Capítulo 1
Me miro por última vez en la cámara del móvil. Hacía mucho tiempo que no salía sin tener a alguien a mi lado. Normalmente salgo con Valentina porque ella es mucho más alegre que yo. Me saca a las fiestas, consigue que baile y me divierta. Es como una hermana que siempre está pendiente de lo que necesitas.
Paso los dedos por mi cabello para acomodarlo un poco ya que a pesar de que lo desenredé unas veinte veces, ya está desorganizado. Salgo del taxi y subo las escaleras con mucho cuidado para no caerme. Al parecer gastar tanto dinero en unos estúpidos zapatos que solo usaré un par de veces fue una mala idea. Mis tobillos tiemblan un poco, supongo que es porque nunca uso zapatos altos y si me midieran el pulso estaría a mil por segundo. Creo que nunca antes he estado tan nerviosa como ahora. ¿Quién me asegura que todas esas horas de trabajo no fueron en vano? Y sí, es verdad que tengo un poco de seguidores por Wattpad pero una editorial es algo mucho más serio que una aplicación de internet. Ansiosa me acomodo el vestido y entro. Como me lo esperaba todo está decorado con extrema elegancia. Me siento rara en un lugar como este pero si quiero que mi libro sea publicado tendré que aguantarme. Los diferentes olores del bufé me tientan a lanzarme sobre él pero lo primero que dijo Valentina fue precisamente eso. Tengo que socializar y olvidar la comida. Cuando estoy ansiosa o nerviosa me da por comer. Y mucho. En cuanto a lo de socializar puede sonar bastante fácil cuando hay una enorme multitud de personas pero por imposible que parezca ninguna de ellas me llama la atención. Su única preocupación tiene que ver en cómo gastar su dinero y en cómo conseguir lo más caro para presumirlo ante los demás mientras que yo tuve que ahorrar durante más de dos meses para poder comprar lo que llevo puesto. No tengo nada en común con estas personas.
Cojo una copa de champán que me brinda un camarero y busco un lugar apartado donde poder estar en paz. Me quedo cerca de un gran ventanal bebiendo y mirando a los demás sin saber qué hacer hasta que esta se me acaba. Por lo menos puedo beber algo.
"Seguro que a Val tampoco le gusta esa idea jaja"
Concentro mi atención en los demás, hablan y hablan y hablan sin parar pero sin subir demasiado la voz. Cojo otra copa y camino por el lugar en busca de una distracción. Mi cabeza está un poco mareada, la bebida no me cae muy bien y por muy poco que tome, enseguida estoy borracha. La música clásica ahora se convierte en una de mis favoritas luego de estar media hora escuchándola. Vago entre las personas con el alcohol en las venas. No puedo creer que con tan poco ya esté medio tonta. Soy un desastre. Me distraigo caminando y sin darme cuenta tropiezo con un señor. Tuve que recobrar el equilibrio rápidamente y de no ser por su ayuda hubiera caído al suelo enfrente de todos. Mi torpeza puede llegar a ser legendaria.
–Ups
Es lo único que logro articular. Siento mis mejillas calentarse casi al instante. Llevo una mano a mi boca y me disculpo apenada.
–Discúlpeme, no veía por dónde andaba.
Él solo sonríe quitándole importancia al asunto. Sentí como mi alma volvía al cuerpo ¡Por dios! ¿Por qué tengo que ser tan patosa? Tal vez si hubiera sido con otra persona se formaría un escándalo donde probablemente me darían ganas de que la tierra me tragara.
–Seguro que debe de pensar qué soy una loca borracha, pero le juro que no fue mi intención… yo solo no… ay dios… qué vergüenza.
El hombre soltó una carcajada y yo me quedé sin saber qué hacer ¿Se está riendo de mí? ¡Ay madre qué vergüenza!
–Dígame joven ¿Cómo se llama?
–Eh… este…
Bueno, si me está pidiendo el nombre no creo que sea para algo malo.
–Marian.
–Vaya, Marian ¿Qué la ha traído aquí?
Pienso en qué responder, pues conociéndome en cualquier momento se me enreda la lengua como tonta.
–Pues… digamos que es un asunto complicado.
–Mi padre solía decir que uno mismo es quien complica las cosas.
–Atrás de un sueño– susurro
¿Qué rayos dije? Ni yo misma entendería mis explicaciones tan raras
–Estoy aquí en busca de un viejo sueño.
Me mira fijamente con una expresión rara. Se queda en silencio durante unos segundos y luego sonríe melancólico.
–Tenía más o menos tu edad cuando construí mi empresa... Si hubiera tenido a alguien como yo en ese entonces, las cosas hubieran sido muy distintas.
Finjo que entendí todo asintiendo a lo que dice, aunque mis pensamientos están dispersos.
