La llegada
Kat no podía dejar de pensar en lo que había pasado en los últimos días. Su abuela, con la que se había criado, había muerto tras un ataque al corazón, y ella se había quedado sola. Ella conocía bien el dolor que se sentía al perder a un ser querido, pues ese dolor la acompañaba desde que tenía memoria.
Cuando en el hospital le dijeron que su abuela había fallecido, todo comenzó a dar vueltas a su alrededor, se sintió mareada y le faltó el aire. Cuando consiguió controlar sus emociones, se dió cuenta de que no tenía a nadie más. Su abuela era la única familia que le quedaba, o eso pensaba Kat. Cuando los agentes de los servicios sociales acudieron a buscarla, le explicaron que su padre tenía un primo en Beacon Hills y que, si él aceptaba hacerse cargo de ella, no tendría que ir a un orfanato, por ser menor de edad. Kat pensaba que era una tontería que la mandasen a un orfanato cuando faltaba menos de un año para su mayoría de edad.
Ella se sintió mareada de nuevo, nunca había tenido una vida fácil, pero no sabía si realmente quería que su familiar se hiciese cargo de ella o no, ¡Ni siquiera le sonaba el pueblo de Beacon Hills! El agente de los servicios sociales se puso en contacto con el familiar y tras explicarle lo sucedido este aceptó hacerse cargo de Kat e incluso mandó dinero para poder enterrar a su abuela.
Kat se encontraba en aquel momento sentada sobre su moto negra observando un cartel que decía: "Bienvenidos a Beacon Hills". Después de horas de viaje por fin había llegado al pueblo en el que viviría a partir de entonces. Respiró profundamente tratando de alejar los nervios, encendió el motor de su moto y se encaminó hacia la estación de autobuses, donde la estaban esperando.
Por mucho que hubiese tratado de mentalizarse, no conseguía dejar de sentirse nerviosa y desorientada. Ella nunca había tenido amigos, no sabía cómo relacionarse y tendía a ser borde con la gente que se le acercaba. La única persona que la había aceptado tal y como era durante todos aquellos años había sido su abuela y ella no regresaría para ayudarla.
Kat siguió las señales de tráfico y por fin llegó a la estación de autobuses. No sabía que debía hacer pues solo tenía tres datos sobre el señor que había aceptado acogerla: que era un primo lejano de su padre, que era el sheriff y que tenía un hijo de la misma edad que ella. Paró el motor y sin bajarse de la moto observó a las personas que se agrupaban en la estación tratando de pensar en quienes serían sus familiares. En ese preciso momento, sus ojos se posaron en un coche de policía que descansaba a unos escasos quince metros de ella. Apoyados en el capó del vehículo se encontraban un hombre vestido con el uniforme de policía y un muchacho delgaducho que llevaba el pelo castaño más bien corto. Kat vio cómo el muchacho la miraba sorprendido y le susurraba algo al sheriff. Los dos se acercaron a Kat mientras ésta bajaba de la moto y se quitaba el casco tratando de que sus manos dejasen de temblar.
-Hola, soy Noah y este es mi hijo, Stiles. Sentimos mucho la muerte de tu abuela y queremos que te sientas cómoda viviendo con nosotros. Sé que estos momentos tienen que ser muy duros para ti y queremos que sepas que estamos aquí para ayudarte y apoyarte en todo lo que necesites.
Kat se sintió aliviada pues pudo ver en los ojos del sheriff que las palabras que salían por su boca eran completamente sinceras. Pudo notar el dolor y se preguntó a quién habría perdido él.
-Gracias, es muy amable por tu parte - fueron las únicas palabras que Kat consiguió pronunciar antes de que el teléfono móvil del sheriff comenzase a sonar.
-Lo siento mucho, tengo que atender la llamada - dijo mirando el teléfono - trabajo.
Descolgó el móvil y habló unas pocas palabras con quien estuviese al otro lado del aparato. Cuando colgó, habló de nuevo:
-Tengo que irme, me necesitan en comisaría, puedes seguir a Stiles hasta casa, tus cosas han llegado esta mañana por lo que podrás darte una ducha y cambiarte, debes estar cansada y hambrienta por el viaje. Él se encargará de enseñarte la casa y el pueblo, si necesitáis cualquier cosa, llamadme - dijo mientras se dirigía al coche de policía que se encontraba a unos metros de allí.
