Cartas

Summary

~¿Qué pasaría si Emilio vuelve a tratar mal a Joaquín? ¿Qué sucedería si Joaquín siente desprecio hacia Emilio? ¿Qué ocurriría si se repite la situación que Joaquín más teme? ¿Qué pasaría si Emilio vuelve a hacerle a Joaquín lo que él no desea que le haga?~ Descubre todo lo que ocurrió en esta historia llamada "Cartas". Iniciada:6/12/19 Finalizada:12/1/20 Estado:completada Editada:29/9/24 - 10/10/24

Status
Complete
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Izuku Midoriya, una joven de buen corazón pero de naturaleza insegura, decidió unir su vida a la de Katsuki Bakugou. A pesar de los oscuros rumores que giraban en torno a las muertes misteriosas de las anteriores esposas de Katsuki, Izuku creyó que su amor lo superaría todo. Nadie pudo disuadirlo de su decisión, ni siquiera sus amigos más cercanos. La boda se celebró en la fría y lúgubre mansión de los Bakugou, un lugar con un aire tan opresivo como intimidante, que pronto se convertiría en su nuevo hogar.


Después de la boda, la pareja se mudó a la mansión, y la vida de Izuku cambió drásticamente. El enorme caserón estaba lleno de sombras y secretos. Cada pasillo crujía bajo sus pies, las paredes parecían susurrar al pasar, y la atmósfera era siempre sombría. A pesar del lujo, había algo en ese lugar que le helaba la sangre. Pero nada lo perturbaba tanto como la presencia constante de Shoto Todoroki, el hermano adoptivo de Katsuki, quien, con una mirada siempre fría y distante, observaba cada movimiento de Izuku.


Shoto había sido criado en la mansión como la hija del mayordomo, fruto de una terrible violación. Su madre, quien murió de forma prematura, confesó en su lecho de muerte que Shoto y Katsuki compartían la misma sangre. Ese secreto debía permanecer oculto a los ojos del mundo, por lo que, aunque compartían un vínculo fraternal, la dinámica entre ellos siempre fue tensa y extraña. Shoto, quien había pasado de ser parte de la servidumbre a ocupar el rol de ama de llaves, no era alguien que mostrara sus sentimientos con facilidad, pero desde hacía mucho tiempo, una enfermiza obsesión hacia su hermano había comenzado a florecer en su interior.


A pesar de la inquietud que sentía en la casa, Izuku intentó construir una vida junto a Katsuki. Al poco tiempo, nació un hijo, fruto de su amor. Pero lo que debía ser una bendición, rápidamente se convirtió en la chispa que encendió la envidia de Shoto. Ella había permanecido en las sombras, siempre al servicio de la casa, observando a su hermano casarse y ver morir a sus esposas una tras otra. Pero esta vez, el dolor de ver a Katsuki formar una familia era insoportable.


Consumido por el odio y el deseo, Shoto ideó un plan para separar a Izuku de Katsuki de manera definitiva. Comenzó a sembrar dudas en la mente de su hermano, susurrando palabras venenosas sobre la supuesta infidelidad de Izuku. Le mencionaba con sigilo las largas ausencias de Izuku, los encuentros con amigos, incluso los pequeños gestos que Izuku hacía sin importancia. Cada insinuación era una estocada a la confianza de Katsuki. Lentamente, Shoto envenenó la relación entre ambos, hasta que, cegado por los celos, Katsuki cayó en su trampa.


Un día, estalló. Frente a Izuku, Katsuki lo acusó de traición, de haberlo engañado y de haber manchado el honor de su familia. Las palabras hirieron profundamente a Izuku, quien no entendía cómo su amor había sido puesto en duda de esa manera. Trató de explicar, de justificar, pero nada lo convenció. Katsuki, herido y furioso, lo echó de la casa, exigiéndole que jamás volviera.


Desconsolado y sintiéndose traicionado, Izuku regresó a la casa de su tío en la ciudad. Sin embargo, lo más doloroso fue tener que dejar a su hijo atrás. Shoto, quien había logrado su objetivo, tomó al bebé y lo llevó lejos, a Europa, donde lo crió como si fuera suyo, borrando cualquier recuerdo de su madre verdadera y alimentando la mentira de que él era su único y verdadero protector.


