Prologo. El comienzo de nuestra vida juntos.
En el pequeño y acogedor pueblo de Verdant, la vida transcurría con la calma de un arroyo que serpentea entre los árboles. El canto de los pájaros y el susurro del viento eran la banda sonora perfecta para las mañanas, donde los habitantes se levantaban con la luz del sol que filtraba sus rayos a través de las hojas. Entre ellos se encontraba Ren, un joven Ingeniero que, tras muchos años de esfuerzo y dedicación, había conseguido graduarse a la temprana edad de 19 años y conseguir un trabajo estable en una empresa de energía renovable.
Su día comenzaba siempre con un ritual. Se despertaba con el primer canto del gallo y, después de un rápido desayuno, salía a caminar por las tranquilas calles del pueblo. La brisa fresca acariciaba su rostro mientras admiraba el paisaje; las colinas verdes se extendían a lo lejos, y el aire olía a tierra húmeda tras las lluvias de la noche anterior. Verdant era su hogar, y cada rincón le recordaba el esfuerzo que había puesto en construir una vida de la que se sentía orgulloso.
Ren trabajaba en la instalación de aerogeneradores, y su pasión por la ingeniería le permitía disfrutar de su día a día. Los grandes molinos de viento que se erguían en las colinas eran más que una simple estructura; eran un símbolo de su libertad, se había esforzado mucho para construir esta vida de paz. Cada proyecto que completaba le daba una satisfacción indescriptible, pero no había nada que se comparara con la felicidad que encontraba al volver a casa.
Su hogar, una acogedora casa de dos pisos construida con madera y grandes ventanales, era un refugio que compartía con su novia, Mai. La casa estaba decorada con toques personales; en la sala de estar, un álbum de fotos recopilaba recuerdos de su tiempo juntos: sus primeras citas, vacaciones en la playa y momentos cotidianos llenos de risas. La cocina, un lugar que a menudo era testigo de sus experimentos culinarios, siempre estaba impregnada de aromas de especias y el sonido del agua hirviendo, creando un ambiente cálido y familiar.
Mai, con su risa contagiosa y su espíritu vibrante, era la chispa que iluminaba la vida de Ren. Ella era estudiante de medicina, y cada día, su entusiasmo por aprender y ayudar a los demás era evidente. A menudo, Alex la veía interactuar con sus pacientes, su rostro iluminado por una sonrisa que podía transformar el día más gris en uno lleno de color. La forma en que Mai hablaba de sus pacientes y de sus proyectos a futuro hacía que Ren se diera cuenta de cuán afortunado era de tener a alguien tan extraordinario a su lado.
Después de todo, fue por esa sonrisa que me esforcé durante estos años…
El tiempo pasaba volando, y pronto se acercaba el día más importante de sus vidas: su compromiso. Habían planeado una pequeña celebración con familiares y amigos en el jardín trasero, adornado con luces brillantes y flores de primavera. Ren ya había imaginado cómo sería ese día: Mai vestida con un hermoso vestido blanco, rodeada de risas y amor, prometiendo construir un futuro juntos. La idea de compartir sus vidas llenaba su corazón de alegría, y soñaba con los hijos que algún día tendrían, corriendo felices por el mismo jardín donde se habían prometido amor eterno.
Sin embargo, la vida a veces es caprichosa, y lo que parecía ser un futuro brillante se desvaneció en un instante. Un portal oscuro apareció de la nada, engullendo el pueblo y, con él, a todos los que amaba. Monstruos surgieron del abismo, dejando destrucción a su paso, y Ren se vio atrapado en un momento que cambiaría su destino para siempre. Su vida pacífica se desmoronó, y lo único que pudo hacer fue abrazar a Mai mientras el caos se desataba a su alrededor.
El caos reinaba en Verdant, el lugar que había sido un remanso de paz. De las sombras, emergieron criaturas de un color negro obsidiana, su piel brillando con un destello siniestro bajo la luz tenue del portal que había abierto la puerta a su llegada. Eran monstruos de formas grotescas y aterradoras, con cicatrices rojas que serpenteaban por su cuerpo como ríos de lava, emanando un calor abrasador que hacía temblar el aire a su alrededor. Cada paso que daban resonaba como un trueno, mientras su mirada hambrienta se posaba sobre los habitantes del pueblo.
