End Trágico

All Rights Reserved ©

Summary

Lázaro ha muerto. Su cuerpo ha sido llevado a la condena y desconoce el por qué de esa situación. Pese a estar en el otro lado de la vida, aún es capaz de pensar y controlarse a sí mismo, por lo que guiado por la muerte, intentará reconocer la razón por la que terminó ahí. Durante su aventura por una asimilación a los diferentes tipos de infiernos personales, Lázaro aprenderá de las cosas que pudo haber hecho para ser mejor persona hasta llegar al punto final, donde guiado por diferentes entidades de su pasado, se dará el veredicto final sobre todo lo que ha vivido, dando un giro totalmente inesperado en la consciencia propia del lector y de sí mismo al reconocer por qué está allí y toda la conexión interpersonal que carga su mayor miedo interno.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. Caer tan bajo como puedas


Aquella tarde, cuando podía pensar y sentir; cuando aún era consciente de que estaba vivo, no me pregunté a mí mismo el por qué del sufrimiento qué he causado. Tanto tiempo había pasado sumido en un despojo que mis actos y la falta de clemencia, se habían convertido en una amalgama de problemas los cuales día a día intentaba borrar.


Pero jamás creí poder llegar a ese punto.


El punto de no retorno, donde cada cosa que he de sentir, que he de experimentar, significase sentirme muerto, aún cuando me sentía vivo.


Incluso si, para cualquier persona, esto significase el infierno, yo ya no lo sentía así. El simple hecho de poder ver el más allá, me hacía entender que las consecuencias siempre llegan. Las mías habían tardado mucho en llegar. Se me hacía extraño.


No podía recordar con claridad el por qué sentía eso, ni tampoco entendía por qué había sido condenado. Solo era consciente de que una pequeña parte de mi aún seguía encerrada en mi cuerpo.


Pero seguía sin sentirme vivo. Más que eso, se sentía como si fuese prisionero de algo que lentamente me alcanzaba. Inicialmente, ¿quién creeria en ello? Por más que gritase, nadie respondía; el lugar era tan oscuro y desértico, que el reflejo de la misma noche sobre mi y un par de estrellas rojas se robaban por completo toda la atención que alguna vez pude poner de mi parte a mis pensamientos.


Supe entonces que, cuando ni siquiera era capaz de verme a mí mismo, ni sentir mi tacto, tal vez mi mayor miedo se había vuelto realidad.


──Estoy muerto.


Entonces empecé a entender y comprender que, lo poco que quedaba de mí, no era un producto físico tangible, sino el resultado de haber caído tan bajo como para, nuevamente, terminar en el punto más alejado de la vida y la muerte. Tal vez se trataba de algún limbo en especial o una cámara de tortura diseñada especialmente para alguien cobarde como yo.


Pero la presencia inminente de "ese" algo, supo cautivarme de una forma tan compleja, que no hizo falta ninguna presentación ni alguna expresión física que demostrase la sorpresa que me iba a llevar.


──La muerte ha de estar presente en cada espacio ──Esbose, para mis adentros.


Solía pensar siempre en ello. Lo único que me mantenía enteramente atado a la realidad era eso, porque me volvia presente y a la vez me castigaba pensando que, muy pronto iba a ser mi turno. Pero nunca pense que ese día en el que iba a ser juzgado por mis actos, iba a hacerse realidad y que por lo pronto, sería consciente de cada momento por el que iba a pasar.


──¿Por qué me miras así, Lazaro? ──Preguntaba la muerte hacía mi persona.


Atónito, intentaba, sencillamente no caer perdido ante la vivida imagen de la muerte, quien, realmente parecía estar mucho más viva que yo. De hecho, el que pudiese ver un rostro tan humano, me hacía pensar en la falsedad en la que me enseñaron a vivir. Ignoré completamente aquello, pues sabía que daba igual y que hiciera lo que hiciera, era obvió lo que acontecía.


──Tengo curiosidad. No miedo. Nada más.


