El sótano de papá.

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Summary

La familia Evans atraviesa un mal momento. La enfermedad les ha golpeado duramente y ahogados en deudas, por las facturas médicas, se ven obligados a vivir en una vieja casa familiar, heredada años atrás, tan destartalada que les ha sido imposible de vender y donde solo hay una norma inquebrantable: Nadie baja al sótano.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1.- La nueva casa vieja.

La casa del abuelo estaba tan lejos que pese a la adrenalina del viaje y la emoción de ver su nuevo hogar, Zoe, termino quedándose dormida en el asiento trasero del viejo coche familiar.

Le habían contado que viviría en una granja y podría por fin tener una mascota que sus padres le habían negado tantas veces por vivir en un apartamento pequeño, en cuyo contrato de alquiler las prohibía expresamente.

Le dijeron que la casa estaba cerca de un hermoso bosque, que podría jugar en un enorme jardín con mucho sitio para correr, que tendría un cuarto grande solo para ella, uno de verdad donde poner sus juguetes y no un sofá cama desplegado cada noche en el comedor.

Le prometieron que nadie podría echarles de esa nueva casa a la que se estaban mudando, que nunca más nadie tocaría la puerta a gritos exigiendo el pago de una mensualidad atrasada ni tendrían que apagar la luz fingiendo no estar.

Bajo tal descripción la infantil mente de la niña recreo una casa de ensueño, rodeada de flores y mariposas, mas al despertar vio que el coche estaba detenido ante una casa que daba miedo.

Vieja y rota, rodeada de maleza y basura.


- Mamá ¿Esa no es la casa?...¿o sí?.- pregunto Zoe abrazando a su osito.

- Se que tiene mal aspecto cariño y va a necesitar más arreglos de los que pensábamos pero es nuestro hogar ahora.- dijo su madre fingiendo una sonrisa.

Zoe asintió, no quería dar problemas a su mamá, debía ser buena porque ella estaba malita, vomitaba mucho, se le había caído todo el pelo por las medicinas y llevaba la cabeza cubierta por un pañuelo azul para que no se le notara.

Su padre bajo del coche y abrió su puerta, liberando a Zoe de su silla antes de ayudar a su mujer a bajar del vehículo.

- El aire limpio nos hará bien, cultivaremos nuestra comida y será divertido arreglar la casa.- prometió su padre con una sonrisa fingida.

La mujer tendió la mano a la niña y Zoe se apresuro a tomarla.

Podía sentir cada hueso de la mano de su madre sosteniendo la suya, tan consumida por la enfermedad que parecía un lastimoso esqueleto con algo de piel por encima. Su padre decía que estaba tan delgada porque la comida no se quedaba en su estomago, pero en cuanto se curase volvería a recuperar su peso en poco tiempo y jugaría con ella como antes...Solo que Zoe ya no podía recordar como era ese antes.

El hombre se adelanto con intención de abrir la puerta comenzando una charla animada.- Yo me crie en esta casa, con tus tíos, dormíamos los cuatro en el cuarto de arriba. Ahora esa habitación será para ti sola, hasta podrás escoger el color de las paredes.- prometió abriendo la puerta de madera medio podrida.

El interior se mostro como una ruina absoluta, tan mal o peor como se veía por fuera.

En algún momento debió ser refugio de vagabundos que decidieron orinar en el papel pintado de la pared y dejar restos de otras inmundicias por todas partes.

- Mamá... ¿Qué es eso?.- pregunto Zoe señalando la piel mudada de una culebra en mitad del pasillo.

- Nada cielo, solo basura.- respondió la mujer compartiendo una mirada con su marido.

Habían tocado fondo y ambos lo sabían.

No les quedaba más que esa ruina de casa y una pila de facturas médicas sin pagar. Ser optimistas era una obligación si no querían hundirse en la más absoluta depresión pero cada día les costaba más mantener la sonrisa y fingir para su pequeña que todo iba bien.

- Seguro que se ve mejor después de limpiar un poco.- dijo el hombre acercándose a la escalera.

Se sujeto a la barandilla y puso un pie en el primer escalón. La madera crujió sonoramente bajo su peso, aunque parecía aguantar, tomo valor y siguió subiendo.- Parece que la escalera resiste.- comentó si fuera un gran triunfo.

- ¿Estas listas para ver tu cuarto?.- pregunto la mujer a su hijita.

Zoe se aferro a su osito.- No sé...- murmuro abrumada por la situación, con el fuerte olor a cerrado, humedad y otras cosas pestilentes inundando sus fosas nasales.

- Vamos.- la ánimo su madre ayudándola a subir despacio.

La planta superior no estaba mucho mejor que el resto.

- Nuestros muebles vendrán la semana que viene.- le aseguro su padre como si fueran a ser trasladados por una empresa privada de mudanzas y no por su hermano Ben y su furgoneta de reparto.

- Tenemos tiempo de despejar esto.- dijo la mujer forzándose a ser optimista cuando lo que quería era echarse a llorar.

- Mira Zoe, esté será tu cuarto.- dijo su padre abriendo la puerta a una enorme estancia con dos literas semiderruidas y un armario sin puertas.- Sé que se ve feo pero trata de imaginarlo limpio, puedo convertir esa litera fea en una cama de princesa y reparar ese armario para tu ropa, ahí puedes poner tus juguetes y en esa pared colgaremos tus dibujos.

Zoe miro a su padre con mirada de cachorrito.- ¿No podemos volver a casa?.- pregunto esperanzada en no tener que pasar ni un segundo más allí.

- Cielo, ya te lo he dicho, esta es nuestra casa ahora.- aseguro la mujer con infinita paciencia mientras la niña la observaba con mirada suplicante y ojos vidriosos.- Dale una oportunidad ¿vale?

Zoe asintió sin ninguna convicción.

El hombre pulso el interruptor de la luz sin resultado.- Iré por la linterna y revisarte los plomos. La compañía eléctrica aseguro que tendíamos suministro al llegar.

- Ten cuidado.- susurro ella con dulzura

La mujer se quedo arriba, inspeccionando el resto de la planta superior con su hijita de la mano. Entró en la habitación principal la cual, por alguna razón, tenía la ventana estaba clavada y no podía abrirse.

El baño de la planta era con mucho lo peor de la casa. Pequeño y sucio a tal nivel que a las ratas les daría asco entrar, eso sin hablar de las manchas de humedad y el moho en las paredes.

- ¿Qué te parece si te quedas en el coche con tus libros de colorear mientras papá y yo limpiamos esto?.- pregunto la mujer temiendo que su pequeña cogiera cualquier infección o se clavara un tornillo oxidado.

Zoe asintió.- Podemos dormir en el coche y hacer pipi en el campo.- sugirió la niña como alternativa, recibiendo un cálido abrazo en respuesta.

- Cielo, se que esto es duro para ti pero tienes que ser fuerte ¿vale?.

La niña asintió pero gruesos lagrimones rodaban por su cara al entender que estaba atrapa allí.

- Esta bien cielo, no pasa nada, todo ira bien.- aseguro la mujer, repitiendo la frase más por la necesidad de oírlo ella misma que por reconfortar a su pequeña.- Todo ira bien.