Hija del Crimen
Capítulo 1 – Hija del Crimen
La lluvia caía con fuerza sobre las calles de Nueva York, creando charcos que reflejaban las luces de neón de los bares y clubes nocturnos. Zephyra Kane se ajustó la chaqueta de cuero negra mientras caminaba con paso firme, su mente nublada por la tristeza de la reciente muerte de su madre. Había sido una mujer fuerte, que siempre le había enseñado a mantenerse alejada de los problemas, pero ahora que ella ya no estaba, la vida de Zephyra parecía carecer de dirección.
A medida que atravesaba el barrio, los ecos de risas y música se mezclaban con el sonido de la lluvia. El mundo que la rodeaba continuaba su curso, ajeno a su dolor. De repente, un sonido familiar rompió su distracción: el vibrar de su teléfono en el bolsillo. Sacó el dispositivo y miró la pantalla. Un número desconocido, pero algo en su interior le dijo que debía responder.
—¿Quién es? —preguntó, manteniendo un tono de voz neutral, aunque su corazón latía con fuerza.
—Zephyra, soy yo —dijo una voz grave del otro lado de la línea. Era un tono que no había escuchado en años, pero que conocía de memoria. Su sangre se heló. Vincent Kane. Su padre.
—¿Por qué me llamas? —replicó, intentando mantener la calma. Se sentía como una niña pequeña nuevamente, llena de temor.
—Tu madre ha muerto, y es hora de que hablemos sobre tu futuro. Necesitas saber quién eres realmente —dijo él, sin rodeos, como si la vida de ella fuera solo un asunto de negocios.
La rabia y el resentimiento se agolparon en su pecho. ¿Quién se creía para hacerle ese tipo de afirmaciones?
—No necesito que me digas quién soy. Ya tengo una vida.
—Tu vida es una ilusión, Zephyra. Eres parte de algo más grande, y es hora de que te enfrentes a ello. Te necesito a mi lado.
—¿A tu lado? —repitió, incrédula—. ¿Qué quieres decir?
—Eres mi heredera. El legado de nuestra familia está en peligro, y tú eres la única que puede salvarlo.
Las palabras de su padre resonaron en su mente. Por un instante, un torrente de emociones la abrumó. Había crecido sin él, con la idea de que su ausencia era una bendición, pero ahora se daba cuenta de que la realidad era mucho más oscura de lo que había imaginado.
—No quiero nada de lo que me ofreces. No soy como tú —respondió, con el corazón palpitando en su pecho.
—No has tenido la oportunidad de conocerme. Pero si te das la oportunidad, podría enseñarte lo que significa ser una Kane.
La conversación continuó, pero Zephyra sentía que se alejaba de ella. La idea de ser parte de un mundo del que siempre había querido huir comenzaba a parecer inevitable. La revelación de que su madre había tenido un pasado oscuro se volvía cada vez más real, y las preguntas sobre su propia identidad la perseguían como sombras en la noche.
Después de colgar, su mente era un torbellino. Caminó sin rumbo fijo, atrapada entre la rabia y la confusión. No tenía idea de quién era su padre realmente, pero las historias de la mafia y del crimen organizado habían sido parte de su vida desde que era pequeña. Cada cuento que su madre le había contado sobre su pasado había sido un recordatorio de la vida que había elegido dejar atrás.
Mientras seguía caminando, sintió una presencia detrás de ella. Se dio la vuelta, y allí estaba Lucas, su hermanastro. Un joven de cabello oscuro y ojos intensos, con una expresión que combinaba desdén y curiosidad. No había tenido la oportunidad de conocerlo, pero había escuchado las historias de su madre sobre él.
—¿Así que finalmente has decidido hablar con papá? —dijo Lucas, cruzando los brazos con una sonrisa desafiante.
—No es asunto tuyo —replicó ella, sintiéndose atacada.
—Todo lo que hace papá es por el bien de la familia. No tienes idea de lo que te espera.
