DONCEL KIM [En Emisión]

Summary

"Ahora no lo tendría, ni lejos, ni cerca de él... Simplemente ya no iba a existir más en su mismo espacio-tiempo." Sinopsis temporal mientras me invento una mejor, mis amores.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

☽༓☾𝐈☽༓☾


Me desperté con el primer rayo de sol que se filtraba a través de las cortinas de seda de mi habitación. El aire estaba impregnado con el aroma de los tulipanes que florecen en los jardines del palacio. Me levanté lentamente, sintiendo una extraña mezcla de anticipación y nerviosismo. Hoy no era un día cualquiera; algo en mi interior me decía que me mantuviera alerta.

Me dirigí hacia el vestidor, donde las ropas elegantes de mi reino estaban dispuestas. Elegí una túnica de seda color marfil, adornada con bordados dorados que representaban a los zorros, símbolo de mi linaje. La tela suave acariciaba mi piel mientras me la ponía, y los detalles intrincados brillaban a la luz del sol. Completé mi atuendo con un cinturón de cuero fino, decorado con gemas que reflejaban los colores del amanecer.

Mientras me vestía, no podía dejar de pensar en los sueños que me habían atormentado la noche anterior. Imágenes borrosas de rostros familiares, voces que susurraban y una sensación de pérdida me habían dejado inquieto. Sabía que esos sueños no eran simples fantasías; eran recuerdos, fragmentos de memorias perdidas con el pasar de los tiempos.

Decidido a despejar mi mente, salí al jardín. El rocío de la mañana brillaba en las hojas, y el canto de los pájaros llenaba el aire. Caminé hasta el estanque, donde mi familiar espiritual, un zorro de pelaje plateado, el cual nombré Aldric, me esperaba. El zorro me miró, su mirada azulada penetrante, como si entendiera la tormenta de emociones que estaba atravesando.

—Hoy es un día importante, ¿verdad? —murmuré, acariciando el suave pelaje de Aldric.

—Así es, Mi Príncipe, —respondió Aldric con una voz suave y melodiosa. Suspiro con pesar, pues cuando él confirmaba algo, inevitablemente sucedía. —Presiento que el destino tiene grandes planes para ti, Joven Kim. Por lo tanto, deja de suspirar con tanto pesar; tus ancestros no aprobarían tal comportamiento... No cuando se-

—No cuando se trata del príncipe heredero del Imperio —Lo interrumpo, fastidiado de tanto que me lo recordaba, ganándome una mirada de reprimenda de su parte —... Si, si. Ya lo sé, Aldric.

Recibo un azote en la parte trasera de mi cabeza por parte de una de sus esponjosas colas, haciéndome tambalear y jadear de dolor.

—¿Que te he dicho sobre interrumpirme, Taehyung? —En un tono de reprimenda.

—Mis más sinceras disculpas.

Suspiré acariciando la parte afectada para apaciguar el dolor, me senté junto al estanque, dejando que la tranquilidad del lugar me envolviera. Observé mi reflejo en el agua, notando la preocupación en mis propios ojos... La cual fue detectada rápidamente por mi familiar.

—¿Cuál es el motivo de esa mirada preocupada Joven Kim?

—He tenido sueños extraños, Aldric —confesé. —Sueños que al despertar queda el sentimiento de arrepentimiento, vacío... Y temor. No puedo sacarlo de mi mente, así mismo tampoco puedo recordar tenuemente lo soñado. Eso me deja... Inquieto.

Aldric inclinó la cabeza, como si asintiera.

—Los sueños son a menudo mensajes del pasado, recordatorios de lo que una vez fue y de lo que podría ser. No los ignores, pero tampoco dejes que te consuman, Joven Príncipe.

Asentí y le ofrecí una leve sonrisa, agradecido por sus palabras. Volví la mirada hacia mi reflejo en el agua, observando cómo se oscurecía gradualmente por las nubes que cubrían el cielo. Extendí mi mano hacia el reflejo y toqué suavemente la superficie del agua, haciendo que mi imagen se desvaneciera al instante. Minutos después mi tranquilidad fue interrumpida por la llegada de un mensajero del palacio.

—Príncipe Kim, —comenzó el mensajero con una reverencia— el Rey Kim y Los Cuatro Colmillos requieren su presencia en la sala de audiencias. Hay asuntos urgentes que demandan su atención.

Me puse de pie, mi corazón latiendo con intensidad. Siguiendo al mensajero, me invadía la curiosidad sobre qué eventos urgentes requerían mi presencia inmediata. Con cada paso, la incertidumbre hacía que mi corazón se acelerara aún más.

Aldric avanzaba a mi lado, con pasos que no hacían ruido, aunque su mirada estaba completamente vigilante.