Kat giró la cabeza y descubrió que el muchacho que tenía delante lo miraba con unos grandes ojos marrones, los cuales pensó ella, estaban llenos de curiosidad y notó como las preguntas se agolpaban en su cerebro intentando ser contenidas.
-Así que tú eres Kat, ¿eh? - Comentó intentando ser amable - Ese de allí es mi Jeep - dijo señalando un viejo y destartalado Jeep azul - sígueme e iremos a casa, después de haberte cambiado y haber comido algo te enseñaré el pueblo ¿te parece bien?
-Claro - respondió Kat tratando de ser amable.
-Bien pues ¿vamos? - Stiles parecía entusiasmado por lo que Kat asintió con la cabeza mientras se ponía el casco y volvía a subirse en la moto.
Stiles se acercó a su Jeep, montó dentro y encendió el motor antes de encaminarse hacia su casa. Kat le siguió de cerca tratando de no perder de vista el vehículo.
Cuando llegaron a la casa, Kat descubrió cómo sería el lugar en el que viviría de allí en adelante. Era una casa de dos pisos blanca, al igual que el resto de casas de la avenida. En la entrada tenía un pequeño porche de madera donde descansaban dos mecedoras del mismo material. Justo enfrente, había un pequeño jardín decorado con flores amarillas y blancas que crecían a los lados del caminito de guijarros que llevaba al porche.
Stiles bajó del Jeep y esperó a que Kat hiciese lo mismo con la moto. Cuando ella hubo bajado, él se dirigió hacia la entrada con paso lento, girando la cabeza para comprobar que Kat iba detrás de él. Cuando abrió la puerta, se hizo a un lado y señalando al interior dijo:
-Bienvenida a tu nuevo hogar, puede que ahora no lo sientas como tal, pero espero que algún día puedas volver la vista atrás y recordar esta casa como si fuese realmente tuya.
Kat no pudo hacer otra cosa que sonreír, pues las palabras no conseguían llegar a su boca, se le hizo un nudo en el estómago y se sintió realmente agradecida por el comportamiento de Stiles, ya que era justo lo que ella necesitaba.
Dio un paso y traspasó el umbral de la puerta. Nada más entrar pudo ver un pequeño recibidor decorado con un buró de madera de caoba en el que descansaban dos portarretratos, algunos libros viejos y cartas que el sheriff todavía no parecía haber abierto. Kat miró las fotos: en la de la izquierda pudo ver a un niño que le sonreía ampliamente, sin duda ese era Stiles; en la de la derecha, aparecían el sheriff y Stiles con una mujer a la que Kat reconoció como la madre de este. Quiso preguntar por ella, pero algo en aquella foto le hizo sentir que no debía hacerlo.
Kat se apartó de la entrada para dejar pasar a Stiles, quien comenzó a explicarle los diferentes espacios de la casa. El recibidor continuaba hasta la sala de estar que se situaba a la izquierda. A la derecha había una puerta que conducía al baño de la planta baja. Kat pasó la mirada de la puerta ya cerrada del excusado y vio unas escaleras que ascendían al piso superior, continuó hacia delante y pudo ver otra puerta, la cual daba a la cocina, que disponía de una gran mesa para poder comer.
En el piso superior había dos habitaciones, un estudio y un baño. Esas eran las estancias que había habido hasta que el sheriff aceptó a Kat en su pequeña familia. En ese momento, el sheriff pensó que la muchacha debería tener una habitación para ella e incluso que sería conveniente que tuviese su propio baño, para así darle más intimidad. Por eso había decidido transformar el estudio en una habitación para Kat, como había mucho espacio, pensó que también podrían hacer un baño dentro de la propia habitación. Las obras ya habían comenzado, pero faltaban algunos días para que concluyesen.
-Es por eso que hasta que terminen vas a dormir en mi habitación y yo, bueno dormiré en el sofá. - le dijo Stiles a Kat.
-No es necesario que duermas en el sofá por mí, de verdad que no, yo puedo dormir en el sofá sin ningún problema - Kat se sentía horrorizada por desplazar a Stiles de su habitación.
