Capítulo Uno: Visión
El presentimiento inició una mañana mientras desayunaba. Sus dientes no lograron morder bien la esquina del pan tostado, su cuerpo se tensó entre la acción de abrir la boca para comer y el acomodar la taza con café sobre la mesa de la cocina. Baekhyun tuvo, como era costumbre, uno de esos repetitivos eventos que le hacían quedarse inmóvil, como si alguien le pusiera pausa al tiempo. Sus ojos miraban hacia la nada pues su cabeza estaba creando imágenes.
Sí, podría sonar raro, pero tal hecho era incluso familiar para él.
Sucedía que desde los ocho años había adquirido un don, no lo sabía bien. No le gustaba llamar aquello un «poder», pensaba que la sola palabra daba un tono loco a todo el asunto, como si el hecho de que su habilidad era predecir cosas no fuera lo suficiente descabellado para empezar. Aunque tales advertencias tenían pros, los contras nunca faltaban. Con el tiempo y la cantidad de visiones que tuvo a lo largo de esos años, acumuló estrés y generó un trastorno de ansiedad al buscar maneras de esquivar aquellos hechos que podrían herirle. No es como si él visualizara desastres naturales o fatídicos accidentes, para nada, la mayoría de las veces eran pequeños eventos que, sin embargo, podrían ser importantes para lo que fuera que el destino le deparaba.
Cuando su visión terminó y sus pupilas se achicaron al haberlas tenido dilatadas, Baekhyun comprobó su posición y logró tomar asiento en su silla. Aún con el pedazo de pan entre sus labios, frunció la frente arrugándola. Repasó lo visto y lo qué pudo significar. Sus visiones variaban en duración, a veces podían ser diez segundos o hasta un minuto, las más cortas le hacían sobrepensar pues nunca lograba comprender con exactitud lo que veía.
Justo ahora, la visión le había dejado pensativo. Logró divisar sus manos y las de otra persona: un hombre, ya que sus dedos anchos no podrían pertenecer a una mujer. Sus extremidades eran largas, sus palmas grandes.
—Es imposible —Baekhyun murmuró y apretó la boca antes de sonreír. Un bufido casi salió de entre sus labios por la estúpida posibilidad.
Sus dedos se movían ágiles sobre el teclado de su portátil, aunque sus ideas estuvieran en demasía enredadas.
Sus descripciones sonaban repetitivas y ambiguas, por lo que al releer, seleccionó unos cinco párrafos antes de presionar una tecla para borrarlos. Frente a sus ojos se encontraba un documento casi en blanco, sólo el título con el número del capítulo redactado. Baekhyun bostezó, luego bajó la pantalla de su computadora y dio una ojeada hacia el reloj en su escritorio. Notó cómo había pasado dos horas frente a la computadora.
Ser un autor no era sencillo, en especial porque dependía de su cabeza e inspiración el que las cosas sucedieran en tiempo y forma. Para Baekhyun era cómodo poder trabajar desde casa y en los horarios en que mejor se adaptara, pero ser de algún modo “su propio jefe” también le ocasionaba problemas cuando los bloqueos y moción peleaban una lucha constante.
Lamentablemente sus visiones nunca podían sacarle de esos apuros, pues aunque en ocasiones vislumbraba situaciones relacionadas a su trabajo, raras veces podía saber con exactitud en qué momento sucederían sus avistamientos al futuro, así mismo, nunca veía venir esas lluvias de ideas o las futuras fechas de entregas para su editora.
Sabiendo que sería una pérdida de tiempo quedarse por más horas en el mismo lugar, optó por ponerse de pie y cambiar su ropa para darle una visita a Minseok (una antes de tiempo, cabe mencionar). Por lo general los viernes por noche decidía salir de casa y ver con qué cosa Seúl le sorprendería. Baekhyun no era fan de los eventos nocturnos, pero sus amigos sí. Asistir tenía como finalidad intentar encajar y pasar algún rato divertido con ellos. Ocurría que había generado un miedo extremo al contacto y a relacionarse con más personas (además de su nada pequeño círculo de amigos), ¿la razón? Es que algunas visiones no solían decirle cosas buenas de la gente nueva queriendo acercarse.
Existía este método que Baekhyun ocupaba en momentos muy extremos o curiosos. Las visiones en su mayoría llegaban en momentos inesperados, aunque no eran las únicas ocasiones dónde podría tenerlas. Había varias maneras de mirar el futuro. Una de ellas era cuando dormía, en ocasiones tenía algunos sueños a color (y sí, es que estaban estas veces en que Baekhyun soñaría en blanco y negro, no sabía por qué, pero de algún modo tal cosa le ayudaba para diferenciar lo que podría interpretarse de lo que no). Sus sueños permitían que los escenarios y las predicciones fueran más concretas, por lo que sólo esperaba los momentos indicados para tomar decisiones y desviar su futuro si tales pronósticos no eran alentadores.
Luego estaba la otra manera de poder mirar perspectivas con fines muy específicos, éste método era del que abusaba más, lo cual ya le había causado algunos problemas, y en su momento, tuvo que tomar medidas para que no se convirtiera en un hábito; Descubrió el resultado de tal acción a los dieciséis, al parecer su don había subido de nivel por alguna razón que desconocía, y al ignorarlo, no tomó en consideración los peligros.