–Y bien, Marian, ¿cuál es ese gran sueño?
–Me gusta escribir... digamos que...
¡Interrupción!
–¡Señor Williams! Hace tiempo que no lo veía por acá.
Justo en ese momento, apareció una mujer de mediana edad, algo agitada, impidiendo que continuara. Ella le dijo algo sobre no sé qué de no sé quién y mencionó un nombre que hizo que me quedara en pausa. Comenzaron a hablar de lo mucho que le había pasado en la vida y blablablá, hasta que el señor se disculpa conmigo y me da una tarjeta.
–Disculpa, querida, pero tengo un asunto que atender —dice con una amabilidad genuina—. Me encantaría leer algo de lo que has escrito.
Diciéndome esto, desaparece en la multitud junto a la mujer, dejándome ahí, analizando todo lo que acaba de pasar. ¡Espera! ¿Señor Williams? Parpadeo un par de veces, perpleja. Esto no puede ser real. ¿El mismo Williams que sale en la televisión? No sé si reír o llorar. Miro la tarjeta en mi mano, aún sin poder creerlo. ¡Esto no puede ser real!
Segida por la emoción del momento, busco nuevamente una copa de champán y la bebo hasta que veo unas escaleras. ¡Me agobia tanta gente! Sin pensarlo dos veces, subo. Me llevan al segundo piso de la casa, donde milagrosamente no hay nadie. La tranquilidad aquí es hermosa, en contraste con el bullicio del piso de abajo. Una ventana abierta deja entrar una fuerte brisa y, a unos metros de distancia, un enorme árbol de la casa vecina me observa. El canto de las aves me tranquiliza, y cierro los ojos para disfrutar de la brisa que mueve mi cabello a su antojo. Llevo la copa a mis labios; el frío contenido baja por mi garganta, complaciendo mis sentidos. Nunca antes había probado el champán rosado; es mucho mejor que el champán normal, aunque de todas formas sigo prefiriendo las cremas.
Cuando abro los ojos y miro al costado, casi me da un infarto. ¡Ay, madrecita! ¿De dónde salió este? Un hombre alto, de cabellos negros y ojos verdeazulados, con una mandíbula un poco cuadrada y un rostro extremadamente atractivo, me mira fijamente, aunque mi escasa visión no logra enfocar bien. La miopía es un asco...
–No era mi intención asustarla, —dijo, mostrándome una hermosa sonrisa de dientes blanquísimos. Hasta su voz es muy atractiva. Mis mejillas se calientan y algo en mi interior revivió con una sensación curiosa.
Miro por la ventana, dejando la copa de champán en el marco sin mirar su rostro, intentando recomponerme.
–Estaba distraída.
Siento su mirada que me recorre de arriba hacia abajo detenidamente. Aprovecho que me está mirando para fijarme mejor en él. Hay algo que me resulta muy familiar, pero mi cabeza dando vueltas no me ayuda a recordar. Nos quedamos mirándonos fijamente sin decir una palabra.
Una ola de sensaciones atraviesa mi cuerpo. La tensión se hace presente con cada segundo que pasa. Dice algo que no logro entender, se pasa una mano por el pelo y sonríe. ¡Oh, no! Creo que estoy delirando. Debería irme y dejar de mirarlo, debería alejarme del peligro que representan esos ojos cuando por fin reconozco quién es. Por eso me siento de esa forma, por eso mi corazón late como loco… porque es él… la persona que fue mi mayor oportunidad para ser feliz.
–La he visto abajo y me preguntaba si eras tú —dice.
Se pasa la mano izquierda nuevamente por el cabello y se lo revuelve un poco mientras sonríe. Cada centímetro de mí enloquece y no me gusta para nada cómo me estoy sintiendo, pero a la vez amo esta sensación. Estoy hecha todo un lío. Un lío enorme que nunca pensé que volvería a tener. Levanto la mirada del suelo para fijarme en su rostro. Está nervioso. Lo sé porque se pasa las manos por el pelo muy seguido y tiene una sonrisa nerviosa que no se le ha borrado desde que lo vi. Algo típico en él. Muchos buenos recuerdos pasan por mi mente junto con un sentimiento de culpabilidad. ¿Cómo no lo reconocí desde el primer momento? Claro, aunque con ese cambio quién lo iba a reconocer y encima todo me da vueltas por la bebida, apenas me fijé en su rostro. Estoy medio borracha por lo que no es exactamente el mejor momento para reencontrarme con sentimientos pasados. Podría hacer o decir alguna estupidez.
Esta persona que está en frente de mí es diferente a la que yo conocí hace unos años atrás. Solo hace falta mirarlo a los ojos para darse cuenta de que no es el mismo. Una sonrisa se apoderó de mi rostro. No es que seamos amigos, pero nos conocemos. Tenemos nuestra historia, una rara y complicada, pero es nuestra historia.