Los años pasaron. Dieciocho años de soledad y arrepentimiento para Katsuki, quien poco a poco comenzó a darse cuenta de lo ciego que había sido. A medida que envejecía, la culpa lo consumía. Las palabras de Shoto, que una vez habían parecido tan veraces, comenzaron a desmoronarse. Decidido a enmendar su error, emprendió la búsqueda de Izuku, quien también había envejecido, pero nunca había dejado de amarlo.


El reencuentro fue doloroso y lleno de emociones. Los dos hombre y mujer, ahora mayores, se miraron a los ojos con tristeza, sabiendo que el tiempo no podía ser devuelto, pero que aún quedaba algo por resolver. Juntos, descubrieron el engaño de Shoto. Katsuki, en un arranque de furia, lo enfrentó en la mansión donde todo había comenzado.


—¿Por qué lo hiciste, Shoto? —gritó Katsuki, exigiendo una explicación.


Shoto, quien ya no podía sostener su fachada, se derrumbó. Entre lágrimas, confesó la verdad. Desde niña, había estado enamorado de Katsuki. Verlo casarse una y otra vez lo había llenado de rabia, y en su desesperación, había envenenado a sus anteriores esposas. Pero con Izuku, había sido diferente. No solo había querido eliminarlo, sino que también había querido destruir todo lo que había formado con Katsuki, separarlos de una vez por todas.


—No podía soportarlo —admitió Shoto, su voz quebrada—. Siempre he querido ser el único para ti.


La confesión cayó sobre Katsuki como un golpe mortal. La repugnancia y el dolor que sintió en ese momento fueron insoportables. Shoto, viendo la mirada de rechazo en los ojos de su hermano, comprendió que había perdido todo. En un último acto desesperado, tomó el veneno que había utilizado tantas veces antes y, con lágrimas en los ojos, lo bebió.


—Por favor —susurró antes de morir—, no me olvides. Y dile a mi hijo que siempre fui su madre.


El veneno hizo efecto rápidamente, y Shoto murió en los brazos de Katsuki, quien no pudo evitar sentir una mezcla de compasión y asco por aquel que había sido su hermana.


Tras la muerte de Shoto, Katsuki e Izuku enfrentaron la difícil tarea de contarle la verdad a su hijo, el niño que Shoto había criado en la mentira. Cuando finalmente lo hicieron, la reacción fue devastadora. El joven, que había amado a Shoto como a su madre, no podía aceptar la verdad. Rechazó a Izuku, su verdadera madre, con odio y desprecio.


—No eres mi madre —le gritó—. Shoto lo fue, y siempre lo será.


Izuku, con el corazón roto, solo pudo ofrecerle un último gesto de amor: una medalla con la imagen de la Virgen de Guadalupe, un símbolo de una promesa que le había hecho cuando era pequeño. El joven tomó la medalla con desprecio, dispuesto a lanzarla al fuego en la chimenea. Sin embargo, justo en el momento en que las llamas comenzaban a consumirla, algo en su interior se rompió. Un recuerdo olvidado de su infancia volvió a su mente, una imagen borrosa de su verdadera madre, Izuku, amándolo incondicionalmente.


El joven, temblando, dejó caer la medalla y corrió hacia Izuku, abrazándolo con fuerza. Izuku lo rodeó con sus brazos, llorando en silencio, sintiendo que, después de tantos años de sufrimiento, finalmente habían encontrado algo parecido a la paz.


En ese mismo instante, un fuerte estruendo resonó en la sala. El enorme retrato de Shoto, que colgaba sobre la chimenea, se desprendió de la pared y cayó al fuego. Katsuki, Izuku y su hijo observaron en silencio cómo las llamas consumían lentamente la imagen de la figura que los había separado por tantos años. El retrato de Shoto se desintegraba, junto con las mentiras y el dolor del pasado.


Finalmente, abrazados, Izuku, Katsuki y su hijo supieron que, aunque las sombras de la mansión habían marcado sus vidas para siempre, ahora podían comenzar a sanar.