Fue una tarde mientras subía a su patineta y se deslizaba por el asfalto que cayó al no mirar un pequeño hundimiento, Baekhyun raspó sus rodillas y parte de sus manos. Algunas personas caminando cerca ayudaron al chico a levantarse, no obstante en el acto sus manos rozaron los dedos de quien se acercó más a prisa, y una visión se hizo presente donde los protagonistas eran los involucrados. Aquel chico que podría ser unos cinco años mayor que Baekhyun lució en su visión como el dueño de su primer beso, luego de ello apreció algunos buenos momentos juntos y más adelante un rechazo. El Baekhyun de entonces retiró su mano a tiempo antes de visualizar algo más, y sin grandes palabras que añadir sólo agradeció, tomó su patineta y dio media vuelta para alejarse.
Durante los siguientes diez años, Baekhyun aprovechó de ello para saber qué personas podrían pertenecer a su vida y cuáles no, no era una sorpresa entonces que viviera temiendo de cada chico o chica que se le acercaba. Sólo quienes pasaban la prueba del avistamiento se mantenían con él, por lo que, no tenía grandes motivos para deshacer amistades o temer que alguien hablara mal a sus espaldas. Sin embargo en el don había singularidades y Baekhyun había tenido que cubrir sus manos para no sobre analizar a cada persona que tocaba. De esa manera, una gran colección de guantes llenó un par de cajones, pues tenía que combinar sus ropas según los colores o la estación del año.
En consecuencia, Baekhyun comenzó a amar cada una de sus prendas así lucieran extrañas para el resto de la gente.
Viajar en subterráneo era una aventura cada que tenía que usarlo para trasladarse. A pesar de contar con dinero para comprarse un auto; tener una licencia porque su padre lo obligó a conseguirla, y ser una persona capaz y responsable para conducir un vehículo, para Baekhyun la seguridad era primero. Prefería no ponerse detrás de un volante y causar algún accidente si alguna de sus visiones ocurrían en medio del cambio de una luz verde a roja, o lastimar a alguna persona irresponsable cruzando la calle cuando no debía. Minseok le había llamado paranoico antes por su lista enorme de excusas para no arriesgarse, pero Baekhyun de algún modo se dijo a sí mismo que estaba haciendo lo correcto.
Mientras caminaba dentro de la estación, miró a sus costados la enorme cantidad de gente: oficinistas que salían del trabajo, algunos estudiantes que volvían a casa y personas que parecían trasladarse también a los sitios nocturnos para disfrutar de su viernes. Baekhyun bostezó mientras ajustaba su abrigo, sobre la mano contraria cargaba una cartera mediana donde guardaba una libreta y un bolígrafo. Debía aprovechar los momentos de inspiración incluso cuando sucedían en el transporte público, lo que inexplicablemente sucedía más a menudo de lo que quisiera.
Se detuvo detrás de las puertas de cristal de protección para esperar al tren, y sintió un pequeño empujón en su espalda cuando una gran cantidad de personas comenzaron acumularse. Las «hora pico» solían ser así, tenía que ser cuidadoso para no tropezar. La gente tenía prisa todo el tiempo, viviendo ocupadas y queriendo llegar puntuales hacia sus destinos.
Cuando el tren llegó y las puertas de los vagones se deslizaron, Baekhyun logró hacerse a un lado para dejar pasar a quienes salían, no obstante un empujón logró meterlo rápido, chocando con alguna persona que dijo algunas malas palabras para él. Aquello era lo malo de viajar en subterráneo, todos estaban estresados al estar el sitio a su máxima capacidad.
Sin responder a las groserías se deslizó a lo largo del furgón, buscando los pasamanos en la parte superior para sostenerse. Sus hombros chocaban con los de las personas a sus lados. Se le estaba dificultando tener un poco espacio para respirar.
—Sólo son cuatro estaciones —Baekhyun se dijo a sí mismo. Se arrepintió de no tomar el autobús.
Miró a sus costados y divisó a una pareja que comenzó a discutir. Solía poner atención a su alrededor, pues observar la interacción le daba buenos escenarios para llevar al límite su redacción. Analizar el comportamiento mantenía a su cabeza trabajando para las futuras escenas de sus novelas. Las mejores ideas surgían de experiencias, de anécdotas. La chica había gritado algunos reclamos, la mayoría de los ojos alrededor se enfocaron en ellos. El chico intentó esquivar las manos de su molesta novia, pero en su lugar golpeó al hombre a su costado.
Baekhyun sólo pudo preguntarse una cosa en ese momento. ¿Por qué mierda ese hombre llevaba consigo un café con el gentío apretándose unos contra otros?
El caliente líquido salpicó a varias personas, y sí, entre ellos estaba el escritor. Baekhyun sintió parte de su manga y guante izquierdo mojarse. Se quejó en voz baja por la temperatura. La siguiente estación estaba cerca, por lo que al llegar se soltó del aro en la parte superior y dejó pasar a las personas que salían. El vagón se vació a la mitad, Baekhyun pudo recorrerse hasta otro extremo y lejos de la pareja que continuaba murmurándose cosas en su discusión ahora silenciosa.