—Recuerda, Joven Príncipe, —advirtió Aldric— no permitas que tus emociones te dominen.

Le sonreí, lleno de una determinación renovada.

—Lo entiendo. Y si sucede, cuento contigo para calmarme.

Y desconfía del Consejo Real.

Al oír sus palabras, volví la mirada hacia él, solo para darme cuenta de que había desaparecido. El miedo se apoderó de mi rostro, y la determinación que sentía se vio opacada por su ausencia.


El pasillo hacia la sala de audiencias parecía interminable. A lo largo de las paredes, había frascos de vidrio encantados que normalmente contenían luces flotantes. Estas luces, pequeñas esferas de energía mágica, estaban apagadas ya que la luz del exterior llenaba el lugar con un resplandor cálido y acogedor. Los frascos estaban decorados con grabados que representaban escenas de la historia del Imperio. El eco de mis pasos resonaba en el silencio, acompañado por el suave zumbido de la magia latente en el aire. Al llegar a las grandes puertas de mármol blanco, el mensajero se adelantó para anunciar mi llegada.

—El Eminente Príncipe Kim Taehyung, Doncel Primogénito.

Anunció con voz clara y respetuosa, mientras abría las puertas talladas con delicados patrones de ondas, que brillaban suavemente bajo la luz del sol, reflejando un aura de pureza y elegancia. Tomé una profunda respiración y entré con determinación.

Dentro, el espacio interior etéreo y grandioso parecía estar flotando entre las nubes. Cuatro colosales y ornamentadas columnas plateadas se elevaban hacia el cielo, sosteniendo una estructura de cristal tallada con símbolos y zorros alrededor, siendo un zorro de once colas el centro de atención por estar en el medio de todos, tan hermoso y colosal. Entre estas columnas, suaves nubes blancas flotaban, sugiriendo que este lugar estaba situado muy por encima del suelo o en un entorno fantástico. La luz entraba desde arriba, bañando todo en un cálido tono dorado que realzaba la cualidad onírica de la escena. En la base de cada columna sosteniéndolas, se encontraba una figura de zorro con adornos dorados en sus cuellos, en sus cuatro patas brazaletes de oro y en sus frentes perlas con forma de gotas que tienen incrustados cristales simulando una diadema, reminiscentes de la antigüedad. Cada figura estaba sentada en sus patas traseras y parecían estar mirando hacia el centro de este espacio, donde había un suelo transparente con diseños apenas visibles a través de las nubes brumosas.

Mi padre el Rey Seokjin y el Consejo Real, conocido como Los Cuatro Colmillos, estaban reunidos alrededor de una mesa larga de cristal, sentados en asientos de mármol color rosa pálido, justo en el centro de la etérea habitación. Sus rostros eran serios, y el ambiente estaba cargado de tensión. Me acerqué y me incliné en una reverencia leve pero respetuosa.

Mi padre, conocido por su sabiduría y gracia, es un doncel de una belleza envidiable. Su piel es clara y suave, con un brillo natural que refleja su nobleza. Sus ojos, grandes y expresivos, son de un profundo color marrón que transmite tanto autoridad como compasión. Su cabello oscuro, algo largo y sedoso, cae en suaves ondas hasta cubrir sus ojos, y suele llevarlo adornado con una corona de oro delicadamente trabajada, símbolo de su realeza. Siempre viste con elegancia, siempre en túnicas de seda finamente bordadas con motivos florales y animales que representan el Imperio. Hoy, lleva una túnica de un azul profundo, con bordados plateados que brillan a la luz del sol, y un cinturón de cuero negro decorado con gemas que reflejan los colores del crepúsculo adornando su fina cintura.

Asu lado, siempre fiel y vigilante, se encuentra su zorro espiritual de una cola, Erian. Erian tiene un pelaje blanco como la nieve, y sus ojos son de un miel intenso, llenos de elegancia. Aunque solo tiene una cola, su presencia es imponente y su sabiduría, inigualable. Erian es conocido por su capacidad para percibir las emociones de aquellos que lo rodean, y su lealtad hacia mi padre es inquebrantable.

—Príncipe Kim, —dice mi padre con un tono suave pero algo severo— hemos convocado esta reunión para discutir un asunto de gran importancia. Como sabes, estás a punto de cumplir los 18 años y alcanzar la mayoría de edad. Es momento de considerar tu matrimonio.

El Consejo murmuró en acuerdo, y sentí una oleada de sorpresa y preocupación. Miré al Rey, esperando más detalles.

—Es una tradición en nuestro reino, —continuó mi padre— que el príncipe heredero se case al alcanzar la mayoría de edad. Esto no solo fortalece nuestra línea de sucesión, sino que también asegura alianzas importantes con otros reinos.

Uno de los consejeros, un hombre de unos cuarenta y tantos años, se adelantó.

