—ALPHA'S SERIE— [OBLIVION] 1er Volumen.

Summary

En medio del caos que cayó sobre Tall Oaks, ciudad donde dos agentes se adentran en las profundas instalaciones debajo de la Catedral de dicha población, secretos serán revelados en busca del culpable detrás de todo el infierno sediento de carne y sangre fresca que abunda en la superficie.. Pero ¿serán capaces aquellos supervivientes de descubrir todos los misterios que aguardan bajo tierra?, dónde los muertos descansan. Al menos la mayoría, y los que no, tienen mucho que contar... Y yo soy una de ellos... Soy la destrucción y el control en su casi perfección pero, yo nunca deseé esto. Me han convertido en una bestia sedienta de sangre y de infección pura, lo único que me ha dado la protección de terceros es mi control sobre aquel infierno interno que grita por salir en su totalidad... "Soy la Eholokacija, reina de lo audible, de las mutaciones, infecciones y de las sombras aladas que nunca se van de esta colmena. Sólo mi voluntad hará frente y conseguiré venganza en nombre de nosotros... Quiénes nos convirtieron en Oblivion..." ================================ Aclaratoria: ~°𝑵𝒐 𝒔𝒆 𝒑𝒆𝒓𝒎𝒊𝒕𝒆𝒏 𝒄𝒐𝒑𝒊𝒂𝒔 𝒐 𝒔𝒊𝒎𝒊𝒍𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒂 𝒆́𝒔𝒕𝒂 𝒚 𝒕𝒐𝒅𝒂𝒔 𝒎𝒊𝒔 𝒉𝒊𝒔𝒕𝒐𝒓𝒊𝒂𝒔 𝒔𝒊𝒏 𝒎𝒊 𝒑𝒆𝒓𝒎𝒊𝒔𝒐°~

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

§°—PROLOGO°§


Soy libre y es por eso que estoy perdido”


Franz Kafka.


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—Lagartos, murciélagos, humedad, creo que unas cadenas oxidadas suspendida a unos cincuenta metros de alto, olor a podredumbre, moho, ratas, agua podrida, madera sucia y desgastada… —, ya estaba cansada de repetir mi día a día a los agentes que tengo al frente, Dios… Si hubiera sabido que me usarían como conejillo de Indias, otra vez, ¡y para más, como una estúpida prueba turística para ociosos y panzones oficiales y agentes que ni siquiera deberían estar aquí!, me hubiera quedado en ese sucio y oscuro calabozo…. Resoplé y podría jurar que hace como media hora tengo un bendito tic en mi ojo derecho, en serio, en serio, si no respetara a mis antiguos jefes, ¡mandaría a la mierda a todos los presentes!, mejor hubiera sido que me cayera ese vagón viejo en la cabeza esa vez, y no que hubiera roto mis cadenas….


—No, no puedo mover mis ojos a trescientos sesenta grados como un camaleón, no, tampoco estiro mi lengua como un licker….— dije con aburrimiento, en serio, ¿cuántas veces tengo que pasar por esto?, ya de por sí todo lo anterior en Tatchit me dejó completamente magullada, me pregunto si vendrán a “observar mi estado”…


—Oiga “doctor”… ¿Es necesario que me haga las mismas preguntas cada día de la semana? No he perdido mi bendita cabeza, todavía…. —, en serio .. si me vuelve a preguntar por milésima vez lo de los ojos de camaleón o que “vi u olí” en esas catacumbas, posiblemente me coma a este hombre….


—Está en constante evaluación psicológica señorita Vetchmilay, no sabemos hasta que punto su… condición puede ser “estable”, aunque, no voy a negar mi mórbida curiosidad, usted es un caso demasiado singular y, si me permite decirlo, ¡único!.


Eché mis orejas peludas para atrás, mórbido… claro… no estaba en contra de su comentario, aunque no lo quiera admitir de forma abierta, ciertamente soy… sorprendente, me impresiona que siga viva, quizás esa frase "hierba mala, nunca muere” sea verdadera.


—Al menos, puede no sé… ¿Cambiar las preguntas?, entiendo su posición, ahora hágame el favor señor, y entienda mi perspectiva… —Respondí con un dejo de irritación, tuve que respirar hondo, el aire está demasiado frío para mí sensible nariz, tengo suerte de que la luz artificial no lastime mi piel, aún me duele las quemaduras entre mis escamas.


—¿Cómo te sientes, Jeex?....— Me preguntó ya sin informalidad en su tono, era pesado, sí, pero, no parecía que le diera asco o repulsión, y honestamente, lo agradezco, que… alguien no me mire como una aberración del más vil y profundo Averno…


—No lo sé… es … ¿Cómo se lo explico?, es como si me hubiera emborrachado en una discoteca y luego me diera una resaca del carajo, siento mis oídos muy sensibles, más de la cuenta desde que salí de mi cautiverio, aún me duelen mis ojos, y veo todo muy brillante, debe ser el hecho de la visión nocturna que me dijeron que poseía desde que ingresé a su laboratorio.


