El regreso y memoria
EL REGRESO Y LA MEMORIA
Hacía dos décadas que no pisaba aquella vieja casona. Ahí seguían aquellos muebles, aquellos adornos, los juguetes de su infancia desperdigados por los 4 rincones. Todo cubierto de polvo. La humedad por el encierro de los dormitorios desprendía un olor que hacía irrespirable incluso el aire de la sala. Abrió las ventanas frontales y con la luz del sol advirtió de nuevo la sonrisa de su madre mientras les servía café a unos visitantes, y la conversación acalorada de su padre. ¿Por qué se había marchado de aquella 🏡? Entonces vio las manchas de sangre reseca regadas en las polvorientas losas. Las manchas lo llevaron hasta la cocina. Allí vio los cuerpos ensangrentados de sus padres. Uno de los visitantes levantaba un hacha en dirección al cuello de su papá y seguidamente vio que su hermano mayor, herido en una mano, le alcanzaba una pistola. "Dame eso, niño" —le suplicó 1 2do sicario.
El hermano y él habían jugado varias veces con esa misma escuadra, y como el miedo y el dolor lo consumían, no lo pensó antes de disparar. Cada vez que se le acababa un cargador el otro le alcanzaba el siguiente. Tres cargadores en un tiroteo con el hermano sirviéndole de escudo. Eran 5 los mafiosos y no dejó a ninguno.
‒Lárgate de aquí y trata de que yo no te vuelva a ver ‒le ordenó aquel policía‒, porque si yo te vuelvo a ver te quedas sin tu tren eléctrico ‒le advirtió mientras limpiaba las huellas de la pistola, poco antes de ponerla en la mano del hermano, desangrado y muerto.
‒Y ¿Cómo yo sé que lo del tren es verdad? ‒preguntó el niño, tragando saliva.
‒Porque si te descubren vas para un reformatorio y ahí no vas a poder reunir para comprarte uno. Mira, para que lo eches en tu alcancía ‒abrió su billetera y le dió un billete de 500.
Encendió su teléfono y con un solo toque marcó un número. Le respondió la voz del policía.
‒Vine para devolverte los 500 pesos. Ya tengo 30 años y nunca me pude comprar el tren.
©️ Carlos Trujillo Morales