Mi Beta, Mi Destino, History Omegaverse Larry Stylinson (Colaboración)

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Summary

¿Qué pasa cuando un alfa se enamora de un beta? Muchas cosas, no siempre buenas, no siempre malas... Sin embargo, a veces todo cambia de manera inesperada. 6 capítulos cortos. Harry Alfa, Louis Beta.

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

UNO


Harry conoció a Louis el primer día de preparatoria. Iba aburrido caminando por un pasillo, cuando se encontró con una desagradable escena: un grupo de matones golpeando y molestando a un chico. Se acercó intentando no hacer más problema, pero no podía permitir que eso sucediera.

—Hey, dejen de molestarlo, —pidió amablemente.

Uno de los que estaba ahí, le dijo riendo, —¿y qué piensas hacer Styles?

—No me retes, déjenlo en paz, —exigió cambiando el tono.

El que había hablado, se encontró de pronto en el piso, con el pie de Harry en su cara.

—Está bien, está bien, lo dejamos tranquilo... —Suplicó llorando ante el dolor.

Una vez que se puso de pie, salió corriendo con sus amigos.

—¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien? —Preguntó, ofreciendo su mano al hermoso chico que lo miraba aún con lágrimas en sus mejillas. Supo en ese momento, que debía protegerlo.

—Gracias, sí, estoy bien, —dijo Louis, completamente ruborizado al mirar bien a Harry. El chico era realmente lindo: alto, sus ojos una maravilla esmeralda, su mirada tan intimidante y suave a la vez y su cabello... Sintió muchas cosas cuando lo vio.

—¿Eres nuevo? No te había visto por acá.

—Sí, no pensé que así sería mi primer día de clases. Ya sabes, nueva ciudad, nueva escuela...

—Entiendo eso. Por cierto, soy Harry, —dijo sonriendo.

—Mucho gusto Harry, soy Louis, y de nuevo gracias por salvarme de esos tontos.

—No fue nada, ¿a qué salón vas?

—Al C-28, —contestó mirando una pequeña agenda que tenía en el bolsillo.

—También voy a ese, vamos juntos.

El tiempo pasaba y compartían la mayoría de las clases, recesos, y su amistad creció y se fortaleció. Era muy sólida, tenían mucha confianza, no tenían secretos.

Louis le contó sobre su familia, que ellos anhelaban que fuera un fuerte alfa, o un bello omega; su vida estaba organizada hasta el más mínimo detalle. Harry, por el contrario, sabía que sería un alfa, y estaba bien con eso, pero tenía ideas para escapar de las garras de sus padres que también le tenían su vida planeada.

Ellos juraron una tarde de invierno, que a pesar de lo que sus padres tenían preparados para su futuro, buscarían su felicidad sin importar nada.

Así llegaron al final del último año de preparatoria, completamente unidos. Sus días parecían ser de una pareja, sin ser una. De hecho, todos creían que lo eran.

Harry se prometió que cuando se presentara, sin importar cuál fuera su casta, se ganaría el corazón y amor de Louis, porque desde que llegó a su vida es más feliz, pleno, y olvida la mierda de padres que tiene y su estúpida vida en casa. No le extrañó sentir que su instinto había estado más alerta, posesivo y sus sentidos un poco más desarrollados, resultando ser un alfa puro, el único de su familia y estaba muy agradecido, ya que así tendría más valor para tomar las riendas de su vida cuando fuera el momento de dar marcha a su plan.

Louis aún no se había presentado, y eso en parte lo desanimaba porque quería pasar el resto de su vida al lado de Harry. Recordaba la promesa que hicieron de ser felices sin importar el qué, él sabía que su familia estaba esperando su casta para saber si lo casarán con un alfa o un omega. Anhelaba con todo su ser, al menos presentarse como beta, no quería vivir una vida infeliz al lado de alguien a quien no amara.

—Pasaré por ti a las siete, te tengo una sorpresa, —le dijo Harry un día viernes por la mañana.

—¿En serio? Dime qué es, ¿qué me podría poner?

—No seas impaciente, espera hasta más tarde y ponte algo cómodo y lindo, aunque todo lo que usas te queda de maravilla.

—Está bien entonces. Tendré que esperar y no me gusta esperar, —dijo haciendo un adorable puchero.

—Vamos, hay que ir a clases, —habló un sonriente Harry.

Luego se dirigieron a sus respectivos hogares: Louis solo, porque sus padres trabajan en su empresa y son padres presentes-ausentes al igual que los de Harry, que se encuentra en su habitación planeando todo para tener una linda velada con Louis.

El lugar donde estaban era tranquilo, un bosque. Era verano, así que no hacía tanto frío por la noche.

—Esto es lindo, me encanta, en serio.

—Sí, es lo menos que te mereces...

—Dime a que se debe esta salida.

—Es algo que he querido hacer desde hace mucho y hoy es una ocasión especial, ven siéntate. Mi pequeño sol, tú eres lo más bello, lo más importante que tengo en mi vida, sin duda conocerte fue lo mejor que me ha pasado y hoy te digo que te amo, te amo más que a nada, no me importa qué seas cuando te presentes, igual te seguiré amando. Mi alfa y yo te elegimos a ti para siempre, no me importa lo que digan mis padres, me importa saber que puedo hacerte feliz, así como tú me haces feliz a mí...