–Sam… obvio que no te olvidé.
Se encoge de hombros para quitarle importancia. Me da una mirada con algo que no reconocí muy bien, tal vez fue insignificancia o algo de odio. Y ahí es cuando puse los pies sobre la tierra. Sí que cambiaron las cosas. Yo cambié y Sam también lo hizo.
–Ha pasado mucho tiempo, Marian.
Samuel es alguien que en el pasado representó la ayuda que me abrió los ojos. Yo solo lo vi unas pocas veces antes de que me comenzara a gustar. Mike trabajaba para Sam, pero en aquel entonces Samuel era un chico de ciudad con un aspecto diferente. Le gustaba vestir con chalecos de cuero, vaqueros, camisetas. Ahora parece uno de esos chicos arrogantes, o mejor dicho, "un niño rico". Mike además de ser su chofer era un amigo hasta el día en que se le ocurrió llevarme para que conociera a su jefe, ese del que tanto hablaba. Pero todo salió mal como todas las otras veces en las que salí con Mike.
–Te ves diferente.
–Será porque ya no estoy con Mike.
«Gracias a tu ayuda». Se lo quería decir, pero las palabras no salieron.
–Al fin lo dejaste, tal vez por eso te ves más linda.
¿Eso era un elogio? ¡Ay no! ¿Por qué de tantas personas en el mundo me tuve que topar con Sam? Realmente nunca estuve con Mike luego de que conocí mejor a Samuel. Lo jodí todo por culpa de Mike y no es que haya tenido muchas opciones.
–Yo… no debí…
No sé ni por dónde comenzar a hablar. Me pasaron tantas cosas, tuve tantos motivos que me vi obligada a hacer lo que hice. Si yo hubiera podido elegir, jamás, pero nunca jamás estaríamos de esta forma. Como dos extraños que hablan sobre cómo le va la vida para luego volver a ellas como si nada de lo que hablaron le importara tres pepinos.
–No importa Mar, ya lo superé. Ya te superé. Puedes hablar tranquilamente.
«Ya te superé».
Sé que me merezco todo su indiferencia, pero… la vida no es justa. Sus palabras fueron directamente a mi corazón como un puñal. Un fuerte vacío se hizo presente, me costó respirar por el dolor. ¿Por qué la vida le da a manos llenas a algunos mientras que a otros solo malos días? Odio con todo mi corazón a Mike, ya que por su culpa mi vida se arruinó y me convirtió en lo que soy ahora. Una mujer rota por dentro, cansada de ser dañada y dañar por esas heridas.
–¿Y cómo va todo?
Pues mi hermano se murió y mi sobrina se quedó en un país lejos de su familia donde no tiene ningún tipo de protección. ¡Ah! También hace más de un año que no veo a mi familia. Mejor no me puede ir, ¿cierto? Además de que apenas tengo para pagar el alquiler y sobrevivir.
–Bien… si tengo suerte hasta puedo tener mi propio libro.
Fingir que nada malo me pasa y pensar en las cosas buenas te va a llevar por un buen camino. Muy bien por ti, Marian.
Me digo a mí misma con ironía. Aunque tampoco puedo contarle todo, no quiero dar pena.
–Me alegro mucho por ti, te lo mereces. Ese siempre ha sido tu más grande sueño.
Sentí un poco de sarcasmo en su voz, pero él es así, un día es el mejor hombre de la tierra y al otro es de lo más gilipollas. Por lo menos así era con los demás. Ahora que formo parte de los "demás" tengo que acostumbrarme.
–¿Y qué hay de ti?
–Me va de maravilla. ¿Qué más puedo pedir? —creo que solo lo dice de boca para afuera—. No puedo quejarme.
Da un paso al frente seguido de otro un poco más lento.
–Puedo tener a la mujer que quiera y donde quiera.
Mi estómago se revolvió cuando imaginé a Samuel siendo uno de esos tíos mujeriegos que están con una diferente cada día. Duele desde dentro, en lo más profundo de mi ser, en el lugar que creí que no podría ser capaz de tener un daño mayor del que ya tiene. Su vida era así antes de que yo llegara, supongo que regresa a los viejos hábitos.
–Ya… seguro que es así.
–¿Y qué te trae por aquí?
–Trabajo. ¿Y tú?
–Lo mismo, pero más obligado.
Suelto una risa medio tonta. ¿Pero que me pasa? Sé que soy tonta de nacimiento, pero vaya.
–¿Cómo así? ¿Tu jefe te obligó a venir?
Asiente. —Aveces no sé si es bueno tener a tu padre como jefe.
