Odjur [Secuela Kensington] by Viraha at Inkitt
Customize readability
Aa

Odjur [Secuela Kensington]

All Rights Reserved ©

Summary

Después de una terrible tragedia, un pequeño Odjur se encuentra con la realeza más grande de todas: los Kensington.

Status
Complete
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Antes


La memoria era una construcción extraña. A veces las personas decían que los hechos no eran como la mente podía recordarlos. Muchas veces me pregunté si eso era verdad a lo largo de mi vida. En mi clan se decía que un Odjur no olvidaba porque teníamos mejor memoria que ninguna otra criatura mágica. Éramos capaces de recordar todo desde el primer día que abríamos los ojos después de haber nacido. Nunca comprobé si existía otra criatura con esa habilidad, principalmente porque me importaba un bledo. Pero nuestra memoria era tan buena como se decía porque, incluso aunque lo intentara, no era capaz de olvidar.

Desconozco si la vida fue justa conmigo desde que nací. Tenía cinco hermanos mayores: Asrat, Eries, Lavonne, Stanifer, Sackerson y al final estaba yo. El hijo más pequeño que no había alcanzado la primera transformación cuando cumplió dos años y era, por lo tanto, la vergüenza de la familia. Recordaba a mi padre con claridad, hincándose frente a mí, con sus pesadas manos en mis hombros. Todos decían que yo me parecía mucho a él. Eso nunca lo hizo feliz y yo no entendía por qué. Le amaba porque era mi padre, aunque nunca obtuve nada de él. Me miró con dureza como era su costumbre y repitió las mismas reglas de siempre: no avergüences a la familia, no hagas nada que pueda llevar burlas hacia nosotros. Compórtate como un hombre. Y había creado una nueva regla especialmente para mí. Esa noche, con sus manos sobre mis pequeños hombros dijo:

—Shane, no espero nada de ti. Dios sabe que debí abandonarte en el bosque cuando tuve la oportunidad, pero esa oportunidad ha pasado y aquí estamos. No hables, no te muevas. Quédate en un rincón y no nos ridiculices más. Tu existencia es suficiente.

Eso fue lo que hice a partir de ese momento. Me quedé en un rincón, con la mirada en el suelo sin decir nada. El clan de los Odjur se reunía con frecuencia, hablaban sobre las normas, sobre lo que era mejor para nuestra comunidad. A menudo, demasiado a menudo, hablaban sobre mí. Se preguntaban si era en realidad un Odjur porque había cumplido dos años y era incapaz de transformarme, al contrario del resto de mi familia. Mi hermano mayor Asrat podía transformarse en una gárgola aterradora que con frecuencia usaba para perseguirme por el pueblo. Mi hermana Eries se convertía en una quimera, Lavonne era un centauro, Stanifer un basilisco y Sackerson era un fénix. Era común que un Odjur se transformara cuando cumplía un año y de esa forma, el clan podía encontrarle un uso a su vida. Se volvía un ser útil para la comunidad y comenzaba a entrenar para defender al pueblo. Bueno, yo pasaba las tardes sentado en los escalones de nuestra cabaña mirando hacia afuera, contemplando el bosque mientras mis hermanos entrenaban. Al final del día, ellos regresaban exhaustos y satisfechos y se sentaban a la mesa para cenar. Yo no. No tenía permitido hacerlo porque según mi padre, no había hecho nada para merecerlo. Así que pasaba las noches muriéndome de hambre, dando vueltas en mi habitación preguntándome, ¿por qué yo? ¿Por qué tuve que haber nacido? ¿Para qué?

No tenía ni la menor maldita idea de lo que el destino me tenía preparado.


Cuando cumplí tres años, mi transformación llegó por fin. Pasó de repente, sin haber hecho nada especial. Estaba sentado en los escalones como siempre observando a mi madre caminando por la cocina. Ella nos enseñaba francés porque había vivido en Francia antes de conocer a mi padre. Mi madre no era cariñosa, en realidad ni siquiera parecía querernos. Siempre pensé que estaba atrapada en una vida que nunca pidió tener y ya era demasiado tarde para escapar.

Así que ahí estaba yo, perdido en mis propios pensamientos cuando sentí mucho calor, como si mi cuerpo estuviera ardiendo en llamas. Grité y caí por los escalones. Y de pronto me transformé en un dragón blanco. Entonces mi padre estuvo orgulloso de mí porque los dragones eran, por mucho, las criaturas más poderosas que existían. No era común que nacieran dragones, eran considerados casi realeza, éramos como tesoros del clan. Mi clan me amó entonces, la comunidad me admiró y valoró y recuerdo que mi padre me sonrió por primera vez desde que había nacido.