Tomó asiento en la línea de bancas laterales donde sólo había dos personas más. Sacándose el guante agitó la tela un momento y salpicó parte del líquido. Torció los labios e hizo a un lado su cartera. Dio un vistazo a las personas sentadas al frente, que parecieron atentas a sus acciones: un par de ancianos y estudiantes de instituto. Molesto, observó su cartera en el asiento a su lado y luego a su abrigo. No deseaba guardar su prenda húmeda cerca de su preciosa y valiosa libreta, mucho menos introducirla en su costosa ropa. Mantuvo entonces el guante mojado entre sus dedos, pensó que podría esperar hasta llegar al negocio de sus amigos para obtener una bolsa plástica para guardarlo, y en el mejor de los casos conseguir un par limpio. No le preocupaba mucho, Minseok la mayoría de las veces tendría una solución a sus problemas.
Salir a la calle o estar rodeado de tantas personas sin algo cubriendo sus manos era un lío, en especial porque Baekhyun sufría de esa obsesión de tocar a las personas. Le gustaba acariciar, le gustaba demostrar su afecto de esa manera, y sin guantes… sin ellos no podría estar tranquilo, sus visiones lo alteraban tanto. Las reuniones no eran para estresarse, sino para distraerse.
Escuchando por cuarta vez el ruido de las puertas abriéndose en una nueva estación, Baekhyun oyó por el altavoz el anuncio de donde se encontraban. De un brinco logró levantarse y dirigirse a la puerta, sin embargo tan pronto cruzó la entrada sintió una mano sostenerle, y junto con ello, ver un pequeño destello rosa al comenzar una visión:
«Había colores, azules, turquesas, verdes y morados, (no era de extrañar que sus visiones iniciaran así, siempre habría uno o varios tonos al principio demostrando algún sentimiento por medio de matices. Los rojos eran alerta y emociones muy fuertes; los azules desprendían tranquilidad; los amarillos daban esperanza al igual que los blancos, pero era raro que pudiera describir o interpretar los magentas y los lilas, el morado era algo nuevo). Él se notó sentado en un vehículo, era un coche alto, pues al mirar a través del parabrisas el paisaje al frente se notaba desde una perspectiva elevada. En su visión giró el rostro, aunque no visualizó el del conductor del auto, no obstante divisó un pequeño colguije en el retrovisor. Eran un par de osos, uno pardo y otro blanco, de caras sencillas y tiernas».
El roce de sus manos terminó rápido y los ojos de Baekhyun enfocaron la mano que se retiró de entre sus dedos. Leyó «LOEY» en uno de los ajenos. Aquello había sido tan fugaz que sólo dos segundos después la puerta del vagón se cerró. Al mirar sus manos se dio cuenta de que el extraño le había entregado su cartera, la misma que estuvo a punto del olvidar.
Cerró los ojos al tratar de espabilarse y avanzó un paso lejos de las puertas de protección. Las visiones de ese tipo nunca lo dejaban tranquilo, y menos ahora, porque el chico involucrado era un extraño, uno que pareció relacionarse con él incluso cuando el destino y las circunstancias impidieron que se miraran a los ojos.
Baekhyun avanzó con pasos tensos hacia la salida, repasando la situación. No le gustaba pensar que tenía un futuro con alguien a quien no conocía, porque eso significaba que tendría que encontrárselo de nuevo. Relacionarse, pasar una vez más por esa prueba de confianza y de temores sobre si sería bueno para su vida o no, lo aterraba.
—Estaba en un auto, ¿su auto? —Baekhyun habló consigo mismo rumbo a la pizzería de sus amigos—. Necesito impedirlo.
Tras unos metros alcanzó a ver la puerta de cristal cerca y a Minseok moviéndose en el interior, con un cúmulo de volantes mientras despedía a algunos clientes
— ¿Otra vez hablando solo?— Minseok se burló al verle entrar, y le ofreció una sonrisa antes de notar su mano izquierda desnuda—. ¿Dejaste los guantes?, ¿por qué? —Sus grandes ojos estaban más redondos al señalarle los dedos.
Baekhyun torció sus labios y mostró el guante húmedo que ahora era de un tono café.
—Gente problemática. Mis manos terminaron quemadas con un café americano en manos de un tonto, sin mencionar que al tener que quitarme el guante tuve una visión cuando un extraño me tocó.
—Demasiado para un viernes ¿no lo crees?—Minseok se burló—. Tu trayecto de la casa al restaurante es de ¿cuánto?, ¿treinta minutos?
—Ni me lo recuerdes.
—Tal vez sea el anuncio de que algo sorprendente sucederá esta noche. —Sus labios al hablar se movieron pese a que estaba pronunciando entre dientes, dio un ligero vistazo hacia atrás. Junmyeon se dedicaba a pasar entre las mesas, atendía a sus clientes de manera amable—. Aquí hemos estado de mal humor. Luhan se fue hace una hora y no ha vuelto, tenemos el lugar lleno y hay mucho trabajo. Hyugwon, Seungyoon y Jaehyo han intentado hacer las entregas que le tocaban, pero es viernes y este día siempre es el más ajetreado. Debería despedirlo, contratar un nuevo repartidor.