Louis con lágrimas en sus ojos, estaba un poco asombrado porque nunca pensó, ni en sus sueños más salvajes, que su Harry lo amara tanto, y estaba jodidamente conmovido. —Te amo, te amo tanto... Te amo como no tienes una idea, quiero pasar toda mi vida a tu lado, estaba tan asustado de no ser suficiente para ti, pero ahora...

—Quiero que sepas que pase lo que pase te protegeré con mi vida... ¿Puedo besarte?

—Quiero que me beses, esperé tanto por esto, porque seas mi primer beso...

Y bajo la luz de la luna se besaron, un beso lento y suave que fue el inicio de su historia de amor.

Esa misma madrugada, Louis comenzó a sentirse enfermo. Pasaban los días y tenía mucho dolor de cabeza, estaba sin apetito, algo irritable, pero lo más extraño es que no podía dejar que su ahora novio, Harry, estuviera lejos. Necesitaba sus mimos y sus abrazos, estaba demasiado apegado y no sabía el por qué.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Harry. Lo tenía abrazado, liberando su aroma a café para tranquilizarlo.

—Cansado, con sueño, pero me duele demasiado la cabeza... Hazme cariño...

—Te compraré unas pastillas para ese dolor, por mientras trata de dormir un poco, la clase empieza dentro de una hora, —le dijo besando su mejilla y abrazándolo de manera protectora.

Pasaron el día en la escuela, donde almorzaron y también hicieron sus tareas. Luego se despidieron y cada uno se fue a su casa, ya extrañándose.

A los pocos minutos de llegar Louis, aparecieron sus padres, pero como era de esperar, no recibió nada más que un simple saludo. Sabía que ellos esperaban grandes cosas de él, no le exigían pero sabía que si se presentaba como un omega sufriría demasiado al estar al lado de alguien que no amaba, solo para ver cómo sus padres se llenaban de dinero sin importarle lo que él diga o sienta.

Esa misma noche, una especie de primer celo llegó inesperadamente. Se sentía muy acalorado, pero extraño; No estaba lubricando como lo haría un omega, tampoco sentía un nudo como un alfa. Tenía un olor leve, ligero, un olor muy suave a chocolate blanco, bonito, casi como una bruma y en ese momento supo que la madre luna le dio lo que él quiso ser, un beta, pero ahora en medio de su dolor lloraba porque sabía que sus padres lo matarían porque sus planes no se llevarían a cabo. Tendría que vivir sabiendo que lo odiarían y lloró también al pensar que Harry lo dejaría. Cuando se calmó, entendió que no, porque sabía que su novio haría hasta lo imposible por hacerlo feliz. Le envió un mensaje contándole lo que sucedía, pero no tuvo respuesta al ser de madrugada.

Se durmió con la angustia del qué pasará mañana cuando sus padres vean su casta. No quiere lidiar con eso ahora, pero tendrá que ser fuerte y valiente.

Mientras Louis estaba pasando por ese extraño proceso, los padres de Harry, Morten y Amber, estaban cenando con los Thompson, una pareja dueña de una importante empresa de importación de automóviles de lujo.

—Estoy segura de que nuestra pequeña Abbie estará encantada de casarse con un alfa tan atractivo como Harry.

—Pienso lo mismo, —dijo Morten. —Estoy muy contento de que la preciosa Abbie haya aceptado este enlace. ¿Les parece si fijamos la fecha del matrimonio, para dentro de dos meses?

—Me parece perfecto, —opinó Varden. —Espero que el cortejo esté a la altura de la situación.

—No lo dudes. Abbie merece lo mejor.

Con un brindis sellaron el acuerdo.

Cuando llegaron a su casa, de inmediato llamaron a Harry para informarle de las últimas y excelentes noticias.

—Han pasado casi tres años desde que te presentaste como un alfa puro, y aunque ya lo hemos discutido varias veces, ahora es distinto. Hemos cerrado un trato con los Thompson. Son gente muy importante y tienen una preciosa omega llamada Abbie, que está feliz de casarse contigo en dos meses. Desde mañana debes empezar el cortejo, por lo que los invitaremos a cenar para presentarlos. Vas a ir a comprar un traje nuevo y alguna joya pequeña pero muy fina para empezar con este acuerdo.

—No me interesa lo que digan o lo que hagan, no me voy a casar con ninguna omega.

—No es pregunta, Harry.

—No es opción, padre, permiso. —Dijo retirándose muy molesto. Estaba harto de la misma conversación.

Llevaba todos esos años rompiendo compromisos, no sabía por qué sus padres seguían insistiendo. Pero ya no más, esa misma noche ideó un plan para largarse del país apenas Louis cumpliera los 18 años, que sería en apenas dos semanas. Llevaba trabajando a escondidas de sus padres en una cafetería, limpiando mesas y sirviendo a veces. Además había ahorrado cada libra que recibió y había empezado a vender algunas de sus ropas, relojes o lo que fuera que pudiera darle un poco más de dinero. Sabía hace mucho que no habría más opción, pero sentir que ahora se estaba volviendo real, le hacía sentir un poco de temor.

