El principio y el fin ( relato corto)
Me encontraba en... en... ¿Dónde mierda estoy? Solo podía ver un vacío, no era blanco ni negro, no había color.
Espera un momento, ¿estoy cayendo? No... estoy flotando en este lugar. Ni siquiera veo una salida. Intenté moverme pero no pude, intenté gritar pero no pude, es como si perdiera el control de mi cuerpo... Solo puedo escuchar mis pensamientos... Un momento, ¿quién soy? Traté de ver mis manos pero... ¿no tenía? Ni siquiera tengo un cuerpo. ¿Qué soy? Sentía como mi consciencia se apagaba lentamente. Cuando estaba a punto de tirar la toalla, escuché un susurro:
—tienes que despertar, tienes que salvarla, yo no pude
—¿Eh? ¿Qué mierda? Un momento... Esa voz la conozco... Pero de dónde?
Miré hacia los lados pero no vi nada ni a nadie, pero algo dentro de mí me decía que tenía que salir de aquí. No sé cómo, pero me comencé a mover. No sé en qué dirección estoy yendo pero estoy avanzando. Sentí que pasaron horas pero no lo sé. ¿Vi una ventana? La luz era tal que iluminaba todo este extraño lugar.
Para asi despertar de aquel sueño
- que sueño tan raro tuve
Y aquí estoy yo, otra vez vivo. La única razón por la cual no me mato es por dimaria. Siempre me levanto y tengo un mensaje de ella: "Buenos días, amor :)". Siempre me alegra el día. Se supone que hoy nos vamos a ver. Ya llevamos dos años juntos
, nos conocimos de manera peculiar, cuando íbamos a la universidad, me tuve que mirar hasta aquí por trabajo, aquí la única familia que tengo es dimaria
Me levanté de la cama y fui a preparar mi desayuno, si es que así se le puede llamar a esa cosa. Miré con asco un plato de cereal que parecía dañado.
—Nah, no creo—dije en voz baja, dejando el plato allí.
Me cambié y salí. La casa estaba tan fría y sola como siempre.
Después de unos minutos caminando, llegué a su casa.
—¡dimaria, ya llegué! —grité mientras tocaba la puerta.
—¡Voy, voy! —respondió una dulce voz. Era ella, mi gran amor.
Abrió la puerta y tuve que agacharme un poco para que me alcanzara. Ella era tan pequeña y delicada, pero su amor era inmenso.
—Entremos o tu piel se quemará. Recuerda que eres muy sensible, mi amor —me soltó y me agarró de la camisa, llevándome adentro.
Cuando entré a su casa, sentí ese calor, esa sensación de tranquilidad. Di un largo suspiro y me quité los zapatos antes de pisar la alfombra. Mi calcetín derecho estaba roto, pero no me importa que dimaria me vea los calcetines rotos si hasta sin ropa lo ha hecho. Je, aún recuerdo cuando vi por primera vez esas bragas con flores. No le duraron mucho, pues se las rompí. Jeje. dimaria me sacó de mis pensamientos con un pellizco en la mejilla.
—¡Aaa! ¿Qué haces?
—¿Piensas en cosas cochinas otra vez, verdad? —me dijo mientras me pellizcaba más fuerte.
—¿Qué? <<Siempre me descubre>> Claro que no. Je je.
—Sí, sí, pervertido. Pero igual te amo, cariño —se puso de puntitas y me dio un beso. Fue corto, pero sentí cómo mi sangre corría por todo mi cuerpo. Mi mente se bloqueó. Sentí cómo nuestros dientes chocaron torpemente.
Cuando ella me besa, siento como si el tiempo se detuviera. Y aunque mil veces me bese, mil veces se me detendrá el tiempo.
—Bueno, pervertido, ven —seguía tirando de mi manga y nos sentamos en un sofá rojo, tan rojo como el cabello de dimaria. Es acogedor, bastante de hecho.
