpatía y hasta ternura por como parecía reaccionar su adorable chico de ojos verdes y brillantes, más brillantes que las mismas esmeraldas a las cuales parecía haber superado en hermosura.

—En realidad —Jonathan volvió a hablar, tan tranquilo como la primera vez, sin borrar su sonrisa marca Superman del rostro —quiero una cita de civiles. —puntualizó, aun notando el rostro inamovible de Damian, sin mostrar ni una pizca de entendimiento o apoyo —Cuando era niño, mi papá solía hacer salidas donde no había cosas de Superman, una noche a la semana era solo Clark Kent con su esposa y su hijo, ya que decía que merecíamos todo su tiempo y atención.

Jon lo soltó, yendo hasta su novio quien usaba una de sus sudaderas con la S en el pecho, acomodando la misma mientras le contaba sobre las aventuras no-heroicas de esas salidas y trataba de que el más bajo lo entendiera.

—Solo por hoy ¿Sí? —y usando su última arma secreta, puso los ojos redondos de cachorro, haciendo un pequeño puchero para convencerlo.

—Las ferias, circos y carnavales de Gotham suelen ser un semillero de crimen —Damian contratacó, pues no entendía como un superhéroe podía desprenderse tan fácilmente de una responsabilidad tan grande, sobre todo un héroe tan importante como el padre de su novio.

Aunque internamente luchaba entre su responsabilidad y todo el amor que le profesaba al antiguamente menor que él.

—Si, tal vez… pero aquí no es Gotham, no suele haber grandes grupos de crimen ultra organizado y de haberlos, cualquiera de los otros Super puede venir a apoyar —Kent sonrió, viendo como el ceño de Damian se había relajado un poco para volver a apretarse con firmeza después de oír esa contestación.

Solo acercándose a besar sobre su frente y sus labios de forma rápida, mientras volvía a repetirle su petición sobre una cita de civiles.

Obteniendo un pequeño “Si” casi imperceptible para el oído humano, mas no para Jon Kent, quien sonrió con más energía, casi resplandeciendo, antes de volver a tomar la mano de su lindo novio, entrelazar sus dedos con los ajenos y comenzar de nuevo a caminar, con la excusa de perderse de los mejores premios y atracciones.

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No tardaron demasiado en llegar al enorme terreno donde un montón de juegos de aparente poca seguridad y muchas luces se mostraban orgullosos, ya había rastro de risas, gritos emocionados, música alegre y mucho olor a comida barata pero que era casi como una religión el ingerir todas esas cosas super azucaradas o grasosas o grasosas y azucaradas hasta reventar.

—Bienvenido a la Feria —Jon extendió su mano libre hacia el lugar con demasiado ruido, aromas y luces que parecían indescriptibles, presentándoselo a su novio, quizá pensando en las diferencias de una feria normal y una en Gotham, siendo estas ultimas más tétricas… como el circo del terror de Halloween, pero durante todo el año. —Entonces, nada de Superman y Batman ¿de acuerdo?

—Si, si. Lo que digas. —Wayne rodó los ojos, mientras entraba en su papel de Robin, estando alerta a su alrededor, pues por mas que ese lugar pareciera el lugar más mundano del universo, un vigilante de la talla del Hijo de Batman no podía simplemente poner la capa y la mascara de dominó en el perchero para ser un civil.

—Ni cosas de Robin. —Jon suspiró profundamente, pasando detrás del chico para abrazarlo por la cintura y recargar su mentón en el hombro de este, aun si debía agacharse un poco más de lo deseado, metiendo las manos a la bolsa de canguro de la sudadera.

—¿Cómo demonios…

—A veces eres sencillo de predecir, Dami. —el de mirada azul contestó, suspirando suavemente y apretando ligeramente entre sus brazos al mas bajo, sonriendo. —Además no sería tu novio y compañero de equipo si no pudiera predecir tu siguiente paso ¿O sí?

