Único
Denki estaba cayendo en una espiral de desesperación, y lo peor era que no estaba seguro de qué lo aterraba más, si seguir cayendo, o que una parte de él comenzaba a disfrutar el porqué de esa desesperación.
Todo había comenzado cuando cumplió la mayoría de edad y su madre le dijo que debía hacer algo con su vida, y lo mandó con la familia del hijo de una amiga, en un pueblo lejano al suyo, para ayudar a cuidar a un recién nacido.
El rubio no puso resistencia, le agradaba ganarse la vida por su cuenta y que mejor que haciéndolo cuidando de un bebé, ya que desde siempre había sido bueno con los niños y más aún desde que era un omega, y sus feromonas a miel lo ayudaban a calmarlos.
Fue así como hacía cinco meses había llegado hasta la gran hacienda de los Bakugo, una pareja joven con su primogénita de apenas dos meses. Allí quedó impresionado por la enormidad del lugar, no solo de la casa, sino también de todos los terrenos.
El trabajo era bastante fácil, según lo que le había explicado la señora Mitsuki a su madre, él solo tenía que ayudar al señor Izuku con el cuidado del cachorro y en algunos quehaceres básicos del hogar, ya que desde que había nacido la pequeña Sayumi el omega había estado bastante cansado, así que cualquier ayuda era bien recibida.
Y así fue, Denki se había acostumbrado a la rutina. Desde que llegó había pasado la mayor parte de su tiempo con él señor Izuku y la bebé, lo que, curiosamente, había creado un vínculo inesperado entre ellos. Mientras Izuku cocinaba y él se hacía cargo de la pequeña ambos se la pasaban juntos conversando, o si el limpiaba el pecoso hacía dormir a la cachorra. Todo esto mientras Izuku que era un par de años mayor que él le enseñaba distintas cosas.
Trabajar con los Bakugo era bastante agradable, Izuku era amable, tranquilo y muy cariñoso, siempre lo trataba como un hermano pequeño. Y el señor Katsuki aunque no compartía mucho tiempo con él, y era un alfa un tanto distante y malhumorado, era muy buena persona, lo había comprobado en más de una ocasión al ver su trato con su omega y el resto de los trabajadores.
Ambos eran la pareja perfecta a los ojos de Denki, el aroma combinado de sus feromonas impregnaba la casa. El de Izuku era suave y dulce, y el de Katsuki, intenso y dominante. Ambos llenaban el espacio de tal forma que, incluso siendo un omega adulto, Denki se sentía reconfortado, además de que con solo mirarlos podía ver el enorme amor que se tenían, se cuidaban el uno al otro y cuidaban de su cachorro con el mismo amor.
Denki los admiraba mucho a ambos y deseaba en algún momento tener algo como eso. Un alfa que lo mirara con la misma devoción con la que Katsuki miraba a Izuku. Un hogar donde todo pareciera estar en perfecta armonía.
Sin embargo, nada de eso era lo que lo tenía tan desesperado, estaba muy agradecido con los Bakugo, pero era un omega joven y saludable que tenía ciertas necesidades, necesidades que a pesar de los largos días de trabajo no podía ignorar. Y el hecho de ser el único trabajador que viviera en la mansión principal, evitaba que pudiera interactuar demasiado con el resto de los trabajadores que vivían en pequeñas casas al otro lado del terreno.
Y en ese punto en específico, sus jefes se la estaban haciendo ver negra. Porque si los Bakugo querían ponerse cariñosos, no les importaba ni dónde estaban, ni qué hora del día era, ni menos ser silenciosos. Eran el matrimonio más insaciable y apasionado que Denki había conocido.
La primera vez que los escuchó fue una noche, pocas semanas después de haber llegado, en la que se había quedado despierto hasta tarde leyendo cuando de repente, un pequeño sonido rompió el silencio.
Al principio, pensó que tal vez era el viento o algún ruido de la casa, pero entonces lo escuchó nuevamente, y esta vez más claro. Era un gemido. Un jadeo. Otro más, más fuerte. Y después, los gruñidos de Katsuki llenaron el aire, seguidos de los suaves gemidos de Izuku. El rubio omega se quedó paralizado, su cuerpo reaccionando de inmediato. Una erección dolorosa lo mantuvo despierto el resto de la noche, sin saber cómo manejar lo que estaba sintiendo.