— ¿Despedir a Luhan?—Baekhyun se mofó—. Como si pudieras hacer eso.
—Exactamente. —Minseok estuvo de acuerdo—. Pero me encantaría. Se supone que debe apoyarnos no ponernos más obstáculos, pero sigue con esa idea de que ser repartidor es divertido. ¿Desde cuándo el trabajo es divertido? Debería preocuparse porque el negocio crezca, pero no, sólo lo empeora.
Baekhyun palmeó el antebrazo de Minseok, casi a punto de acercar sus dedos a los contrarios. El mayor se alejó al verlo también y ambos esbozaron sonrisas incómodas.
—Cómo sea, ¿necesitan ayuda aquí? No me importaría llevar algunos platos a las mesas si me lo piden, al menos en lo que Luhan aparece.
Frente a él, Minseok pensó por un momento. Como si una idea le llegara a la cabeza, movió su mano pidiéndole seguirle, lo cual Baekhyun hizo si bien lo notó nervioso. Pasaron la puerta hacia el corredor interior, la cocina tras la portezuela a la derecha y la oficina de administración a la izquierda.
—Ya que lo mencionas, podría tal vez abusar de tus buenas intenciones y aceptar la ayuda. —Su tono bajó y el de ojos pequeños los entrecerró prefiriendo quedarse bajo el umbral. Minseok se movió hacia el escritorio de color rojizo. Extrajo una llave de su bolsillo y abrió con ésta uno de los cajones del mueble. Sacó un pequeño bolso de tela cerrado con un listón.
—No me gusta cuando usas la palabra “abusar”, nunca es bueno.
—Será un dar y recibir. Tú me ayudas y yo te ayudo a ti, ¿no suena lindo? —Abrió el bolso, de donde sacó un par de guantes hechos de encaje blanco—. Se suponía que te los daría la próxima semana, ya sabes, San Valentín y la amistad. Iba a darte también una libreta ya que la que tienes está vieja y fea, pero…
— ¿Llamaste a mi libreta vieja y fea?
—Lo que sucede… —Minseok ignoró la pregunta—. En serio necesito un repartidor y tú sabes manejar la motocicleta ¿recuerdas? Incluso me lo demostraste aquella vez en Busan. Sé que te estoy pidiendo algo que no te gusta, ¿pero no ya habías tenido una visión hace unos días? Nunca tienes más de una visión por semana. No creo que suceda nada malo si sólo haces unas entregas por mí. Yo lo haría, pero sabes que no sé conducir. Junmyeon me necesita aquí, uno atiende la caja y otro a los clientes. Te prometo que mataré a Luhan en cuanto vuelva.
Minseok sonó exasperado conforme más palabras salían de su boca, inhaló y exhaló para calmarse, notando bien el rostro de pánico en Baekhyun. Los ojos de éste en el bolso de tela, en su salvación que parecía alejarse cuando un riesgo tan grande como conducir se interponía.
—Min…
—Por favor, Baekhyun. Por favor. —Minseok se acercó y mostró el primer guante, acercándolo a la mano ajena para ponerlo.
—Minseok, me encantaría ayudar, pero no creo que sea buena idea, hoy por la mañana tuve esta visión y… —A sus espaldas escuchó a uno de los cocineros mencionar el número de una orden en Hongdae, seguido de un grito medio alto para que un repartidor se acercara—. No Min, no me pidas esto.
—Baek, nunca te he pedido nada que te arriesgue, pero no puedo permitir que comiencen las malas reseñas, sabes que este negocio es mi tesoro. No sólo el mío, también el de Junmyeon y Luhan, aunque a ese idiota no parezca importarle en este momento. No sé qué diablos esté haciendo y espero que no le haya pasado nada… —el enojo de Minseok desapareció de su voz, aunque el temor tomó su lugar.
Baekhyun no tenía ganas de quedarse ahí y esperar que el miedo lo invadiera a él también. Porque sí, el miedo era algo que lo mantenía encerrado dentro de su casa, sobreprotegiéndose de las personas y de las consecuencias de relacionarse con ellas, de los daños o malas decisiones que pudiera tomar si su destino era alguna mala persona o una pésima decisión. Podría sonar demente, pero Baekhyun había tenido las suficientes malas experiencias para darse cuenta de que su vida funcionaba mejor sólo acercándose a las personas correctas. A pesar de que sabía que nunca fue lindo adelantarse a todo, en ocasiones su curiosidad; su emoción ganaba, lo que lo llevaba a terminar prediciendo el final de sus relaciones.
Por los pasados diez años tuvo apenas dos noviazgos, pero ninguno de los dos fue en su totalidad rosas, arcoíris y miel. A veces en sus citas lograba tomar la mano del chico en cuestión, sus destinos mostraban infidelidades, discusiones o corazones rotos. El amor no era bueno, al menos no el tipo de amor que aquellos hombres pudieron ofrecerle, y que para su fortuna nunca se concretaron.