—Hemos recibido propuestas de varios reinos vecinos, —dijo DoHwan—. Cada una de ellas ofrece beneficios estratégicos y políticos. Pero la decisión final recae en usted, Príncipe Kim.

Asentí, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre mis hombros.

¿Donde estas cuando te necesito, Aldric?

Sabía que mi matrimonio no solo afectaría mi vida personal, sino también el futuro de nuestro Imperio, no puedo tomarme este asunto a la ligera.

—Agradezco sus consejos y propuestas. —respondí con firmeza— Pero necesito tiempo para considerar todas las opciones y tomar una decisión que sea beneficiosa para el Imperio y, primordialmente, para mí.

La Consejera Hana, con una voz firme, intervino.

—Entendemos su necesidad de tiempo, Mi querido Príncipe, pero el tiempo es un lujo que no podemos permitirnos. Los reinos vecinos esperan una respuesta pronta, y cualquier retraso podría ser visto como una falta de interés o compromiso de nuestra parte.

—Es cierto, pero también debemos considerar los sentimientos y deseos del Príncipe. Forzar una decisión apresurada podría tener consecuencias negativas a largo plazo. —Hyuna añadió, mirando con recelo a Lady Hana.

Jaebeom, se inclinó hacia adelante.

—Propongo que el Príncipe se reúna con los representantes de los reinos propuestos. Esto le permitirá conocer a sus posibles consortes y tomar una decisión informada.

—¿Como puede siquiera considerarlo, Lord Jaebeom? Aunque no lo parezca, el Imperio tiene muchos enemigos. Estaríamos arriesgando la seguridad del Príncipe al enviarlo a esos lugares, así sea con la compañía del General Jung. —Hyuna habla, casi de manera alterada, haciendo que Jaebeom la mire con molestia y vuelva a recostar su espalda a la silla.

—La paz y la estabilidad de nuestro Imperio dependen de esta decisión. Debemos proceder con cautela y sabiduría. Lady Hyuna tiene razón, Lord Jaebeom. —Dohwan intervino en lo que pudo haber sido una discusión potencialmente más complicada.

—Aunque... Es una idea sensata la que usted propone, Lord Jaebeom. Pero en vez de enviarlo, podríamos organizar eventos diplomáticos para facilitar estas reuniones y fortalecer nuestras relaciones con los otros reinos. —Añadió Hana.

Todos asintieron en acuerdo, incluido mi padre.

—Estamos de acuerdo, —dijo Dohwan—. El Príncipe debe tener la oportunidad de conocer a sus posibles consortes y tomar una decisión que beneficie a todos.

—Así es, —añadió Hyuna—. La seguridad del Príncipe es crucial para la prosperidad del Imperio.

Mi padre asintió, notablemente satisfecho por las palabras de sus consejeros, y los Cuatro Colmillos comenzaron a discutir los detalles de las propuestas. Minutos después me retiré de la sala, mi mente llena de pensamientos y emociones encontradas. Necesitaba encontrar a Aldric y buscar su consejo.

Salí al jardín, donde el aire fresco y el canto de los pájaros me recibieron. Suspiré con notable frustración y temor, vi una piedra en el suelo y la patee haciendo que esta dañara algunos tulipanes, no le preste atención y llamé a Aldric en voz baja, en un instante, el zorro de pelaje plateado apareció a mi lado.

—Aldric, —dije— Mi padre y Los Colmillos están presionando para que me case al cumplir los 18 años.

Aldric me miró con su penetrantes orbes azulados y asintió

—Lo sé, Joven Príncipe. He sentido la tensión en el aire. Recuerda, esta decisión es tuya. Debes considerar lo que es mejor para ti y para el Imperio. No permitas que otros te impongan su voluntad.

Sentí una oleada de alivio al escuchar sus palabras.

—... Pero no dejes que tus emociones te dominen, porque así como esos tulipanes... Tu vida y la de aquellos a tu alrededor podrían ser destruidas en un instante, de la forma más trivial posible, Joven Príncipe.

Observo los tulipanes, arruinados por mi error. Un sentimiento de culpa me invade. Avanzo lentamente hacia las flores, me arrodillo ante ellas, junto mis manos y cierro los ojos, los restauro con magia de curación vegetal al instante. Al abrir los ojos, los tulipanes han vuelto a su estado original, radiantes y llenos de vida. Con una sonrisa, dirijo mi mirada hacia Aldric, quien observaba atentamente mi acción.

—Aunque no pueda enmendar mi vida, me esforzaré al máximo para reparar las que se han visto afectadas a mi alrededor.

Tomar una decisión sobre mi matrimonio será complicado, pero estoy dispuesto a hacer lo que es justo para mi reino y para mí.

—Sin embargo, no será necesario... Porque haré una elección acertada.