Aquella vez Denki pensó que había sido algo de una noche, que quizás era la primera vez que lo hacían después de tener a Sayumi, y por eso habían sido tan…enérgicos.
Pero lamentablemente no fue así, a Izuku y a Katsuki les gustaba demostrarse su amor varias veces a la semana y eso estaba poniendo terriblemente cachondo a Denki, al punto que unas noches después no pudo resistir más. Los gruñidos de Katsuki y los gemidos suplicantes de Izuku lo hicieron abrir la puerta de su habitación, sin siquiera pensarlo. Se quedó allí, de pie, en la oscuridad del pasillo, escuchando cada sonido, cada jadeo. Y antes de que pudiera detenerse, sus manos bajaron por su propio cuerpo, buscando liberación mientras escuchaba a la pareja alcanzar el clímax al otro lado de la casa.
La vergüenza lo consumió al día siguiente. Temía que lo hubieran escuchado, que supieran lo que había hecho. Pero cuando bajó a desayunar, Izuku lo recibió con una sonrisa radiante como siempre. No había rastro de incomodidad, solo la amabilidad habitual que siempre emanaba de él. Fue entonces cuando Denki comprendió que su pequeño secreto estaba a salvo.
Sin embargo, a partir de ese día Denki había comenzado un juego peligroso, pero muy placentero.
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Denki apenas podía contenerse. La desesperación y el deseo lo consumían en su interior, y la escena que se desplegaba ante sus ojos no hacía más que avivar ese fuego que lo llenaba lentamente.
—¡Ah…ah!... Kacchan más duro —Izuku gemía sin ninguna clase de pudor, su voz entrecortada mientras sus manos se aferraban a la encimera de la cocina. Su cuerpo temblaba bajo las brutales embestidas de Katsuki, que lo empujaba una y otra vez, sin compasión, pero con un amor tan visceral que Denki casi lo sentía tangible en el aire.
—Mierda Zuzu… A tu trasero le encanta comerse mi polla —Katsuki gruñó con la voz grave, con sus grandes manos aferrándose a las caderas de Izuku, clavando los dedos en su piel, mientras movía sus propias caderas con una precisión implacable, con una necesidad que solo el cuerpo de su omega podía satisfacer.
Todo eso a vista y paciencia de Denki.
Esa no era la primera vez que los veía teniendo sexo, pero en su defensa en aquella ocasion no había sido su culpa. Él se había levantado temprano y bajado en pijama a la cocina para preparar desayuno para sus patrones, pero estos habían bajado riendo y con las feromonas excitadas invadiendo todo a su paso.
Y a Denki solo le habían quedado dos opciones; una quedarse allí y arruinarles todo el ambiente romántico, o esconderse y disfrutar del espectáculo desde las sombras. Era obvia la opción que Denki había tomado.
Pero es que no podía evitarlo, después de aquella primera noche en la que los escuchó, poco a poco se fue acercando y cada vez que oía los jadeos y los gemidos se acercaba a mirar a donde fuera que sus patrones estuvieran dándose amor.
Sin embargo la mayoría de las veces era de noche y no tenía una vista tan buena y privilegiada como ahora, a plena luz de la mañana y escondido a unos cuantos metros de ellos encerrado en la alacena de la cocina.
Apenas había tenido tiempo de juntar la puerta de la alacena cuando la pareja entró y Katsuki arrinconó al omega en uno de los mesones, y casi le arrancó los pantalones para enterrarse brutalmente, como si esa fuera la última vez que se vieran.
Denki se mordió el labio conteniendo un gemido, sin dejar de mirar como la pareja se besaba sin dejar de mover sus caderas desesperadamente.
A los ojos de Denki eran hermosos. La luz del amanecer entraba por las ventanas, iluminando los cuerpos entrelazados de Katsuki e Izuku como si fueran una obra de arte viva. El sudor brillaba en sus pieles, y la manera en que sus músculos se tensaban y relajaban era hipnótica. Sus ojos reflejaban el amor que se tenían cada vez que se miraban el uno al otro y las caricias que Katsuki le daba a Izuku le hacían erizar la piel de puro deseo.
Denki apenas podía respirar. Sin poder contenerse metió una de sus manos dentro de sus holgados pantalones de pijama y acarició suavemente su pequeña polla, al ritmo de las embestidas del alfa. Se masturbó respirando agitadamente las feromonas combinadas de ambos que llegaban hasta él.