Puso una película. No me fijé en cuál, solo me podía fijar en ella. Mientras la miraba, sentí algo extraño en mi oreja. ¿Un susurro? Mmm, no creo, fue un viento, pero no lo sé. Las ventanas estaban cerradas y el aire acondicionado no podría hacer eso.
Comencé a mirar por todos lados, pero nada. Me comencé a sentir incómodo por algo. Mi piel estaba erizada, mi pierna derecha comenzó a temblar. Comencé a morderme las uñas por la ansiedad que me estaba dando en ese momento. Mi respiración se había vuelto pesada, ¿pero por qué?
Cuando vi hacia una esquina, vi a... ¿una persona? ¿Eh? Su mamá no estaba en casa. ¿Quién...? De un momento a otro, todo se volvió negro.
[Narra dimaria]
Estaba viendo la película, estaba divertida. Nunca me canso de verla.
—Oye, amor— no pude terminar ya que Damián se había desmayado. —¡AMOR! ¡Ey, ey, ey! Despierta. —Fui corriendo lo más rápido que pude por unos paños de alcohol y se los puse en la nariz. Después de tres intentos, por fin despertó.
—Amor —lo abracé lo más fuerte que pude—, ¿qué tienes? ¿Te sientes mal? ¿Vamos a un hospital? —Él solo se quedó en silencio. De una fuerte bofetada lo hice reaccionar.
—¡Oye! ¿Qué te pasa? ¿Por qué me pegas?
—¿Cómo que por qué? —mis lágrimas comenzaron a caer—. ¿Eres idiota o qué? ¡Te desmayas de la nada y lo preguntas? ¿No te has tomado tus pastillas para la anemia, cierto? ¡Eres un tonto! Tonto —mientras mis lágrimas caían, le daba golpecitos en el pecho—. No me dejes sola... ni lo pienses.
[Narra Damián]
Mientras dimaria me daba golpecitos en el pecho, volví a mirar a ese rincón, pero no había nada ni nadie. Tal vez es la anemia. Traté de consolar a dimaria dándole besitos en la cabeza mientras la abrazaba. Podía sentir su miedo a... ¿perderme? En serio, me odio demasiado por hacer que se preocupe tanto.
Pasó media hora y ya se había calmado.
—Amor, ¿vemos tu película favorita?
—Sí —me respondió aún enojada.
Una vez puse la película, le pregunté:
—¿Te acuerdas cuando lo hicimos viendo esa película? Jajajaja.
—¡Cállate, idiota! Sí,...sí me acuerdo —giró su cabeza, pero pude notar que estaba sonrojada.
Se acabó la película y me tuve que ir. Eran las 10 de la noche, y aunque mi casa no estaba tan lejos, era peligroso.
Llegué a mi fría casa y me fui a acostar directamente. Cerré mis ojos y me quedé dormido.
Pasaron los días y me sentía extraño, observado.
—Amorcito, ¿cómo estás? —me preguntó con su dulce voz mientras hablábamos por llamada.
—Extraño - respondí
—¿A qué te refieres?
—Me siento observado, es raro.
—¿Revisaste bien tu casa?
—Sí, ni una sola alma, solo yo.
Pasó el tiempo y hablamos de chismes, nada importante.
—Yo también, amorcito.
—¿Qué?
—Que yo también te extraño.
—¿Eh? Yo no he dicho nada.
—Pero sí te escuché, un susurro: "Te extraño", eso decía.
—Dios mío, yo no he dicho nada.
—Oh, qué extraño, me dieron escalofríos, jeje.
—Sí, se me erizó la piel. En fin, tengo que dormir, ya es tarde. Descansa, amor.
—Descansa, chiquito.
[ Narra dimaria ]
Cuando le colgué a Damián, mi amorcito me fui a dormir
Desde que escuché ese susurro, las noches se volvieron más inquietantes. Cada vez que cerraba los ojos, sentía como si algo o alguien estuviera en la habitación, vigilándome.