──He doblegado tus miedos. Estás muerto.


Claro, después de la muerte el miedo da igual, ¿no? Era lógico hasta para mí, pues, desde que llegué a este lugar, no he dejado de quejarme de lo que he sido, pero, lo gracioso es que hasta ahora...


No me reconozco, ni tampoco sé cuál fue mi pasado.


──¿Por qué no lo recuerdo? ──Pregunté, con mucha intriga a la muerte.


──Porque esto es parte de tu castigo.


──¿Se supone que esto debe hacerme sentir mal?


──Es parte de tu esencia, la que te hará sentir mal.


No lo comprendia del todo. Si la muerte estaba allí, ¿no se suponía que debía ser ella quien me juzgará por mis actos? Pero no había corte alguna ni algún juez de las almas, ni tampoco una guadaña dispuesta a arrebatar la cabeza de mi cuerpo. Solo eramos yo y un hombre de edad avanzada, mirandonos fijamente, como si realmente tuviesemos algún tema de conversación con el cual conocernos.


Y supuse que la muerte, no era ni tenía intenciones de ser amigable, pero su tenue voz, cada vez que hablaba, me hacía sentir ese algo que me relajaba. Parecía recordarme a alguien, pero, ¿por qué?


──Tengo vagas memorias de quién fui. ¿Acaso esto es parte de ese proceso? ¿O es que genuinamente esto es todo? ¿Mi castigo es quedarme solo eternamente en este lugar oscuro y llano, mientras soy consciente de ello y caigo a la locura?


──¿Desearías que así fuese?


──Desearía que nada de esto fuese tan ridículo para mí.


──¿Crees que estoy aquí para hacerte sentir lástima de ti mismo?


──Creo que, de ser así, ya lo habrías hecho.


La muerte parece evitarme, lo cual, ciertamente me disgusta, pues, ¿no se supone que debe hacer algo conmigo? ¿O entonces he de tener razón? Si mi castigo es vagar sin más, está bien, podría aceptarlo, pero al menos desearía que alguien me dirigiera la palabra como debe de ser.


──Aún después de estar muerto, sigo con la intrincada duda del por qué. ¿Es así como todo termina? ¿O hay algo más, muerte? ¿Puedo llamarte por algún nombre? Me resulta extraño pensar en que eres la muerte porque sí, cuando pareces más humano que yo.


──Si buscabas una respuesta concreta, no soy el indicado para dartela.


──Entonces, además de simplemente vagar por este rojizo desierto, ¿qué haces?


──Me ocupo de guiar a las almas perdidas.


──¿A dónde?


──Dijiste que no recuerdas quién eres, ni el por qué de tu condena. No eres diferente al resto de humanos que llegan al Gehenna. Sin embargo, ninguno sufre las consecuencias de la misma forma que sus hermanos o sus amigos o su madre o su padre. Todo cambia, y todos procesan el castigo de diferentes formas.


──Eso... No suena a un castigo totalitario. Entonces, muero, porque sucede algo que me obliga a experimentar un castigo, pero ese castigo no es un castigo igualitario. ¿Entonces no hay un único infierno?


──No.


──¿Entonces no hay un demonio que me persiga por las noches, ni un ente maligno dispuesto a acabar con mi existencia sin más?


──No.


──Entonces por qué sufrimos...


──¿Quieres saber el por qué de tu sufrimiento?


Dude, constantemente, de responder, pues, siempre he tenido la presente imagen de que, cuando muera, todo iba a ser mejor, pero me resulta irónico que la mismísima muerte, sea real, y este dispuesta a enseñarme cuál fue mi razón de existir y a la vez, de sufrir.


Pero también era perspicaz y sabía aceptar las cosas como eran. Quizás fue aquello lo que me hizo rememorar un sentido abandonado; un pensamiento ahogado. La vulnerabilidad que he de sentir, cuando, después de muerto, me quedo solo.


—Guíame, muerte, sin más. No quiero saber nada que no sea parte de esa razón.