—¿Cómo están tus brazos?, desde que el Capitán Redfield te escoltó a la central, habías tenido las, eh… Alas desgarradas. —se le veía como jugueteaba su lapicero negro entre sus dedos en cuanto eligió cuidadosamente sus palabras, enarqué una ceja ante eso.


—Bueno, se regeneraron, aún me cuesta apoyarme en mis manos, la piel de las alas estuvieran inflamadas, como si hubiera hecho planchas o abdominales por diez minutos, sólo que el resentimiento físico está en cada vértebra y tendón, y también en mis patas,— miré por un momento mis piernas, la piel pálida agrietada, el espesor corto y acomodado del pelaje azabache en mis pies me recordaba sin cesar mi nueva yo, ¿mi único consuelo?, siempre quise ser BatGirl de niña, aunque esperaba otra cosa.


—¿Necesitas algo, comida, agua?—, miré al doctor Hendrickson otra vez, no tenía hambre, sin embargo, el agua no era mala idea, no he tomado agua fresca desde hace mucho tiempo,— un poco de agua, por favor.


Me senté de nuevo en el suelo tratando de no molestar mi cola y mis alas, todavía me duelen mucho. Empecé a aburrirme nuevamente, necesitaba no sé, distraerme con algo más. Jamás, en mi vida pensé que empezaría a observar con interés un simple reloj de pared, tic tac, tic tac, tic tac, tic tac… ¿A quién engaño? Esto es una mierda.


—Aquí tienes Jeex.— Mis orejas se animaron al escuchar de nuevo al doctor, a regañadientes me puse de pie otra vez y me acerqué un poco a los barrotes, batallé un poco en pasar mis dedos por el pequeño espacio, definitivamente me chocaría contra varios muebles en mi viejo apartamento. —Gracias doctor.


Bebí de un sorbo rápido todo el contenido frío y fresco,  Dioses…. Esto si es agua, mis papilas gustativas y mi estómago están agradecidos por ello, no más agua de alcantarilla, ya no siento mi garganta tan seca.



La puerta de la habitación se abrió luego de un suave ruido de metal rechinante, miré a la puerta, automáticamente me puse erguida y firme, mantuve rígidos mis músculos y mis ojos fijos en el agente que entró, que sorpresa, pensaba ver a los altos mandos, a la BSAA o algún doctor más del laboratorio, mi corazón, está raro, lo sentí muy pesado y rápido, hace tiempo que no me sentía así, es como un dolor… Impotencia o vergüenza, Jesús… me siento avergonzada, odio que alguien que siempre fue importante para mí, me vea como estoy.


—Señorita Harper, ¿tiene autorización?. —preguntó el hombre de mediana edad.


—Sí, doctor Hendrickson, me aseguré de conseguir el permiso, hablé con el nuevo secretario. —Respondió apresuradamente, me estremecí un poco al ver de nuevo a Helena, después de lo vivido en las cavernas ubicadas en el subsuelo a las afueras de la ya borrada ciudad de Tall Oaks, y en el infierno vivido en China, no pensé que quisiera verme nuevamente, en ese momento había cosas más importantes, como eliminar a Simmons, detener a Carla, “curar” el virus C. Pude sentir la mirada crítica y estoica de ella, justo como hace trece años atrás.


—¿Puede darnos un momento?, es un asunto personal, doctor.— Los pasos lentos de las botas de Helena, hacían eco en lo profundo de mis oídos cuando comenzó a caminar hasta mi celda, algo extraño de mi condición, es mi capacidad de “ver”  esas ondas sonoras, vi al hombre, no dijo nada, se le veía ya de por sí cansado como para protestar sobre seguir vigilándome, se retiró de la habitación dejándome junto a Helena.


Okay, quisiera que me regresaran a las cavernas, Helena no deja de mirarme fijamente, como si me estuviera analizando, me siento mal, no me gusta que mi vieja amiga me vea así.


—¿Cómo te sientes Jeex?, ¿te duele algo, aún recuerdas todo?— Ah, esperaba un gesto o comentario déspota u ofensivo, me conmocionó escucharle con ese tono angustiado y hasta triste en su voz, ¿será que puedo llorar, aún conservo en mi fisiología monstruosa, lagrimales?... La respuesta a mi incertidumbre no tardó en ser revelada, me dolía mis ojos, sentí algo en ellos, cálido y denso que me lastimaba un poco mis párpados y el ojo en sí, me ardían.