A sus espaldas escucharon un llamado en la amable voz de Junmyeon, en esa fingida voz que sonaba como «Minseok, cariño, ¿por qué nadie está atendiendo la siguiente entrega?», pero que entre su tono podían identificar esa pizquita de enfado.
Un Junmyeon enfadado no era bueno para nadie, porque el de tez clara podría entrar en algunas zancadas hasta la oficina, dispuesto a ponerle el casco al lavaplatos o al propio Minseok para que todo ocurriera en tiempo y orden; y eso no estaba bien, primero porque los dos posibles candidatos a ser enviados en moto no sabían conducir, lo que los dejaba con dos opciones, ir en autobús o taxi, y eso implicaba una reducción a la ganancia que obtendrían con el pago de la pizza. Todo se trataba de dinero, y cuando se hablaba de efectivo Junmyeon era bastante bueno.
Baekhyun vio los ojos centelleantes de Minseok y tragó saliva al reconocer que éste tenía un don al tratarse de convencerle. Se humedeció los labios con nerviosismo mientras asentía. Al instante se sintió ser llevado hacia la cocina, donde un empleado metía en una pequeña mochila la caja que contenía el alimento para mantenerla caliente. Minseok leyó la nota con la dirección y luego haló de su amigo hacia la salida trasera.
—Muy bien, la dirección no está muy lejos de aquí. Es cerca de la universidad, en quince minutos llegarás ahí. Es una suerte que llegaras a tiempo y nos hagas este favor, este cliente es frecuente, Junmyeon se hubiera enfadado si por alguna razón se arruinara la entrega. No podemos permitirnos perder clientes, menos si son frecuentes. —Minseok habló rápido. Observó la motocicleta al lado de una Scooter, ésta última propiedad de Kyungsoo.
Baekhyun observó ambos vehículos y el miedo incrementó al notar que la motocicleta que se suponía usaría debía pesar más que él.
—Usaré la azul. —Baekhyun señaló el vehículo—. Luce más seguro, además es linda.
—No tengo las llaves, no creo que Kyungsoo quiera…—Sus palabras perdieron valor, Baekhyun ya estaba a un lado de la Scooter con la mochila en mano. Posicionó la pizza en el compartimiento detrás.
Minseok ni siquiera necesitó regresar adentro a buscar las llaves, ya que el cocinero había salido para alcanzarles, con algunas ordenes de pasta además de unas sodas en lata. La mirada Kyungsoo se volvió fría por un segundo, sin embargo que su amigo estuviera juntándole las manos suplicándole bastó para lanzarle las llaves, no sin antes agregar el resto de los alimentos sobre la caja.
Con el casco sobre la cabeza y las manos en el freno y acelerador, Baekhyun respiró profundo. No se creía cuando puso en marcha el vehículo para hacer la cosa más peligrosa de su vida.
Hongdae era una zona conocida para él, la mayoría de sus escasos planes para pasar el rato los realizaba ahí. Podría visitar algunas tiendas para hacer compras o tomar un café en alguna de las cafeterías que predominaban en el área, y si su estadía se extendía hasta la noche, quizás se quedaría a mirar algún show musical callejero. Por supuesto, ir a pie era muy distinto a usar un vehículo. Pese a que la Scooter no era tan veloz, menos por la cantidad de miedo que tenía al conducir, Baekhyun sentía la adrenalina. Su corazón palpitaba fuerte, mantuvo los ojos bien atentos a sus costados para evitar algún accidente o coche atravesándose. Su trayecto fue así por algunos cruces, y al localizar la calle de la dirección escrita en el ticket de la orden, bajó la velocidad hasta detenerse cerca de una acera y frente algunos negocios.
Baekhyun releyó la dirección, un número 61 estaba escrito, pero sin más señas además del aparcamiento de motocicletas de dicho lugar. Se había estacionado justo en ese sitio; al frente, se encontró con dos negocios separados por una pequeña columna donde estaba el número. Torció los labios, miró ambos locales, adivinando en cuál de los dos es al que debería entrar a preguntar primero.
En las letras de acrílico rosa y rojo en uno se leía «Secrets», tras la puerta de cristal se veían los tonos cálidos de la iluminación y los muros. Baekhyun no podía visualizar bien ya que aún tenía el casco puesto, pero parecía su mejor opción ya que el otro negocio daba bastante miedo incluso mirándole desde afuera. Las puertas también eran de cristal, tenía en ellas letras en vinil cubriendo lo que sucedía adentro, en las que se leía «Universe’s Piercing and Tattoo Studio Art», además de que las estruendosas guitarras eléctricas y percusiones que ambientaban al hacer música le intimidaban.
Por lo general escapaba de todo aquello que se mostrara amenazante, y la gente tatuada era en exceso peligroso para él.
Eligió su primera opción al tomar como excusa que en el local contiguo había un letrero que anunciaba que se encontraba cerrado, bajó de la motocicleta y tomó los alimentos para ir al de interior colorido. Baekhyun empujó la puerta de cristal, mostrando una sonrisa con dientes que desapareció en cuanto su mirada se cruzó con la del empleado y cliente a los lados del mostrador y caja.