Y sin esperar ningún tipo de afirmación, respuesta o protesta del chico de tez morena, simplemente lo empujó un poquito para que continuara su camino siguiendo el aroma de los mejores perritos calientes del condado, los cuales si o si, debían de probar…

Aun si Damian le recordaba con fervor sobre su dieta anti-productos cárnicos y Jonathan le juraba por todos los Kryptonianos muertos que estaba seguro esas salchichas eran de todo menos de carne.

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La noche en la feria fue bastante… Agradable.

Jonathan había llevado de un lado al otro a Damian, saltando de atracción en atracción.

Habían subido a los carritos chocones tres veces, la primera como equipo, la segunda uno contra el otro y la tercera de nuevo como equipo contra un par de chicas quienes habían intentado acercarse a ellos con intenciones de tener una cita doble, una con cada chico.

Solo llevándose la decepción al verlos bajar de la atracción y a Damian saltando hacia los labios de su novio, besándolo apenas para que las chicas los vieran, destanteando un poco a Jon al no saber como reaccionar.

También habían subido a la montaña rusa un par de veces, solo frenando cuando vieron que la misma estaba siendo apoyada en un par de tabiques para nivelarla, así que, aun sin querer tener cosas de Superboy y Robin, parecían estar cuidando a la gente, quienes se subían en completa ignorancia a ese juego.

La rueda de la fortuna era un clásico imposible de ignorar, como toda pareja enamorada habían elegido una canastilla para ellos solos y miraban las luces de la ciudad a la lejanía, sin siquiera pensar en esos paisajes los cuales los habían visto mil veces anteriormente en sus momentos de vuelo.

El túnel del amor, la casa de los horrores, el laberinto de espejos, algodón de azúcar, un perrito caliente para compartir entre ambos, las palomitas más apestosas pero deliciosas de todo el mundo, el helado y más pizza. Jon miró uno de los tantos juegos de destreza de la feria, ninguno le había parecido tener premios asombrosos y perfectos, pero de pronto miró, ahí colgado con la suma de puntos más exorbitantemente grande de todos, un peluche de perrito husky con su lengua salida y posiblemente del tamaño de Damian.

—Mira ahí ¿Te gusta? —señaló con la punta del popote de su granizado, en espera de una respuesta.

—Es lindo. —habló con tono serio, como si intentara no darle verdadera importancia, pero sus ojos no mentían y por como se habían iluminado al verlo ahí, solito y casi imposible de ganar, Jon solo asintió.

—Vamos, lo ganaré para ti. —aseguró muy orgulloso, tomándole de la mano para acercarlo al puesto, era uno de esos de tirar botellas, él sabía que cada tres de ellas estaban atornilladas, pero aun así no iba a dejarlo ir tan fácilmente.

Kent pidió su turno, dejando su granizado a un lado y a Wayne sin supervisión por un largo rato.

El suficiente tiempo para que algo pudiera salir mal.

Al principio la mirada del chico mitad árabe se había detenido a ver como su pareja desafiaba las leyes de la física y de las trampas en general al tirar varias de las botellas alteradas con esos golpes limpios, sin embargo, cuando el cuarto turno comprado por Jon se le fue entregado después de un par de discusiones con el dueño del puesto, Damian volteó hacia atrás.

Fue pura y dura casualidad, había sentido la necesidad de mirar hacia el pasillo detrás de la multitud donde estaba atrapado; quizá el viento le había susurrado algo o estaba obteniendo super poderes de vibración arácnida como los héroes de esos comics de Jon.

Y ahí, frente a sus ojos, entre los caminos cerrados de algunas carpas a las cuales les colgaban los típicos letreros de “Solo personal autorizado” y “Prohibido el paso”, una pareja de payasos muy extraños parecía vigilar algo, viéndose aún más sospechosos cuando, después de su vigilancia, otros dos movían enormes cajas de madera de un lado a otro.

Y solo había una cosa más fuerte en su código de ética que hacerle caso a su hermoso novio y era la prioridad de sospechosos que los payasos tenían para cualquier miembro de la Bat-Familia.

