Capítulo único
Todo lo que veía era blanco con formas aparentemente esponjosas como las nubes... ¿Nubes? El felino parpadeó un poco, confundido, analizando donde se encontraba. Se agachó y estiró su mano para tocar el supuesto suelo, pero se detuvo al notar una pequeña venda en su muñeca, por lo que se puso en pie y examinó su cuerpo sólo para luego encontrar más vendas esparcidas por sus extremidades. Curioso, tocó las zonas vendadas suavemente y al no sentir ningún tipo de dolor quiso retirarlas para obtener más información, pero el vendaje no cedió, como si estuviera pegado a su cuerpo por completo, por lo que ahora algo en pánico por toda la rareza que estaba viviendo, instintivamente abrazó su cola hundiendo su rostro contra ella y, por la cercanía, terminó olfateando un peculiar aroma a amapola que lo fue tranquilando gradualmente.
Cuando el pánico cesó de su sistema, el felino abrió los ojos y se separó de su cola lentamente mirando nuevamente su entorno. Todo era tan confuso, pero tendría que comenzar a moverse si quería conseguir las respuestas que tanto necesitaba porque no podía simplemente esperar a que estas llegarán a él por arte de magia, aunque pensándolo bien quizás si podría pasar considerando la situación en la cual se encuentraba, pero comparando la posibilidad de resultados de ambos sucesos prefería tragarse su miedo y avanzar hacía... hacía donde sea con tal de hallar algo de utilidad.
El felino respiro profundamente para quitar toda emoción negativa y tomando valor comenzó a caminar.
No había noción del tiempo, aún así el felino podía calcular que quizás llevaba algunas horas caminando sin rumbo. De vez en cuando observaba lejanas figuras que, aunque quisiera acercarse, se acobardaba rápidamente al tener en cuenta las misteriosas neblinas que las rodeaban porque... ¿no es mucho mejor quedarse en un sitió donde si podrá ver con claridad?
El felino siguió caminando encorvando cada vez más su espalda por el creciente miedo que lo invadía y el arrepentimiento de tomar tal decisión sin haberlo consideró adecuadamente. Sus orejas se alzaron y para bruscamente su andar, podía escuchar las pisadas de alguien cerca de donde estaba, una gran sonrisa de felicidad y alivió se dibujó en su rostro. Sin siquiera pensarlo se lanzó a correr guiándose por el constante sonido que detectaba, muy pronto a lo lejos pudo ver como una figura se iba asomando; era un can de colores cálidos y brillantes, tenía vendas igual que él y parecía estar paseando despreocúpadamente por la manera en la cual caminaba.
—¡Hey, por aquí!— El felino exclama llamando la atención del desconocido.
El can levanta una de sus orejas al captar una voz, volteó y visualiza algo confundido, pero también fascinado, la aparición de un felino morado que corría hacía su dirección. Lo miró con curiosidad cuando se detiene a unos cuantos pasos de él, aparentemente tomando aliento. Lentamente se fue acercando y le entendió la mano mientras sonríe con energía.
—Hola, soy Dogday.— El can se presentó.—¿Y tú?, ¿cómo te llamas, Moradito?— Preguntó ladeando un poco la cabeza en signo de duda.
El felino sintió una cierta familiaridad ahora que observaba perfectamente el rostro del can, pero aquella sensación se desvanecía rápidamente, así que simplemente la ignoró. Aceptó el saludo y se presentó de igual forma. —Soy Catnap, y...— Vaciló un poco. —me podrías decir donde estamos y porque estamos aquí?
El can soltó una pequeña risa. —Oh, así que todavía no te has dado cuenta.— Comentó, para luego sonreír suavemente. —Estamos en el otro lado... se podría decir que en el cielo— Hizo una breve pausa para organizar sus próximas palabras. — y estamos aquí porque... pues, porque estamos muertos.
El felino quedó estático, incrédulo por aquellas respuestas, pero al mismo tiempo todo empezaba a tenía sentido en su cabeza... Estaba muerto
El can notando el estado de trance que el felino pasaba, tomó su brazo y lo sacudió ligeramente. —Oye, Catnap, despierta. Sé que es algo difícil de asimilar, pero es mejor no pensar mucho en eso.
—¿No pensarlo mucho?— El felino cuestionó en voz baja saliendo de su trance. —Estoy muerto, ¿cómo podría no pensar en eso?— Preguntó mirando con cierta ansiedad al can.
El can suspiró un poco, analizando, hasta que recordó algo. —Bueno, ¿te gustaría dar un paseo conmigo?— Sugirió con calma.
—Eh?...— El felino ahora mirada con confusión al can.
—Pues— El can comenzó a hablar. —, creó que un paseo estaría bien para relajar su mente, así, de ese modo también podría enseñarte algunas cosas que hay por aquí... Yo ya pase por lo que tú estás pasando y... un paseó me ayudó muchísimo a asimilar la situación... ¿Qué dices?, Aceptas?
El felino asintió con la cabeza lentamente, lo que fue suficiente para que el can lo tomara con confianza de la mano y que ambos comenzarán a caminar.
En el transcurso de la caminata el felino iba en completo silenció prestando total atención a todo lo que él can hacía y decía para distraer los pensamientos de su muerte, pero una duda que antes había dejado de lado volvió a presentarse lo que hizo que finalmente rompiera aquel silenció.
—Dogday, ¿por qué tenemos vendas?— Él felino preguntó curioso.
—Oh...— El can se cruzó de brazos, pensativo. —Mm... Según lo que me explicó Bobby, que por cierto una de las personas que más tiempo lleva aquí,... las vendas que tenemos son un reflejo de las emociones y de lo que vivimos cuando todavía estabamos en vida, pero no le des demasiada importancia, las vendas desaparecen por si solas cuando la "herida" logre sane...— El can fijo su mirada en el pecho del felino. —Y por lo que veo debiste de sufrir mucho, tienes vendada toda la zona donde habita el corazón.
El felino puso su mano en su pecho. —Así que eso significaban las vendas. — Murmuró para luego mirar de pies a cabeza al can detallamante notando que él tenía más vendas por su cuerpo. —Tú también tuviste que haber sufrido mucho... estas llenó de vendajes.
El can levantó los hombros y sonrió despreocúpadamente. —Quizás, pero no recuerdo nada, así que no me preocupó mucho por como pudo haber conseguir todas estas vendas... Lo único que me importa ahora es vivir en paz y divertirme junto a mis amigos, y eso también te incluye a ti ahora.
El felino suspiró y sonrió ligeramente con diversión. —Ya me consideras un amigo? Apenas nos conocemos, cachorrito.
—No lo sé, simplemente siento como si ya te hubiera conocí y eso me da la suficiente confianza y justificación para declararnos amigos. —Argumento el can, moviendo su cola.
El felino lo miró, recordando la sensación de familiaridad que había sentido con él. —Yo también siento que te conozco...— Reconoce. —Tal vez tuvimos alguna conexión en vida, aunque no recuerde, pero si ya me consideras tú amigo, pues eso seremos; amigos. Buenos amigos. ¿Qué te parece?
—¡Sí, seremos grandes amigos!— El can se emociona y da unos pequeños saltos demostrando su alegría.
El felino ríe un poco ante las acciones infantiles del can, pero en su interior también está feliz y su mente en paz... como si la energía que transmitía el can calmara todos sus problemas.
—Espero ser un bueno amigo para ti, Dogday.— El felino murmura mientras lo observa todavía celebrar. —y que tus heridas puedan sanar pronto...