En ese punto ya nada debía sorprenderle, pero Baekhyun lo hacía de cualquier modo.
En los anaqueles había cajas largas, botellas traslucidas de distintos colores y algunos accesorios de muestra con formas extrañas; la música suave en las bocinas de las esquinas daba un ambiente sensual. Baekhyun no solía frecuentar esos lugares, primero, porque a falta de una pareja no practicaba mucho el sexo, en segundo: sus compras eran en línea; El empleado estaba guardando en una bolsa de papel oscura lo que parecían unos dildos además de un par de botellas (que podría jurar eran lubricantes).
Abrió la boca para decir algo, si bien el cliente en el interior fue más rápido que él. Luhan se le acercó en dos zancadas, usaba la chaqueta que en un costado tenía bordado: Lotto’s Pasta and Pizza.
—Luhan —Baekhyun farfulló al nombrarle—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Sabes qué Minseok está por volverse loco? Tuve que venir a hacer esta entrega por ti.
Baekhyun se calló y miró hacia el empleado, un chico de cabello negro corto, sin expresión. Luhan miró hacia el mismo lugar, le dedicó una sonrisita incómoda al cajero antes de volver su atención a su amigo.
—Baek, cariño, ¿puedes sólo darme un momento? Necesito terminar esto, he estado dudando en sí debería acercarme o no a él desde hace meses. Sólo déjame terminar con esto y cuando acabe te prometo que te daré todas las respuestas que quieras.
El aludido escuchó atento y negó con el rostro.
—Necesito terminar esta entrega, después volveremos al restaurante y le darás las explicaciones a Minseok.
—Pero Baek…
—Junmyeon está molesto, Minseok desesperado, tuve que subir al vehículo de Kyungsoo para hacer tu trabajo y tú estabas aquí, perdiendo el tiempo comprando consoladores mientras yo moría de miedo sobre una motocicleta. —Baekhyun sonó igual de exasperado que su amigo, Luhan estaba suplicándole.
El chico en la caja se aclaró la garganta en cuanto el ticket de compra salió impreso para entregarlo junto con la bolsa.
—Gracias por su compra. Y tú, repartidor, aquí nadie pidió una pizza, la orden debe ser para Hwang, justo al lado —dijo el chico en una voz monótona, con su mano señaló hacia la pared.
Baekhyun, que aún usaba el casco, tragó saliva. Luhan le ofreció una pequeña sonrisa, se alejó al caminar hacia atrás haciéndole saber que le dejaría ir, así mismo que él se tomaría su tiempo en recibir sus juguetes.
El reloj seguía con su tic-tac y cada segundo contaba, pues el cliente esperaba y Baekhyun tenía un favor por cumplir. Le dedicó una mirada asesina a su amigo, dijo un «gracias» al empleado y giró en sus talones para salir del local. Respirando profundo, dio algunos pasos a la siguiente puerta, observó el letrero que decía «Cerrado» y tocó suavemente con los nudillos esperando ser notado. Claro, aquello no sucedería, porque sólo podría ser escuchado entre esos escasos segundos en los que terminaba una canción e iniciaba otra. Y no podía quedarse ahí de pie tres minutos y medio hasta que la recién iniciada terminara.
“I want to be forgotten”— se escuchaba en una rasposa voz.
Baekhyun inhaló y exhaló al tomar valor. Nunca tuvo amigos que gustaran de ese tipo de música, pero sólo era un género ¿cierto?, no podría sacar conclusiones tan rápidas sólo por la letra o estilo de una canción. No había por qué temer.
—“and i don’t want to be reminded”
Empujando la puerta, observó el interior del establecimiento. Era amplio y limpio, había un sofá de tres asientos frente a uno de dos, en lo que parecía una sala de espera. En las paredes se veían cuadros con arte surrealista y algunos con fotografías de body art. Casi al fondo y cerca de unas escaleras el mueble alto de la recepción.
—“You say please don´t make this harder”
— ¿Puedo ayudarte en algo? —Escuchó a alguien preguntar detrás. Baekhyun dio un respingo en su lugar y giró.
Una chica de cabello corto le sonrió. Aquello pudo ser lindo pese a que Baekhyun las chicas no le atraían, pero no lo fue. Porque la chica era alta, o tal vez no tanto ya que estaba usando zapatos de plataforma, sin embargo podía mirarle el rostro sin necesidad de ver hacia abajo. Ella usaba unas gafas de marco grueso, tenía un piercing sobre uno de los costados de su labio superior, además de que al mirar sus brazos pudo notarlos llenos de tinta.
—En-Entrega. — Baekhyun sobre gesticuló.
Ella mascó la goma que traía dentro de la boca y asintió. Rodeó el mostrador antes de bajar el volumen de la música y gritar al moverse cerca de las escaleras.
—¡La pizza llegó!
Inseguro y todavía nervioso, Baekhyun colocó la mochila sobre el mueble. Sacó la caja y colocó encima la bolsa y al lado las cuatro sodas.
—Son…— Baekhyun necesitó mirar el ticket, consciente de los ojos de la chica sobre su figura. Pareció divertida por su rostro asustado—. Veintitrés mil wons.