Zephyra frunció el ceño. Estaba cansada de las sombras del pasado que la perseguían. La vida que había construido era un refugio, y ahora todo se desmoronaba ante sus ojos.
—No quiero ser parte de esta familia. Quiero seguir mi vida, lejos de este caos —respondió, con firmeza.
—El caos te encontrará, Zephyra. Te lo aseguro —dijo Lucas, antes de girarse y alejarse, dejándola sola con sus pensamientos.
La lluvia continuaba cayendo, y mientras Zephyra se dirigía a su pequeño apartamento, una sensación de inevitabilidad se apoderó de ella. Había una lucha que se avecinaba, y no podía ignorar el oscuro legado que llevaba en la sangre. La vida de su madre había estado llena de secretos, y ahora era su turno de descubrir la verdad.
Esa noche, mientras la ciudad brillaba a su alrededor, Zephyra Kane tomó una decisión: no iba a ser una víctima de las circunstancias. Si iba a ser parte del mundo del crimen, lo haría a su manera. La venganza por la muerte de su madre ardía en su interior, y aunque la oscuridad la rodeara, sabía que estaba lista para enfrentar su destino.
La herencia de un apellido que había sido una carga se convertiría en su arma. Sin embargo, cuando llegó a su apartamento, encontró la puerta entreabierta, lo que le provocó un escalofrío.
—¿Hola? —llamó, intentando sonar segura, pero su voz tembló.
No hubo respuesta. Se acercó con cautela, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. Empujó la puerta y entró, y lo que encontró la dejó helada.
Dos hombres, altos y corpulentos, la esperaban en la sala. Vestían trajes oscuros y tenían miradas serias. Zephyra sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.
—¿Qué quieren? —preguntó, intentando mantener la voz firme.
Uno de ellos, con una cicatriz en la mejilla, se acercó un paso.
—Vengo en nombre de tu padre. Vincent quiere que vengas con nosotros —dijo, su tono era directo, sin espacio para negociaciones.
—¿Qué? ¡No! ¡No voy a ir a ninguna parte! —gritó Zephyra, dando un paso atrás.
—No tienes opción, niña —respondió el otro hombre, con voz grave y una mirada que la hizo sentir vulnerable.
Antes de que pudiera reaccionar, sintió una mano en su brazo. Zephyra se debatió, pero era inútil; el hombre la sujetó con fuerza. En un instante, la realidad se desmoronó a su alrededor. La vida que había conocido, su independencia, todo eso se desvanecía.
—Déjame ir —dijo, con una mezcla de furia y miedo, pero su voz no tenía el poder que deseaba.
La única respuesta fue una risa fría y burlona de su captor. Se sintió atrapada, como un pez en una trampa.
—Vincent te necesita, y no me gusta repetir las cosas —dijo el hombre que la había agarrado, mientras la empujaban hacia la puerta.
En ese momento, Zephyra comprendió la magnitud de lo que su padre había arrastrado a su vida. La idea de ser parte de un legado del que había tratado de escapar se convirtió en una pesadilla, y su corazón se llenó de desesperación. No podía dejar que esto sucediera.
Mientras la arrastraban fuera de su apartamento, sintió que una parte de ella se moría. El mundo que había construido se desmoronaba, y ahora se veía obligada a enfrentar el oscuro camino que su padre había trazado para ella. Sin embargo, en el fondo de su ser, una chispa de rebeldía comenzó a arder.
No iba a ser una víctima más.
La noche en la que había decidido tomar las riendas de su vida se convirtió en la noche que la transformaría para siempre. La batalla por su identidad había comenzado, y aunque la oscuridad se cernía sobre ella, estaba decidida a luchar. Si su padre creía que podría arrastrarla a su mundo, estaba muy equivocado. Zephyra Kane no se dejaría vencer tan fácilmente. La vida que había elegido iba a ser la suya, y estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para recuperar su libertad.