Damian se separó de la multitud presente en el duelo de Jonathan S. Kent vs La Estafa de la Feria, siguiendo velozmente el rastro sobre la tierra de las cajas siendo llevadas de un lado al otro, con sumo cuidado para no levantar sospechas; tanto en los sospechosos como en Jonathan al no sentirle cerca.

El rastro de las cajas se perdía en la entrada de una de las carpas más alejadas de la gente, entre más oscuridad y donde el ruido de muchas de las atracciones rebotaba apenas, haciéndole el sitio perfecto para negociaciones, trafico ilegal de cualquier cosa y muchos más crímenes inimaginables.

El menor de los Wayne se quedó a un lado de la entrada, viendo el interior pobremente iluminado, estando pendiente de no ser escuchado o visto por nadie; prestando atención completa a la conversación llevándose a cabo ahí.

“El cargamento está completo.” —escuchó esas palabras proviniendo de uno de los tipos disfrazado de payaso, aunque por el rol que parecía estar desempeñando, podría tratarse únicamente del esbirro de alguien mucho más importante.

“El señor J. va a estar muy feliz, chiquitín.” —las alarmas se encendieron en él cuando escuchó la voz de alguien muy conocido, aun si no se podía ver desde donde estaba escondido, sabía de quien se trataba; Harley Quinn.

“No me importa si está feliz o se pudre en el infierno, debe pagarnos.” —otra voz femenina se hizo presente, mucho más seria y menos juguetona, si sus registros no le fallaban era tal vez Poison Ivy. — “Hacer esta sustancia con mis feromonas y toda la porquería que pidió no fue sencillo, paguen ahora.”

Y si, sus sospechas eran ciertas, pues la mujer de cabellos rojos se presentó en la escena para amenazar al esbirro uno, extendiendo su mano y pidiendo que terminara con los juegos, ella quería el dinero.

“Nosotros no tenemos el dinero, el señor J. lo tiene” —el mismo hombre soltó, con un poco de burla en sus palabras, siguiente escena era Ivy ahorcando al tipo con las raíces de algo que había salido del pasto donde estaba parado el pobre tipo, seguido de la entrega del sobre de dinero.

“Pero Pammy, no seas mala con los chicos.” —Harley entró en escena de nuevo, saliendo a escena donde Damian podía verlas a ambas, con su bat en las manos. —“Sin mí.”

Más risas mientras la arlequín golpeaba como piñata al tipo e Ivy seguía contando el dinero de su ultimo negocio, asintiendo con la cabeza.

“Peanut, ¿Sabes que harán con esta cosa?” —Ivy tomó uno de los tubos de ensayo, viendo como el liquido rosa parecía burbujear incluso si no había nada dentro de ellos para hacerlo reaccionar así.

“Ni idea, seguramente es para envenenar a Batsy.” —la rubia dejó de golpear al otro, no por darse cuenta de que el pobre hombre había terminado en la inconsciencia después de toda la escena de tortura infundada por las mujeres, en realidad solo fue para prestarle atención a sus propias ideas. —“Batsy es un gran dolor de culo, debe ser así”.

Damian tenía toda la información necesaria y, cuando menos se lo esperó, había entrado en acción. Como Robin, por supuesto.

Primero fue contra los otros esbirros para desmayarlos y así evitar que pudieran hacer cualquier cosa en general, lo había echo casi en silencio, para no alarmar a las mujeres.

—Vaya, vaya. Gotham se encuentra muy lejos de aquí ¿Se perdieron? —Robin se balanceó gracias a la estructura de la carpa, empujando con las piernas a ambas villanas, antes de aterrizar frente a ellas.

—¡Es el pajarito! ¡Hola pajarito! —la chica del maquillaje de colores se acercó al niño saludándolo —Lamentablemente es muy tarde para que estés despierto.

Y sin esperar más, volvió a utilizar su bat en un intento de golpear al chico, viendo como las acrobacias del niño solo lo alejaban poco a poco de sus ataques, haciéndole sonreír, pues… su intención no era apalearlo, mejor dicho, cuando tocó el césped seco del terreno, una planta se enredó en él, dejándolo inmovilizado y lanzándolo contra las cajas, enterrándolo ahí.