-Eso no va a pasar, ¡tú eres la invitada! Bueno... en realidad no eres la invitada, sino la nueva inquilina... Que viene a vivir con los inquilinos antiguos y...
-Stiles - le cortó Kat viendo que el pobre muchacho estaba comenzando a desvariar - no hay ninguna posibilidad de que yo duerma en el sofá ¿no?
Stiles negó con la cabeza varias veces con energía.
-¿Y no hay algún colchón de sobra que podamos colocar en el suelo de tu cuarto? Siempre será mejor eso a dormir en el sofá...
De pronto el muchacho abrió mucho los ojos color caramelo y se le quedó mirando fijamente.
-¿Quieres decir que no te importa si dormimos en la misma habitación?
-No, no me importa. Bueno, espera ¿roncas? Porque eso sí que me molestaría.
Stiles comenzó a reír y Kat no pudo hacer otra cosa que unirse a él y por un momento se olvidó de todo lo que había pasado aquellos últimos días. Stiles era genial, ella supo enseguida que se convertirían en muy buenos amigos y que podría contar con él en los momentos complicados.
Habían tenido suerte pues el colchón de la cama de Kat ya había llegado, por lo que lo único que tuvieron que hacer fue cambiarlo de la habitación de Kat a la de Stiles y desembalarlo. Cuando terminaron, Stiles hizo la cama con unas sábanas que encontró en su armario.
Mientras tanto, Kat observaba la habitación de Stiles sentada en la silla del escritorio. La habitación era de un azul eléctrico precioso y estaba decorada con posters de diferentes grupos de música, Kat fue capaz de reconocer la mayoría de los grupos y se alegró de ver que sus gustos musicales iban acorde a los de su nuevo amigo. En la mesa de estudio había libros desordenados aquí y allá, un ordenador y varios bolígrafos desperdigados, a la mayoría de los cuales les faltaba el tapón. Justo en frente había una pizarra imantada con fotos, entradas de conciertos, pegatinas, etc. Además del escritorio y la cama en la habitación había un gran armario para la ropa de Stiles y diferentes baldas en las cuales descansaban multitud de cachivaches.
Una vez que las camas estuvieron preparadas, Stiles le dijo a Kat que podía ducharse y que mientras tanto él le prepararía algo para comer. Ella le dio las gracias y él desapareció cerrando la puerta tras de sí para darle intimidad.
Era la primera vez que ella se quedaba sola desde que había llegado a Beacon Hills, agradecía que el sheriff la hubiese acogido, no sabía porque pero sentía que ese lugar podía convertirse en su hogar. El sheriff había sido muy agradable con ella y Stiles se estaba esforzando mucho para hacerla sentir cómoda.
Kat se dio una relajante ducha, se cambió de ropa y tras limpiarse los dientes y secarse el pelo se sintió como nueva. Le gustaba su nueva "familia" si es que podía llamarles así y también la casa en la que viviría de allí en adelante. Cuando bajó a la cocina Stiles estaba hablando por teléfono con alguien:
-No, ahora no puedo ir... estoy ocupado... No, no, no puedo... ¿oye es qué te has quedado sordo o únicamente eres idiota? ¡Te estoy diciendo que tengo cosas que hacer! - Colgó el teléfono y suspiró levantando la vista del aparato.
-Stiles si tienes algo que hacer... - comenzó a decir Kat.
-No, no es nada, es solo... no tiene importancia, ahora estoy contigo, esa es mi prioridad, lo demás puede esperar.
-Gracias.
Stiles hizo un gesto con la mano quitando importancia al asunto y le acercó un sándwich de jamón y queso que había pasado por la sartén para tostar y que el queso se derritiese.
-Espero que te guste, yo... no sabía que preparar y...
-Soy vegetariana - le cortó Kat enseguida. Stiles al oír aquello palideció, abrió mucho los ojos y la boca, ella al ver la cara del muchacho comenzó a reírse y le dio un mordisco al sándwich - ¡Es broma! ¡Tenías que haberte visto la cara!
Stiles cerró la boca y miró a Kat tratando de demostrar que estaba enfadado, pero no pudo hacer más que provocar otra carcajada de la chica y al final los dos terminaron riendo en la cocina.
· Este es el primer Fanfic que escribo, he comenzado a realizar cambios en algunos capítulos.
Gracias por leerlo.