Louis, por su parte, llevaba sufriendo los desplantes de su familia por esos casi tres años. Aquella mañana, después de su primer celo, recibió la primera cachetada de parte de su padre, Landon.

Ni siquiera alcanzó a hablar. Estaban todos reunidos en la cocina para desayunar, cuando Louis apareció nervioso, con los ojos llorosos y el rostro de sus padres de absoluta incredulidad.

—Esto es una estúpida broma, ¡dime que tomaste supresores! —Exigió su madre, Myla.

—Lo... Lo siento, no es mi culpa...

—¿Eres un maldito beta? —Reaccionó enfurecido su padre. —¿Qué hice yo para merecer esta maldición? ¡Un hijo beta! ¡Beta! ¿Landon Tomlinson es padre de un beta? ¡Qué vergüenza! Todos mis planes se acaban de ir a la mierda, ¡no me sirves! ¿Quién quiere a un inservible beta en su familia? ¡Nadie! ¿Me escuchas? ¡Nadie!

Estaba realmente enfurecido y lastimado su orgullo. Su pecho subía y bajaba con rapidez, le faltaba el aire. Acercándose a Louis, le dio una cachetada tan fuerte que le rompió el labio, dejándole un hilo de sangre en su boca.

—Landon, detente, te estás pasando... —Intentó mediar Myla.

—¿Es que no lo entiendes? Nuestros planes de casarlo con algún alfa de buena posición se fueron al carajo, y yo necesitaba de esa ayuda para salir adelante... Ahora no sé qué haremos.

—Quizás encontremos a algún alfa o una omega que le gusten los betas...

—¡No digas idioteces! ¿Quién en su puta vida va a elegir a un simple beta? No tiene la autoridad de un alfa, no sirve para preñarse como un omega... Los betas no sirven para nada, son la escoria de nuestra sociedad...

—Louis, anda a tu habitación, ¿sí? Después te llevo algo de comer.

Y en silencio, Louis se fue a su dormitorio.

Tendido en su cama, recordando ese día, vuelve a llorar. El ser beta cambió para siempre su relación con su padre, y al poco tiempo con su madre y también con sus dos hermanos. Desde ese momento se juró ser fuerte, y realmente ahora lo era mucho más, pero ese golpe jamás dejaría de doler.

Su relación con su novio se ha mantenido hermosa gracias a Harry, que siempre le ha recordado cuánto lo ama, lo feliz que es de estar a su lado; le ha enseñado a amarse, a aceptar su casta y le ha dado la tranquilidad de que pueden soportar todo si están juntos.

Se ven a escondidas. Aunque nadie sabe de ellos, prefieren mantener su relación oculta y ahora se dan cuenta de que fue lo mejor. Pueden moverse tranquilos, sin tener que temer por la integridad del otro.

—Tengo que contarte algo, —dijo Harry ese día en la cafetería, mientras compartían un sándwich.

—Dime que es algo bueno... Ya no soporto tantas malas noticias...

—Lo siento... Me volvieron a comprometer, ahora con una omega. Debería empezar el cortejo, pero les dije que no lo iba a hacer. Esta noche irán a cenar, y...

—¿Hasta cuándo? Se me parte el corazón cada vez que esto pasa...

—Lo sé, pero escúchame. Tengo una idea y necesito que confíes en mí. De aquí a tu cumpleaños, tienes que juntar la mayor cantidad de dinero, vender tus cosas, lo que sea. Mientras más juntemos, mejor, ¿está bien?

—Está bien...

—No te veo muy convencido... ¿Qué pasa?

—Tengo miedo... Mucho miedo, mis padres están actuando extraños, incluso me han hablado para cenar. Tú sabes que desde que presenté jamás volví a sentarme a la mesa con ellos, y no sé qué pensar...

—Eso es raro, —dijo preocupado. —Vas a tener que estar alerta y contarme todo lo que esté pasando. Pero no sé por qué, creo que hay algo más...

Louis sonrió. —No sé cómo me puedes conocer tanto... Sé que es un tema que ya hemos hablado muchas veces, demasiadas quizás...

—¿Nuestra primera vez?

—Sí...

—Pero amor, sabes que jamás te he presionado, estoy bien, podemos esperar hasta que de verdad te sientas listo...

—Lo estoy.

—¿Lo... estás?

—Sí, lo sé. No tengo cómo agradecer toda tu paciencia, ni el que hayas tenido que pasar tus celos ayudado de juguetes porque yo no me sentía listo. Pero ya no necesito más tiempo, necesito estar contigo...

Harry tragó saliva con dificultad. Estar con Louis era un deseo que le quemaba desde siempre, desde la primera vez que lo vio.

—Me hace muy feliz escucharte... Muy feliz...

En ese momento tocaron el timbre para entrar a clases, por lo que su burbuja reventó. Sin embargo, nada les quitaría la felicidad. O eso pensaban.