Un día Cuando desperté, me tallé los ojos con la manga de mi buzo verde. Luego de eso, lo primero que hice al abrir los ojos fue escribirle a mi amorcito: "Buenos días, amor". Escribirle todos los días me gusta, ya que él no tiene a nadie en este país y eso me pone triste.
Él siempre me dice que está bien, pero yo no le creo. Me siento inservible y estúpida cuando no lo puedo ayudar a sentirse mejor.
Me estaba cambiando para ir de compras, algo que me parece aburrido. Preferiría quedarme dormidita en mi cama, pero no. Luego de un largo suspiro, me puse una falda rosa que me gusta mucho
me iba a poner una camisa que me regalo Damián pero Busqué por todos lados la camisa verde que Damián me regaló cuando apenas teníamos tres meses de novios. Aunque me queda un poco grande, me gusta y me hace sentir que estoy con él.
- ¿Dónde estás, condenada camisa?
Habían pasado ya media hora y no encontraba la camisa. Revisé el clóset una vez más, moviendo las prendas a un lado y al otro, desesperada. Recordé entonces que la última vez que la había visto fue después de la última cena romántica que tuvimos en casa. Bajé las escaleras de prisa y me dirigí al cuarto de lavado.
Para mi alivio, allí estaba, arrugada y olvidada en el cesto de ropa limpia. La tomé con ambas manos, alisándola con cuidado. La tela suave aún conservaba un leve aroma a su colonia. Sonreí, sintiendo una mezcla de nostalgia y amor.
Me la puse rápidamente y me miré en el espejo. Aunque me quedaba grande, como siempre, me sentía cómoda y feliz. Era como si, a través de esa prenda, Damián estuviera allí, conmigo.
En fin, tuve que irme a pie ya que mi situación económica no era muy buena. Me daba miedo caminar sola ya que una vez me asaltaron. Aunque tengo una navaja en mi bolsito, me siento insegura, Mientras caminaba me sentía extraña.
Con cada paso que daba sentía una presión que me dificultaba seguir adelante. ¿Era como un calambre? No, era diferente. Me comenzaron a dar escalofríos, pero ¿por qué? Tengo un mal presentimiento. Comencé a suspirar para intentar calmarme, pero no funcionaba. Estaba sudando, ¿frío? ¿Por qué? ¿Qué mierda está pasando? La gota que colmó el vaso fue sentir una presión fría en mi brazo derecho que me impidió moverme. Cuando me di cuenta, estaba por cruzar la calle estando el semáforo en verde.
—¿Eh? ¿Qué mierda? —Me senté en el suelo a un lado de la carretera para intentar calmarme.
Mi cabeza estaba revuelta de preguntas. ¿Por qué me siento así? ¿Qué fue eso? ¿Qué está pasando? ¿Por qué estoy temblando? ¿Qué me pasa? ¿Tengo frío? ¿Frío? ¿ Que no Estamos en plena ola de calor? Me duele la cabeza. ¿Qué me esta sucediendo? ¿Acaso era un ataque de ansiedad?
Respiré profundamente, tratando de encontrar algo de calma. El sol abrasador no ayudaba, pero mi cuerpo temblaba como si estuviera en pleno invierno. Toqué mi frente y sentí un sudor frío. Mis manos estaban heladas, pero el calor del asfalto bajo mí era sofocante.
Pasaron 30 minutos y ya me sentía un poco mejor. Me levanté del suelo y me sacudí la mugre. Seguí mi camino a la verdulería y, para distraer mi mente, comencé a imaginar una vida con Damián, sonriendo al pensar en nosotros con cuatro hijos. Nos vi en una casita en la playa, disfrutando los atardeceres juntos hasta viejos. La brisa acariciaba nuestros rostros mientras los niños jugaban en la arena, y Damián y yo nos mirábamos con complicidad.