No me gustaba ser un dragón. Creía que una quimera era más interesante o el ave fénix que era Sackerson y que podía controlar el fuego. Nunca lo dije en voz alta, por supuesto, no necesitaba esa maldita mirada de desagrado otra vez. Comencé a entrenar con el resto de mis hermanos y la felicidad de mi padre se evaporó pronto al descubrir que yo era un fracaso. Tenía miedo de lastimarlos así que me contenía bastante, pasaba mucho tiempo encogido sobre mí mismo en una esquina de ese campo de entrenamiento. Descubrí que los Odjur podíamos sanar más rápido que otras criaturas cuando mi padre me atacó en medio de la cólera que sentía al verme. Él era una quimera, la combinación entre un león con alas de águila y cola de serpiente. Después de que terminara conmigo, no tuve fuerzas para poder regresar a casa y él me dejó ahí. Pasé la noche en un charco de mi propia sangre, contemplando las estrellas.

Sackerson regresó por mí cerca del amanecer a escondidas de nuestro padre. Ella era mayor que yo por cuatro años y, aunque a veces era un maldito dolor de cabeza, también era gentil. No lo mostraba porque nuestro padre decía que eso era cosa de débiles y los Odjur no pueden ser débiles. Eso sería una vergüenza para la familia.

Sackerson me ayudó a llegar hasta mi cama dejando un rastro de sangre detrás de nosotros, lo que ayudó a nuestro padre para que la descubriera. La castigó colgándola de un árbol, atando sus patas de fénix a una rama y se quedó de cabeza por dos días. Le pedí perdón cuando volvió por fin, caminando como lo haría una persona ebria.

—No te preocupes, poupée —me dijo, con una sonrisa de burla en el rostro—. Tanta sangre en mi cabeza me dio buenas ideas sobre qué hacer con ese bastardo.

—Bastardo —murmuré. Ella sonrió orgullosa.

—Sí, poupée. Bastardo.

Yo no hablaba mucho, aunque era común que un Odjur pudiera expresarse bien al cumplir los tres años. Existía mucha presión en nuestra especie, alguna forma de que resaltáramos entre el resto de las criaturas. Bueno, éramos capaces de convertirnos en criaturas mitológicas, eso me parecía suficiente.

Dado que nadie más me prestaba atención, Sackerson se había encargado de enseñarme a hablar lo que incluía muchas maldiciones y malas palabras.


Tan pronto cumplí los cinco años, mi padre arregló mi matrimonio con una de las niñas en el clan. Era común que se realizaran ciertas uniones para beneficiar el estatus del clan o para asegurar una buena población de criaturas. Se llamaba Cyr y era un año mayor que yo. Podría transformarse en un cerbero y esa era una de las mejores transformaciones, mucho mejor que un dragón. Así que nuestro clan pensaba que al juntar nuestros genes, podíamos asegurar la reproducción de criaturas poderosas. Mi padre no me preguntó, solo me lo dijo mientras cenamos con la misma calma de quien anuncia que acaba de comprarse unos zapatos.

—Dentro de un mes, te casarás con Cyr.

Recuerdo que me ahogué con el vaso de agua, pero no respondí. Negarme habría sido mucho peor y no podía decirle a mi padre que en realidad prefería casarme con el hermano mayor de Cyr. Eso también sería una vergüenza para la familia. Asentí en silencio, con las miradas de mis hermanos sobre mí.

—¿Y qué pasa si Shane no quiere casarse? —preguntó Sackerson del otro lado de la mesa.

—Shane quiere casarse —respondió mi padre y después me miró con dureza—. ¿Verdad?

Quince años después le habría dicho que se fuera al diablo y que me besara el culo, pero tenía cinco años y mi padre era atemorizante. Quizá también era porque una parte de mí aún esperaba verlo orgulloso de mí. Es decir, era mi padre, por el amor de Dios. Tal vez por eso me limité a asentir y evité mirar a Sackerson a toda costa. Ella era valiente y rebelde, pero yo no estaba ni cerca de serlo.

No aún.

Esa noche, Sackerson me llevó con ella para escapar. Al parecer había ideado todo un plan meses atrás para que pudiéramos ser libres. Me despertó a la mitad de la noche y me ordenó que me vistiera lo más rápido que pudiera. Obedecí porque era mi hermana y, a diferencia de todos los demás, parecía quererme en serio. De todos modos me detuve al final del camino que salía de nuestro pueblo, me aterraba la idea de que nuestro padre nos descubriera porque eso llevaría a un castigo y se lo dije.

—No puedes tener miedo toda tu vida, poupée —me dijo con cierta dulzura y regresó para tomarme de la mano—. Solo tienes una vida, tienes que aprovecharla y hacer lo que tú deseas hacer. Sé que ni siquiera te gustan las niñas.