—Mierda, ¿cómo es que son tan jodidamente perfectos? —susurró para sí mismo, mientras sus ojos no se despegaban de la escena.
Cada vez que los miraba, Denki se imaginaba cómo sería estar con ellos, que lo tocaran, que lo hicieran estremecer del mismo placer que estaban sintiendo, que lo bañaran con sus feromonas. Pero no.
Nunca haría algo así, nunca interferiría en la relación tan hermosa que Izuku y Katsuki tenían, y tampoco era como si estuviera enamorado de ellos, era simplemente que le gustaban ellos en su conjunto, le encantaba mirarlos, ver sus cuerpos conectados perfectos el uno con el otro, y ver cuánto se amaban.
Izuku, con el rostro enrojecido y los ojos entrecerrados de puro placer, se veía hermoso. Cada vez que Katsuki se inclinaba sobre él, besando la marca de su cuello, los gemidos del omega se intensificaban, y Denki sentía que su propio cuerpo reaccionaba en sincronía con ellos. Cada golpe de las caderas del alfa enviaba una descarga de electricidad por su espina dorsal.
—Ah…mierda Kacchan…me correré —jadeó Izuku, su voz apenas un susurro, pero tan cargada de deseo que hizo que Denki mordiera su labio con fuerza, tratando de no gemir también.
—Vamos omega, córrete para mi —Katsuki empujó más fuerte y se inclinó para morder la notable marca en el cuello de Izuku —Y…
El fuerte choque de las pieles no le permitió a Denki escuchar lo que el alfa le había dicho a su esposo, pero al parecer había sido algo muy estimulante, porque Izuku se corrió un segundo después. Su grito de placer resonó por toda la cocina, y Denki, incapaz de resistir más, alcanzó su propio clímax, mordiéndose la mano para no gritar.
Todo su cuerpo temblaba, el sudor corría por su piel mientras su respiración se descontrolaba.
A pesar de haberse corrido recién, su polla saltó entusiasmada al ver como el rubio movía sus caderas perezosamente dentro del pecoso, como si quisiera prolongar el placer tanto como fuera posible. Era una vista demasiado erótica para un omega virgen como él.
—Qué te parece una segunda ronda en mi oficina, conejito —susurró Katsuki al oído de Izuku, su voz baja y cargada de deseo.
—Hoy estas insaciable Kacchan —rió el omega pero jadeó cuando el rubio, aun dentro de él, dio una última embestida que lo hizo estremecerse—. ¡Ah! Está bien, corre Kacchan.
Los dos se separaron lentamente, sus cuerpos aún brillando bajo la luz del día. Salieron de la cocina, riendo suavemente, dejando a Denki solo en su escondite, jadeando y con la mente aún nublada por el éxtasis.
Denki suspiró y se afirmó con su mano limpia en una de las estanterías, para recobrar el aliento. Sus patrones eran demasiado cachondos.
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Denki estaba medio despierto cuando escuchó el llanto de Sayumi. Se incorporó en la cama, un poco adormilado, pero sabiendo exactamente lo que tenía que hacer. Se levantó, pasó por la puerta que conectaba su habitación con la de la pequeña y rápidamente la tomó en brazos, acunándola con cuidado.
—Hola Sayu-chan, buenos días —dijo sonriendo, meciendo a la pequeña que ya comenzaba a calmarse al sentir el familiar aroma de Denki—. ¿Dormiste bien esta noche? solo te sentí una vez.
Colocó a Sayumi en el cambiador, hablándole en tono cariñoso, mientras le hacía pequeñas muecas y la bebé lo observaba con esos enormes ojos rojos llenos de curiosidad. Sayumi, con poco más de siete meses, ya estaba casi durmiendo de corrido toda la noche, despertando sólo para un cambio de pañal o para tomar el pecho de Izuku.
Riendo y jugando con los pequeños piecitos de la cachorra Denki cambió el pañal, sabía que muy pronto Katsuki e Izuku se levantarían ya para comenzar su día, y aunque fuera domingo normalmente sus patrones se mantenían activos haciendo diferentes cosas de la hacienda.
—¡Ah! Kacchan… —la voz de Izuku se escuchaba suave y ronca, llena de deseo.
A Denki le recorrió un escalofrío por la espalda y se quedó completamente quieto. Sus jefes habían comenzado temprano por la mañana en sus “quehaceres”, y aunque estaban a unas cuantas puertas de distancia podía escuchar sus ruidos completamente.