Cada día terminaba con un cielo pintado de naranjas y rosados, y nosotros viendo el sol desaparecer. Sentía que nuestro amor seguiría fuerte como el primer día. Imaginaba nuestras conversaciones nocturnas y despertando cada mañana sabiendo que habíamos encontrado en el otro un refugio de paz y felicidad.
De un momento a otro todos mis pensamientos se calmaron, dejé de sudar y ya había llegado a la verdulería.
Compre las cosas y regrese a casa.
Pasaron los días y no me volví a sentir de esa manera cosa que me gustaba sentía una tranquilidad increíble pero como quien dise, nada es para siempre.
Una noche, mientras trataba de conciliar el sueño, escuché ese susurro otra vez
- te extraño.
Me levanté de golpe, con el corazón latiendo desenfrenadamente. Miré a mi alrededor, pero no había nada, solo la oscuridad envolviéndome. Decidí encender la luz y revisar cada rincón de la casa, pero solo estaba yo.
Llamé a Damián suplicando que me contestara, pues eran las 3 de la mañana.
—Amor, no sé qué está pasando, escuché el susurro otra vez.
—¿Estás segura de que no lo imaginaste? —preguntó con preocupación.
—Estoy segura. Fue tan real... casi pude sentir el aliento en mi oído.
—Ven a mi casa, te quedarás aquí por unos días mientras se te pasa.
Me vestí y, lo más rápido que pude, empaqué unas prendas. Algo me decía que no me fuera de mi casa, que me quedara, pero no hice caso y me fui hacia su casa.
Caminé por unas calles hasta que escuché un sonido de derrape de un carro. Cuando gire ... Un carro descarrilado se dirigía hacia mí. Solo pude decir una cosa mientras mis ojos se iluminaban con los faroles del carro
—damian...
[ Narra Damián ]
—Puta madre, ¿dónde estás, diamria? ¡Contéstame las llamadas, mierda!
Me comencé a morder las uñas. La ansiedad de no saber nada de ella me tenía mal. Pasaron las horas y nada, hasta que se me dio por prender la televisión y...
Chica de 19 años fue arrollada por un auto que se quedó sin frenos . La chica, llamada "dimaria", se encuentra en el hospital central con riesgo de muerte.
—¿Eh? ¿Qué?
En una velocidad que ni yo sabía que tenía, fui lo más rápido que pude hacia el hospital corriendo.
—<<No es verdad, Ella no...,Por favor>>— eran mis pensamientos mientras entraba en recepción.
—¿Qué se le ofrece?- me preguntó la recepcionista
— dimaria, ¿dónde está?
—Oh, ¿la chica del accidente? ¿Es famili...
—¡DIME DÓNDE MIERDA ESTÁ!
—Está recibiendo atención médica en estos momentos. No puede entrar a esa sala, señor.
—¿Cuándo podré?
—Media hora, digo yo.
Los segundos parecían minutos, los minutos horas. Mis manos temblaban, mis ojos estaban rojos.
—¿Familiares de dimaria? —dijo un doctor.
—Yo, ¿cómo está? Dígame que está bien, por favor.
—Joven, ella tuvo una contusión cerebral...
—¿Eh?
—Murió.
El mundo se detuvo. en mis oidos solo se escuchaba un pitido, Todo ruido se desvaneció: el hospital, la gente, incluso el sonido de mi propia respiración, lo único que escuchaba era como mis lágrimas caían al suelo y se desvanecían en el
No podía entender las palabras del doctor. "Murió". Esa palabra rebotaba en mi cabeza, haciéndome eco. Sentí un nudo en la garganta, la desesperación subiendo como una ola que amenazaba con ahogarme.
—No... no puede ser —logré susurrar—. Tiene que haber un error. ¡Déjeme verla, por favor! - suplique mientras mis lágrimas caían
El doctor me miró con compasión, pero negó con la cabeza.