No volviendo a notar un solo movimiento de él.

—Momento de huir, Harley —la ecoterrorista mandó, tomando del brazo a su compañera para sacarla de ahí. —Si el niño está aquí, Batman no debe estar tan lejos, larguémonos de una vez.

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—¡JA! ¡GANÉ! —Jon celebró después de muchos juegos, los suficientes para pagar el precio real del enorme perro de peluche, mientras se lo entregaban a regañadientes. —Mira Dami, tu…

Cuando volteó en búsqueda del moreno no lo vio por ninguna parte, hizo un mohín de disgusto, abriéndose paso entre los chismosos del lugar, refunfuñando mil cosas en voz baja y posiblemente en las únicas cinco frases que sabía en idioma de Krypton.

Esperaba encontrar a su novio en alguno de los mil juegos o en otro de los puestos de destrezas, pero más le valía no haber salido a buscar el crimen, pues en verdad iba a estar muy muy molesto.

Y entre todos sus refunfuños y gruñidos recorrió todo el lugar lleno de vida y aroma a comida, con el enorme perro a cuestas, esperando ver al enano con la sudadera más larga de Superman en él y no caer en sus pensamientos de odio y destrucción.

Los cuales no tenía, claro está, pero le gustaba exagerar de vez en cuando.

Pero no lo halló.

Cerró los ojos y se concentró, buscando entre todos los sonidos perceptibles por él, entre las conversaciones y los ruidos minúsculos, ese corazón al cual conocía perfectamente, encontrando su lento latir…

Demasiado lento.

Dejó de sentirse molesto cuando reaccionó a lo escuchado, era demasiado lento para estar bien y estaba algo alejado de todos a su alrededor. Sin pensarlo demasiado, caminó con rapidez entre la gente hacia la parte oscura y no permitida de todo el carnaval, siguiendo el lento latido, cada golpe de este eran dos pasos suyos y eso no estaba bien.

—Damian, más te vale tener una buena explicación y me estes haciendo una terrible broma para nada divertida —murmuró, más asustado que nada, negando con la cabeza, mientras serpenteaba entre las carpas y los obstáculos del terreno.

Encontró la carpa mal iluminada donde el corazón del chico le había llevado, la sudadera estaba ahí tirada sin contexto aparente, entrando y dando una vista a lo que sucedió allá dentro. Notó como el césped parecía haber sido apaleado y de él salían algunas plantas parecidas a nada natural en realidad, como si hubieran salido arboles de la nada.

Vio también un rio burbujeante de tonos rosados corriendo hacia fuera del lugar, saliendo de un montículo de tablas y virutas de madera…

Mismo montículo donde el corazón de Damian lo llamaba.

Intentó no darse cuenta de los tipos desmayados al mejor estilo de lucha de un chico crecido con la Liga de Asesinos, solo fue directo al lugar marcado, retirando los restos de esas cosas, lanzando la basura a lado.

Descubriendo debajo de madera, virutas de papel, hierba aleatoria y vidrio, así como el mismo liquido rosa volviéndose una masa pegajosa tipo slime pegada en su descubrimiento; un cuerpo pequeño.

Menudo de cabellera lacia y larga, la cual tapaba su rostro. Portaba el uniforme de batalla de Robin, ese en tonos grises, rojos y negros muy común de su novio, aunque se veía mucho más grande en la persona a la que miraba.

Era extraño, su corazón palpitaba como el de Damian, un poco más lento debido a estar ¿desmayada?; acercó la mano para retirar el cabello del rostro de esa Robin nueva, notando como, a pesar de tener un rostro más fino, las facciones eran parecidas a las de Damian…

O mejor dicho a las de la madre de su novio.

Tragó pesado mientas ponía la mano sobre el hombro de la extraña, quien ya le parecía similar a su pareja y, cuando esta abrió los ojos, todas y cada una de las dudas fue totalmente resueltas; esos ojos eran irrepetibles…

Y eran los de…

—¿Damian?

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