—Que omega tan perfecto tengo…
El rubio no se movió escuchando los gemidos, el choque de las pieles y el golpeteo de la cama contra la pared, y una parte de él quería ir a mirar a sus patrones y lo que estaban haciendo, pero Sayumi lo miraba curiosa llevándose un pie hasta su boca.
—Creo que nuestra Sayu-chan pronto será hermana mayor —dijo nervioso con un leve sonrojo en sus mejillas.
La pequeña entrecerró sus ojos rojos como si entendiera algo de lo que le estaba diciendo o pasando a su alrededor, pero enseguida rió y se gorgoteó babeando sobre su pie.
—Bueno parece que te importa mas comerte tu propio pie que ser hermana mayor —el rubio le quitó el pie de la boca y la terminó de vestir—. Será mejor que bajemos a la cocina por tu desayuno, aún hay tiempo para que tus padres bajen.
Tratando de hacer oídos sordos, Denki bajó con Sayu en sus brazos hasta la cocina y la dejó en su sillita de madera para comenzar a preparar su desayuno, un poco de puré de frutas y una mamadera de las que Izuku dejaba en el refrigerador en casos de emergencia.
Pasado un rato el rubio aun intentaba darle de comer el puré de frutas a la pequeña risueña, cuando el alfa y el omega bajaron hasta la cocina, sonriendo y hablando entre susurros. Denki tuvo que forzarse a no mirar demasiado la sonrisa satisfecha que Izuku llevaba en el rostro, ni al aire triunfante con el que Katsuki se paseaba por la cocina.
—¡Buenos días! —dijo alegremente el pecoso corriendo hasta la niña y besando su cabecita—. ¿Cómo está nuestra pequeña hoy? ¿Estás disfrutando tu desayuno Sayu-chan? —en respuesta la cachorra rió botando todo el puré que Denki había logrado meter en su boca.
El rubio se rió un poco nervioso, pero continuó dándole cucharadas con paciencia.
Izuku se sentó al otro lado de la pequeña peliverde mientras que Katsuki deambulaba en la cocina buscando cosas en el refrigerador y los estantes.
—Gracias por encargarte de ella cuando despertó —le dijo el omega a Denki con su enorme sonrisa amable, aquella que lo hacía sonrojar.
—N-no hay problema —contestó llevando nuevamente la cuchara a la boca de Sayu—. Estaba despierto cuando comenzó a llorar —el pecoso asintió en comprensión.
—¿Huevos con tocino? —preguntó el alfa de espalda a ellos.
—¡Si, por favor! —respondieron al unísono, emocionados.
Katsuki era un excelente cocinero y por lo apretada que era su agenda no cocinaba mucho, por lo que ambos omegas aprovechaban al máximo cuando se daban aquellas oportunidades.
—Hoy iremos a casa de mamá Mitsuki —le informó Izuku, en ese tipo de salidas Denki siempre los acompañaba, según el pecoso él era uno más en su familia—. Pero antes quiero tomar un baño de tina, ¿me ayudarías? —preguntó Izuku, con ojos brillantes.
—¡Claro! —contestó el rubio quizás un poco más enérgico de lo que correspondía, pero le gustaba ayudar a Izuku a bañarse.
—¡Genial! —dijo sonriendo emocionado el peliverde.
Después de que Katsuki les sirviera un plato rebosante de huevos con tocino, el desayuno transcurrió en un ambiente agradable y familiar. Denki e Izuku charlaban con fluidez, riéndose de vez en cuando, intercambiando historias y comentarios. Mientras tanto, Katsuki se mantenía en silencio, como era su costumbre. Observaba a ambos con una leve sonrisa en los labios, sin involucrarse demasiado en la conversación, pero su presencia siempre se hacía notar.
Cuando terminaron de desayunar, el alfa se levantó, dejando los cubiertos sobre la mesa con un suave golpe. Katsuki se inclinó primero hacia Izuku, besando su cabeza con un gesto lleno de ternura, y luego hizo lo mismo con Sayumi, que seguía en su sillita jugando con sus pequeños dedos. A pesar de su semblante serio, el gesto de cariño irradiaba calidez.
—Voy a supervisar el trabajo en los campos —dijo con su tono firme pero cariñoso—. Volveré pronto para cortar unos leños para la chimenea antes de que salgamos a casa de la vieja.
Izuku asintió con una sonrisa.
—Estaremos listos.