Sentí que las mejillas se me ponían rojas y me negué a mirarla debido a lo avergonzado que me sentía por eso. Sackerson se rió y me abrazó por los hombros guiándome hacia afuera del pueblo. La seguí porque quizá lo que decía era verdad y, si solo tenía una vida, iba a vivirla como me diera la maldita gana.


Logramos ocultarnos por unos buenos cinco meses antes de que el clan nos encontrara. Y para ese entonces yo ya había probado lo que era vivir de verdad.

El primer mes nos las ingeniamos para vivir en el bosque mientras nos conducíamos hacia la ciudad. Sackerson me enseño cómo cazar y qué partes del animal servían para comer y qué otras podían usarse para hacer trampas o incluso armas; también me enseñó sobre plantas curativas, las que servían para comer o las que eran venenosas. En ese momento no entendí para qué me sería útil saber todo eso, pero aprendí porque era nuevo y diferente y estaba fuera de las reglas de mi padre.

La ciudad era totalmente diferente a lo que pensé que sería. Estaba llena de humanos quienes, al parecer, no tenían que seguir ninguna regla porque hacían toda clase de locuras. Vivíamos en los límites de la ciudad escondidos entre árboles y arbustos porque éramos un par de niños sin la economía para sobrevivir. El suelo no era cómodo, comíamos muy poco y la mayor parte del tiempo pasábamos frío, pero era maravilloso. Conocí a otros niños que me enseñaron a fumar y a robar. Aunque no le encontré uso a eso, me parecía divertido. A veces preguntaban el por qué de nuestro cabello y el color de nuestros ojos, pero Sackerson les decía que se metieran en sus propios asuntos y eso parecía resolver todo.

El clan nos encontró gracias a un grupo de cazadores que supo distinguirnos y no estaban de acuerdo en que criaturas como nosotros estuviéramos en contacto con los humanos sin utilizar ningún tipo de camuflaje o disfraz. Así que un cuarteto de sujetos nos obligaron a subir a un carruaje de vuelta a casa. Yo podía sentir como se me aceleraba el corazón mientras la distancia se reducía hacia nuestro pueblo. Nos tomó cerca de cuatro días volver y todo el clan estaba ahí para recibirnos con miradas de desaprobación. Sackerson y yo recibimos el regaño que duró poco más de dos horas donde nos explicaban todo lo que había estado mal con nuestro escape y cómo estábamos poniendo en riesgo la existencia de los Odjur ante los humanos. Sin embargo, no pedimos perdón porque ninguno se arrepentía de lo que habíamos hecho.

No aún, al menos.

En casa las cosas fueron diferentes. Mi padre era un Odjur de pocas palabras y muchos puños que no tardó más allá de lo que le tomó cerrar la puerta para comenzar a golpearnos repitiendo que éramos una vergüenza para la familia y una deshonra como Odjur. Y Sackerson, que no sabía cuándo mantener la boca cerrada, repetía una y otra vez que no se arrepentía.

—¡Volveré a hacerlo! —gritaba con sangre en los dientes—. ¡Odio a este lugar y a este maldito clan!

Así que mi padre hizo lo único que le pareció correcto: la echó de la casa. No era un castigo, todos lo sabíamos porque ella era libre al fin, pero quizá fue la única forma que encontró para salvar la poca dignidad como padre que le quedaba. Cerró la puerta detrás de ella y se volvió a mí emanando furia, con una mirada colérica que me habría matado de ser posible.

—¿Quieres largarte tu también? —preguntó entre dientes. Me temblaban las piernas, pero de ninguna forma iba a volver a esa maldita prisión.

—Sí —dije con voz temblorosa. La ansiedad aumentaba dentro de mi pecho como una serpiente venenosa.

—¿Qué dijiste? —cuestionó caminando hacia mí. Podía sentir la cólera que emanaba su cuerpo y con cada paso que daba hacia mí, se volvía más y más intensa.

—Dije que sí —respondí elevando la voz. Solo Dios sabe de dónde saqué la fuerza para hacerlo.

A mí no me dejó escapar. Me golpeó un poco más y su única opción para mantenerme quieto, fue encadenarme a la cama. Decía que aún podía salvar nuestra reputación como familia casándome con Cyr. Bueno, después de haber estado en la ciudad, era evidente que no iba a casarme con nadie.

Al menos no en ese momento.


Al día siguiente, Asrat me liberó. No dijo nada, tan sólo quitó la cadena de mis piernas y se desapareció. Sabía que él también me consideraba una deshonra porque creía en el deber de un Odjur hacia su clan y aceptaba todo lo que nuestro padre decía sin dudar.