—A mí no —dijo ella—. Te pagará alguien más, sólo espera. —La chica miró hacia las escaleras—. ¡Maldita sea!¿Podrían bajar ahora? ¡Alguien debe pagar!
Baekhyun inhaló en medio de su creciente desesperación para salir de ahí.
¿Pero había una razón para ser tan asustadizo? Obviamente existía. Baekhyun no había tenido un buen historial de amistad con personas de aspecto rudo, uno de los motivos por el cual repelía de toda clase de peligros. Durante el instituto sufrió acoso por los estudiantes que parecían matones, por lo cual reaccionaba mal cada que notaba a un hombre más alto que él, o de cara enfadada, o que luciera como un pandillero. Culpaba mucho a las visiones que tuvo en algunas de las palizas que recibió al no lograr escapar de ellos, y siendo él, el Baekhyun paranoico que se limitaba en expresiones, relaciones y aventuras, no era de extrañar que tuviera una especie de pánico por cualquier persona, así fueran mujeres de apariencia frías y peligrosas.
—Oaaah, qué lindos guantes —dijo la chica, pasó sus delgados dedos sobre las líneas decoradas en el encaje—. ¿Dónde los compraste? Me encantaría tener unos iguales, ¿me dejas ver?
Los almendrados ojos de ella se ampliaron centelleando. Baekhyun titubeó un esbozo de sonrisa. Nunca prestaba sus guantes, pero el temor crecía y una especie de alarma en su cabeza se encendió considerando las consecuencias cuando sus amigos se les unieran.
—Po-por-por supuesto. —Se sacó un guante con duda y miró por debajo de sus pestañas la gran sonrisa de la chica.
—¿Qué hizo que Luhan se retrasara tanto esta vez? —Se escuchó una voz masculina desde las escaleras. Un hombre alto fue bajando, su camisa sin mangas dejaba ver algunos de sus tatuajes.
Baekhyun miró sus propios dedos desnudos, luego a la mujer que pasó sus pulgares sobre la tela.
—Luhan no vino esta vez —ella dijo, notando como el recién llegado pasaba su mirada por el cuerpo del repartidor—. Chansung, no seas así.
—¿Por qué?, ¿ya pusiste tus ojos en él también? —Deteniéndose al lado de su compañera, Chansung le sonrió y le empujó con ligereza por el brazo. Notó los alimentos en el mostrador—. Por cierto, ¿cuál es tu nombre?
Baekhyun necesitó verle a los ojos para darse cuenta de que le preguntaba a él. Sintió la garganta seca. El tipo medía como tres metros y él sólo necesitaba recibir el dinero para poder largarse y no volver nunca más.
—Baekhyun —informó rápido. El tal Chansung sonrió notándole nervioso y alzó y bajó las cejas al estar satisfecho.
—Ese es un nombre lindo —dijo la mujer—. Yo me llamo Jiyeon, pero todos me dicen…
—No importa como desees que te digan, jamás te llamaremos así. —Una cuarta voz se escuchó desde de la planta superior. Baekhyun sólo deseó salir corriendo antes de que más personas se arremolinaran cerca de él. Al parecer todos en ese lugar eran altos, como si de pronto se hubiera convertido en Gulliver en la isla de los gigantes—. Creo que es suficiente con tener que tolerar tus…— La voz del chico disminuyó conforme se acercó, sus enormes ojos volviéndose más grandes al mirar el rostro del repartidor bajo el casco.
Las mejillas de Baekhyun estaban presionadas entre el acolchonado interior, sus pequeños ojos dejando ver un tanto de su conmoción, sus mejillas rosas y con el ticket de la compra entre sus dedos.
Jiyeon y Chansung se dieron cuenta del embelesado rostro de su amigo, y la chica se aclaró la garganta antes de lanzar hacia él una de las servilletas antes colocadas sobre la caja.
—Vamos, estamos haciéndole perder el tiempo. Chanyeol, paga.
—Sí, paga —Chansung animó, le tocó un hombro a Chanyeol para que sacara su billetera. Podía notar que el repartidor parecía desesperado, sus pies se movían ansiosos, como si desearan irse ya.—. Baekhyun debe tener más entregas qué hacer, ¿no es verdad?
—¿Eh?, sí, tengo algunos lugares a los que debo ir —Baekhyun contestó, alcanzó a darle una mirada al chico de suéter rojo—. Son veintitrés mil wons.
Bien, el tal Chanyeol era el que parecía más intimidante de todos, pese a que Chansung lucía más rudo, esas sonrisas blancas que daba casi le dejaban ciego, además de que Jiyeon estaba todavía distraída con el diseño del guante que, según sabía, habría o sería criticado por Junmyeon y Luhan en cuanto lo vieran. Sin embargo, Chanyeol tenía una expresión rara en la cara, sin mencionar que los tatuajes sobresalían por el cuello de su suéter; algunos tonos en colores pintados en su piel. En el labio inferior tenía un piercing al igual que en la ceja derecha, además de que en sus orejas sobresalían los aros negros de unas pequeñas expansiones.