—Lo siento mucho. Por ahora no puede
Caí de rodillas, incapaz de soportar el peso de la noticia. Lágrimas ardientes se comenzaron a descontrolar por mis mejillas. Recordé su risa, su voz, su manera de mirarme. ¿Cómo podía ser que ella ya no estuviera?
Algunos minutos pasaron antes de que una enfermera se acercara y me ayudara a levantarme.
—Señor, sé que esto es muy duro. Si quiere, podemos llevarlo a una sala donde pueda descansar un poco.
Negué con la cabeza, con los ojos fijos en el suelo.
—Quiero verla —insistí, mi voz rota—. Necesito verla una última vez.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, me llevaron a la morgue. El cuerpo de dimaria yacía sobre una camilla, cubierta con una sábana blanca. Mis manos temblaban mientras la destapaba. Ahí estaba ella, pero no era ella. Era solo una cáscara vacía, sin la vida y la energía que siempre la caracterizaban.
—dimaria... —susurré—. Perdóname por no haber estado ahí.
Las lágrimas seguían cayendo, mojando la sábana. Me incliné y le di un último beso en la frente, sintiendo el frío de su piel.
No sé cuánto tiempo pasé ahí, junto a ella, pero finalmente me obligué a levantarme. La vida parecía haber perdido todo su sentido, todo su color. Caminé por el hospital como un espectro, sin rumbo fijo.
Al salir, la noche había caído. El aire frío dela noche golpeó mi rostro, . Miré al cielo, buscando respuestas que nunca llegarían. Solo quedaba un vacío inmenso.
—¿Por qué? ¿POR QUÉ, DIOS? ¿POR QUÉ MIERDA ME QUITAS TODO? ¡Quiero que agas que vuelva! ¡Te lo ruego! ¡Te lo ruego, Dios, que regrese! ¡Por favor, no te la lleves! ¡Todavía no! Todavía la quiero... ¡quiero que vuelva, por favor!
Sus súplicas fueron en vano, ya que nada sucedió, nada... nada había cambiado.
Fui hacia aquel puente donde nos conocimos.
—Pronto nos volveremos a ver... Dimaria —susurré con la voz quebrada mientras miraba su nombre grabado en el puente.
Con una última mirada a su memoria, di un paso hacia atrás y dejé que la gravedad me arrastrara saltando del puente. Sentí cómo el viento helado cortaba mi piel y las lágrimas se mezclaban con las gotas de lluvia que caían , golpeando mi rostro como diminutos martillazos . Mientras caía de esos 10 metros, el mundo se desdibujaba, y la soledad me envolvía en su abrazo más frío.
...
todo se volvió negro, quedé en una especie de vacío. No había color, solo un abismo interminable y extraño.
—¿Dónde estás, dimaria? —mi voz se quebró en la oscuridad.
Seguía flotando en aquel lugar hasta que vi algo imposible. Era... ¿yo? Una sensación de desesperación me envolvió. Tenía que hacer algo, tenía que intentar algo ara salvarla. Con todas mis fuerzas, grité:
—¡Tienes que despertar, tienes que salvarla, yo no pude!
Mi otro yo parecía confundido, miraba en todas direcciones pero no me veía. ¿Por qué?
De repente, empezó a moverse, no sé dónde , pero lo estaba haciendo. Me fijé y se dirigía hacia una especie de ventana. Decidí seguirlo, moviéndome con esfuerzo hacia la misma dirección. Cuando por fin llegamos a la ventana, de alguna manera también pude atravesarla.
—Qué sueño tan raro tuve... —lo escuché decir
<<¿Espera, he revivido? No, no puede ser.>>
Miré mis manos, pero no tenía manos. No tenía cuerpo, solo era una conciencia flotando.
Cuando este sujeto se levantó de la cama lo ví ví su cara
—un momento... ese soy..yo?