Una vez que Katsuki salió de la cocina, tanto él como Izuku se pusieron rápidamente en marcha, limpiaron los platos sucios del desayuno y subieron hasta la habitación de la pareja. Aquello siempre lo ponía nervioso, el dormitorio de sus patrones siempre olía de maravilla, las feromonas de ambos lo excitaban y lo hacían sentir como en casa al mismo tiempo.
Mientras Denki llenaba la tina y le agregaba al agua distintas sales con suaves aromas, Izuku se encargó de dejar durmiendo a Sayu en su siesta de la mañana.
—Gracias por llenar la tina Denki-chan —dijo el pecoso con una sonrisa—. Huele delicioso.
Denki levantó la vista y se encontró con la figura de Izuku de pie, apenas cubierto por una fina bata de baño que dejaba poco a la imaginación. La luz de la ventana golpeaba justo en los pliegues de la tela, haciendo que se transparentara en ciertas zonas. El rubio sintió que el calor subía a su rostro, y trató de concentrarse en sus palabras para no perder el control.
—Usé algunas de las sales que mandó la señora Inko —respondió el rubio, que ya se encontraba sonrojado.
Izuku, sin darle mayor importancia, comenzó a desatar el lazo de su bata, dejándola caer suavemente al suelo. El rubio contuvo el aliento al ver cómo la delicada tela revelaba poco a poco la figura desnuda de Izuku. Su piel, cubierta de diminutas pecas, brillaba con la luz que entraba por la ventana, y sus curvas suaves parecían esculpidas por el mismísimo deseo. Cada detalle de su cuerpo parecía hecho para ser admirado
Algunos pensarían que era extraño que un omega se sintiera atraído por otro omega, es decir, aquello no estaba en sus instintos, pero Izuku era hermoso, dejando de lado todas las buenas palabras con las que Denki podía llenarse la boca al describir su personalidad. El pecoso tenía un cuerpo de infarto.
Tenía un lindo cabello verde, siempre revuelto a causa de sus rizos rebeldes, pero Denki sabía lo suave que eran. Además tenía unos brillantes ojos verdes que eran tan sinceros como su dueño, tenía unos jugosos labios carnosos que sabía utilizar muy bien y una bella cara llena de adorables pecas.
Y ni hablar de su cuerpo, Izuku era delgado a pesar de que había dado a luz hacía sólo siete meses, pero sus pequeños pechos aun llenos de leche contrarrestaban a la perfección con su delgada cintura y sus redondas caderas. Era una mezcla perfecta de ternura y sensualidad, de fuerza y fragilidad.
Denki ayudó a Izuku a entrar cuidadosamente en la tina, el vapor subiendo a su alrededor, creando una atmósfera cálida y envolvente. A pesar de su esfuerzo por mantener la compostura, sus ojos cayeron involuntariamente en el trasero perfecto del pecoso, redondeado como un durazno, antes de deslizarse por sus fuertes y generosas piernas. Tragó saliva, sintiendo cómo sus feromonas intentaban escapar, pero se forzó a mantenerlas bajo control. No podía permitirse perderse en esos pensamientos, no ahora.
—Te… te ayudaré con el cabello —murmuró con la voz un poco temblorosa, el corazón golpeando en su pecho como si fueran las alas de un colibrí.
Izuku, siempre tan amable y despreocupado, sonrió dulcemente, inclinando ligeramente la cabeza hacia atrás y entregándose por completo al cuidado de Denki. Había algo en la confianza que le ofrecía el pecoso que hacía que el rubio se sintiera más nervioso y al mismo tiempo, profundamente privilegiado.
Con manos cuidadosas, Denki tomó una botella de shampoo, vertió un poco en sus manos y las deslizó suavemente por el cabello empapado de Izuku, sus dedos moviéndose con dedicación. El jabón formó espuma entre sus manos, y el aroma dulce y calmante que emanaba del omega parecía inundar cada rincón de la habitación. A medida que masajeaba el cuero cabelludo, Denki trató de concentrarse únicamente en la tarea, pero la proximidad, la piel suave de Izuku bajo sus dedos y el contacto íntimo lo llenaban de una calidez que lo hacía estremecer.
—El cabello de Izuku-san es tan suave —dijo genuinamente embelesado, mientras enjuagaba la espuma.
—Tu cabello también lo es —respondió el pecoso con una sonrisa, elevando su mano humeda y tocando uno de sus mechones rubios.