Ahora que lo pienso bien… nunca me contó sobre nada de eso, apenas sabía algo de su familia y cosas tan simples como el trabajo o su color favorito.
–Si es como mi padre, definitivamente preferiría trabajar en otro lado.
Nunca llegué a conocer a su padre, pero si es como su madre podría decir que tuve suerte.
–Mmm… bueno… nos vemos por ahí, supongo.
¡Dios, qué incómodo! ¿Nos vemos por ahí? ¡Qué ridículo sonó eso! Se limita a solo asentir y mirar para otro lado mientras yo bajaba las escaleras lo más rápido posible tratando de salir de todo ese papel estrella donde quedé como tonta. Prácticamente salgo corriendo. ¡Jesús! Solté una carcajada que llamó más atención de la que necesitaba. ¡Solo esto me pasa a mí! Justamente en este día, en este lugar, tiene que aparecer Christian y luego de tanto tiempo… ¿Por qué este mundo vive en contra de mi integridad emocional? ¡Ya te digo que no es fácil! Es que todo te pasa a ti, Marian.
–¡Oh, aquí estás! Pensé que te habías ido.
Es el mismo señor de hace un rato. Me ha parecido bastante amable; si hubiera sido otro seguro que me forma un escándalo.
–Disculpa por dejarte así de repente —me encojo de hombros—. Pero qué maleducado soy, no me he presentado.
Extiende su mano y, con timidez, le acepto el saludo.
–William, mucho gusto.
Y sin darme cuenta, diez minutos después ya estábamos charlando como si fuéramos amigos de toda la vida. ¡Joder! ¡Qué carácter tan juvenil tiene este tipo! Es muy fácil hablar de cualquier cosa con él, hasta te saca una sonrisa. Estuvimos hablando durante al menos media hora hasta que llegó el momento en que alguien más volvió a necesitar de su presencia.
–¿Es que esta gente no habla? ¡Esto parece un velorio con el silencio que hay! ¡Ponga algo de música!
Sonreí. —¿No es usted quien organiza todo esto?
–¡Para nada! Estas birrias las organiza la tonta de Olivia.
–Debe de tener mucha suerte esa tal Olivia, jaja.
–Ella me odia.
–Ya quisiera yo tener un jefe como usted. ¿De qué se podría quejar la gente?
Todo lugar sería mejor que el puto bar en el que trabajo. Yo y los borrachos no nos llevamos muy bien. Digamos que principalmente el querido hijo de mi jefe es lo peor de todo. ¡Me vive mirando el culo, el muy desgraciado! Su simple presencia hace que lo quiera ahorcar.
–El mío es todo un viejo cascarrabias con un hijo demasiado... ¿Cómo decirlo?... ¿Imbécil? Su única función es mirar el culo a las jovencitas.
Se queda analizando mis palabras por demasiado tiempo, mirándome con una expresión bastante rara. ¿Será que hablé de más? ¡Soy una bocazas! ¡Ay, Marian! ¿Por qué no puedes mantener la boquita cerrada?
–¿Y si te dijera que podrías comprobarlo por ti misma?
¿Comprobarlo? Ya ni siquiera sé de qué estaba hablando. ¿Comprobar qué? Mi cabeza está demasiado mal; todo me da vueltas.
–¿Te gustaría ser mi secretaria?
Sus palabras se repiten en mi cabeza. ¿Secretaria? ¿Yo? Si apenas sé hablar sin trabarme.
–La verdad me encantaría, pero... jamás en la vida he hecho algo como eso... ¿Y si... hago todo mal?
–No seas tonta, niña. Tienes un talento que nadie en mi jodida empresa tiene. Sabes escuchar y ser sincera, eso es un gran tesoro.
¿Un talento? ¿Yo? Pero si lo único que tengo es ser patosa y tener una lengua mal hablada. Tanto pensar creo que ya me estaba afectando porque de repente el dolor de cabeza aumentó drásticamente y las palabras del señor Williams se iban disolviendo con el murmullo de la multitud que sonaba demasiado lejos. ¿Por qué todo se pone negro?...
<<<𝑀𝑎𝑟𝑖𝑎𝑛, ¿𝑠𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎 𝑏𝑖𝑒𝑛?>
Las palabras comenzaron a sonar más como un susurro y fue lo último que recuerdo antes de que mi cuerpo cayera al suelo prácticamente inconsciente. Rodeada de oscuridad, con la voz de Williams al fondo:
<<<𝑄𝑢𝑒 𝑛𝑎𝑑𝑖𝑒 𝑠𝑒 𝑎𝑠𝑢𝑠𝑡𝑒, 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑠𝑒 𝒉𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑚𝑎𝑑𝑎𝑑𝑜>>>
Y las imágenes de un recuerdo no tan grato comenzaron a sonar en mi cabeza...