Ese día lo único que hice fue dormir. El clan decía que era nuestra forma de recuperarnos y quizá tenían razón porque al anochecer, me sentía un poco mejor. Un poco aturdido, quizá. Tal vez esa fue la razón por la que no los escuché hasta que ya era demasiado tarde.

Asrat me despertó sacudiéndome con violencia y me tapó la boca cuando iba a preguntar qué le sucedía. Tiró de mí escaleras abajo y solo entonces escuché el alboroto fuera de la casa. Podía ver el fuego a través de las ventanas y podía escuchar los gritos, esos desgarradores gritos que no tenían comparación. Mi hermano levantó un par de tablas de madera debajo del piso. Retrocedí por puro impulso cuando el pánico del trauma me invadió. Asrat tiró de mí, pero me resistí.

—Entra.

—No. —Tiré de mi brazo de nuevo, con sudor frío bajando por mi nuca.

—¡Maldita sea, Shane! ¡Entra de una maldita vez!

Me arrojó y dejé de resistirme porque su voz sonaba igual a la de mi padre. Caí de espaldas con la respiración agitada y el terror carcomiéndome por dentro. Ese era un sitio de castigo donde nuestro padre nos metía cuando rompíamos sus reglas. El espacio era diminuto, apenas y cabía acostado. Era como estar dentro de un ataúd.

—No hables —me dijo antes de cerrar la única salida—. No salgas de aquí, ¿entendiste?

No entendía nada, pero asentí. Me miró una última vez y bajó las tablas. Nunca entendí por qué me salvó a mí. Pudo haber salvado a nuestras hermanas o incluso pudo haberse salvado él, pero no lo hizo, me salvó a mí.

Pude ver, por las rejillas entre la madera, cuando mis padres entraron a la cabaña atrancando la puerta detrás de ellos. Eso no funcionó, por supuesto. Los cazadores no tardaron demasiado en derribar la puerta, los mismos cazadores que nos habían encontrado en la ciudad. Aunque mi hermano y mi padre se transformaron, los cazadores les inyectaron una especie de supresor que revirtió la transformación. Según entendí por lo que decían mientras se reían, habían estado buscando nuestro clan por mucho tiempo y que gracias a Sackerson y a mí, por fin lo habían encontrado.

Yo sabía que los ojos de un Odjur eran muy valiosos para los hombres, especialmente para los cazadores a quienes les gustaba jactarse y presumir sus tesoros como si eso les diera alguna clase de estatus. Lo que yo no sabía, era que tenían que sacarlos mientras la criatura estaba viva.

Esa noche me quedé escondido como una rata mientras observaba la forma en que esos cazadores sujetaban a mi familia de las extremidades mientras alguno se sentaba en su pecho y colocaba un artefacto extraño parecido a una pistola en sus ojos. Después vinieron los gritos, gritos que nunca olvidé y que me atormentarían todas las noches por el resto de mi vida.


Cuando tuve el valor de salir, ya habían pasado tres días y yo seguía aterrado ante la idea de que los cazadores estuvieran ahí afuera esperando. No quedaba nada más que escombros, cenizas y cuerpos. Tantos cuerpos que parecían no tener fin. Ese era mi clan, el lugar a donde pertenecía. De pronto entendí que estaba solo.

Dicen que ser la persona que sobrevive no es fácil.

Bueno yo diría que es un puto infierno.

Let Viraha know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

 Mehrfach zurückgewiesene Gefährtin

Silvia: Sehr schön geschrieben, mit Spannung von Anfang bis Ende. Tolle Geschichte .

Read Now
Milky Treasures on a Healing Love

Ren selka: It was absolutely AMAZING I think I liked this story a little too much..! Haha..!

Read Now
Death's Shadow MC Book 1

dariwhon: Loved reading this book. Engaging plot, great characters and good writing.

Read Now
An Irish Match

jeannie2244: This is without a doubt one of the sweetest stories I've read in a very long time. It's a delightfully different story from the usual stuff out there. I couldn't put it down. I highly recommend giving this a read.

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

MaybeInACentury: This is probably the best book I've ever read in a really really long time. I couldn't stop once I started. Golden find. Though I do wish the story was written in present tense rather than in past tense, or had an epilogue about what is happening now, it is a masterpiece.

Read Now
Buried Alive

Tamalar Burton: I was overwhelmed with feeling when the story started. Everything she went through at early pregnancy was a little scary but it seemed to work out really well. There were even some funny moments. It was a very romantic story.

Read Now
Mystic Wolf

Missy: Love this story. Please write more about Dev and Mira. Can't wait to hear about their life.as a couple

Read Now