Parte 1
Para que las ramas de un árbol toquen el cielo, sus raíces deben anclarse al infierno.
O eso solían decirme...
Mis raíces solo se quemaron y mis ramas se secaron. Presté demasiada atención a las voces de lo ajeno y acabé calcinado
Abrí la ventanilla del coche. El ambientador me daba dolor de cabeza, se me empezó a tapar la nariz. Saqué la cabeza por la ventanilla y respiré profundamente.
Era un atardecer hermoso, o eso supuse. No me fijé en el cielo, ni en la suave brisa marina, ni en el ruido de las olas al romper, ni en las parejas paseando descalzas por la arena, ni en los veleros desfilando por la línea del horizonte...
En aquel mirador sólo estaba yo. Normalmente estaba el parking lleno (solían caber unos 6 coches), pero ese día no había ni un alma. A decir verdad ya era tarde y hacía frío. Mi "hogar" parecía un pueblo fantasma durante la época de invierno. Puede que yo también pareciera un fantasma, no por mi aspecto, sinó por mi ser.