—Yeol, ¿escuchaste al chico?, dijo que son veintitrés mil wons. —La voz de Chansung sonó extraña pues parecía reprimir la risa.
Baekhyun apretó los labios no sabiendo por qué el tipo se reía, y entrando en pánico, creyó que era de él. A su vez, Chanyeol reaccionó al sacar algunos billetes y los entregó al extender su mano en espera del comprobante.
“In the deepest ocean, the bottom of the sea, your eyes, they turn me”
La música sonaba en el fondo, Baekhyun podía oírla, aunque su atención estaba dirigida a las manos de Chanyeol. Algo en su estómago se apretó, como si se hiciera un nudo en el interior causándole náuseas, dolor y miedo, todo de una sola vez. Podía leer el tatuaje en uno de sus dedos medios, ese mismo ‘LOEY’ que había quedado registrado en su cabeza. Esa señal, una alerta que debía evitar en el futuro, el futuro que se volvía un ahora, o tal vez no porque su visión incluía un auto, o podría, a menos que se alejara oportunamente, en su presente.
Sin esperar más Baekhyun tomó el dinero y lo contó, supo que la cantidad era errónea así que tomó los cinco mil wons de más para devolverlos.
Chanyeol negó con el rostro, agregó un: «es una propina».
¿Una propina? Baekhyun casi deseó arrojarle los billetes a la cara y decirle que no los necesitaba, ni los quería, sólo que no podía hacerlo, porque Minseok dijo antes que el cliente era frecuente y quizás Junmyeon vería en la mínima cantidad un monto acumulado en la cuenta de la noche. Junmyeon era como el señor cangrejo ahorrando cada mínima moneda, lo más seguro es que con ello podría pagarle una parte de la tarifa del taxi de vuelta a casa. Además, ¿cuál era la probabilidad de que Baekhyun fuera golpeado si hacía eso a un hombre que lucía tan… así?
Baekhyun apretó los labios y forzó una sonrisa al despedirse, tomó la mochila vacía y salió del estudio con dirección al vehículo. Luhan estaba saliendo al mismo tiempo de la Sex shop. Para ese momento, Baekhyun deseaba llevar sus manos a las hebras de sus cabellos y tirar de ellos hasta hacer que Luhan pidiera perdón. En su lugar optó por acomodar la mochila, luego ajustó su casco y subió a la Scooter.
—Espera un momento. —La voz causó que tanto Baekhyun como Luhan quedarán en medio de la acción de subir y encender los vehículos.
Chanyeol pareció nervioso al tener la atención de dos chicos. Acercándose al de estatura más baja, prestó atención a su lindo vehículo. Con una sonrisa espeluznante en la cara, mostró el guante que el repartidor olvidó.
—Oh, mierda—Baekhyun masculló.
Provocó una sonrisa en el chico de suéter rojo, quien tendió el guante para que lo tomara.
—Eres olvidadizo —Chanyeol se atrevió a decir, negó con sus manos cuando los pequeños ojos le juzgaron por su soltura. —Perdón, no quise ofenderte, ¿te ofendiste? Lo siento, no era mi intención, es sólo que olvidaste tu cartera en el tren y ahora el guante, aunque debe ser por culpa de Jiyeon, ¿cierto? Bueno, su culpa aquí porque ella no iba en el tren, ella no debió pedírtelo ¿verdad? Hablaré con ella, no importa, lo siento de nuevo, toma tu guante.
Baekhyun necesitó morder su labio para no reír, la cara del hombre lucía tan compungida que le hizo relajarse, dejó de sentirse intimidado para ahora parecerle divertido. Bajó el visor en el casco escondiendo su expresión burlona y tomó el guante por uno de los extremos para evitar tocarle.
En su acción algo no pareció estar bien, porque Chanyeol casi juntó las cejas, ondeando los labios como si ahora el ofendido fuera él.
—Cómo sea. —Chanyeol balbuceó y giró en sus talones para volver al estudio.
Baekhyun cubrió sus dedos mirándole irse, Luhan a su lado silbó para mofarse.
—Baek, debes trabajar en tus modales, parecía como si el chico sufriera una enfermedad contagiosa incurable.
—Sabes bien por qué no quería tocarle —el susodicho recordó, ajustó bien sus dedos en la tela y luego encendió el motor.
—Yo lo sé, también Minseok y Junmyeon, sin mencionar todos tus amigos, pero ese chico no, y él fue bastante amable, ¿por qué hacerlo sentir así? Créeme cariño, si yo no lo vi bien, es que no estuvo bien.
Observando a través de lo poco que dejaban ver las paredes de cristal, y oír el volumen de la música elevarse, Baekhyun consideró bajar para pedir disculpas, observó sus manos y luego la espalda del chico dentro del local. Luhan a su costado esperó, pero el tiempo y el miedo incrementaban.
“I hit the bottom, hit the bottom and escape, escape”
Movió sus pies para retroceder. Luhan puso sus ojos en blanco antes de encender también su motocicleta. Baekhyun decidió sólo ignorarlo, porque si volvía… la visión del auto sería una realidad, y ¿no eran esas visiones a las que más se obligaba a esquivar?