Helena, se acercó más y le sorprendió verme en mi estado, —Y-yo, ¡nunca le digas a Molly que lloré, Harper!—, no sé porqué lo dije, eso fue lo único que se me ocurrió, mencionar a mi niña, Harper sabía de ella, de mi pequeña, ¡carajo, ¿por qué la mencioné!?, ahora sí lloraré a mares, ¡que bendita vergüenza!, volteé mi rostro, me siento tan frustrada por tener que sentirme así, levanté mis manos, contemplé su estado; eran mucho más grandes, mi piel se endureció, se agrietó cada célula de mi piel hasta convertirse en unas escamas, eran de color azabache, tengo garras afiladas, mis brazos y los antebrazos están recubiertos con una capa al ras de pelo crespo corto y oscuro, también están fusionados con más apéndices que salieron de mí en esas zonas, es como una extensión esquelética que se recubren con una gran membrana de color rosa muy oscuro, ¡parezco un maldito murciélago! Me llevé un dedo a mis ojos y limpié aquél extraño y viscoso líquido que botaban mis ojos, lo vi y me estremecí; era negro como el alquitrán… ¿¡Tengo lágrimas negras!?


—He estado mejor…


 Me quedé callada, evitando la mirada de la que antes era mi mejor amiga, ahora no puedo garantizar ese hecho.


—¿Te has... recuperado de tus heridas?, escuché que te encontraron en el agua después de esa explosión de la plataforma petrolífera en Tatchit. —me preguntó con cierta languidez en su voz, la notaba apagada, no sé si por lo que vivió, o verme convertida en una asquerosa abominación…


—Sí, según las pruebas que me han hecho en estos últimos dos meses, tengo una regeneración acelerada. —respondí, animándome para verla a los ojos.


—¿Qué más te han hecho?


Después de que habló me tomé un momento para recordar las pruebas de estos meses,— bueno, unos cuantos análisis de sangre que le llevaron a la doctora Chambers y…

—¿Qué más te hizo Simmons, Jeex?...


Esa pregunta me hizo callarme, Helena me interrumpió mi explicación de ahorita, ya entendí que quería decir.


—Bueno, más que a Carla, no. Sólo fui una de las tantas víctimas que él usó para clonar a Ada. —respondí con desdén, sólo recordar todo, me daban ganas de destruir cualquier o a cualquiera que se me ponga en mi camino.


—¿C-clon? ¿Quién es Carla?, cuando te encontramos en las cavernas, gritabas con furia los nombres de Simmons y Carla. Quiero entender Jeex, ¿qué te hicieron?... Quiero… —Helena no es una mujer que sea muy sentimental abiertamente, sin embargo, la estoy viendo con melancolía y tristeza, lo veo en sus ojos, en su lenguaje corporal, y su hilo de voz.


—¿Cómo me ves, Helena? ¿Qué quieres saber realmente?...


—Me duele verte así Jeexy, cuando te reconocí en ese lugar, no supe cómo sentirme, sentía odio, dolor, impotencia y desesperación, casi moríamos Leon, Ada y yo a manos de mi hermana Deborah, Simmons me la quitó, y entonces, cuando saliste de ese vacío, después de que solté a mi hermana, jamás creí que esa B.O.W, era tu estado, lo último que supimos fue que desapareciste de forma extraña, Liu te buscó a tal punto de que lo despidieron, no le creyeron cuando dijo que habías sido silenciada, hasta que él también desapareció.— Cuando escuché su explicación, me sentí mal, Dios creo que me dieron ganas de vomitar del retorcijón, del nudo en mi estómago, bajé mis orejas, la vi acercarse a los barrotes, me miró más de cerca, sus ojos estaban tristes pero también había un toque de alegría o alivio.


—No sabes lo mucho que te extrañé, estos siete años fueron muy difíciles, sin saber nada sobre ti, del por qué desapareciste, —murmuró en conjunto con una débil sonrisa en sus labios, sus ojos estaban humedecidos y la vi llorar.


—L-lamento mucho lo de Deborah. —Dije con… Un nudo de garganta, no podía llorar ni sollozar como lo hacía cuando era… humana, aquel líquido, esas lágrimas de alquitrán surgieron otra vez.


—¡Quiero volver a ser yo, quiero volver a ver a mi familia! —sollocé con rabia y en súplica al aire, ya no me importa, me solté a llorar como si fuera una bendita mocosa de ocho años, mis piernas cesaron y me arrodillé, me quedé de cuclillas apoyando mi frente en los barrotes, apreté fuertemente mi mandíbula, mi anatomía bucal era distinta, mis dientes me lastimaban un poco, no me termino de adaptar a lo afilado que están.



Siempre he creído a mi manera en Dios, pero, hoy, pido con fuerza, por favor, ¡por favor, dame un milagro, quítame esta maldición, deshaz esto! Te lo suplico… por lo que más quieras, quiero recuperar mi vida..



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No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives.”



—Franz Kafka.