Denki sonrió, sintiendo el calor del agradecimiento sincero en su pecho, mientras seguía lavando, enjuagando el cabello con un cuenco y asegurándose de que el agua corriera suavemente por la cabeza de Izuku, sin apuro y sin presión.
Ambos se quedaron un buen rato en el baño, con Izuku relajándose en el agua tibia mientras conversaban de diferentes trivialidades. En algún momento escucharon el choque de un hacha contra los maderos y supieron de inmediato que el alfa había vuelto a la hacienda.
Pero no fue hasta que el fuerte llanto de Sayumi los hizo saltar que comenzaron a moverse.
—Denki-chan, puedes avisarle a Kacchan que el baño ya está disponible —dijo el pecoso secándose con una enorme toalla rápidamente—. Yo iré a ver a Sayu-chan.
—Si, voy —respondió Denki echando un último vistazo al cuerpo de Izuku antes de salir en busca del alfa.
El omega rubio bajó rápidamente las escaleras y salió al patio trasero por la puerta de la cocina en dirección al cobertizo, donde Katsuki guardaba diferentes herramientas y estaba cortando la leña.
Sin embargo antes de poder llegar hasta el alfa, Denki se detuvo en seco y corrió a esconderse detrás de un árbol. Porque Katsuki estaba completamente concentrado en cortar leña, con el torso desnudo y brillando ligeramente bajo el sol de la mañana.
Denki tragó grueso, los músculos de su espalda se tensaban con cada golpe del hacha, trazando líneas perfectas sobre su piel bronceada y sudorosa. Cada vez que alzaba los brazos para hacer caer el hacha, sus bíceps se marcaban, firmes y poderosos haciendo que su boca se hiciera agua.
El sonido de la madera partiéndose resonaba con cada golpe, pero Denki apenas podía concentrarse en eso. Lo único que ocupaba su mente era el cuerpo del alfa frente a él.
El rubio se mordió el labio, sus ojos siguiendo las gotas de sudor que recorrían la frente de Katsuki, deslizándose por su cuello, bajando por su pecho hasta perderse en su abdomen firme. La forma en que su piel brillaba bajo la luz del sol hacía que todo se sintiera mucho más intenso, más hipnotizante.
—Dios… —susurró Denki para sí mismo, sin poder evitarlo.
Su corazón latía desbocado, estaba nervioso escondido para que nadie lo viera, ansioso por el poco tiempo que tenía para mirar al alfa y excitado por la placentera vista delante de él.
Porque Katsuki era hermoso, era como si hubiera sido esculpido por algún ser supremo y hacía sentir a Denki un deseo que lo sobrecogía. Sabía que debía cumplir con el mandado de Izuku, pero intentó no hacer ningún ruido para no ser descubierto y poder seguir mirando un poquito más.
Sus ojos no podían despegarse del tono dorado de su piel, del contorno marcado de su abdomen y la forma en que sus oblicuos parecían formar un camino tentador hacia abajo, donde los pantalones de trabajo comenzaban. Cada vez que el alfa tomaba el hacha con más fuerza, sus músculos se marcaban más y el omega no pudo evitar sentir un calor creciente en su pecho, que bajaba hasta su vientre.
Un fuerte ruido proveniente del granero lo hizo saltar y asustarse tanto que salió de su escondite con un sonrojo en las mejillas. Al parecer Katsuki lo escuchó porque paró en seco sus movimientos y volteó a mirarlo.
—¡Ka-Katsuki-san! —dijo sobresaltado—. Izuku-san me pidió que le avisara que el baño ya está disponible.
—Oh —dijo simplemente el rubio dejando caer el hacha con un movimiento fluido que le contrajo todos los músculos de una forma deliciosa—. Esta bien voy enseguida.
Denki asintió en respuesta porque no podía articular palabra, así que mejor decidió dar media vuelta y volver a la casa para ayudar a Izuku con Sayu-chan y arreglarse para salir.
En su camino de vuelta el omega pensó en lo que estaba haciendo, sabía que espiar a sus patrones no estaba bien, pero era algo que no podía evitar, le gustaba mirarlos y aunque esperaba que no lo descubrieran por el momento no pararía.
No cuando tenía a la pareja más sexy y cachonda de todo el pueblo.
Dedicado a mi hermosa Kbesto!!
Feliz cumpleaños amiga bella 🎉🎊🎈😍❣️