Al fondo, se alzaban trece figuras imponentes, apenas visibles, que parecían controlar a las criaturas. Sus siluetas eran desproporcionadas y distorsionadas, como si se movieran entre las sombras de la noche misma. La atmósfera se cargaba de una presión insoportable, un presentimiento de la tragedia inminente que acechaba a Mai y Ren. Cuando los monstruos se lanzaron hacia ellos, el tiempo pareció detenerse. Todo se convirtió en un torbellino de gritos y destrucción. Ren, en un intento desesperado por proteger a Mai, la abrazó con fuerza, su corazón latiendo con una mezcla de terror y amor. Sin embargo, no hubo tiempo para más.
En un instante, el mundo se desvaneció ante ellos, tragado por la oscuridad.
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Al momento siguiente, Ren y Mai despertaron en un prado extenso y hermoso, donde la luz del sol brillaba con intensidad, acariciando suavemente la hierba fresca que se extendía como un manto verde a su alrededor. Era un lugar que evocaba recuerdos de su antiguo hogar, con colinas ondulantes en el horizonte y flores de colores vibrantes que danzaban con el viento. Sin embargo, algo era diferente; había una calma inexplicable en el aire, una serenidad que contrastaba brutalmente con el horror que acababan de experimentar.
Frente a ellos se encontraba una mesa de cristal, donde tres hermosas mujeres esperaban. Cada una de ellas emanaba un aura poderosa y distintiva, sus miradas fijas en la pareja. La luz del sol brillaba sobre la mesa, iluminando el cristal con un resplandor etéreo que parecía hacer eco de la vida que una vez habían llevado.
—Todo ha sido un error —comenzó Nhara, su voz llena de pesar—. Bajamos la guardia, y los apóstoles de un ser malvado abrieron una conexión hacia su mundo. Esto no debería haber ocurrido, y por eso, les ofrecemos una nueva oportunidad.
Ren miró a Mai, la esperanza brillando en sus ojos.
—¿En serio? ¿Eso significa que podremos seguir viviendo juntos? —preguntó, tomando la mano de Mai. Ambos sonrieron, sus corazones llenos de optimismo.
Sin embargo, la mirada de Nhara se desvió hacia el suelo, y la atmósfera se tornó sombría. Dinra, la diosa de cabello rojo y un fuerte carácter, habló con firmeza.
—No, me temo que no es tan fácil. Para reencarnarlos en otros cuerpos, deberán tomar el lugar de un alma de este mundo. No podemos hacer eso, así que nacerán en los cuerpos de niños que llegan sin una. Pero no podemos asegurar que nacerán juntos.
Fhara, la tercera diosa, intervino con una voz suave.
—Aunque no podamos hacer que nazcan cerca el uno del otro, con sus recuerdos podrán esforzarse para encontrarse. No obstante, este mundo se encuentra sumido en un caos, como el que acaban de presenciar. Por eso, les concederemos cuerpos y habilidades extras que les ayudarán a unirse de nuevo.
—¿Habilidades? ¿De qué se trata eso? —preguntó Mai, su curiosidad despertada.
Nhara explicó:
—En este mundo, hay habilidades mágicas que otorgan distintos poderes a su usuario: guerreros, magos, clérigos, y combinaciones de ambas. Estas habilidades son concedidas al nacer y se van fortaleciendo con el tiempo.
—Díganme, ¿están preparados para esto? —les preguntó con seriedad.
Ren asintió con determinación.
—Si con esto puedo volver a estar junto a Mai, lo haré. Me volveré el más poderoso de este nuevo mundo.
Mai tomó su mano y asintió con firmeza, compartiendo su resolución.
Dinra, con una mirada decidida, dijo:
—Entonces, prepárense. Podrían nacer en cualquier momento, lugar o familia, y es una única vez. Después de esto, no volveremos a ayudarles.
De repente, una fuerte luz inundó el campo verde, transformándolo en un blanco radiante, hasta que los protagonistas se sintieron separados, sus cuerpos y almas listos para emprender una nueva vida.